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Arturo Uslar Pietri, el hombre, el escritor

10.03.11 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Libros, Novela, Literatura, Escritores

Arturo Uslar Pietri es uno de los escritores más importantes de Venezuela, de la América hispana y de la lengua castellana. Lamentablemente se dejó tentar por la política y no se dedicó a tiempo completo a la literatura, que habría sido lo mejor para él y para las letras hispanoamericanas. Hijo del coronel Arturo Uslar Santamaría (sobrino de Carlos Soublette) y de Helena Pietri Paúl, nació en Caracas, el 16 de mayo de 1906. Aprendió sus primeras letras en una Escuela Unitaria cercana a su casa caraqueña, luego estudió en el Colegio Francés, después pasó por otra Escuela Unitaria, en Cagua y, en Maracay, estuvo en la Escuela Felipe Guevara Rojas y el Colegio Federal de Varones y tras un período interno en el colegio salesiano de Valencia, terminó el bachillerato en el Liceo San José de Los Teques, fundado y dirigido por el Doctor José de Jesús Arocha, El Tigre Arocha, en donde fue condiscípulo de los hijos de Gómez, de Miguel Otero Silva, Espíritu Santos Mendoza y de muchos otros hombres de provecho. En enero de 1924 se graduó de Bachiller en Filosofía y se mudó a Caracas para estudiar Derecho en la Universidad Central. Un año antes había publicado en Billiken, una de las revistas más importantes de su tiempo, su cuento El silencio del desierto, que llamó la atención de unos pocos entendidos. En Caracas se hizo conocer en las peñas literarias. En 1928, cuando los estudiantes de la Universidad Central protagonizan los actos contra la dictadura gomecista, Uslar se inhibió por ser amigo de la familia Gómez. Ese año publicó su primer libro de cuentos. Barrabás y otros relatos, que estalló de repente en el medio literario venezolano, pacato y limitado, que debía dejar una huella profunda. Era, sin duda, algo renovador, que anunciaba un gran cambio de rumbo en las letras venezolanas. Pero un cambio que la crítica literaria de su momento, que ya estaba herida de muerte, apenas registró.
En julio del 29, a los veintitrés años, se convirtió en Doctor en Derecho y fue designado Agregado Civil en la Legación de Venezuela en París donde formó un trío de grandes escritores latinoamericanos con el cubano Alejo Carpentier y el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, con quienes leyó por vez primera Cubagua (París, 1931) de Enrique Bernardo Núñez, y, aunque en grados diferentes, se orientaron hacia una narrativa libre, que es lo que se conoce hoy como “Realismo Mágico” (término creado por el propio Uslar Pietri). La pasión por el cine, un arte enteramente nuevo, y el Centenario de la muerte de Bolívar, llevaron al joven Uslar a hacer un guión para un film sobre el Libertador, y ese guión se convirtió en Las lanzas coloradas (1931). Así, del trío latinoamericano (Asturias, Carpentier, Uslar Pietri) fue Uslar Pietri, con Las lanzas…, el primero en lanzarse al ruedo con una novela, pero se enfrentó a un terrible silencio por parte de la crítica venezolana, que lo ignoró por completo. En 1934 regresó a Venezuela, como presidente de la Corte Suprema de Justicia del Estado Aragua, y ganó, con su cuento La lluvia, el concurso anual de cuentos de la revista Élite. De regreso a Caracas se inició en la política con cargos modestos en los ministerios de Relaciones Exteriores y de Hacienda. López Contreras lo nombró Director de la oficina de Inmigración y Colonización, como antesala al cargo de ministro de Educación, que lo convirtió en el miembro más joven del gabinete. Se casó entonces con Isabel Braun, fue ministro de Hacienda y Secretario General de la Presidencia con Isaías Medina Angarita (1941), luego de ocupar otros cargos, en 1944 vuelve a ser Secretario General de la Presidencia y se convierte en el motor principal de partido de Medina Angarita, que al principio tuvo el feo nombre de Partidarios de la Política del Gobierno y por fortuna terminó llamándose Partido Democrático Venezolano, PDV. Pero su carrera ascendente se trunca cuando, el 18 de octubre de 1945 un golpe de estado tumba al gobierno y lo obliga a exilarse en Nueva York con su esposa y sus dos niños. Allí es profesor en la Universidad de Columbia. Sus bienes fueron confiscados por un poco justo Juicio de Responsabilidad Civil. En 1948 se edita en Buenos Aires El camino de El Dorado, su segunda novela, y un año después se reedita, también en Argentina, Las lanzas coloradas. En México se edita Letras y hombres de Venezuela, que coloca