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Cómo hacer una novela

19.06.10 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Arte, Libros, Novela, Literatura, Escritores, Ensayo, Capítulo

A partir de este sábado (19 de junio de 2010) Literanova publicará, semanalmente, el Ensayo titulado “Cómo hacer una novela”, de Eduardo Casanova, en el que ofrecerá a los lectores no sólo un método para escribir novelas, sino varias informaciones literarias sobre ese género literario.

CÓMO HACER UNA NOVELA

1.- Antemateria
Hace algún tiempo me tocó asistir a uno de esos “foros” que por lo general no sirven para nada o sirven para muy poco, en el que el tema era nada menos que la novela. Me acompañaban personas que han escrito y publicado novelas, pero a medida que pasaba el tiempo, a medida que me aburría escuchándolos, me di cuenta de varias realidades: 1) Son muchos, demasiados, los que creen que por saber leer y escribir pueden hacer una novela; 2) Escribir una buena novela es muy difícil, pero escribir una mala novela es facilísimo; 3) Aún las personas que redactan bien y no cometen errores de sintaxis o de ortografía, no necesariamente pueden hacer una buena novela; y 4) La inmensa mayoría de la gente no tiene la más leve idea de lo que en realidad es una novela ni de cómo se puede lograr una. Por eso me propuse hacer un ensayo acerca de cómo hacer una novela, que tampoco servirá para mucho, pero por lo menos podrá permitir a muchos de los que están en esa categoría, la de los que saben escribir o saben redactar, emprender la aventura de hacer una novela a sabiendas de dónde están parados. Es como si una persona, porque sabe caminar, creyera que puede subir el Himalaya, sin darse cuenta de que para subir el Himalaya, además de saber caminar, hay que cumplir muchos requisitos que no todo el mundo puede cumplir. Cuando esa persona esté bien enterada de cuáles son esos requisitos podrá tomar la gran decisión: ¿subo o no subo a la cumbre del mundo? Si se equivoca, los resultados serán catastróficos. Si acierta, los resultados pueden llegar a ser magníficos, tanto si sube como si no sube. Ojalá que en materia de escribir novelas, este ensayo disuada a muchos de los que en su sencilla ignorancia creen que escribir una novela es coser y cantar, y que los que, superada esa ignorancia, decidan ascender a la cumbre del mundo, lo logren con éxito, para beneficio de los lectores que son, al fin y al cabo, los que deben disfrutar el éxito de los grandes montañistas de las letras.
Cuando me propuse emprender esta tarea pensé en llamar al ensayo “Cómo escribí mi primera novela”, pues el método que pensaba emplear era, justamente, la narración de cómo escribí “Los caballos de la cólera”, la novela que publicó Monte Ávila Editores a finales de 1972, y que tuvo un gran éxito en el mundo de habla hispana, incluida España, en donde estuvo prohibida por varios años, hasta que después de la muerte de Francisco Franco la “madre patria” pudo entrar de verdad en el siglo XX y acabar, entre otras cosas con la férrea censura que impedía a los españoles leer novelas no aprobadas por los inquisidores de las letras. Pero de inmediato me di cuenta que ese título llamaba a engaño, pues en realidad “Los caballos de la cólera” no fue mi primera novela. Fue la tercera o la cuarta. Fue la primera que se publicó, y eso es otra cosa. Por otra parte, el título “cómo escribí mi primera novela” habría inducido a los lectores a pensar que se trataba de un ejercicio de autoelogio, hecho para que se me admirara y la plebe se enterara, nada menos, de cómo escribí mi primera novela, cómo subí al Himalaya y regresé a cosechar aplausos y recibir elogios de todos los demás montañistas, obligados a superar la envidia que mi proeza les generó. Pero no es así. No busco aplausos ni reconocimiento de ninguna persona. Lo que me propongo es que seguir un poco la idea de Luis Alberto Machado, que para demostrar que todo el mundo puede hacer poesía, se convirtió en poeta y ha publicado varios poemarios, y hasta fue parte de un experimento, en el que Carmen Cristina Wolf y él hicieron algo así como “libros paralelos” de poesía. En este caso no se trata de que todo el mundo puede hacer buenas novelas, pero sí de que los que en realidad pueden, lo intenten. Y a partir de esa premisa me di cuenta de que usar “Los caballos de la cólera” como ejemplo no es una buena idea. Es una novela muy compleja, y esa complicación puede desanimar a más de uno. De modo que resolví utilizar una novela corta, bastante simple en su forma, muy fácil de leer. Se llama “La Rabolución”, pero cuando empecé a hacerla la iba a llamar “La Revó Lución”, nombre que cambié luego de darme cuenta de que se prestaba a un par de equívocos absolutamente innecesarios. Es un texto que cualquiera puede leer, pues no tiene juegos con el tiempo ni con el espacio, como los de “Los caballos de la cólera”. Apenas hay en ella un flash back, cuya razón explicaré oportunamente. Y el tema es muy entendible para todos los que sufren la realidad venezolana en este año 2010. Pero no me voy a limitar a dar a conocer mi receta para hacer una novela. Además de contar cómo escribí esa obra, aún inédita, voy a ofrecer a los lectores todo lo que pueda en materia de novelística, como para que todo el que lea el ensayo sepa de qué se trata y, si decide tratar de ser novelista, que por lo menos esté bien enterado de en qué terreno quiere entrar.
Escogí como sistema el contar cómo escribí esa obra, a pesar de que un escritor como Oswaldo Trejo, de gran valía, más de una vez me dijo que ese método me quitaba espontaneidad, porque sé que siguiendo pasos parecidos a los que seguí, tanto en Los caballos de la cólera como en La Rabolución, se puede llegar a la cumbre del Himalaya y regresar. Finalmente decidí usar como título la frase “Cómo hacer una novela”, que refleja mejor lo que pretendo, que bien puede ser un sencillo y humilde manual que sirva para que la gente intente hacer una novela. O varias novelas.
El título que escogí podría confundirse con el de un estupendo trabajo de Miguel de Unamuno: “Cómo se hace una novela”, pero en verdad se trata de trabajos muy distintos. Unamuno no pensó en ningún momento en ofrecer a sus lectores un método para escribir novelas exitosas o simplemente buenas, lo que escribió fue algo así como una breve autobiografía o un diario que se va convirtiendo en novela en la medida en que se desarrolla, porque, dicho en sus propias palabras, hacerlo es “(...) hacer historia. Como escribir contando cómo se hace una novela es hacerla. ¿Es más que una novela la vida de cada uno de nosotros? ¿Hay novela más novelesca que una autobiografía?”. Y para eso creó un personaje llamado “U. Jugo de la Raza”, a partir de la inicial de sus apellidos paterno y materno y la variación de otro apellido de alguno de sus antepasados. En definitiva, el planteamiento de Unamuno, que bien podría incluirse en la categoría de “vivíparo” (algo de lo que hablaremos más adelante), no es otro que el de Lope de Vega en su

