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Por ahí anda César Vallejo, entre el invierno de París y la miseria de quienes lo citan para seducirse, pero olvidan que el cholo peruano afincaba la idea de que, más rebelde que revolucionario, el artista del mundo, el que le soba el lomo a la maldición, no entra fácilmente en la boca del lobo. Rebelde, el que no se acerca al poder, es visto como un bicho raro. Cosa buena, toda vez que el poder ensucia la terrible presencia de la poesía.
Por eso abrevo en César Vallejo, quien sostiene la mirada del arrogante y se calza las sandalias de recorrer el infierno.
Artista que se deja seducir por el discurso del poder, cae de rodillas ante cualquier necedad, con todo y que ésta sea exitosa. Esa seducción ha estado predestinada a todo aquél que bucea en las intimidades de la zoología política con fórmulas de revoluciones y termina exterminando a sus más cercanos adulantes. Aunque el punto está centrado en los intelectuales, es bueno destacar que los más grandes crímenes se han cometido en nombre de una idea. Como un día lo escribió Luis Aníbal Gómez: “La ideología suele explicar todo a partir de una sola premisa, revelándose útil al totalitarismo que calza un aura de certeza combinando “el enfoque científico con resultados de relevancia filosófica”. Según el término, una idea puede ser objeto de una ciencia tal “como los animales lo son de la zoología”.
Una fauna, para anudar el tema, ha provocado los más terribles crímenes en nombre, repito con Gómez, de una idea. Así, entre 1450 y 1792, en Europa, Nueva Inglaterra y Sudamérica, los cristianos asesinaron a unas 200 mil personas, calificadas de “devotos de Satán y otras herejías”. Desde 1492 hasta la fecha, en el hemisferio Occidental, europeos cristianos mataron a decenas de millones de aborígenes. Entre 1915 y 1916, el gobierno musulmán de Turquía mató un millón quinientos mil cristianos armenios. Entre 1940 y 1945, Europa central y oriental, a través del ejército alemán, acabó con la vida de once millones de judíos y miembros de otras culturas. Entre 1975 y 1999, los musulmanes mataron en Timor Oriental a unos 200 mil cristianos. Entre 1995 y 1999, cristianos, serbios y ortodoxos acabaron con la vida de unos 200 mil musulmanes. Entre 1998 y 1999, cristianos, serbios y ortodoxos desplazaron a unos 400 mil musulmanes, y hasta ahora se desconoce el número de las víctimas de lo sucedido en Kosovo.
En esta macabra lista no se han incluido los crímenes cometidos por Hussein, quien arrasó con más de dos millones de kurdos mediante un ataque químico que mató a niños y adultos, sin que nadie dijera nada. Un poco más atrás, el padrecito Stalin hizo una purga que acabó con más de 60 millones de rusos de variadas culturas. El alabado Gadaffi, quien acaba de ser asesinado, dejó una estela de sangre en la desierta tierra de Libia. Es decir, los fanatismos religiosos y políticos suelen ir de la mano. Ideologías al fin, persisten en la fórmula de aplicar una sola premisa. La boca del lobo ha estado en América Latina en nombre de revoluciones y de Dios. Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, Ecuador, Cuba, Nicaragua, entre otros, han pasado por esta gesta criminal.
El razonamiento de Luis Aníbal Gómez nos ayuda: “Una ideología es la lógica de una idea. “¿Su objeto? La Historia, a la que es aplicada la idea”. El resultado no explica algo que es, sino el despliegue de un proceso de algo que ha sido o será, algo en constante cambio”.
El carácter engañoso de la ideología garantiza una ventaja: es transitoria, porque el cerebro humano se alimenta de ideas. De manera que surgirán otras que sustituyan a la que por dominio material se ha querido imponer. Y así como la tierra se mueve, el hombre ha creado todo un sistema de contrapesos, es decir, propuestas rebeldes que posibiliten el carácter efímero o no de eventos ideológicos imperiales. Toda revolución lleva dentro de ella el germen totalitario, imperial. Nos referimos a las revoluciones ideológicas, en las que el asunto social, apegado a una ideología, pervierten los cambios necesarios del cosmos humano.
La lógica de una idea –sensible a cualquier manejo- puede contener una masacre, una tragedia colectiva. Por esa boca de lobo muchos pueblos, entusiasmados por la retórica discursiva y las dádivas del poder, entran con canciones y consignas, pero cuando intentan salir se dan cuenta de que sólo quedan las consignas en la alcabala. Las canciones murieron con las esperanzas. El hombre nació libre. Debe vivir en rebeldía para conservar esa libertad, tan natural como desechar el ritmo de una sola idea.
ALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
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