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Octavio Paz y la teoría de las violaciones

20.09.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Ideas, Política, Literatura, Escritores

¿Descubrimiento, encubrimiento, encuentro de dos culturas? ¡Violación!
En la segunda mitad de la década de 1980 en ambos lados del Atlántico hubo encuentros cuyo objeto era preparar la conmemoración de los 500 años de la llegada de Colón a aguas de lo que hoy conocemos como América. En este lado de la mar océana, los encuentros fueron en la ciudad de México, convocados por la Federación de Institutos de Estudios sobre América Latina y el Caribe (Fiealc). Hubo en ellos un poco de todo, pero el primer tema de alguna importancia fue la búsqueda de un término apropiado para la conmemoración. Algunos hablaban de “descubrimiento,” otros de “encubrimiento,” varios de “encuentro de dos culturas,” y el filósofo mexicano Leopoldo Zea proponía el fuerte término “topetazo de dos culturas.” Nadie se dio cuenta de que mucho tiempo atrás Octavio Paz (1914-1997) ya había resuelto el problema: no había que utilizar ninguno de los más o menos dulces eufemismos que se propusieron, ni tampoco lo del topetazo, que se limitaba a las regiones de América en donde hubo realmente culturas importantes, pues lo que ocurrió a partir de la llegada de Colón y sus tripulantes y aventureros al territorio para ellos desconocido que creían asiático fue, ni más ni menos, una auténtica violación.
“Violación” es la agresión sexual mediante el uso de la violencia o de mecanismos que anulan el consentimiento de la persona poseída, como es el caso de menores de edad o personas que se encuentran en estado de inconsciencia. Así lo entendieron muchos sacerdotes que participaron en el proceso, de buena fe. España, representante del poder europeo, con sus armas de fuego y su mayor capacidad de movilización, asaltó a los indígenas americanos, cuya historia y cultura probaron ser menos poderosas que las europeas. La justificación fue el llevar a esos indígenas la palabra del Dios verdadero, de la que habían estado privados por su inocencia, por su condición de inconsciencia. La verdadera razón, la que se ocultaba tras el piadoso disfraz religioso, era otra: Europa necesitaba expandirse, buscar los ricos mercados asiáticos, y Colón sostenía que era posible llegar a ellos por agua, sin tener que sufrir las complicadas rutas del oriente.

¿Una violación? Muchas violaciones.
Paz había planteado en su ensayo “El laberinto de la soledad” (1950) la idea de que el pueblo mexicano es producto de una violación, lo que tendría importantes consecuencias en la mentalidad colectiva del mexicano y explicaría muchas de sus características, en especial las menos positivas. Pienso que no le faltaba razón, pero esa idea no se debe limitar a México, sino hay que aplicarla a todos los países que surgieron en el continente americano durante ese medio milenio. Al fin y al cabo todo el territorio que hoy se conoce como América fue violado, no solamente por los españoles, sino también por los ingleses, portugueses, franceses, holandeses y hasta daneses, pero además por los propios americanos. Y no ha sido una sola violación, han sido muchas y a través de un largo espacio de tiempo. Desde luego, bien puede afirmarse que los que más perdieron por esas violaciones fueron los descendientes de los mayas y los aztecas, los actuales mexicanos, aunque también perdieron muchísimo los actuales peruanos, pero igualmente perdieron mucho los guatemaltecos, los bolivianos, los paraguayos, los chilenos, los argentinos y todos los habitantes del territorio americano. Claro que los venezolanos, los del norte de Colombia y los brasileños perdieron menos que los demás, porque tenían menos si se les compara con los mexicanos y peruanos, pero tenían un mundo propio, lleno de virtudes que han sido exaltadas por los propios violadores. Aunque sería necio decir que no tenían (y tienen) muchas limitaciones y muchos defectos.
Pero la pluralidad de las violaciones no se debe a que fueron varias en el tiempo, sino también a eso de que fueron muchos los violadores, y no hablo solamente de los europeos, sino también de los propios americanos y de sus mutuas violaciones. La primera, desde luego, fue la de Colón (aunque hoy se cree, o se sabe, que hubo una muy anterior, perpetrada por escandinavos, pero esa no dejó una huella permanente), y luego se produjeron las de los otros europeos, que modificaron sustancialmente la vida de los habitantes autóctonos de América hasta transformar a América en un apéndice occidental de Europa, relegando a las culturas violadas, en especial las grandes culturas indoamericanas, a una posición que podría definirse como culturas para arqueólogos y visitantes de museos. Y las menos avanzadas se han visto a su vez reducidas a curiosidades para antropólogos y ricos que acepten cubrirse de repelentes de zancudos y otras incomodidades.
No tiene el más mínimo sentido discutir qué habría sido de los que hoy llamamos indoamericanos sin la intervención, la violación, de los europeos. La historia no puede retroceder y lo hecho quedó hecho. De la primera violación, o de las primeras violaciones, salieron pueblos nuevos, distintos a los que existían, a los que bien se les puede aplicar el término de bastardos.

