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El día de Caracas

06.07.08 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Ideas, Extractos, Historia, Venezuela, Libros

Desde el domingo 11 de mayo de 2008, cada domingo, se publicar√°, cap√≠tulo por cap√≠tulo, uno por semana, ‚ÄúEl Para√≠so burlado‚ÄĚ, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: ‚ÄúEl Para√≠so partido‚ÄĚ, ‚ÄúEl Para√≠so en llamas‚ÄĚ y ‚ÄúEl Para√≠so desperdiciado‚ÄĚ, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros d√≠as. La obra consta de 108 cap√≠tulos: 31 ‚ÄúEl Para√≠so partido", 38 ‚ÄúEl Para√≠so en llamas‚ÄĚ y 39 ‚ÄúEl Para√≠so desperdiciado". ‚ÄúEl Para√≠so partido‚ÄĚ cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, ‚ÄúEl Para√≠so en llamas‚ÄĚ narra la Guerra de Independencia y ‚ÄúEl Para√≠so desperdiciado‚ÄĚ comprende desde la separaci√≥n de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.


Eduardo Casanova

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)

El Día de Caracas

¬ŅY la fecha? Eso s√≠ que no lo sabe nadie, pero no debe ser tan dif√≠cil adivinarla. Sabemos que Losada arrib√≥ a El Valle (que como vimos fue de la Pascua porque llegaron en Pascua Florida) el tres de abril y que en torno al seis estaban a√ļn en el sitio, y que desde all√≠ envi√≥ grupos a explorar y tratar de "pacificar" a los tarmas, que ocupaban lo que hoy es El Junquito. No debe haberse quedado en El Valle coleccionando mariposas. Debe haber buscado un sitio a prop√≥sito para establecerse, y el lugar que le gust√≥ fue el que hoy es la Plaza Bol√≠var, al que llegaron despu√©s de avanzar con todas las precauciones imaginables, por la margen izquierda del r√≠o El Valle, hasta su confluencia con el Guaire. All√≠ no quisieron ir a la derecha porque eran las tierras de Chacao, a quien sab√≠an hostil y en cambio buscaron el camino que pod√≠a acercarlos al mar, por lo que se aproximaron a donde la monta√Īa del Norte era menos alta, sin ir mucho m√°s all√° porque pod√≠an toparse de nuevo con Guacaipuro y los teques o los tarmas. Al llegar al Catuche doblaron hacia el Norte, para acercarse a los cerros y tener siempre la posibilidad de agua. A medio camino entre el Guaire y el cerro se detuvieron a acampar, tomaron las precauciones del caso. A la ma√Īana siguiente Losada decidi√≥, luego de la misa que en honor de San Mauricio hab√≠an dicho los dos capellanes (Puente y Garc√≠a) que all√≠ se establecer√≠a la poblaci√≥n que lo tendr√≠a por fundador. A mediod√≠a cambi√≥ de idea, aunque el sitio de todas maneras se marc√≥ porque all√≠ se hab√≠a o√≠do la primera misa, y se decidi√≥ por otro, unos cien pasos m√°s abajo y hacia el Este, y √©se fue el lugar en donde, en definitiva, fund√≥ Santiago de Le√≥n de Caracas, que era "Santiago de Le√≥n" por la orden caballeresca a la que pertenec√≠a don Diego, y Caracas porque as√≠ hab√≠an denominado el valle en donde estaban. A partir de ese lugar orden√≥ que se ubicara la iglesia que ser√≠a la catedral, la casa de gobierno, las calles principales, y es hasta posible, que como ya no era un muchacho y s√≠ ten√≠a mucho de voluntarioso, √©l se fuera a vivir en las afueras, en un rancho que se hizo sobre un barranco que daba al Catuche, porque le daba la gana.
El sitio no fue el más afortunado. Hubiera sido mucho mejor el lugar en donde doblaron a la izquierda, donde se encuentran las aguas del Guaire y el Valle, y de allí un poco al Norte. La praxis ha corregido ese error, y hoy, en lo comercial, el verdadero centro de Caracas está por los lados de Sabana Grande o de Chacao. Allí el valle es mucho más amplio y se domina más espacio. Casi cuatro siglos se tardó en corregir el error de Losada, el fundador, y de Diego de Henares, el primer urbanista de Caracas, que demostró ser muy malo en su metier como casi todos los urbanistas que han actuado en Caracas.
Pero nos estamos olvidando otra vez de la fecha, que es importante. No nos proponemos obligar a nadie a que cambie el D√≠a de Caracas. En 1967, cuando se celebraba el Cuatricentenario de la fundaci√≥n de la ciudad, alguien tan arbitrario como yo decidi√≥ que ser√≠a el 25 de julio, d√≠a de Santiago, y eso est√° bien. ¬ŅNo cambiaron los papas, por un error de un monje o porque les conven√≠a, el d√≠a del nacimiento de Cristo? Y el nacimiento de Cristo, aunque se disgusten los incr√©dulos, es m√°s importante que la fecha en que don Diego de Losada fund√≥ a Caracas, si es que la fund√≥.
No creo que sea nada aventurado asegurar que Caracas se fundó el lunes 14 de abril de 1567, y que don Diego de Losada, al enterarse de que el santo de ese día tenía un nombre que no le gustaba, decidió que la villa se llamara como empezó a llamarse desde entonces, porque lo de Santiago le sonó bonito. Es, y lo declaro, una verdad incontrovertible, aunque no haya sido así. Ha podido serlo, y es más que suficiente.

