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El Negro Miguel, Rey en Minas de Burías, actual estado Yaracuy

Según las leyes de la cartomancia el naipe correspondiente a la “dama de picas” (Queen of spades) trae mala suerte. Con este fatídico enunciado, las cartas han fascinado desde siempre y en el mundo entero a todas las personas, no solo como hecho lúdico –el juego en si, para apostar dinero y la consiguiente carta con que se pierde- sino también como un medio para adivinar el futuro y la baraja fatal que es el símbolo trágico de la muerte. Esta ley ha servido como argumento para escribir simbólicas obras literarias y en especial dos conocidas óperas: Carmen de Georges Bizet, en el momento en que la gitana pide que le echen las cartas y aparece la dama con las lanzas o picas, un símbolo muy negativo anunciador de la muerte, entonces Carmen dice: ¡La muerte! Yo, primero, y a continuación, él. En efecto, Don José mata a Carmen y después se mata él. La otra ópera es Pique Dame de Piotr Illich Chaikovski, basada en un cuento de Pushkin, es la obra que presenta al juego como la peor de las adiciones y al jugador como al adicto que inspira menos compasión (de un alcohólico o de un drogadicto se puede sentir lástima, pero a un jugador se le considera como a un loco en carrera desenfrenada hacia su propia destrucción). Se trata de Herman, adicto al juego, quien escucha decir que una condesa rusa (the belle of St. Petersburg) es depositaria de un arcano secreto: como ganar siempre en el juego de naipes. En una escena de inmensa fuerza dramática, la lleva en forma dolorosa a la muerte para que le confiese su secreto: -son tres cartas. Esta expresión se repite varias veces -tres cartas- entonces ella le dice cuales son esas tres misteriosas cartas. Herman asiste a una mesa de naipes donde pone en juego su dinero a las tres cartas; a la primera gana, a la segunda igualmente, a la tercera apuesta toda su fortuna, entonces su contrincante, el príncipe Yeletsky, le muestra la baraja con que lo ha vencido: la dama de picas, indicadora de la mala suerte, pérdidas en el juego y símbolo de la muerte. En efecto, Herman al quedar completamente arruinado se suicida.


Faustino Parra, el zambo Andresote y el Negro Miguel

Conforme a las tradiciones locales de la cartomancia, son tres los negros que simbolizan las tres cartas principales de la baraja yaracuyana:
El primero, Faustino Parra, “el bandolero social” quien representa en el Yaracuy la universalidad del mito de Robin Hood, esto es, el bandido rural que ha sido empujado fuera de la ley por la injusticia y se ha erigido en héroe de los pobres y desamparados.
Segundo, el zambo Andresote, quien liderizó en el valle del Yaracuy, en el año 1730, un movimiento de negros, indios y mestizos, de neto corte de lucha de clases, en contra de las autoridades españolas, en especial estructuró un fuerte comercio de contrabando de productos básicos, con el apoyo de los holandeses de Curazao, a daño de la Compañía Guipuzcoana. Al final, se embarcó en una goleta holandesa y desapareció para siempre.
El tercero, el Negro Miguel, fundador del único imperio que ha regido en Venezuela, de quien nos ocuparemos de seguidas. Pero antes, es necesario aclarar, que al echar la baraja yaracuyana, hay tres principios de cartomancia que deben ser tomados en cuenta:
1.- Faustino Parra, asume los aspectos negativos de la vida, problemas, traiciones, venganzas, trastornos emocionales, él carga a cuestas con el símbolo de la muerte, exactamente como la dama de picas o reina de espadas.
2.- El sambo Andresote, representa los ideales de la cuestión crematística: poder material, dinero, enriquecimiento, imperio económico, exaltación del ego.
3.- El Negro Miguel, las ideas de libertad, el fin de la esclavitud, el amor a la familia, relaciones humanas, vida sentimental y amor.

Conforme a los datos que suministra la historia, el Negro Miguel es un personaje complejo. No es solamente un hombre torturado y maltratado por la condición de la esclavitud, es también un ser arrogante y sagaz, proveniente de un grupo de esclavos negros con cierta tradición política y cultural, lo cual explica que llevara a cabo la constitución de una monarquía en el año de 1553, en la zona de Buria, cercana a la población de Nirgua. Se nombró, a si mismo Rey, designó Reina a su mujer; príncipe a su hijo; y, más aún, constituyó una diócesis y nombró obispo a un negro versado en asuntos religiosos. Desde su reino hacia incursiones predicando a negros e indios las ideas de libertad a que tenían derecho e invitándoles a que se sumaran a sus filas. El Rey Miguel tuvo su fin en 1556 cuando Diego García de Paredes lo derrotó en Barquisimeto y le dio muerte.

Con esta base histórica Héctor Pellegatti escribió una ópera en tres actos, con textos de Pedro Blanco Vilariño. Su estreno tuvo lugar en el Teatro Juáres de Barquisimeto el 18 de noviembre de 1973. El elenco, integrado totalmente por cantantes venezolanos, estuvo conformado por Ramón Iriarte (barítono), Yunis Zujur (barítono), Flor García (soprano), Reina Calanche (soprano), Manuel Pérez (tenor) y Luis Contreras (tenor), en los papeles principales; bajo la dirección musical de Primo Casale y la dirección escénica de Alfredo Berry. El Negro Miguel requiere, en primer lugar, de un barítono dramático, de voz voluminosa y desplegada, para cantar la tragedia que expresa el hombre sometido a la condición de esclavo. Debe ser también capaz de cantar con matices refinados y dulces, más propios de los cantos de adoración, para recordar de paso a Dios, sus promesas de que algún día ellos también alcanzaran la tan anhelada libertad. En su interpretación del Negro Miguel, Ramón Iriarte llamó la atención de Pellegatti y de Casale por la madurez de su enfoque vocal del personaje y por la facilidad con que aprendió en poco tiempo la difícil partitura.