La bastardía es príncipes.
Manuel Alfredo Rodríguez (1929-2002), historiador, filósofo, escritor, muy ligado a Rómulo Gallegos, solía decir que la bastardía es de príncipes. Los Trastámara, Juan de Austria, Guillermo I el Conquistador y otros grandes personajes de la historia le daban la razón. Pero lo más importante de esa afirmación es que al término “bastardo” hay que quitarle su connotación peyorativa. Hasta para diferenciarnos en eso de los angloparlantes. ¿Qué es un bastardo? Un hijo nacido fuera de matrimonio, y una de las razones más importantes de la institución matrimonial es el egoísmo del macho, que se niega a criar hijos ajenos. Hoy en día las leyes (en Venezuela y en muchos países) han eliminado la filiación y con eso han hecho desaparecer la idea del hijo ilegítimo. En la antigüedad, tanto en Francia como en España e Italia, la bastardía no era deshonrosa. Los hijos naturales, especialmente entre los nobles, heredaban los bienes de sus padres con la sola condición de haber sido reconocidos, llevaban sus apellidos y usaban sus armas aunque con una banda que cortaba diagonalmente su escudo, que era lo que se llamaba “barra bastarda.” Los pueblos americanos, del norte, del centro y del sur, en siendo productos de violaciones, bien pueden ser asimilados a la idea de bastardía, siempre y cuando aceptemos que la bastardía es de príncipes. Es obvio: si somos descendientes de doncellas violadas no somos hijos “legítimos” sino bastardos. Debemos, pues, asumirlo con gallardía y no usarlo como excusa para nuestros defectos. Octavio Paz se refirió a esa realidad y habló de los “chingones” (en su acepción de prepotentes) y los “agachados” (con complejo de inferioridad). Todos podemos hablar en nuestra antigua América española de los “vivos criollos” y los humillados, y de allí sacar un mundo de conclusiones. Y mientras el hispanoamericano siga acomplejado, los “vivos,” hispanoamericanos o no, seguirán victimizando a los humildes e imponiendo sus abusos.

Las víctimas iniciales.
En lo que hoy llamamos Estados Unidos, cuando la primera violación, apenas había culturas muy elementales que fueron rápidamente vencidas y desplazadas por los violadores, tanto por los españoles como, posteriormente, por los ingleses. Inuits, Iroqueses, Misisipianos, etcétera, que no tenían niveles importantes de desarrollo desde el punto de vista de la cultura hoy llamada Occidental.
Otra cosa ocurría en lo que hoy es México, o en Guatemala y buena parte de la América Central. Allí estuvieron los mayas, cuya presencia era notable en los estados de Yucatán, Campeche y Tabasco, la parte oriental de Chiapas, y el territorio de Quintana Roo, así como en Guatemala, la región occidental de Honduras y todo Belice. Se trata de pueblos que llegaron a estas tierras provenientes de Asia y desarrollaron una cultura importante, distinta a las de otras regiones. Estaban organizados en ciudades-estados independientes, dirigidos por un cacique territorial que manejaba la política interior y exterior con el asesoramiento de un consejo compuesto por los jefes principales, sacerdotes y consejeros. Cada cacique o señor designaba jefes de los pueblos y aldeas. Cada ciudad tenía una o más plazas rodeadas por edificios cívico-religiosos. Eran notables las pirámides escalonadas como bases de templos y altares que estaban sobre plataformas, canchas para el juego sagrado de la pelota, patios, etcétera, todo construido de piedra tallada y ornamentada. Las viviendas eran de palos con techos de paja y estaban diseminadas en torno al centro ceremonial. Los mayas fueron grandes constructores en piedra, dominaron el arte de las falsas bóvedas y otras técnicas avanzadas. Cultivaban con gran habilidad el maíz, que fue algo fundamental en su civilización. Llegaron a desarrollar tanto la escritura como dos sistemas numéricos.
Posteriormente, en México, se desarrolló la cultura Tolteca, que fue el nexo entre Teotihuacán y los aztecas. El territorio fue invadido por los chichimecas o tribus del norte que cayeron sobre Teotihuacán a mediados del siglo VII d.C. A mediados del siglo IX d.C., los toltecas se fueron de Teotihuacán y deambularon por el valle de México en busca del lugar apropiado para llevar a su capital. Eligieron el valle del Tula y fundaron Tollán en un período bélico y de grandes desórdenes que facilitó la imposición final de los aztecas.
Tenochtitlán, la gran ciudad de los aztecas, fue fundada en 1325. La tribu errante se había establecido en el islote del lago Texococo. Los aztecas dividieron la ciudad en cuatro sectores: Moyotlán, Zoquiapan, Atzacualco y Cuepocan. Se discute si debe hablarse de Imperio Azteca o de Confederación, pero en todo caso, los méjicas dominaban su territorio y exigían tributos y siervos destinados al sacrificio, además de controlar las comunicaciones, todo lo cual facilitó después la violación por parte de los europeos que llegaron desde del mar y se aliaron con los pueblos dominados para destruir la civilización existente e imponer la suya de manera sorprendentemente rápida.
Más hacia el sur, especialmente en lo que hoy es Perú, existió otra gran civilización, que se conoce como el Imperio Incaico, que cubría el espacio que hoy conocemos como sur de Colombia, Ecuador, Perú y norte de Chile. Alcanzaron también altos grados de civilización, aunque no llegaron a desarrollar un sistema de escritura propiamente dicha. También fueron rápidamente derrotados y conquistados por los españoles. En ambos casos, el de los aztecas y el de los Incas, la superstición fue un elemento muy importante en el éxito de los violadores.
En el norte de Colombia, Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, el resto de Chile, las Guayanas, las islas del Caribe y las regiones de Norteamérica y Centroamérica que no fueron parte del imperio maya o azteca, no existieron formas realmente organizadas de civilización, y aunque ofrecieron una buena resistencia a los violadores, fueron muchos elementos que también conspiraron en su contra como para que esa resistencia pudiera imponerse.
Es pues, evidente, que las víctimas más notables de la primera violación fueron los actuales mexicanos, y en segundo término, los peruanos.
A esas víctimas hay que agregar otras víctimas, no americanas: los africanos, que fueron violados y martirizados por los europeos, especialmente por los españoles, ingleses, portugueses, holandeses y franceses. Y esa violación y martirización duró hasta bien entrado el siglo XIX, aun después de que casi todos los países de la América española se independizaron, lo que ratifica que también los americanos fueron violadores.