Lo que ocurre en realidad es que no hay prueba documental que determine en qu√© momento, entre abril y septiembre de aquel a√Īo, se efectu√≥. La √ļnica prueba ser√≠a el Acta de fundaci√≥n, que simplemente no existe, o bien porque no se hizo o, como es m√°s probable, porque fue robada por unos piratas franceses en septiembre de 1567, que es lo que complica todo. La fecha, como d√≠a de la Villa, se adopt√≥ simple y llanamente porque es el d√≠a de Santiago, y Santiago fue el patrono de la ciudad desde el d√≠a de su fundaci√≥n, sea cual sea o haya sido.
Quiz√° lo m√°s importante de la fundaci√≥n de la futura capital de Venezuela fue su emplazamiento, el sitio en donde Losada decidi√≥ inventarla, que es el mismo en el que lo intentaron otros. Hay todav√≠a en Venezuela lugares parecidos a lo que debe haber sido Caracas en 1567, como el enorme valle paralelo al mar que hay en el Estado Falc√≥n, al Sur de Coro, en la Serran√≠a San Luis, en donde est√° la poblaci√≥n de La Cruz de Taratara, que le quita el aliento a todo el que lo vea, a cualquier hora del d√≠a. Y no lejos de all√≠ hay otros sitios de vegetaci√≥n luminosa que a√ļn le cantan a la vida. Quien se detenga a mirar, sin apuro, esas regiones, entiende, pues, por qu√© los espa√Īoles se empe√Īaron en asentarse en el valle de Caracas y por qu√© los ind√≠genas hicieron cuanto les fue posible por no permitirlo. Y entiende por qu√©, a lo largo de cuatro o cinco siglos, la Historia se ha empe√Īado en quedarse tambi√©n en el lugar a pesar de que abajo, en el valle, el humo de la contaminaci√≥n y el ruido de la mala educaci√≥n parezcan imponerse: La Historia no es obra de m√°quinas, sino de seres humanos que ven y que escuchan, y la misma fascinaci√≥n que en 1567 ejerci√≥ el paisaje sobre aquellos conquistadores duros y decididos, secundones educados para ser pr√≠ncipes y condenados por la realidad a no serlo, salvo si alcanzaban el √©xito (y sobreviv√≠an para contarlo) en las Indias; logreros, aventureros y hasta delincuentes, que purgaban, con el viaje a los nuevos territorios conquistados para el rey y para la naci√≥n espa√Īola, los delitos que cometieron en su Espa√Īa natal, la ha seguido ejerciendo sobre las almas sensibles a durante los m√°s de cuatro siglos que han pasado desde que don Diego de Losada, seg√ļn algunos que ni lo vieron ni lo saben, cumpli√≥ con los ritos y ceremonias indispensables para fundar una ciudad y sumar estas tierras a las posesiones del monarca espa√Īol y sus herederos por varias generaciones.
Para algunos historiadores e investigadores, la ceremonia del conquistador, la fundaci√≥n de la ciudad propiamente dicha, con sus ritos y sus pompas, tuvo que ser en lo que hoy es la Plaza Bol√≠var y antiguamente fue Plaza Mayor o Plaza de Armas, porque lo usual en esos tiempos era que el sitio del asentamiento se tomara como centro preciso de la poblaci√≥n, y la peque√Īa ciudad se edific√≥ en torno a esa manzana, seg√ļn puede verse en el croquis de Juan de Pimentel (Primer Plano de Caracas ‚Äď1578‚Äď, en la Relaci√≥n de don Juan de Pimentel, primer gobernador de la provincia de Caracas, cuyo original se conserva en el Archivo de Indias, en Sevilla, Espa√Īa), que se hizo once a√Īos despu√©s de la llegada de Losada. La plaza est√° en el medio exacto; a su derecha (Noreste) se indica que hay una iglesia (donde hoy est√° la Catedral, que es la esquina de La Torre), al Norte, y hacia la izquierda, en lo que hoy es la esquina de Principal, se dice que est√° la Casa del Cabildo, que lindar√≠a tambi√©n por el Norte con la iglesia de San Sebasti√°n, puesta all√≠ por Losada y en la que, seg√ļn la tradici√≥n, se ofici√≥ la primera misa caraque√Īa, lo cual hace pensar a otros que fue all√≠ en donde se fund√≥ Caracas. Hay cuatro calles de Este a Oeste y cuatro de Norte a Sur. El borde Norte, que ser√≠a la quinta calle, termina en la actual esquina de Abanico, y ser√≠a por ah√≠, justamente, ya fuera del plano de Pimentel, en donde habr√≠a estado la casa de Diego de Losada, que