Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

Corrupción y clientelismo

29.08.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Política, Venezuela, Opinión

En 1936, poco después de la muerte de Gómez, Eduardo Sucre, mi abuelo, fue designado concejal por Antímano. Cumplió a cabalidad con sus obligaciones hasta que, no mucho después, renunció porque el Concejo había aprobado pagar sueldos a los concejales. Opinaba que se trataba de un servicio a la comunidad y eso de cobrar sueldos se prestaba a muchas vagabunderías. Los concejales, en su opinión, se enriquecerían injustamente, pues seguirían cobrando lo que generaban sus oficios y sus profesiones y crearían sus esquemas clientelares con muy malas consecuencias para el Concejo, la ciudad y los ciudadanos. Los hechos, la realidad, le dieron la razón. Desde entonces, y en forma creciente, la política se fue tiñendo de corrupción y clientelismo hasta llegar, con el “Socialismo del siglo XXI” a no ser otra cosa que corrupción y clientelismo. Pero entendemos algo: la corrupción no se limita al robo de dineros públicos o a los abusos de poder. Hay muchas y muy variadas formas de corrupción. Los grandes partidos del siglo XX, Acción Democrática y Copei, prácticamente fallecieron con el siglo, víctimas de la corrupción y el clientelismo. Ya en el camino se había quedado URD, que en 1958 dio una clara muestra de oportunismo al apoyar a Wolfgang Larrazábal, que perdió frente a Betancourt, en 1963 se negó a entrar a una coalición que habría sido triunfadora y en 1968 se empeñó en formar una condenada al fracaso. Demasiados errores en fila.
Acción Democrática, el gran partido del siglo XX, triunfó en el 58 con un 49,18% de los votos, en el 63 volvió a ganar, pero con apenas un 32,81%, luego de un quinquenio traumático, en el 68 perdió con un 28,24% a causa de una brutal división, en el 73 dio un notable salto y ganó con el 48,70, en el 78 bajó al 43,31% y perdió, pero en el 83 subió al 56,72 y ganó, en el 88 ganó de nuevo con el 52,89, pero cayó, por pura corrupción y clientelismo, porque la gente se había acostumbrado a adular para hacer negocios a granel y el electorado lo cobró, dejándolos en 1993 en un 23,60%, al borde de la muerte, que se produjo en el 98, cuando de nuevo la corrupción hizo que lanzara a un candidato impreparado y que ante su fracaso, a última hora, lo dejó colgado de la brocha y en un salto de puro oportunismo apoyó al que llegó de segundo.
La historia de Copei es similar aunque diferente, porque fue, como la Revolución Libertadora contra Cipriano Castro, de victoria en victoria hasta la derrota final. En 1958 apenas logró un 16,21%, en 1963 subió al 20,19% y en 1968 llegó de primero a la meta con un 29,13%, en 1973 volvió a crecer pero llegó de segundo con un 36,7%, en 1978 creció de nuevo y ganó con un 46,64% (aunque allí había votos de otros pequeños grupos), en 1983 patinó y llegó de segundo con un 34,54%, el electorado le cobró a Caldera el mal gobierno de Luis Herrera Campíns, que aunque fue indudablemente honesto estuvo rodeado por muchos que no lo fueron, y en 1988 volvió a crecer, pero tuvo que conformarse con el segundo lugar con un 40,40%. Vino entonces la debacle, cuando Rafael Caldera se negó a aceptar que Álvarez Paz era el legítimo candidato del partido y se fue con su música a otra parte: literalmente le robó al partido que él mismo había fundado no menos de la mitad de los votos que debería haber obtenido, y Oswaldo se quedó con un 22,73% y un tercer lugar. En 1998, en una clara demostración de corrupción, lanzó la candidatura oportunista de Irene Sáez, y cuando se desinfló, hizo lo mismo que AD de apoyar al que llegó de segundo.
Lo peor que ese año, 1998, ganó un personaje que resultó el súmmum de la corrupción, el clientelismo, la demagogia y el oportunismo, y el país empezó a hundirse en el cieno de la corrupción.
Desgraciadamente, la corrupción y el clientelismo no han tenido la conducta fluctuante de AD ni la creciente para después caer de Copei. Amanecieron con el país, en 1830, y fueron creciendo hasta que al caer Pérez Jiménez (1958) hubo una reacción que los hizo bajar. Pero después volvieron por sus fueros y crecieron como una terrible enfermedad, que con el chavismo se ha apropiado de todos los espacios del país. Y con ese “hándicap” es muy difícil hasta que exista país.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