su nombre entre los buenos escritores hispanoamericanos. Luego del derrocamiento de Rómulo Gallegos (noviembre de 1948), regresa en 1950 a Venezuela, tras recuperar su casa y sus bienes. En Caracas trabaja en la Publicidad ARS, de su gran amigo Carlos Eduardo Frías y se convierte en uno de los rostros más conocidos de la televisión venezolana por su programa Valores Humanos. Publica varios libros de viajes, El otoño en Europa (1954), La ciudad de nadie. Un turista en el cercano oriente (1960), La vuelta al mundo en diez trancos (1971), El globo de colores (1975), género en el que se destaca ampliamente. Dirige el Papel Literario de El Nacional, y dedica todo el tiempo que puede a escribir y publicar artículos y sesudos ensayos, además de retomar su labor docente en la Universidad Central de Venezuela. La publicación del volumen de ensayos Las nubes le significa el Premio Nacional de Literatura (1952-53). Se incorpora como Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en 1955, y en su discurso (que fue respondido por Rafael Caldera) reitera algo que había dicho tiempo atrás acerca de “sembrar el petróleo”, lo que hace que algunos piensen que volverá al ruedo político. En 1956 incursiona en el teatro. Sus obras, El día de Antero Albán, El dios invisible. La Tebaida, y Chúo Gil o las tejedoras, le ganan el respeto de especialistas y espectadores. Poco antes de la caída de la dictadura perezjimenista es hecho preso brevemente. El 23 de enero cae el gobierno, y la recuperación de la democracia implica para Uslar una activación de su vida política. En las primeras elecciones, en diciembre de 1958, es elegido Senador por el Distrito Federal, y su voz se hace sentir claramente. La Constitución de 1961 es en buena parte fruto de su trabajo. En 1962 publica Un retrato en la geografía, primera novela de la trilogía El laberinto de Fortuna, que es muy mal recibida por la crítica. En 1963 es candidato independiente a la presidencia de a Republica y a pesar de que le son birlados muchísimos votos, logra un sorprendente 16% de los votos (el ganador, Raúl Leoni, consiguió 32%). En 1964 funda su propio partido, el Frente Nacional Democrático, FND, que forma con Acción Democrática y Unión Republicana Democrática, la “Ancha Base”, para apoyar a Leoni. Ese mismo año se publica Estación de máscaras, segunda novela de la trilogía El laberinto de Fortuna, que queda trunco porque no se hizo la tercera novela. En 1968 es reelecto Senador por Caracas, y su partido prácticamente desaparece. Ese año gana las elecciones Rafael Caldera y Uslar Pietri asume la dirección del diario El Nacional, cuyo principal factor es su buen amigo Miguel Otero Silva. En 1973 es elegido presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez, Uslar Pietri deja de ser senador y se despide del congreso con un excelente discurso. El presidente Pérez le ofrece la embajada de Venezuela en la Unesco y Uslar acepta. Su gestión en ese nuevo destino es magnífica, es elegido Vicepresidente del Consejo Directivo y logra muchos éxitos para el país. Paralelamente a su trabajo oficial, realiza una labor muy importante con Jesús Soto, y además escribe Oficio de difuntos, su quinta novela, en la que pinta un notable cuadro de la Venezuela de tiempos de Juan Vicente Gómez y que se publicará en 1976. En 1978 gana la presidencia Luis Herrera Campíns y Uslar Pietri regresa definitivamente a Caracas. En 1980 se edita su último libro de cuentos, Los narradores, y en 1981 publica La isla de Robinson, cuyo personaje es Simón Rodríguez, y le procura en 1982 el Premio Nacional de Literatura en propiedad, sin que tenga que compartirlo con nadie. Su columna semanal en El Nacional es una referencia importante para todos los que están interesados en la vida del país. El llamado “Viernes negro”, cuando colapsa el sistema económico en el que Venezuela ha estado sumergida, hace ver a muchos que las advertencias de Uslar Pietri no habían estado nada desatinadas, y muchos ojos se vuelven hacia él en busca de guía. Jaime Lusinchi derrota en las elecciones de 1983 a Rafael Caldera. Por sus ochenta años, Uslar recibe muchos homenajes, doctorados honoris causa, publicaciones, discursos. Uno de los más importantes es un almuerzo en el Palacio de Miraflores, presidido por Jaime Lusinchi, que le encomendó la presidencia de la Comisión Presidencial para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional. En ese almuerzo, el gobierno le ofreció una edición magnífica de Las lanzas coloradas con ilustraciones de Pedro León Zapata y diseño gráfico de John