para otros debe haber sido el lugar de la fundaci√≥n. Hoy en d√≠a ocupa buena parte de esa parcela un edificio nada agraciado, llamado "Don Diego de Lozada" (sic. con Z) y ser√≠a el √ļnico recuerdo que la ciudad ha dejado de su fundador en el sitio en que vivi√≥, puesto que una placa que estuvo en el √°ngulo nordeste de la esquina de Matur√≠n, de la cual nos da raz√≥n Enrique Bernardo N√ļ√Īez en La Ciudad de los Techos Rojos, desapareci√≥ como tantas, demasiadas cosas en la Venezuela petrolera. Tambi√©n en el Plano de La Ciudad de Santiago de Le√≥n de Caracas en el a√Īo 1810 seg√ļn apuntaciones del Illmo. Se√Īor Don Mariano Mart√≠ y planos de F. de Pons; A.J. Jesurun y otros historiadores √© ingenieros; desde 1771 hasta 1843. Caracas, 19 de abril de 1910. Por: E. Mendoza Solar, que aparece reproducido entre las p√°ginas 176 y 177 de la 4a. Edici√≥n de la obra mencionada de Enrique Bernardo N√ļ√Īez (N√ļ√Īez, Enrique Bernardo, La Ciudad de los techos Rojos, Cuarta Edici√≥n, Concejo Municipal de Caracas, Venezuela, 1978. Esos primeros planos de la ciudad aparecen reproducidos en numerosas obras sobre Caracas), est√° claramente se√Īalado, con el n√ļmero 26, el sitio que ocup√≥ la casa de Losada y que, en efecto, estar√≠a fuera del per√≠metro del plano de Pimentel. En el mismo plano, con el n√ļmero 14, se ubica la Iglesia de San Mauricio y San Sebasti√°n, hoy Santa Capilla, ordenada, seg√ļn la tradici√≥n por don Diego, y con el n√ļmero 1, la "Iglesia parroquial de Catedral".
Los argumentos que se han esgrimido en defensa de las tres tesis son todos muy v√°lidos. En efecto, tienen raz√≥n los que sostienen que la ceremonia debe haberse cumplido en la esquina de La Torre, puesto que all√≠ se ubic√≥ el templo principal de la ciudad y tambi√©n la Plaza Mayor o Plaza de Armas, conforme a lo que era tradici√≥n en aquellos tiempos de fundadores; pero tambi√©n tienen raz√≥n los que sostienen que debe haber sido en lo que hoy es Santa Capilla, puesto que la tradici√≥n recoge (y as√≠ lo certifica una Placa colocada a la izquierda de la nave Norte de la actual Santa Capilla) que all√≠ se ofici√≥ la primera misa caraque√Īa, que necesariamente tendr√≠a que estar ligada a la ceremonia de la fundaci√≥n; y tambi√©n andan bien encaminados los que sostienen que debe haber sido m√°s al Norte y al Oriente, en donde estuvo la casa de Diego de Losada, hip√≥tesis que se ve casi confirmada (aun cuando no es precisamente un dato cient√≠fico) por el mismo plano de E. Mendoza Solar, que ubica la "primera calle de Caracas" exactamente all√≠, en la esquina de Matur√≠n, hacia el Este y el Norte, desde donde hace un sesgo poco explicable hacia el Noreste. Sin embargo, la prensa, al rese√Īar las excavaciones y la restauraci√≥n del edificio construido en 1884 en donde ahora est√° el Museo Diocesano de Caracas, ha dicho que se ha sacado a la luz la verdadera primera calle de Caracas, que puede haber estado al Sur de la Catedral, en donde un cementerio, el primero que tuvo la aldea cuando empez√≥ a crecer al pie del Wariare-pano, parece adosado a los muros externos de la iglesia en un sitio que hoy luce como a caballo en el tiempo. Es m√°s sensato creer que la primera calle estuvo en donde est√° la catedral, que debe haber sido el lugar en que se hizo, si se hizo, la ceremonial de la fundaci√≥n.
Luis Alberto Sucre en una nota de pie de p√°gina de su libro Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela (1928) desestima la tesis de Landaeta Rosales, seg√ļn la cual la casa de Losada pudiera estar en la esquina de Matur√≠n, sobre todo porque una de las reglas militares de la √©poca, para acampar, era situar las tiendas en el centro del campamento, lejos de los atrincheramientos y fosos, y en este caso debemos tener por tales a las quebradas de Catuche y Caroata (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., Nota 1, pp. 72-73). No es un argumento demasiado s√≥lido si se toma en cuenta que don Diego de Losada no fue precisamente un aut√©ntico ortodoxo, sino un hombre voluntarioso y hasta arbitrario.