 

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La Oscuridad

26.08.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Opinión, Marina Ayala

La expresión más clara de la descomposición social la representa el estado de terror que impera en el país. Se están viendo, cada vez más y con mayor intensidad, fenómenos de una criminalidad organizada y con visos de sadismo que no tiene antecedentes en nuestra historia, por lo menos no en nuestra historia reciente. Este estado de cosas realmente amenazantes ha provocado que nos mantengamos encerrados e invadidos por un sentimiento de desprotección y acoso permanente. El miedo nos domina y este es un estado psíquico muy conveniente a un régimen que pretenda doblegar a su población. El miedo paraliza y hace impotente a las personas para enfrentar los escollos que se presentan en sus proyectos personales y sociales. Este ha sido un medio utilizado desde que se manifestó el autoritarismo nazi y el comunista con muchísima efectividad y ha sido el medio utilizado por las dictaduras militares en América Latina. Desaparecidos, torturados, asesinatos por encargos, secuestros y ahora un fenómeno que nadie nos explica pero que viene a sumar con mayor claridad el estado ominoso que padecemos, descuartizados en series. Los medios de comunicación se encargan de revelar con todo el desparpajo esta terrible escena sin que por otro lado tengamos alguna investigación seria que nos expliquen las causas de tan macabros actos.
Se oye todo tipo de conjeturas en el ambiente en ese esfuerzo tan humano de calificar la fenomenología para poder tener ciertos parámetros explicativos, pero ninguna hipótesis esgrimida por la población no especialista en criminalidad ha podido aproximarse a un estado de cosas que se agudiza y muestra lo peor de nuestra sociedad. No sabemos de dónde salió tantos bichos sádicos que utilizan métodos y operan de una manera ajena a nuestras costumbres y con una total impunidad. No caeremos entonces en dar explicaciones que desconocemos pero lo que sí conocemos son los efectos que estos actos producen en el ser humano y estos efectos son, sin temor a equivocarnos, muy convenientes para los proyectos autoritarios, lo que se ha denominado Terrorismo de Estado. Fenómeno que ha sido tipificado porque ya se ha hecho evidente en el mundo su utilización con fines hegemónicos, su objetivo es muy claro, mantener en la población un estado psicológico débil, vulnerable, implorando protección para poder conservar la vida. Una población sometida por un fuerte sentimiento de impotencia ante una clara y real amenaza. El valor que representa la vida y el derecho inalienable de preservarla se degrada y se siembra la certidumbre de tener condiciones para vivir: sometimiento, obediencia y esclavitud parecieran ser los precios y el que no esté dispuesto a pagarlos o se va del país o vive con miedo. Para los efectos de estos métodos le debe quedar claro a la población que no existe nada inalienable y menos los derechos humanos, así lo expresa Hannah Arendt, “El mismo término de `derechos humanos` se convirtió para todos los implicados, víctimas, perseguidores y observadores en prueba de un idealismo sin esperanza o de hipocresía chapucera y estúpida”
Aún se discute en torno a cómo denominar a un régimen que utiliza estos métodos, pero en todo caso, sí salta a la vista que se trata de burócratas que representan una estructura estatal que no admite disidencias de sus filas sin castigar duramente al que se atreve; que no permite oposición y que prefieren, con satisfacción además, que los ciudadanos abandonen su patria que el tener que soportar diferentes puntos de vistas de personas sin miedo que imponen su voz y que por supuesto pagan muy duro su osadía. Hemos perdido la protección del Estado y este se ha convertido, por el contrario, en un ente amenazante. Entonces si no se atreven a denominar a este estado de cosas como un régimen terroristas al menos admitamos que somos una población apátrida. Una población acorralada, asustada y desprotegida. Sumergidos en una absoluta oscuridad.
A qué nos arroja entonces nuestra condición de apátridas, de personas sin leyes y sin trabajo, es decir arrojados de los derechos humanos, sin duda al delito. No importa si los métodos delictuales son autóctonos o si los importamos, lo importante es que la población es empujada a delinquir y en esas lides estamos. Ya se ha perdido, incluso, los límites de lo que es legal o no, batallamos en solitario por sobrevivir y evadir una justicia amañada con agentes que se han convertidos, más que en representantes de la ley, en verdugos a la orden de sus amos que dan órdenes a escondidas y en la oscuridad. El torturador, el verdugo es un ser dependiente, instrumento del poderoso que solo puede ver satisfecha sus aspiraciones de dominio jugando al dispensador de la vida y de la muerte. Personas con una severa perturbación psicológica y con altas dosis de psicopatía, generalmente resentidos sociales y con un muy bajo nivel intelectual. Estos seres gustan de la más absoluta oscuridad para cometer sus fechorías y cuando aparece la luz del día son capaces de actuar como seres incluso sensibles. Nadie podría creer capaz a un padre de familia abnegado y tierno con su hijo capaz de torturar a un estudiante en el anonimato, en la oscuridad de un sótano perdido. Y este es precisamente el perfil de estos indeseables, que son muchos y por ellos un régimen terrorista puede llevar a cabo sus planes macabros.
Pero también tienen miedo, miedo a ser descubiertos, miedo a caer en desgracia con sus dueños, miedo a ser eliminados, como en efectos lo son, en retaliación por los crímenes cometidos. Como también tienen miedo las cabezas de estas bandas, sin el poder, las fuerzas armadas del estado que usurpan, su poderío se viene abajo y quedan desnudos ante los ciudadanos maltratados y vejados que, como es natural, han venido acumulando odio, mucho odio y pueden terminar sus lamentables existencias de la manera más cruel imaginable. No fantaseamos, el mundo ha dado muchos ejemplos de cómo terminan los tiranos. La situación actual está rodeada de mucha oscuridad pero me uno a José Rodríguez Iturbe que finaliza su brillante ensayo “El Nudo Gordiano del Chavismo” con estas palabras.
“En medio de la situación actual, pues, la lucha por salir honorablemente de ella continúa. No es momento de apaciguamientos. “El apaciguamiento ―recuerda Dick Morris en Juegos de poder― no brinda una opción entre la paz y la guerra, sino sólo entre luchar y rendirse”. Y la palabra rendición no existe en nuestro diccionario. Riesgos no faltan ni faltarán. Ellos no pueden mellar el ánimo, sino fortalecerlo. Alexander Hamilton advirtió que una nación que prefiere la deshonra al peligro está preparada para tener un amo y se lo merece. Con los testimonios ya dados por la sociedad civil y la nueva juventud venezolana —sobre todo la universitaria— no parece ser esa, en la actualidad, gracias a Dios, la situación de nuestra patria. El fin de la pesadilla parece inminente.”
Podremos encender la luz y salir de esta oscuridad en la que andamos a tientas.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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¡Entiende, se trata de la economía!