Soneto de repente:

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.

Es decir, la idea de que la obra (el Soneto en Lope de Vega y la novela en Unamuno) se desarrolla sola, burla burlando se hace a medida que se va haciendo. Es posible que responda a un plan que está en la cabeza del autor, pero es posible que cada palabra traiga en sí la que le sigue, y cada frase (cada verso en el caso del soneto) traiga en sí la frase (el verso) que le sigue. Lo que implica toda una serie de pensamientos que entran más bien en el terreno de la filosofía –filosofía literaria– que en el que quiero abordar con este ensayo de ensayo. Creo que no necesario explicar que mi intención es otra, muy distinta y mucho menos elevada que la de Don Miguel. Me faltaría mucha Salamanca para competir con él. Por otra parte, ya sin retórica, en realidad no pretendo que todo el que lea mi trabajo aplique mis recetas al pie de la letra, sino que, si decide intentarlo, emplee lo que crea conveniente y descarte lo que crea inconveniente. El sistema que seguí se aplica fundamentalmente a lo que, justamente, Don Miguel de Unamuno llamó “escritores ovíparos”, sobre quienes escribió lo siguiente: "Cuando se propone publicar una obra de alguna importancia o un ensayo de doctrina, toma notas, apuntaciones y citas, y va asentando en cuartillas cuanto se le va ocurriendo a su propósito, para irlo ordenando de cuando en cuando. Hace un esquema, plano o minuta de su obra, y trabaja luego sobre él; es decir, pone un huevo y lo empolla" (en tanto que describía los “escritores vivíparos” así: "No se sirven de notas ni de apuntes sino que lo llevan todo en la cabeza. Cuando conciben el propósito de escribir una novela, pongo por caso, empiezan a darle vueltas en la cabeza al argumento, lo piensan y repiensan, dormidos, y despiertos, esto es, gestan. Y cuando sienten verdaderos dolores de parto, la necesidad apremiante de echar fuera lo que durante tanto tiempo les ha venido obsesionando, se sientan, toman la pluma y paren. Es decir, que empiezan por la primera línea, y, sin volver atrás ni rehacer lo ya hecho, lo escriben todo en definitiva hasta la última línea.") Desde luego, como en casi todo, Don Miguel, con su inteligencia descomunal, exageró la nota. No hay escritores enteramente ovíparos ni escritores enteramente vivíparos. Ni la metáfora se puede aplicar con absoluta exactitud, pues el escritor que empolla un huevo no va a tener un escritorcito, ni el que pare va a parir un escritorcito, sino que en ambos casos el resultado va a ser un libro, que es un objeto y no un ser vivo. Por otra parte, el sistema que voy a ofrecer no es exactamente el de “tomar notas, apuntaciones y citas”, sino el de planificar una narración e irla desarrollando metódicamente, pero eso lo veremos cuando haya que verlo. Por ahora, empecemos por describir la materia que queremos lograr, es decir: la novela.

 

 
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6 comentarios

Comentario De: Jorge [Visitante]

¡Muy Interesante! Gracias

20.06.10 @ 20:46
Comentario De: aliannys [Visitante]  

aliannys hola

08.10.10 @ 16:06
Comentario De: humberto [Visitante]

Estaba buscando algo así y al fin lo encontré. Gracias.

26.10.10 @ 18:36
Comentario De: Ana M Luis [Visitante]

Saludos !

Me parece el tema muy interesante.Estoy precisamente en busca de algunas explicaciones con respecto a la novela y pienso que puede ser ésta la referencia.

Gracias

17.11.10 @ 13:52
Comentario De: Said Orlando [Visitante]  

No me imagino como se puede aprender a escribir una simple glosa sin haber leído una miríada de buenos textos. Resulta que ahora todos quieren ganarse la lotería con una novela de vampiros o de magos adolescentes. Este ensayo además de intentar explicar cómo se escribe una novela, muestra por qué su autor puede hablar con lucidez de ello. Se agradece pues.

03.01.11 @ 19:13
Comentario De: Enrique Aguabella [Visitante]  

Finalmente leo algo serio sobre el tema.La magia de escribir tiene que tener su balance entre la inspiracion y la planificacion del tema. Gracias por lo aprendido.

20.02.12 @ 21:58