El propio Enrique Bernardo N√ļ√Īez, uno de los m√°s ilustres Cronistas de Caracas, no aclara lo relativo a la fundaci√≥n de la ciudad:
‚ÄúEn las veinticuatro manzanas del plano de Juan de Pimentel, la esquina de Matur√≠n o el barranco que ah√≠ exist√≠a quedaba fuera de poblado. Graves investigadores se han valido de esta circunstancia para negar lo que Ar√≠stides Rojas asevera en su Cuadril√°tero Hist√≥rico ‚Äďla ciudadela de doce manzanas comprendidas entre la plaza de Altagracia y la esquina de Matur√≠n y las de Traposos y la Bolsa‚Äď, que la casa del fundador de Caracas, Diego de Losada, estuvo en la esquina de Matur√≠n, morada del capit√°n Pedro Ruiz de Arguinzones en 1677. Basan su negativa en el hecho de que el centro de la ciudad era o es la Plaza Mayor, hoy Bol√≠var, y el campamento, conforme a las reglas militares, deb√≠a hallarse en el centro. Mal pod√≠a el jefe del ej√©rcito ‚Äďdicen‚Äď vivir fuera del poblado. Sin tomar parte en uno u otro bando, es de advertir que el centro de la ciudad en aquel tiempo, el campamento de los conquistadores, bien podr√≠a estar en la plaza o en cualquier otro sitio. La raz√≥n de que Losada eligi√≥ aquel barranco por estar cerca del agua ‚Äďlo cual consideran sin importancia‚Äď parece decisiva. Una de las costumbres militares de estas Indias era la de establecer el campamento cerca del agua, por el temor de que los indios la emponzo√Īaran, como aconteci√≥ a Francisco Fajardo en su primer establecimiento de la costa. Puede comprobarse en el mismo relato de Oviedo. Al pasar la loma de Terepaima o de las Cocuizas, en su avance sobre el valle de San Francisco, Losada acampa en una loma, 'logrando la conveniencia de una aguada que se descubr√≠a en la ceja de un montecillo', etc. (...) Asimismo consideran insignificante la raz√≥n ‚Äďdada por Manuel Landaeta Rosales‚Äď de que la esquina de Matur√≠n era excelente posici√≥n estrat√©gica. Estaba all√≠ al abrigo de las barrancas de Catuche y pod√≠a dominar hacia oriente el camino que conduce a Galip√°n y a la Costa, y al oeste, el de Catia y sus colinas, por donde asaltaban los teques, tarmas y taramaynas. Otros dicen que la casa del conquistador estuvo en la esquina de Santa Capilla o de San Sebasti√°n, frente a la ermita que mand√≥ erigir, como se sabe, por el voto hecho en Nirgua 'al invicto m√°rtir de ese nombre, acogido como abogado contra las flechas de los indios'. Esto sin contar que la fundaci√≥n de Losada empez√≥, seg√ļn la descripci√≥n del mismo Pimentel, en las cercan√≠as del Catuche o Catuchaquao. Sea lo que fuere, Losada no se estuvo quieto durante los dos a√Īos escasos que permaneci√≥ en Caracas". (N√ļ√Īez, Enrique Bernardo, Op. Cit., pp. 27-28)
Sin tomar parte en uno u otro bando, tiendo a creer que, puesto que nunca podremos saber la fecha exacta, no tiene sentido discutir en qué lugar exacto fue la ceremonia de fundación de la ciudad, si es que la hubo.
Carmen Clemente Travieso, a partir de la descripción hecha por el capitán D. Bernardo de Vargas Machuca (publicada en Madrid en 1892), da una serie de detalles de la ceremonia que cumplían los Conquistadores, previamente autorizados para tomar posesión en nombre de "Su Magestad el Rey" de territorios que se proponían evangelizar. Dice que "la fundación de una ciudad era sencilla:
'un pregonero publicaba los poderes necesarios para la fundaci√≥n en presencia de los pobladores y testigos que hab√≠an de firmar el Acta; luego se contaba con la libre voluntad de los vecinos que 'quer√≠an poblar e bien e con seguridad' en tal parte y sitio determinado; hecho esto se pon√≠a el nombre que deb√≠a llevar la poblaci√≥n y fijando en el Padr√≥n, se declaraba establecida y fundada la ciudad en nombre de Su Magestad el Rey de Espa√Īa y de la naci√≥n espa√Īola...'
'Arbolado el rollo, el Capitán echaba mano a la espalda (sic) y delante de testigos y pobladores, tocaba por dos veces el Padrón retando a los presentes en estos o parecidos términos:

'Si alguno es tan osado y villano que contradijere este muy grande acto por el cual tomo posesi√≥n de este territorio y provincia en nombre de Su Magestad el Rey de Espa√Īa que Dios guarde, y para gloria de Dios Nuestro Se√Īor, que comparezca y lo diga...'
'La frase era repetida tres veces y la se√Īal de posesi√≥n era dada por el caudillo, quien cortaba con su espada las plantas y yerbas del sitio elegido para la ciudad. Luego todo se hac√≠a constar en el Acta. Despu√©s se ejecutaba la 'ceremonia de protestaci√≥n' de la manera siguiente:
'El caudillo toma un cuchillo, lo hinca en el rollo y dice a los presentes:
'Caballeros, soldados y compa√Īeros m√≠os y los que presentes est√°is, aqu√≠ se√Īalo horca y cuchillo, fundo y sitio la ciudad... la cual guarde Dios por largos a√Īos con aditamento de reedificarla en la parte que m√°s conviniere, la cual pueblo en nombre de su magestad y en su real nombre guardar√© y mantendr√© en paz y justicia a todos los espa√Īoles, conquistadores, vecinos y habitantes y forasteros y a todos los naturales" (Clemente Travieso, Carmen, Las Esquinas de Caracas, 3a. Edici√≥n, Caracas, Venezuela, 1973, pp. 27-28).
Tambi√©n en torno a la fecha y lugar de la fundaci√≥n de la futura capital, Carmen Clemente Travieso, que aunque no fue historiadora y en cambio s√≠ muy amiga de inventar, cita a Oviedo y Ba√Īos, que en su Historia de la Conquista y Poblaci√≥n de la Provincia de Venezuela, dice:
"El d√≠a en que Losada ejecut√≥ esa fundaci√≥n es tan ignorado en lo presente, que no han bastado mis diligencias para averiguarlo con certeza, pues ni hay persona anciana que lo sepa, ni archivo antiguo que lo diga; y cuando pens√© hallar en los libros del Cabildo expresa con claridad esta circunstancia, habi√©ndolos reconocido con cuidado los encontr√© tan diminutos y faltos de las noticias de aquellos a√Īos, que los papeles m√°s antiguos que contienen son del tiempo que gobern√≥ Don Juan de Pimentel" (Clemente Travieso, Carmen, Op. Cit., pp. 9-10).
Vemos pues, que, muy a lo espa√Īol, hay todo un ceremonial enredad√≠simo que cumplir, pero tambi√©n un Acta que llenar y firmar. De ceremonias no cumplidas o cumplidas a medias y sin convicci√≥n, pero certificadas por actas mentirosas, est√°n repletos el Archivo de Indias, todos los archivos de Espa√Īa y todos los de los pa√≠ses que surgieron de la Am√©rica espa√Īola. En las Actas de Nacimiento se afirma solemnemente que el funcionario (Jefe Civil o Alcalde o Jefe de Polic√≠a o cualquier otro t√≠tulo que se le endilgue) vio, palp√≥ y casi que le cambi√≥ los pa√Īales al cr√≠o que le fue presentado, cuando por lo general el funcionario se limit√≥ a firmar lo que le puso por delante un amanuense, que apenas vio un papel que llev√≥ al padre o quien haya cumplido con la formalidad burocr√°tica de presentar al ni√Īo. Las Actas de matrimonio narran en Venezuela que in continenti el interrogado respondi√≥ en voz alta, clara e inteligible "S√≠, la acepto", cuando por lo general, por el nerviosismo o la emoci√≥n del momento, el futuro esposo a duras penas alcanza a musitar un lastimero "s√≠", cuando no un "mhm" que a duras penas escucha la futura esposa.