25.08.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Hay una escena que veo con dolor todos los días: la del pocotón de gente haciendo colas en las cercanías del abasto Bicentenario. Llueva o haga sol, uno los ve, pobrecitos, esperando que el miliciano gordinflón y bien mayorcito de edad decida abrir el brete por donde canaliza la cola para comprar la harina Pan, el aceite, la leche en polvo, o lo que la “magnanimidad” oficial haya decidido proveer ese día. Y pensar que hace unos pocos años, a ti te parecía poco creíble cuando alguien que había regresado de Cuba te contaba que la gente salía (todavía sale) con una bolsa plástica vacía en el bolsillo para, al apenas ver una cola, meterse en ella y tener donde guardar lo que iba a conseguir, sin saber siquiera qué era lo que iba a obtener. Y sin saber si lo iba a lograr, porque probablemente, al rato un miliciano —menos rechoncho y entrado en años que el nuestro— iba a informar que se había acabado lo que la chochocracia cubana y sus cómplices venezolanos nos habían sustraído para venderlo allá.

Hoy estamos igualitos que eso que el finado difunto que se murió llamó, con hipérbole, “la isla de la felicidad”. ¡Ah, pero con un plus! Allá, la tarjeta con la que se limita los productos que pueden ser comprados sigue siendo un cuadernito con tapas de cartulina, mientras que la de aquí va a ser digitalizada. O sea, “Racionamiento 2.0”. Y asesorada por el CNE y la eterna Tibisay, a quien los rojos no quieren relevar a pesar del fin de su período, porque les ha resultado buenísima en eso de garantizar éxitos al oficialismo y en hacerse la loca para pedir partidas de nacimiento.