Los primeros violadores.
Parece ser que hubo un primer intento de violación por parte de navegantes escandinavos en la parte oriental de Norteamérica, que no dejó ninguna consecuencia. Por lo tanto, hay que aceptar que los primeros violadores fueron los españoles, comandados por un personaje extraordinario que no era español pero actuó para los Reyes Católicos: Cristóbal Colón. Posiblemente haya nacido en Génova entre 31 de octubre de 1450 y el 30 de octubre de 1451. Murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, después de una vida llena de aventuras y desventuras, que incluyeron cuatro viajes a lo que después se llamó el Nuevo Continente. Con sus viajes se inició eso que no sabemos si llamar descubrimiento, encubrimiento, encuentro de dos culturas, topetazo o, como parecería desprenderse de un planteamiento de Octavio Paz, violación. Sin duda fue el que con su acción propició la expansión mundial de lo europeo. Pero sería injusto considerarlo el único violador. Como tampoco sería justo decir que España fue la única violadora de lo americano. Y tampoco puede decirse que sólo los europeos deben ser considerados violadores, porque los propios americanos, los del norte y los del sur, han sido violadores en puridad. Los peores de todos: los estadounidenses, pero también los brasileros, y muchos otros. La historia de América, tanto antes de ese hecho que se produjo el 12 de octubre de 1492 como después, está llena de violaciones. Pero, vamos, también lo está la de Europa, la de Asia, la de África y la de Oceanía. Se trata, pues, de la naturaleza humana. La gran diferencia está en que la mayoría de los pueblos victimizados, violados, superó con creces su situación y no la convirtió en razón de ser para seguir considerándose víctimas en el tiempo.

Los Héroes arquetípicos: ¿Violadores?
Después de descubierto, encubierto o violado el territorio que en otra gran injusticia, producto de la equivocación de un geógrafo, pasó a llamarse América, hubo todo un proceso de violaciones que fue cubriendo rápidamente ese territorio. Inicialmente, como vimos, fueron los españoles, los conquistadores, los que violaron a diestra y siniestra. Pero pronto se sumaron otras nacionalidades. A esos primeros violadores podemos calificarlos de padres violadores, y de esos procesos surgieron los dominios europeos en el continente americano. Pero en los inicios del siglo XIX España fue violada por Bonaparte, y se produjo en la América española un fenómeno derivado de la Revolución Americana de 1786 (génesis de los Estados Unidos de América). En un inevitable proceso que tuvo mucho que ver con el enciclopedismo europeo, los independentistas violaron los virreinatos y gobernaciones que habían creado los españoles en América a lo largo de tres siglos. Surgieron así nuevos países, producto de esas violaciones por parte de los grandes Héroes arquetípicos: Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, de Venezuela, José de San Martín de la Argentina. En México, José María Morelos, en Chile Bernardo O’Higgins, etcétera. Caracas y Buenos Aires, zonas en las que no hubo grandes culturas indígenas, fueron los primeros centros de los procesos independentistas. Cuba y Puerto Rico no se independizaron de España, sino le fueron arrebatados por Estados Unidos de América, convertido a su vez en violador. Por algo dijo Bolívar: “Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la Providencia a plagar la América toda de miserias en nombre de la libertad.” El proceso de independencia de los pueblo debería haber cortado de raíz la tendencia de los hispanoamericanos a sentirse inferiores, pero no fue así. En ese sentido parecería que los Héroes arquetípicos perdieron su tiempo.