Por otra parte, casi toda la discusi√≥n se basa en el sitio de residencia de don Diego, y en que no se ha podido encontrar forma de probar que la fundaci√≥n se hizo en tal o cual sitio o en una determinada fecha. No es de extra√Īar, pues, que don Diego no fundara en absoluto la ciudad, sino que se estableciera en el sitio, a resguardo de los ind√≠genas, junto a un barranco que daba a las aguas del Catuche; y que tambi√©n mandara a hacer un templo en honor de San Sebasti√°n, pues como buen espa√Īol no pod√≠a dejar de ser supersticioso; y que ordenara que en el sitio de La Torre se hiciera la iglesia principal y frente a ella la Plaza Mayor, que ser√≠a el centro del burgo. Y que despu√©s, luego de chasquear los dedos, se acordara de que hab√≠a que "fundar", y a alguno de sus subalternos (¬Ņpor qu√© no a su sobrino y partidario Gonzalo de Osorio?) le ordenara llenar el Acta, si es que acaso se hizo alguna vez, para que todo quedara en paz con Dios y con el rey. El Acta, si la hubo, fue robada por los piratas franceses, y all√≠ naci√≥ todo este l√≠o. Si es que lo hay. No olvidemos que don Diego, luego de triunfar en donde otros hab√≠an fracasado, despu√©s de probarse excelente soldado y buen caudillo, dedic√≥ no pocos esfuerzos a lo que Isaac J. Pardo ha llamado, con toda raz√≥n, "las marramucias del tinterillo" (Pardo, Isaac J., Op. Cit., p. 164. "Tinterillo" se usa en su acepci√≥n americana, de picapleitos, persona que sin tener verdadero criterio jur√≠dico cree ce√Īirse a la letra de la Ley, cuando en realidad ignora el fondo. Es sin√≥nimo de "leguleyo"). Le sigui√≥ a Guacaipuro (cuyo nombre era as√≠, sin "i" entre la "c" y la "a"), como si se tratara de un s√ļbdito del monarca espa√Īol, un juicio in absentia, en el que, desde luego, la condena no se hizo esperar. A partir de esa condena, orden√≥ su captura, que no fue posible, pues el cacique indio prefiri√≥ la muerte heroica a la prisi√≥n denigrante, con lo que su nombre entr√≥ a la Historia de Venezuela y de Am√©rica; luego arrest√≥ a otros caciques y combatientes ind√≠genas y de manera artera los hizo empalar, lo cual dio pie a Francisco Infante y otros espa√Īoles para que corrieran, armados de pruebas, a visitar al gobernador Ponce de Le√≥n y denunciar las tropel√≠as del fundador, de resultas de lo cual, el fundador fue desplazado por uno de los hijos del gobernador, en un curioso acto de justicia en favor de los indios despojados y traicionados, que seguramente celebraron muy poco tal victoria moral. De all√≠ en adelante, Losada no recuperar√≠a jam√°s su posici√≥n, que al parecer ven√≠a ya amenazada desde el comienzo, no s√≥lo por la presencia en su partida de tres hijos del gobernador Ponce de Le√≥n, sino por la de Francisco Infante, que habr√≠a de ser su rival y quien lo derrotara en la pr√°ctica. Isaac J. Pardo opina sobre esta primera intriga en la futura capital de Venezuela que al nombrar como alcaldes a su sobrino Osorio y a Francisco Infante, Losada parti√≥ la vida de la ciudad en dos corrientes (Pardo, Isaac J., Op. Cit., p. 180). Infante no era precisamente un √°ngel del cielo: Una de sus proezas fue la de robarle al cacique Baruta una vasta porci√≥n de terreno para hacer en ella un hato, aun cuando se trataba de tierras encomendadas a Alonso Andrea de Ledesma, que sin esperar nada bueno de Infante plante√≥ querella en defensa de sus "derechos", y quiz√° con la mente puesta en lograr dote para poder casar a sus hijas.