Y, al igual que en Cuba, los jerarcas del régimen, de Platanote para abajo, recitan los mismos versos justificatorios para tratar de ocultar su incapacidad y su corrupta rapacidad. La culpa es del imperio maluco, de los especuladores despiadados, de los escuálidos disfrazados de empresarios, de los enemigos saboteadores. De todo el mundo, excepto ellos. Uno de los ejemplos más recientes de esa mojiganga es lo que ha declarado varias veces el “perpicaz” superintendente de Precios Injustos. Según él, luego de reiterar que las medidas de “control biométrico” no son para establecer un racionamiento, sino para evitar el “sabotaje para culpar al gobierno de las colas”. ¡Necio, no mires las colas de adentro —que son más la consecuencia de la nefasta Ley del Trabajo, que incita al ausentismo laboral, que culpa de la gerencia! ¡Mira las de afuera, que son quince y veinte veces más grandes! Y que son causadas por el raquítico suministro que ustedes hacen de los productos. Porque, en su intento de igualar por debajo a todos, arruinaron ex profeso, a los productores nacionales y a las comercializadoras grandes pero no fueron capaces de igualarlos en eficiencia. No se percataron de lo que explicaba Pero Grullo: “quien mucho abarca, poco aprieta”.

¿Cuántas horas-hombre se han perdido en las colas? Unos, haciéndolas, y otros, vigilándolas. La mamá a la que le tocar hacer una larga fila para comprar pañales —con el agravio añadido de tener que llevar la partida de nacimiento del hijo para probar que no es una acaparadora—, ¿no estaría cumpliendo un mejor papel si estuviese al lado de ese niño, queriéndolo y enseñándole cosas nuevas?

En todo caso, no conozco un país civilizado (ni uno incivilizado, aparte de Cuba y nosotros) que deba racionar —que no racionalizar— las compras de alimentos. Ni de nada. ¿Habrá algo más criminal que eso de no permitir que las farmacias tengan toda la gama de medicamentos requeridos para mejorar la salud? La actitud de los consumidores no se debe a afanes especulativos, ni de acaparamiento insensato, sino a mera precaución porque, ¿y si no vuelve? En mi caso, una pastilla que tomo hace como treinta años está desaparecida de las farmacias, droguerías y boticas desde hace más de tres meses. No me voy a morir si no me la tomo, pero sí va a condicionar mi vida con posibles dolencias. Que quede bien claro, cuando aparezca, si es que aparece, no voy a comprar una cajita; ¡voy a comprar todas las que pueda! Pero hay casos peores, como los oncológicos, donde la disciplina en los tratamientos es esencial. Y se ve condicionada por la escasez de drogas antineoplásicas. ¡Eso sí es criminal, bobo! Si puedes trata de que el “avispado” de tu jefe lo entienda. Es más, llévale de regalo el letrerito que tenía Clinton sobre el escritorio. Pero debidamente traducido porque el nortesantandereano es duro para los idiomas. Que diga: “¡Es la economía, estúpido!”

Pero que no te lo va a aceptar. Porque la tarjeta de racionamiento, además de tratar de hacer rendir los productos que escasean debido a la incuria, la corrupción y el paterrolismo oficiales, es un excelente instrumento de control y coacción sociales. Porque ahí sí que es verdad que el monopolio de todos los productos de la dieta humana estarán en manos del régimen. Por eso, es que todos los venezolanos (sin importar cómo se piensa en política) debemos oponernos al intento de racionamiento electrónico (o de cualquier otro tipo). Eso no pasa de ser otra imposición de los colonizadores cubanos. Lo que quieren es que nosotros nos abstengamos de comer, y que Nikolai, ¡tan aventajado alumno en la escuela comunista donde estudió!, les siga mandando todo lo que nos quita de la boca a nosotros.