Seis años más tarde, el 5 de abril de 1979 fue presentada en el Teatro Municipal de Caracas y el 25 de abril de ese mismo año en el Teatro de la Ópera de Maracay, con un elenco integrado por Ramón Iriarte (El Negro Miguel), Velia Hinds (Alba Simara), Mariela Valladares (Giomara), Manuel Pérez (Yanaco), Yunis Zujur (Damián del Barrio), Gianni Alberti (Diego de Lozada), Andrea Drago (Capitán I), Ramón Narváez (Capitán II) y José Montenegro (Arenal).Dirección musical de Carlos Mendoza y dirección escénica de Armando Gota.

Un montaje más reciente, esta vez en versión de concierto, tuvo lugar en el Auditorio Ambrosio Oropeza de Barquisimeto, el 29 de Abril de 2010, con la Orquesta Sinfónica del Estado Lara y los Coros de la Compañía de Ópera de Occidente, bajo la dirección de Tarcisio Barreto. En YouTube su pueden ver 6 espléndidos videos de esta bien lograda presentación:
a) Dúo de amor de Yanaco y Alba Simara, con el tenor Francisco Morales y la soprano Mariana Ortiz.
b) Carnes partidas, carnes aradas, quinteto, a cargo de Jorge Páez (El Negro Miguel), Thais Vergara (Guiomar), Mariana Ortiz (Alba Simara), Francisco Morales (Yanaco) y Gregory Pino (Diego de Lozada).
c) Interludio: Españoles, esclavistas temblad, aria del Negro Miguel, interpretada por el barítono Jorge Páez.
d) Escarpines de musgo, romanza cantada por la soprano Thais Vergara, en el papel de Guiomar, esposa del Negro Miguel.
e) A luchar, a luchar, lucharemos, aria del Negro Miguel, interpretada por el barítono Jorge Páez.
f) Un día vencí, romanza de Diego de Lozada, cantada por el tenor lírico Gregory Pino. Tal vez la pieza más bella de esta ópera, escrita dentro del más puro lenguaje melódico de la ópera italiana y bajo la expresividad de la escuela verista.

Héctor Pellegatti, el autor de esta magnífica ópera venezolana, fue un músico italiano de primera fila, oriundo de Ferrara y con una amplia carrera internacional, llegó a Venezuela en 1948 y se estableció en Barquisimeto, donde fundó la Escuela de música de Barquisimeto, el conservatorio de mayor nivel artístico que jamás haya tenido Venezuela o si no, vea el gentil lector, quienes eran los profesores de esta escuela en la década de los cincuenta: Olaf Ilsins de violín; Paul Freund de piano; Héctor Pellegatti de trompeta, trombón, corno, violonchelo y contrabajo; Ugo Stegani de clarinete, oboe y fagote; y, Napoleón Sánchez Duque, como director y profesor de flauta. Gracias a la musicalidad de sus gentes y a la magnifica educación musical con la que tradicionalmente ha contado el estado Lara, éste ha sido siempre una tierra donde la música camina al lado de la gente a modo de compañía y donde se levanta una piedra y sale corriendo un músico.

Vista del Valle de Yaracuy

Hugo Alvarez PifanoHugo Álvarez Pifano, musicólogo y crítico de música, especializado en la ópera y en temas musicales de Venezuela. Entre 2001 y 2011 ha sido columnista de música, de periódicos y revistas del país. Ha escrito en publicaciones especializadas de Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos de América, Dinamarca, Brasil, Colombia, Honduras, Kenya, Etiopía y Guyana. Estudió en la Esc. de Música de Barquisimeto (1951-1956); en la Esc. José Ángel Lamas de Caracas (1957-1958) y en el Conservatorio Luigi Cherubini de Florencia (1960-1963). Es autor de tres libros: El vals venezolano, historia y vida (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2007); Cantantes líricos de Venezuela (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2010); Historia de la música de Venezuela (en prensa). Así mismo ha escrito 3 libros sobre música y temas costumbristas, sin publicar. Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia, (1958-1963); Master en Derecho Internacional del Instituto de Formación Profesional e Investigaciones de las Naciones Unidas, N. Y., 1973; Postgrados en Ciencias Políticas (1978) y Teoría Política (1980) en la Universidad de Brasilia. Diplomático con carrera de 36 años en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Embajador de Venezuela en Guyana, Haití y el Reino de Dinamarca; Encargado de Negocios ad hoc en Kenia y Etiopía; Cónsul General de Venezuela en Río de Janeiro y Sao Paulo, Brasil; funcionario diplomático en las embajadas de Venezuela en Colombia, Brasil y Honduras; asesor, representante alterno y representante de Venezuela en la Comisión de Asuntos Jurídicos de las Naciones Unidas (1971-1978); miembro, participante y jefe de la delegación de Venezuela en 29 conferencias internacionales; y le fueron encomendadas 38 misiones especiales; en el servicio interno de la Cancillería venezolana fue Director de Tratados; Jefe de Gabinete del Canciller Ramón Escobar Salón y colaborador cercano de los Cancilleres Ignacio Iribarren Borges, Arístides Calvani y Simón Alberto Consalvi. Es autor del libro “Manual de los Tratados Internacionales de Venezuela” Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (1972).

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