Violadores incestuosos.
Una vez establecida la nueva realidad geopolítica americana, con sus numerosas repúblicas de distinto pelo, aparecieron unos nuevos violadores, cuyas víctimas eran sus hijas y sus hermanas: los violadores incestuosos. El primero y más notable de todos fue Estados Unidos de América, por ser a la vez violador de hijas y de hermanas. Todo el proceso de “conquista” del oeste fue una brutal violación hecha a imitación de la original, de la primera. Los estadounidenses no solamente arrebataron las tierras de sus “nativos americanos” sino que relegaron a sus “indios” a “reservaciones” sin mayores recursos, en las que los condenaban a morir de mengua. Pero no menos brutal fue la segunda violación de México, en la que los yanquis se apoderaron a la macha de enormes territorios y masas inmensas de mexicanos que pasaron a ser “indios,” con la connotación peyorativa que ese término tiene para los violadores. Y poco después se producirían violaciones e intentos de violación múltiples por parte de Estados Unidos, contra Cuba, contra Puerto Rico, contra varios países de Centroamérica, contra Venezuela, etcétera.
También Brasil se convirtió en violador con mayor o menor éxito, y hasta Perú, Colombia, Argentina y Chile tuvieron episodios en los que se convirtieron en violadores.
Terribles han sido los violadores internos, que han violado y mancillado a sus propios pueblos, los “machos criollos” o “vivos criollos” (o “chingones” en México) Rosas, Gómez, Somoza, Trujillo, Stroessner, Odría, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, Batista, Videla, Pinochet, Fidel Castro y su hermano Raúl, Daniel Ortega, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro. Además de la violación inicial y las de los Estados Unidos, a México, el país de Octavio Paz, le ha tocado una buena dosis de esos violadores incestuosos, los chingones Santa Anna, Porfirio Díaz (el mismo que dijo: "¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos") y varios de los presidentes del PRI. Quizá por eso haya sido Paz tan claro al proponer la idea de la violación como punto de partida para que los mexicanos, en su caso, y el resto de los hispanoamericanos no logren superar sus problemas.

¿La solución?
En el mundo binario de Internet se lee lo siguiente lo siguiente: “Según el narrador y ensayista mexicano Enrique Serna (1959- ), el diagnóstico que hace en este libro Paz del mexicano ‘es duro y a veces cruel, pero no pesimista, pues viene acompañado de un llamado a la acción: 'La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberarnos, así sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación.' En momentos de baja autoestima, una lectura ontológica del Laberinto podría contribuir a fomentar la apatía ciudadana, pues las dos actitudes que Paz sometió a crítica, la del chingón y la del agachado, mantienen una desoladora vigencia... El imperio de los chingones terminará cuando los agachados dejen de admirarlos, pero mientras tanto ambos bandos colaboran en la destrucción del país." Lo que Octavio Paz propone, pues, para acabar con lo que parece un destino inevitable, producto de tantas violaciones, es algo que no es fácil de hacer, pero sí indispensable: educar. Es lo mismo que propusieron en Venezuela en la década de 1940 Rómulo Gallegos y Rafael Vegas. Educar para que cese la tendencia a culpar a otros de nuestros propios y evidentes defectos. Educar para que los hispanoamericanos rechacen a los violadores, los machos criollos, los vivos criollos, los chingones, y no pueda haber ninguna otra violación. Educar por encima de todas las cosas. Educar para la vida sana. Educar para la democracia.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




 

Desvíos del Intelectual

17.09.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Política, Colaboradores, Opinión, Marina Ayala