Lo que me hace recordar algo que, muy acertadamente, explicó Forrest Gump: “estúpido es quien comete estupideces…”

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.
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Miénteme más

19.08.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Lo confieso sin pena alguna, yo no escucho radio mientras conduzco; escucho CDs. Vale decir: eficientísimos “rompe-cadenas”. Pero, recientemente, no llevaba uno en el carro y me tocó empezar a escanear frecuencias. Cuando llegué a 101.5, me llamó la atención el tema y detuve el escaneo venciendo mi natural revulsión a las emisoras dizque “comunitarias”, que no son sino repetidoras y amplificadoras de los contenidos que les manda la MinPoPoInfo. Me detuve porque me llamó la atención el tipo que narraba —en un lenguaje y una dicción que ya dejaban mucho que desear— y que era una máquina de decir mentiras. Y, más que mentiras, infamias.

Era una pieza que no ocultaba para nada su antisemitismo y en la que desinformaba a la audiencia casi cautiva que tienen —compuesta mayormente por gente de mente sencilla, con poca instrucción y nada acrítica. De lo que recuerdo y que me llamó la atención sobresale una falacia histórica que necesitaba para poder despotricar de lo que hacen los israelíes en Gaza. Dijo nada menos que, entre 1932 y 1939, el movimiento sionista estaba aliado con los gobiernos de Alemania e Italia porque esperaban que los nazis y los fascistas los ayudaran a salir de los británicos que colonizaban lo que nosotros llamamos “Tierra Santa” para, así, ellos poder enseñorearse indebidamente en esos lugares. ¡Por Dios! Si en los años que señala el mendaz locutor, en Alemania ya se estaba dando cumplimiento a lo que había estado predicando Hitler desde 1924, cuando publicó “Mein Kampf”.

En ese libro queda clara su aversión a lo que es, según él, el mayor mal del mundo: el judaísmo, al cual señala como la causa principal del desastre alemán en la Gran Guerra, alienta el odio por razones de raza y manifiesta su propósito de erradicarlos de la Tierra. Por cierto que, en ese mismo libro, cuando preconiza un Estado racista, a los suramericanos nos pone junto con los africanos, y dice que ese Estado tendrá el deber de evitar los matrimonios entre diferentes razas, porque llevaría a “la degradación racial perpetua”, y porque este es un vínculo “destinado a crear seres a la imagen del Señor y no monstruos, mitad hombre, mitad mono”. Me pregunto si el locutor es un catire ojos azules…

Mal podía estar el movimiento sionista buscando juntas con fachos y nazis. Porque ya había ocurrido la “Kristallnacht ”, ya casas, escuelas y tiendas de judíos habían sido saqueadas, ya más de mil sinagogas habían sido destruidas, y ya  Buchenwald y Dachau habían empezado a recibir ingentes cantidades de internados. Entonces, ¿en razón de qué sale ese locutor de a locha a decir esa catajarra de falsedades? Primero, porque suponen que la masa ignara que sigue creyendo en ellos no sabe de historia y, por tanto, pueden seguir engañándola impunemente. Y segundo, pero más importante, porque eso es lo que les manda a decir la hermana de Jorgito Rodríguez porque es política del régimen: hay demonizar que a Israel y todo lo judío. Se rasgan las vestiduras por lo que pasa en Gaza, pero nada han dicho de la matazón —cien veces mayor y hasta con gases prohibidos por convención internacional— que el panita de ellos, Al-Assad está haciendo desde hace tres años en contra de sus propios paisanos en Siria. Tampoco han dicho ni pío por las barbaridades que están cometiendo los radicales suníes en la parte norte de Irak; degüellos, violaciones, asesinatos en masa contra hombres mujeres y niños por el solo pecado de profesar la fe cristiana, o por ser musulmanes de la rama chiita. Todo porque lo ordena un auto-designado califa, como que si estuviésemos diez siglos atrás. Nada de eso se menciona porque no sería políticamente correcto…

Este régimen —ineficiente pero corrupto, poco instruido pero muy ideologizado, disfrazado de patriota pero vendido a los cubanos— necesita mentir, por sobre todo, porque ve que es la única manera de mantenerse en el poder. Cosa que no es nueva para los comunistas. O que consideren inmoral, o indebida. Si lo hizo y lo sigue haciendo el difunto que no sabe que está muerto, Fidel, y si lo hizo el difunto que está muerto pero que tratan de mantener vivo, Chiabe; ¿por qué no seguir usando ese instrumento? “¡Dale, Nicolás, declara que naciste en Venezuela para que puedas ser presidente! En fin de cuentas, ya cuadramos con la camarada Tibisay para que no te pida la partida de nacimiento”. Y, de eso, a llegar a añagazas por cadena nacional, como decir que el dinero que recibieron de China —y ya malbarataron, sin que se haya visto en qué— no es un endeudamiento, no pasa de ser una nimiedad. Para eso están los embellecimientos de las explicaciones; se puede alegar que es solo un “financiamiento” ¿Y es que no hay que pagarlo igual? Engaños pendejos como que “las aerolíneas se llevaron los aviones porque deben atender el flujo de pasajeros hacia el Mundial de Fútbol; no porque se les deba un solo dólar”. Macanas pedorras como que “hay colas en los supermercados porque nunca el venezolano tuvo tanto dinero en el bolsillo, no porque haya escasez”.