Lange, todo coordinado por Simón Alberto Consalvi, figura importante de AD, muy ligado a los medios intelectuales y artísticos de Venezuela. Un gran homenaje de quienes en 1945 lo habían expulsado del país y le habían quitado arbitrariamente todos sus bienes. Era otra Venezuela. Ese mismo año (1986) Uslar publicó su segundo poemario: El hombre que voy siendo (el primero fue Manoa, 1973) y un bello libro titulado Godos, insurgentes y visionarios. A Jaime Lusinchi lo sucedió en la presidencia su compañero de partido Carlos Andrés Pérez, que a pesar de la oposición de su propia tolda ganó ampliamente las elecciones de 1988. Pérez, convencido de que su enorme popularidad es un blindaje contra todo, se atreve a lanzar un serio paquete de medidas, casi todas de corte liberal, para enfrentar el evidente deterioro de la economía. La reacción, en buena parte provocada por gentes de extrema izquierda y hasta de izquierda moderada, fue feroz. El 27 de febrero de 1989 se produjo un auténtico alzamiento popular que se conoció como “El Caracazo”. La represión generó centenares de muertes y paralizó al país por unos días. La mayor parte de las medidas quedó firme y pronto se vio que la economía del país mejoraba, pero, paradójicamente, la popularidad de Carlos Andrés Pérez cayó en barrena y finalmente, luego de dos golpes de estado fallidos (1992) fue apartado de su cargo en 1993 por un juicio muy dudoso, impulsado por los “notables”, entre quienes se destacaba Arturo Uslar Pietri, cuyo declive físico había empezado. Un golpe terrible para él y para su mujer fue la muerte de su hijo mayor, Arturo Uslar Braun, que se suicidó en su apartamento en La Florida, relativamente cerca de la casa de sus padres. Apenas cuatro meses después, en julio de 1991, por su última novela, La visita en el tiempo, Uslar Pietri recibe el Premio Rómulo Gallegos. La salud de Isabel, su esposa, empezó a declinar abiertamente, y murió en noviembre de 1995. Desde 1994 era presidente de la república Rafael Caldera (casado con una parienta de Uslar Pietri), que había desertado del partido que creó (Copei) y llegó por segunda vez al poder arrastrado por una coalición de calderistas sin otra ideología que seguir a Caldera y una inorgánica coalición partidos de izquierda. Su gobierno fue un fracaso, y generó la llegada al poder del más mediático de los tenientes-coroneles de los golpes de 1992, Hugo Chávez Frías, peligroso demagogo que ha hecho el peor gobierno de la historia de Venezuela. Desde el principio de ese pésimo gobierno (1999) Uslar Pietri, cada vez más aislado, se dio cuenta de lo que ocurría. En diciembre, cuando los aludes catastrofales prácticamente destruyeron la zona urbana del estado Vargas, sufrió otra pérdida cuando vio arruinarse totalmente su casa playera, la casa de Tanaguarena en la que escribió buena parte de su obra y disfrutó buena parte de sus descansos, y no se le escapó la negligencia criminal del gobierno, que no difundió las noticias para que la gente no dejara de votar en la consulta relativa a la nueva Constitución, razón por la cual se perdieron miles de vidas. Poco antes había muerto Juan, su único hermano. Uslar se fue quedando terriblemente solo en su casa de La Florida, y un cáncer prostático fue el medio del que se valió la naturaleza para terminar con su tiempo. La noche del 26 de febrero de 2001, lunes de carnaval (Estación de máscaras), la fatiga terminó de llevarse su verbo, que tanto le había dado a la humanidad.

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1 comentario

Comentario De: José Alberto Medina Molero [Visitante]

Con sus errores y sus muchísimos aciertos pertenece Arturo Uslar Pietri a esa casta de hombres, que se acercan tangencialmente al adjetivo de imprescindibles. Su amor por el país lo resumió desde su primera columna "Pizarrón" en Junio de 1948:

“No me ha sido fácil decidirme a iniciar estos artículos que hoy comienzan. Mucho y muy gravemente he vacilado en hacerlo. Un humano impulso vital, el mismo que nos obliga a huir del humo hacia el aire libre, me empuja a permanecer lejos y en silencio. El tormento de ser venezolano, ese tormento al que no ha podido escapar ningún hombre de pensamiento de nuestra tierra…pero no hay muro bastante para poner al hombre al amparo de su conciencia y de su corazón. No ha habido un minuto en que Venezuela, su angustia, su presencia, no hayan estado junto a mi. Ha sido una obsesión de todas las horas "

Ese fue el compromiso que mantuvo con hidalguía y pasión venezolana durante su larga y muy productiva existencia

10.03.11 @ 16:20