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El encuentro

04.12.11 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Extractos, Libros, Literatura, Ensayo, Capítulo, Historia


EN LOS DÍAS DE SUCRE

6. El encuentro

El historiador Luis Alberto Sucre, que era Sucre y Urbaneja, hijo de un Sucre y Sucre que era, por gracia de la endogamia de aquellos cumaneses y barceloneses, pariente por todos los costados y uno más de Toñito Sucre (que así llamaban en confianza y en familia al joven Sucre, en Cumaná, y así, pero con sorna y algo de mala intención, lo llamó Bermúdez cuando ya se había ganado el título de Gran Mariscal de Ayacucho, para descalificar a los realistas por él vencidos en Perú), demostró que el héroe cumanés y Simón Bolívar eran parientes entre sí, descendientes ambos de Francisco Infante, uno de los fundadores de Caracas y principal rival de Diego de Losada, de quien también era descendiente Bolívar, tal como lo era de Alonso Andrea de Ledesma, el personaje que en mayo de 1595 encontró la muerte al enfrentarse absolutamente solo, montado en un flaco jamelgo y cubierto por una vieja armadura oxidada y con un bacín por yelmo, una lanza y una adarga a los piratas ingleses que tomaron por la fuerza a Santiago de León de Caracas, lo cual bien puede ser la noticia que le inspiró a Miguel de Cervantes la creación de Don Quijote de la Mancha, que también se llamaba Alonso. No es siquiera probable que Bolívar y Sucre estuviesen enterados de esa relación genética entre ambos, muy lejana por lo demás, pero sí es probable que Sucre sí estuviera enterado de que tenía antepasados entre los fundadores de Caracas y los conquistadores de la provincia de Venezuela, lo cual lo haría más proclive a aceptar que las provincias de Venezuela y de Cumaná podían formar una sola nación, y no dos como preferían muchos de sus compañeros orientales. Eso puede haber favorecido su acercamiento a Bolívar, que se produjo desde el comienzo de los encuentros entre orientales y centrales, entre Mariño (de quien Sucre era edecán) y Bolívar en junio de 1814, cuando el Libertador tuvo que hacer esfuerzos inmensos y hasta actos de magia para evitar que las fuerzas independentistas se presentaran divididas y, peor aún, enfrentadas ante el esfuerzo español por recuperar el territorio venezolano. Son los tiempos heroicos de la batalla de La Victoria, en la que José Félix Rivas, tío político de Bolívar y revolucionario visceral, al frente de una precaria fuerza integrada casi toda por estudiantes y seminaristas, logra derrotar a los hombres de José Tomás Boves (que no participó en el combate porque estaba herido). Pero es también el tiempo en que Bolívar ordenó, en aplicación de la Guerra a muerte, la ejecución de más de ochocientos civiles españoles que estaban presos en La Guaira y Caracas. Sin duda, ese es uno de los actos que menos honra al Libertador, convertido entonces en caudillo tropical, ni más ni menos, y que dio pie al libelista José Domingo Díaz a publicar un manifiesto terrible, que debe haberle causado mucho daño a la imagen de Bolívar, puesto que lo exponía como un sanguinario tirano que había asesinado a mil inocentes víctimas (en realidad eran ochocientos quince, que es casi lo mismo) en un acto que no puede ser justificado desde ningún punto de vista.
Era, pues, Bolívar, en el momento en que Sucre decide seguirlo y acompañarlo, un personaje muy cuestionable, y sumido en el fracaso después de haber tenido un triunfo fulgurante. Boves, demagogo y amoral, dominaba el territorio venezolano y era el verdadero caudillo de las masas populares, mientras que Bolívar, aun cuando no era sino un caudillo tan tropical como Boves, y simple jefe de gavilla, representaba a la oligarquía intelectualoide, partidaria de la democracia y la libertad, que no parecen ser bienes tangibles. Cuando todo el territorio continental venezolano quedó en manos de los realistas, Bolívar tuvo que huir hacia Cartagena de Indias. Y ya Sucre, que también huyó a Cartagena, se había convertido en uno de sus partidarios, en lo que, además, debe haber influido el hecho de que ambos pertenecían a las mismas capas sociales de su tiempo.