No asombra que las personas menos formadas desde el punto de vista intelectual y menos integradas a la cultura sean víctimas fáciles de regímenes totalitarios. Es por ello que la frase “mientras más pobres más leales a la revolución” no debe decirse, pero una vez pronunciada por una banal confesión poco estratégica, cause indignación pero no asombro. Lo que interroga es como los llamados “intelectuales” permanecen apegados a un proceso que a nadie ya se le escapa sus intereses de dominación y sometimiento esclavizante de toda una población. No es, ni ha sido un fenómeno único en nuestra tierra, ejemplos hemos tenido a lo largo de la historia, intelectuales que han apoyado e incluso vanagloriado fenómenos totalitarios por más espantosos y grotescos que estos hayan sido. Al ser un punto curioso y sin duda enigmático bien vale la pena tratar de encontrar algunas luces en esta oscuridad. Apartando el fenómeno de conveniencia de aquellos que se trazan por intereses privados, un bienestar propio o posibilidad de amasar fortunas que de otra forma no podrían, hay “intelectuales” que tratan de justificar la dominación a costa de sus propias honestidad racional y pueden apartarse definitivamente de sus grupos de referencia sin que se pueda ver con claridad algún interés personal. Quedan aislados de sus colegas e incluso amigos interlocutores, solos y arrogantes, enredados en un pensamiento solipsista terminan enloquecidos.
Si observamos con cierta acuciosidad la tendencia de una sociedad sometida a un atropello generalizado y en todos los órdenes, es la de irse aislando para que cada quien encuentre sus propias y precarias soluciones. El que escogió como modo de vida los libros y el deleite del pensamiento tiene de por si una vocación de soledad pero necesita y es imperioso que sus ideas horneadas en su propia habitación puedan ser compartidas por otros que se dedican o no a la disciplina del pensar y también es necesario no desligarse de una realidad que es al fin y al cabo el mejor terreno para el florecimiento de la reflexión fértil del que quiere entender al mundo y su pasión es el hombre y sus vicisitudes. El nazismo se surtió esencialmente de los “burgueses” que escogieron sacrificarlo todo con tal de salvaguardar su intimidad y sin embargo estos muros falaces fueron los más fáciles de derribar. Se tropieza una y otra vez con la misma piedra porque a un versado en las ideas y lector de los hombres que las forjaron no se le escapa el devenir de los autores que sucumbieron a los tentáculos del poder y sin embargo tratan nuevamente de seducir al tirano y creer que con ello pueden dominar lo indomable. Signos de soberbia que es el gran mal que aqueja al “intelectual”
El “intelectual” termina siendo seducido porque abriga en su interior y quizás con un gran desconocimiento por su parte a un “tirano dormido” al creer que todo lo puede entender, juega con su posición de superioridad y con la creencia que puede dominar al mundo; observa a sus semejantes con desprecio e incluso se toma la libertad de insultar con el mayor desparpajo y con la seguridad de que tiene sobradas razones para hacerlo. Cree que seduce y termina siendo víctima de la peor ignorancia, el desconocimiento de sí mismo. Nada más adecuado que una persona que ha dedicado su vida a interrogar al mundo y al ser humano debatiéndose en la existencia, para entender que el pensamiento y las ideas es una tarea sin fin, nunca podrá ser abarcada toda la fenomenología de órganos vivos que tienen la potestad de sorprender a cada instante. Pero lo que se repite no ocasiona sino el interés por lo que se mantiene acucioso a pesar de la gastada experiencia y no hay nada más persistente y terco que el inconsciente al que no se acerca el “intelectual” porque el mismo cree que su ego lo abarca todo, el sentimiento oceánico del que nos hablaba Freud. Se equivoca y se equivoca a costa de su propia vida.
Enrique Krauze hace una clara y adecuada advertencia en el prólogo del libro que Mark Millas dedica a este tema, así nos dice “El propio Sócrates advirtió que una de las raíces de la tiranía es la soberbia a la que son susceptibles algunos filósofos: son ellos quienes orientan las mentes de los jóvenes y los conducen a un frenesí político que degrada la democracia. La única alternativa frente a esa intoxicación política es la humildad, fruto del autoconocimiento” Así que es una sorprendente realidad con las que nos hemos tropezado una y otra vez. Pero no es el único inconveniente con la que tiene que lidiar el “intelectual” en tiempos de dictadura, al mismo tiempo que juega al seducido se ve expulsado de las filas de los consentidos por el régimen porque el seductor presiente o conoce el peligro que representa la iniciativa intelectual, espiritual y artística que bien como señala Hannah Arendt son actividades más peligrosas que la propia oposición política. Es más peligrosa porque al no entender el tirano de qué se trata le resulta impredecible y por lo tanto inmanejable de allí que el “intelectual” sea objeto de una exclusión de las filas del poder. “El totalitarismo en el poder sustituye invariablemente a todos los talentos de primera fila, sea cuales fueren sus simpatías, por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de la lealtad”.
Queriendo participar de la tendencia dominadora el “intelectual” se encuentra enredado en su propia trampa y es tan persistente en su soberbia que una vez empujado a la oposición política entonces se dedican a burlarse y denigrar de los torpes pasos que emprende la ciudadanía en defensa de sus libertades. Con sus actitudes nihilistas, relativistas y cínicas contaminan el ambiente con una pesada carga derrotista que hace tanto daño como las claras acciones aplastantes y bárbaras de los regímenes autoritarios. Por supuesto, y hay que decirlo, muchos “intelectuales” no sucumben a estas tentaciones y son precisamente aquellos que se han dado a la tarea de conocerse y adoptar para sí y sus pensamientos actitudes de humildad. A estos pensadores tampoco les toca un camino fácil porque son despreciados y dejados de lado incluso por la propia academia, pero la honestidad les debe guiar a soportar y no flejar en su tarea de arrojar claridades en la vida pública. La incursión en la política se hace inevitable cuando la ciudadanía se ve amenazada en sus derechos fundamentales pero a sabiendas que en este ámbito se transita como el que va a la guerra, comporta un tropezarse inexorablemente con la violencia y de allí se saldrá con más de una curita, pero lo esencial es que se debe ir armado con una ética de la honestidad y no con una ética de la conveniencia. Para arrojar luz en la vida pública es indispensable haber prendido la luz en la vida privada y es en este sector, donde al parecer, más le falla la electricidad al “intelectual”.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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¡Tapen, tapen!

16.09.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Parece increíble, casi de “El extraño mundo de Subuso”, que el lema del régimen sea idéntico al consejo que le daba un godo de uña en el rabo y ladronazo como él solo a sus funcionarios y validos. ¡Ojo, que no me estoy refiriendo al Capitán Hallaca! Aunque la descripción le cae. Me estoy refiriendo a Laureano Gómez, el expresidente colombiano. Es asombroso que unos fulanos que juran ser los modernizadores del socialismo, los arquetipos de la pureza administrativa y los dechados de la eficiencia ejecutiva se guíen por las recomendaciones de uno de los más radicales líderes conservadores y, sin duda, uno de los principales culpables del surgimiento de las guerrillas en su país. Pero, si uno analiza mejor, debe concluir que el nortesantandereano que desmanda hoy en Venezuela se parece mucho a su paisano mencionado antes. Ambos, para mandar, se fundamentaron en la reducción de las libertades ciudadanas, la exacerbación de las policías políticas, el empleo de “patriotas cooperantes” para denunciar a los adversarios políticos y la represión más amarga contra quienes fuesen contrarios, o meros indiferentes, al “evangelio” que descendía desde el palacio presidencial. Y en tratar de disimular las chambonerías y latrocinios cometidos por él y sus subalternos.