Un hecho curioso, expuesto por el autor de Gobernadores y Capitanes Generales, el historiador Luis Alberto Sucre, en 1924, en un trabajo publicado con motivo del centenario de la batalla de Ayacucho, es el que tanto Sim√≥n Bol√≠var como Antonio Jos√© de Sucre, las dos mayores glorias de Am√©rica, eran descendientes directos de Francisco Infante: Bol√≠var porque su sexto abuelo era Francisco Infante el Mozo, y Sucre porque su sexta abuela era do√Īa Francisca de Rojas, que tambi√©n era hija leg√≠tima del conquistador Infante (Sucre, Luis Alberto, Bol√≠var y Sucre Unidos por el Linaje y por la Gloria, Tipograf√≠a Americana, Caracas, Venezuela, 1924). Entre los descendientes de Diego de Losada hubo much√≠simos pr√≥ceres venezolanos, como el primer presidente del pa√≠s, Crist√≥bal Mendoza (Su√°rez, Ram√≥n Dar√≠o, Historial geneal√≥gico del Doctor Crist√≥bal Mendoza, 1772-1829. Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, Venezuela, 1972) y el famoso Diablo Brice√Īo, (Antonio Nicol√°s Brice√Īo (1782-1813), que tambi√©n era pariente de Sim√≥n Bol√≠var por otro linaje, pues ambos, tal como Crist√≥bal Mendoza, descend√≠an del conquistador Sancho Brice√Īo (1506-1565)) que termin√≥ enemistado con Bol√≠var, y no por razones gen√©ticas, puesto que Bol√≠var tambi√©n era de los descendientes de Losada y los de Infante, como puede serlo una cuarta o quinta parte de los venezolanos con genes espa√Īoles, mezclados o no con genes ind√≠genas o africanos, pues una simple operaci√≥n matem√°tica (222= 4.194.304) demuestra que si dos hijos de Losada o de Infante llegaron a la madurez, y cada uno de sus descendientes (hombres o mujeres) hasta la vig√©sima segunda generaci√≥n, que en este caso podr√≠a corresponder a nuestro tiempo, tuvo a su vez, en promedio, un par de hijos, en la actualidad, luego de veinte y tantas generaciones, puede haber en Venezuela m√°s de cuatro millones de descendientes directos de Losada y de Infante o de Losada o Infante, los protagonistas de esa primera intriga caraque√Īa. Todo lo cual viene a reforzar la tesis de que la fundaci√≥n de Caracas no se efectu√≥; pues, sin caer en el curioso determinismo hist√≥rico del psiquiatra y novelista Francisco Herrera Luque (Herrera Luque, Francisco, Los Viajeros de Indias, Imprenta Nacional, Caracas, Venezuela, 1961), que utiliz√≥ f√≥rmulas rituales, entre otros recursos, en su intento por probar su tesis de que todos los descendientes de conquistadores (que deben cubrir un setenta por ciento de la poblaci√≥n de la Am√©rica latina, sobre todo en las provincias pobres, como lo fue la nuestra) son o pueden ser definitivamente locos, no es dif√≠cil entender que mucho del car√°cter nacional, como la pol√≠tica intrigante, el "tinterillismo", (Se entiende ahora "tinterillismo" como palabra derivada no s√≥lo del americanismo "tinterillo", sino de "tinterillada", que significa mentira o embuste) el desorden y el falso respeto por las instituciones que en realidad se desprecian o se saltan a la torera, debe