Y la masa indocta, limitada, inconsciente, sigue tarareando el bolero aquel que cantaba Olga Guillot: “Miénteme más / que me hace tu maldad feliz. / Hoy viviendo ya de tus mentiras, / sé que tu cariño no es sincero”. ¡Y se los siguen calando!...

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.
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Putin, hijo de Chávez

16.08.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Política, Venezuela, Opinión, Internacionales
Putin, hijo de Chávez

Hugo Chávez ha sido el peor gobernante que ha tenido Venezuela, y quizá el mundo. Desperdició una oportunidad que solo se presenta una vez cada cien mil años. La riqueza casi inimaginable que le entró a Venezuela durante el tiempo en que Chávez fue presidente se esfumó. Se le fue de las manos como la arena que se lleva el agua. Se convirtió en nada. Venezuela está hoy mucho peor que cuando Chávez ganó las elecciones de 1998. Todo ha retrocedido. No solamente por obra de la corrupción, que se ha llevado una tajada muy respetable de esos inmensos ingresos petroleros, sino por los caprichos absurdos de Chávez, que pretendió, como Cipriano Castro, convertirse en líder continental y hasta mundial, y encontró ecos interesados en quienes decidieron aprovecharse de su estupidez, y desinteresados pero inútiles en muchos inconscientes que no fueron capaces ni siquiera de ver hacia dónde iba. Regaló dólares (que no eran suyos) a diestra y siniestra para financiar a líderes que se convertirían en sus agentes, sus seguidores en otras latitudes. Pero también invirtió millones de dólares en comprar voluntades dentro de Venezuela y en arreglar elecciones y avasallar instituciones para garantizarse triunfos políticos que no merecía. En pocas palabras, cuando tuvo la oportunidad de desarrollar a Venezuela y convertirla en una nación de progreso, presente y porvenir, habitada por seres felices, prefirió olvidar el progreso de sus compatriotas y engañarlos, haciéndoles creer que “tienen patria,” y comprometiendo de manera criminal el presente y el porvenir de los venezolanos de todos los venezolanos, divididos, polarizados, convertidos por él en enemigos irreconciliables, pero igualados en algo perverso: todos engañados. Ese pésimo ejemplo no ha sido imitado del todo en la América latina. Mal que bien, los apoyados por Chávez, con la posible excepción de la señora Kirchner, han sabido evitar muchos de los caminos torcidos por los que Chávez ha transitado, y no han condenado del todo a sus pueblos a padecer lo mismo que está padeciendo el pueblo venezolano. Pero lejos, muy lejos de Venezuela, hay alguien que parece dispuesto a imitar el feo ejemplo del “comandante galáctico,” y sacrificar el presente y el porvenir de su pueblo para perpetuarse en el poder y propiciar la corrupción: Vladimir Putin. Eso es lo que se desprende de lo que informan casi todos los analistas internacionales sobre le Rusia actual. Rusia podría haberse acercado a Europa y así lograr cada día más bienestar para sus habitantes, pero no lo ha hecho. Putin ha preferido hacerse propaganda y convertirse en el adalid de un nacionalismo panruso, vacío y antihistórico. Ingentes ingresos, que tal como los de Venezuela provienen del petróleo, no se destinan al desarrollo de ese país que perdió casi un siglo por las locuras de los comunistas, sino a que el señor Putin se afiance en el poder, cueste lo que cueste. ¿Podrá la naturaleza hacer con Putin algo parecido a lo que hizo con Chávez? Si así fuera, ojalá que ese gran país tenga mejores recursos humanos que los que ha tenido Venezuela y pueda superar con bien los efectos del pésimo ejemplo que Putin quiere seguir.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




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