Porque es la única manera que tienen para tratar de perpetuarse en el poder. Ya no les sirven ni el exacerbado clientelismo, basado en el empleo de los recursos públicos para lograr que los electores voten por ellos; ni la aberración cínica de las medidas populistas que alientan el desprecio por el trabajo, incitan al limosneo y corrompen a los venezolanos de mentes más sencillas. Como no pueden construir un país próspero y democrático de verdad —porque se robaron los recursos y porque son una manga de ineptos—, tienen que apelar a las mentiras y las ocultaciones de las atroces realidades que sufre la nación. Aunque el ilegítimo recurre a las amenazas y los ditirambos al muerto fallecido en sus aburridas y largas cadenas, son más frecuentes las apelaciones a las excusas absurdas y a las omisiones. Por un lado, hacen reverdecer las teorías conspirativas de la “burguesía apátrida” que hace una “guerra económica” aupada por los “imperialistas”. Por el otro, nada dicen de los latrocinios que abundan en su entorno. Y en eso lo siguen todos los miembros del gabinete. Es una pantalla tupida la que tratan de construir, pero la realidad es más fuerte. Si la cortina de hierro no pudo impedir el derrumbe de la URSS, ¿qué podrá lograr la débil mampara que tratan de erigir estos incompetentes para evitar que se vea el desmoronamiento moral y la debacle de la economía? No pasa de ser un parabán de coleto tapizado con hojas de “Vea” y “El Correo del Orinoco”. Y eso puede que sirva para ocultar lo que sucede al otro lado en una pensión infame en el medio del llano barinés, pero en parte alguna más.

Ellos lo saben. Y por eso apelan a otra herramienta del arsenal comunista: el empleo de jueces y fiscales para encausar y poner tras las rejas a quienes dicen las verdades. Ya el ilegítimo le dio órdenes a la mechi-pintada de abrirle un proceso a Ricardo Hausman. Y esta ya debe haber designado al esbirro legal que ha de cumplir la fechoría. Y todo, por aquél haber dicho una verdad: no hay reservas suficientes para pagar los intereses de la “soberana deuda” (como la bautizó Laureano, el bueno, el nuestro) y comprar comida y medicinas. O se hace lo uno o lo otro; pero no las dos cosas. Y lo que se dice por ahí es que optará por lo primero. Porque es que —recuerden— entre los tenedores de bonos venezolanos hay mucho copartidario millonario…

Por lo mismo, el turco que manda en Aragua ya pidió que se enjuicie al médico que alertó sobre las misteriosas muertes ocurridas en el Hospital Central de Maracay. No informa de las medidas profilácticas que deben ser tomadas, no desmiente las muertes (solo reduce el número de ellas); simplemente busca que no se sepa la realidad. El médico únicamente ha hecho lo que la deontología de su profesión le manda: alertar de un posible peligro para la salud de la comunidad. Pero hasta que el representante del partido Baaṯh en Venezuela —¿o se habrá pasado para el IS?— no vea en chirona al informador del hecho, no va a estar tranquilo.

Cárcel, también, para un oficial subalterno y unos individuos de tropa por el delito de contrabando. ¡Bien presos! Pero eso no pasa de ser otra cortina de humo para tratar de ocultar lo que todo el mundo sabe: que la gasolina y los alimentos subsidiados que pasan para Colombia ilegalmente son negocio de personas de mucha más gradación en el escalafón militar. Pero esos son copartidarios…

Como los casos mencionados en los párrafos anteriores, mucho otros. La judicialización de la protesta mantiene en prisión a muchos jóvenes injustamente. Esta semana, los jueces del horror van a ordenar —seguramente— nuevas medidas de encarcelamiento contra los que fueron detenidos en las protestas de la semana pasada en Caracas y Barquisimeto. Eso es inicuo.

Pero va muy acorde con las prácticas de Laureano (el malo, el paisano de Nikolai): el empleo de medidas autoritarias y de esquemas represores en contra de quienes pudieran oponérseles. ¡Y, cuidado si no llega, como propuso el bogotano, a las "acciones intrépidas" y los "atentados personales", por parte de la policía política, para evitar la caída del régimen!...