partir de las caracter√≠sticas individuales de aquellos conquistadores, buscadores de lugares m√°gicos, como aqu√©l que deben haber inventado los ind√≠genas para quitarse de encima esos seres √°vidos de metales preciosos (El Dorado, cuyo nombre posiblemente haya nacido de la leyenda de un cacique que se ba√Īaba en polvo de oro todos los d√≠as, y que viv√≠a en una ciudad que era toda de oro y piedras preciosas), y de caminos que los llevaran al sitio que la suerte les hab√≠a negado al nacer; en especial de alguien tan apasionado y consciente de su origen caballeresco, en los tiempos en que la caballer√≠a se hab√≠a venido a menos y ya era objeto de burlas (y de obras maestras nacidas de esas burlas), como lo fue Diego de Losada, que muri√≥ oscuramente en tierras de lo que hoy se llama Estado Lara, claramente ofendido por no haber logrado que se le ratificara el mando en la villa que hab√≠a fundado, y posiblemente muy consciente de que esa villa ten√≠a, en su medio, menguado pero lleno de esperanzas, un gran porvenir.
En resumidas cuentas, no es nada dif√≠cil imaginar que un hombre valiente, trepador, talentoso, nacido en cuna ilustre pero condenado a quedarse a medio camino si no demostraba ser, como lo demostr√≥, audaz y atrabiliario, y adem√°s partidario de hacer las cosas a su manera, no haya cumplido con las ceremonias que otros, como Infante y los de su partido, que tanto se le parec√≠an, quer√≠an hacer creer que consideraban indispensables, y que esa haya sido una de las verdaderas causas (o excusas) de que lo denunciaran ante Ponce de Le√≥n. As√≠ deben haber nacido las facciones, godos contra patriotas, liberales contra godos, los unos contra los otros. Poco ha cambiado eso en los √ļltimos cuatrocientos y tantos a√Īos. Y ya no es f√°cil tener la esperanza de que va a cambiar.
Y todo eso es lo que me lleva al convencimiento de que Santiago de Le√≥n de Caracas se fund√≥ a pocos pasos de la puerta de la Catedral, en el lugar que hoy se conoce como esquina de La Torre, el lunes 14 de abril de 1567 a las ocho y doce minutos de la ma√Īana, aunque no haya sido as√≠.
Ha podido serlo, y es m√°s que suficiente.


Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas


 

 
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2 comentarios

Comentario De: Andres Guillermo de la Hoya [Visitante]

Hola amigos de EDUARDOCASANOVA como estan yo estoy bien muchas gracias, yo solamente le escribo para decirle gue si yo fuera juez y tendria gue votar por su paguina web yo le pondria un 9 porgue a esta pagina le falta una cosa gue son videos, si le falta videos gue pongan mucho videos sobre el tema EL DIA DE CARACAS.

07.07.08 @ 13:56
Comentario De: J G [Visitante]

Segun un trabajo publicado en 2006 "La Jornada de Caracas: Cronología e historia crítica, 1567-1568" la ciudad de Santiago de León se fundó un 1 de marzo de 1568 y el autor aporta pruebas testimoniales y documentales muy concretas y serias para dicha tesis, incluida la curiosa coincidencia del día de SAN LEON, 1ro de marzo.

Aconsejo a quien desee leer un buen análisis de esa jornada de fundación, estudie este libro.

Saludos

25.07.08 @ 18:29

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