Es posible, como ya dije, que en su estada en Caracas Sucre haya visto más de una vez a Simón Bolívar. Caracas era una aldea en la que todo el mundo se conocía, y Simón Bolívar era un personaje conspicuo y notado. El joven Sucre, en cambio, era un provinciano de buena familia, pero no había ninguna razón para que Bolívar se fijara en aquel muchacho, doce años menor que él. De manera que lo más probable es que se conocieran sin conocerse, o que Sucre si supiera perfectamente quién era Bolívar mientras que Bolívar no estuviese enterado de quién era Sucre. Eso tendría que cambiar cuando Bolívar dedicó su mejor esfuerzo a asegurarse la unidad de las fuerzas patriotas, a pesar de la reticencia de Mariño. El joven Sucre debe haberle hecho saber al general Bolívar que él, Sucre, no compartía esa reticencia y más bien estaba dispuesto a propiciar el encuentro, y a Bolívar eso debe haberle agrado mucho. Está documentado que Bolívar ya sabía quiénes eran los Sucre de Cumaná, a quienes no mucho tiempo después distinguió claramente. En todo caso, pronto se materializaron pruebas más que suficientes de que Antonio José de Sucre no seguiría a los orientales díscolos, sino al hombre de las dificultades, el que cada día se perfilaba con más fuerza como el destinado a conquistar la independencia para los americanos que hasta entonces habían sido españoles.
En esos días, José Félix Ribas, que había decidido apartar del camino a Bolívar, su sobrino político, y llegó a lanzar contra él las más terribles acusaciones, fue asesinado por los realistas. Pero a la vez ocurría uno de los hechos más importantes de la Guerra de Independencia: llegaba a territorio venezolano la gran expedición comandada por el general Pablo Morillo, con lo cual la guerra dejaba de ser “de colores”, dejaba de ser hasta guerra civil, y se convertía en guerra entre naciones, que era lo que quería con toda su alma Simón Bolívar. Y como en Urica encontró la muerte José Tomás Boves, todo empezaba a convertirse en luz para la causa, aún opacada, de Simón Bolívar.
En 1815, después de que los españoles derrotaron a los orientales en Maturín, el joven Sucre pasó a Margarita con Mariño, pero pronto, al desembarcar también las fuerzas españolas de Morillo, tendría que ir con otros derrotados hacia el Oeste, a la misma ciudad de Cartagena de Indias que había recibido antes a Simón Bolívar. Venezuela vivía la peor de las pesadillas. Casi toda su geografía se bañaba en sangre y se quemaba. Era el tiempo de la terrible Guerra a Muerte decretada por Bolívar en a raíz de la ejecución del “Diablo” Briceño, que, por cierto, no era en absoluto su amigo y hasta había tenido un pleito personal con él ¿Qué puede haber pensado Antonio José de Sucre, hombre comedido y nada sanguinario de aquella declaración terrible por Bolívar en Trujillo el 15 de junio de 1813? Unos años después será el cumanés el encargado de revertir todo aquello, pero cuando entró en vigencia, la aceptó, tal como decidió aceptar el mando de Bolívar. Sucre ya había sufrido en carne propia las barbaridades de Boves. O de Monteverde, Yáñez, Antonio Tíscar, Francisco Javier Cervériz, Antonio Zuazola, Eusebio Antoñanzas y otros que nada tenían de la nobleza de espíritu española y mucho de la barbarie de cualquier tiempo y de cualquier país. Siete años después podría hacerse la guerra civilizadamente, a lo Antonio José de Sucre, pero para eso faltaban, precisamente, siete años de Guerra a muerte. Tampoco la vida en Europa era fácil. Es el tiempo de restauración borbónica, del fracaso de Napoleón y el famoso “terror blanco” de la contrarrevolución. Fernando VII ha vuelto por sus fueros y todo parece favorecerlo, pero a la larga no es así, pues esas restauraciones, esos pasos hacia atrás en definitiva van a favorecer a los que adversan a quienes los dan, en este caso, al Libertador, a quien Sucre decide acompañar a pesar de su cercanía con los orientales díscolos y rebeldes, que no quieren aceptar el mando del caraqueño.

Capítulos publicados de EN LOS DÍAS DE SUCRE:
Zaguán de letras. Primera parte
Zaguán de letras, segunda parte
Zaguán de letras, tercera parte
Zaguán de letras, cuarta parte
Zaguán de letras, quinta parte
Zaguán de letras, parte final
1. Los Sucre de Cumaná
2. El niño Sucre
3. Las primeras luces
4. El soldado niño
5. Los pasos primeros
6. El encuentro

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