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.
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Volver al pasado

12.09.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Semblanzas, Venezuela, Actualidad, Opinión

En apenas tres meses he tenido una experiencia que prácticamente ninguno de mis antepasados, por diferentes razones, pudo tener. Viví en algo que podría llamarse porvenir, aunque en realidad es el presente para una inmensa cantidad de gente, y volví a un pasado deleznable. No sé si se relaciona con lo que afirmó Albert Einstein de que el tiempo no existe, o es apenas una creación del cerebro humano. Pero el hecho real que es que entre el 7 de junio y el 4 de septiembre nos alojamos Natalia y yo en una casa pequeña pero confortable, en una zona de clase media de una ciudad nada importante de Alemania, en una calle estrecha de casas sin rejas, muy cercana a un bello parque que hoy está en donde en el siglo XVII fabricó su pequeño castillo un noble, pequeño castillo que fue destruido por los bombarderos aliados en 1943. Hoy subsisten dos paredes y los restos de una bella capilla también del siglo XVII. Dentro de las ruinas hace poco ubicaron un cubo verde claro de tres pisos, en el que funciona una escuela de arte, y a pocos pasos, en donde estuvo la casa de huéspedes del casillo, hay una modernísima galería de arte de bella simplicidad. Durante mi estadía en esas latitudes descubrieron a, pocos pasos del derruido castillo, las ruinas de una granja del siglo X. Desafortunadamente decidieron destruirlas y continuar con el proyecto de otra galería de arte. No todo es perfecto en el porvenir que es presente para tanta gente. A seis o siete cuadras de la casa (que es en donde vive mi hija con su esposo y sus tres hijos) hay una zona comercial que permite no salir de la zona para conseguir todo lo que un ser humano necesita para vivir muy bien. Allí mismo se toma un tranvía modernísimo que llega, en parte en superficie y en parte bajo tierra, al centro de la ciudad, en donde además de estar la sede de una muy buena orquesta sinfónica, hay teatros, cines, todo un sistema de calles peatonales dignas de cualquier gran ciudad del mundo y una universidad importante, fundada después de la II Guerra Mundial. Allí está también la estación central de la ciudad, que es parte de una red ferroviaria importantísima que nos permitió visitar otros lugares, como Colonia, una de las ciudades más bellas del mundo, cuya catedral es también una de las más bellas del planeta. Colonia tiene, multiplicadas por X, las mismas facilidades y ventajas de Bochum, pero no es algo que tiente a los habitantes del Bochum a dejar su microcosmos, como no sea para hacer turismo interno. Y de la misma estación central de Bochum partimos para visitar Rietberg. Un pueblecito de apenas treinta mil habitantes que tiene, en miniatura, casi las mismas ventajas y facilidades que ofrece Bochum. Allí invitados por una pareja de alemanes (él funcionario diplomático, ella doctorada en literatura y traductora al y del español) conocimos un restaurant muy superior a todos los de Venezuela, no solamente en lo culinario y en el servicio, sino porque está en una vieja casa burguesa del siglo XVII perfectamente conservada y modernizada en su interior (aunque con el buen gusto de conservar el máximo posible de sus detalles del siglo XVII, y en una calle que también mantiene lo más bello del pasado. También conocimos la casa de nuestros amigos, una antigua granja hoy modernizada y en medio de sembradíos de maíz, trigo y otros productos agrícolas que aloja modernísimos “molinos” de energía eólica, que compiten con los paneles solares que cubren viejos tejados o techos nuevos y se ven por todo lados. En la casa de mi hija y mi yerno (un amable y cultísimo profesor universitario) no hay, por decisión consciente de la pareja, televisor. Cuando quieren ver algún programa que les interesa (o que creen conveniente para sus hijos) lo hacen en la pantalla plana de su computadora, gracias a una velocidad de Internet que en Venezuela no podemos ni siquiera imaginar, y que me permitió ver en mi modesta laptop todos los programas de “Redes,” la serie de divulgación científica dirigida por Eduard Punset y que hasta hace poco se presentaba en el canal internacional de la Televisión Española, así como toda la serie “El Universo de Stephen Hawking” y otros programas parecidos de la BBC o de Discovery. Además disfruté enormemente viendo y oyendo todos los programas de “Le Luthiers,” el grupo argentino de humor que es único y primero en el mundo. Y hasta pude ver excelentes documentales sobre temas literarios, culturales y políticos. Pero a todo eso tuve que renunciar abruptamente el 6 de septiembre, cuando desde un aeropuerto modernísimo salí rumbo a Madrid, en donde desde otro aeropuerto modernísimo partimos rumbo a Venezuela. Volver al pasado más deleznable, a una realidad terrible de atraso, subdesarrollo, corrupción, inseguridad, escasez, inflación galopante, abusos de poder, etcétera, en donde la única esperanza es la de poder, en un futuro no muy lejano, volver al porvenir.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




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El Resignado

09.09.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Opinión, Marina Ayala

La ruptura de una sociedad identificada con sus grupos de referencia desarrolla una nueva psicología entre sus integrantes, una tendencia a una pérdida de entusiasmo, un aplanamiento moral y un dejarse estar sin mayores contratiempos pidiendo solo no ser molestados. La reunión entre los amigos se va constituyendo en un desconocimiento y quizás en una agresividad hacia el otro, no justificable, porque se tiene la íntima sensación de ya no ser entendidos ni tener puntos comunes que compartir, la actitud del otro irrita. En fin se pierde la solidaridad y la alegría de los buenos encuentros. Un grupo humano en estas condiciones está solo y perdido en un mundo interno desordenado, es presa fácil porque es un momento de muchísima vulnerabilidad, no hay acercamiento a los otros porque se tiene la fuerte sensación de que no puede haber otro con las mismas inquietudes vitales y por supuesto no hay otro que pueda ayudar y acompañar. Se pierde el interés colectivo en todos los sentidos, económico, social y político, es decir en todos los aspectos que constituyen nuestras tareas comunes esenciales para vivir en comunidad. Se opta por permanecer aislado en refugios particulares sin mayores estorbos. Posturas defensivas que necesariamente fracasaran en su intento de confort y es lo que conocemos como la abnegación. La renuncia a todo proyecto personal y colectivo con el cual nos mantenemos con un temple despierto y dispuesto.
Se debilita, como lo señala Hannah Arendt, incluso nuestro instinto de conservación, en última instancia ni uno mismo tiene importancia. Así lo explica Arendt y lo señala como una de las características que tuvo el hombre-masa europeo y que hizo posible el auge y avance del totalitarismo, “la abnegación, en el sentido que uno mismo no importa, el sentimiento de ser gastable, ya no era la expresión de un idealismo individual, sino un fenómeno de masas. El viejo adagio según el cual los pobres y los oprimidos no tienen nada que perder más que sus cadenas no se aplicaba a los hombres-masa porque eran privados de mucho más que las cadenas de miseria cuando perdían el interés por su propio bienestar: había desaparecido la fuente de todas las preocupaciones y cuidados que hacen a la vida humana inquieta y angustiada”. Al observarse fenómenos como la aceptación, por parte de los ciudadanos, de normativas realmente intolerables para la dignidad del ser humano; cuando se observa una ruptura con los hábitos y costumbres que nos identificó como ciudadanos, con docilidad y sin dolor manifiesto. Cuando se camina por las calles con los hombros caídos, mirada perdida y sin objetivo ni destino, es cuando debemos advertir que se está entrando a un terreno muy peligroso y que identificamos como la resignación. La verdadera cárcel donde se congela cualquier posibilidad.
Señales de este horror estamos teniendo y sobre ello debemos estar alerta, es la derrota en los términos más agudos, la derrota de nuestros recursos humanos. En estos días oímos a un dirigente de la institución que se supone defender las libertades individuales como son la propiedad privada y el derecho al trabajo, pedir disculpas a la ciudadanía por la inevitable implementación de la señal más clara de esclavitud que hemos tenido. Lamentable porque con ello está dejando sin objetivo a la institución que representa y está manifestando, de forma patética, su resignación, un “no tengo nada que hacer”. Vencidos ante la engañosa invitación de estar contribuyendo a un proyecto más abarcador, una ideología, que supone convocarnos a renunciar a nuestros intereses cotidianos inmediatos y dejar de defender lo que realmente es nuestro. No importa si se está consciente o no de la importancia del lugar y papel que toca vivir a cada quien en un momento determinado, lo importante es la traición a la investidura de su condición. Manifestación del desprecio más grande hacia el sentido común del ciudadano que observa con perplejidad.
El sentido común nos indica que el ser humano solo puede prosperar y crecer en la cultura, es decir, en comunidades donde los vínculos entre las personas estén reglamentados, donde sea posible desarrollar tareas intelectuales, científicas y artísticas todas útiles para el bienestar colectivo. Pero también es cultura lo que podríamos entender como un aspecto inútil, la belleza. Es cultura que podamos caminar por parques cuidados y adornados con árboles y flores, que nuestras casas y nuestros cuerpos estén revestidos de armonía, limpieza y equilibrio. No solo lo externo y lo que podemos contemplar con la vista es lo que deberíamos cultivar y embellecer, también es indispensable que nuestro trato con los otros y con nosotros mismos sea bello, lo que no se puede ocultar a una mirada estética. Lamentablemente nos hemos constituidos en seres feos, así como hemos dejado que nuestras ciudades se enterraran en la desarmonía y lo sucio, así hemos devenido en seres descuidados en el cultivo cultural. No, no es para nada bonito que se nos pida disculpas por no defender lo que incluso está más allá de lo cultural, lo que no depende de nuestros acuerdos comunitarios, el sello indeleble con el que comenzamos a respirar en estas latitudes y que es nuestra libertad. Señal de seres vencidos, resignados, abnegados. Seres feos. Como diría Freud “….individualidades conductoras que no alcanzan la significación que les corresponderían en la formación de masa.” La falta de estética en el decir.
Y digamos más por qué calificamos estos actos de feos porque en el fondo se está ninguneando al interlocutor. Dichos que se revisten de un barniz resignado en un intento de parecer dignos ante la derrota, sufridos ante la imposibilidad de rebelarse, el deber del sufrimiento. Posturas estoicas que no están acordes ni con su manera de vivir ni con la tarea que les tocó desempeñar. Imposturas, disfraces, escondites a la mirada ajena que descubre la contradicción en el decir. Octavio Paz en un ensayo donde describe algunos rasgos del mexicano acentúa esta forma peculiar de vivir las adversidades, “Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad”. En sociedades donde se hace predominante el carácter resignado, todos pasamos a ser sombras de nuestra propia existencia porque todo se vuelve inútil, da lo mismo los esfuerzos personales, no habrá una mirada de reconocimiento sino un llamado a volvernos “ningunos” en un feo desprecio por cada existencia. En realidad el resignado quedó olvidado en la lista de invitados a los grandes festejos de la vida y será convidado al silencio o a participar en el festín demoledor de los guerreros.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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