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Fermín Toro, el primer novelista venezolano

02.11.10 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Novela, Literatura, Escritores

Fermín ToroDurante mucho tiempo hubo discrepancias acerca de cuál fue la primera novela venezolana. Se decía que era “Zárate”, de Eduardo Blanco, o “Peonía” de Manuel Vicente Romero García, o “El sargento Felipe”, de Gonzalo Picón Febres, y hubo hasta quien le atribuyó ese honor a “En este país”, de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl. Finalmente, gracias en buena parte gracias al trabajo combinado de Osvaldo Larrazábal Henríquez, Rafael Di Prisco y Gustavo Luis Carrera, se determinó sin lugar a dudas que ni Blanco ni Romero García ni Picón Febres ni mucho menos Urbaneja Achelpohl fueron los autores de la primera novela venezolana, pues lo único aceptable era aplicar un criterio estrictamente cronológico, con lo que Fermín Toro, cuya novela “Los mártires” se publicó en 1842 era el único candidato y, por lo tanto, el ganador de aquel extraño concurso.
Fermín Rodríguez del Toro y Blanco, que, como diría Manuel Alfredo Rodríguez, “democratizó” su nombre para dejarlo simplemente como Fermín Toro, nació el 14 de julio de 1806, posiblemente en El Valle, que era entonces una aldea muy cercana a Caracas en donde tenía propiedades su padre, José Antonio Rodríguez del Toro y Álvarez Barba, pariente cercano de marqués del Toro y de los hijos del segundo matrimonio de Diego Batista Urbaneja, entre otros, y que se había casado con otra mantuana, Mercedes Blanco de la Plaza y Blanco, parienta muy cercana y endogámica del Libertador Simón Bolívar. En 1816 la familia se mudó a Caracas huyendo de los horrores de la guerra de Independencia. Allí se alojaron en la casa del famoso marqués del Toro, cuyos vaivenes políticos han sido muy bien descritos por la historiadora Inés Quintero (“El último marqués. Francisco Rodríguez del Toro (1761-1861)”. Fundación Bigott, 2005). Antes de radicarse el Caracas, el niño Toro había recibido sus primeras enseñanzas del cura Benito Chacín, en El Valle, pero al establecerse en Caracas, ya en plena guerra, se convirtió en autodidacta, en buena parte gracias a la gran biblioteca de su pariente marqués. En todo caso, no hay ni puede haber noticias ciertas de la infancia y juventud de Fermín Toro, pero no es aventurado afirmar que deben haber sido muy poco alegres, en medio de una guerra terrible. A la usanza de los viejos mantuanos, el joven Toro se casó con una parienta por varios costados, María de las Mercedes (Merced) de Tovar y Toro. En 1828 se convirtió en funcionario del departamento de Hacienda, cuando Venezuela era aún parte de la Gran Colombia. Sus primeros pasos en la administración pública fueron en la rama aduanera, primero en La Guaira y luego en la isla de Margarita. Prueba de la confusión de términos de su época es el que, siendo como era de ideas muy avanzadas, perteneciera toda su vida al Partido Conservador. En 1831 regresó a Caracas, y un año después entró, como representante de Margarita, al Congreso Nacional, en donde pronunció un importante discurso en memoria de su pariente Simón Bolívar, que había muerto en diciembre de 1830. Allí pidió que los restos de del Libertador fueran trasladados a Caracas y se le rindiera un gran homenaje. Llegó a ser Presidente de la Cámara de Representantes a pesar de su juventud, y en 1835 regresó a la Secretaría de Hacienda, ahora como Oficial Mayor. En esa etapa de su vida publicó su primer cuento, “La viuda de Corinto” (julio de 1837), al que seguiría “El solitario de las catacumbas” (20 de febrero de 1839). El primero apareció con la firma “Emiro Kastos” y el segundo con las iniciales “E.K”. También son de esa época sus trabajos costumbristas, firmados con el seudónimo “Jocosías” y publicados con el título “Costumbres de Barullópolis”, que dice mucho de sus intenciones. Sus críticas al gobierno le generaron importantes antipatías en su propio partido, y pronto (1839) debió dejar Venezuela para radicarse por dos años en Londres. En donde Alejo Fortique hacía un esfuerzo enorme contra el imperialismo inglés que pretendía robarse buena parte del territorio venezolano en la región guayanesa. Fue entonces cuando el joven Toro conoció las ideas de Saint-Simon, Owens y otros predicadores de lo que se llamaría “Socialismo utópico” (para diferenciarlo del “Socialismo real”, que a la larga resultó ser el verdaderamente utópico). Ese conocimiento de las ideas más avanzadas de su tiempo tendría gran importancia en relación con la primera novela venezolana. Poco después de regresar a su patria, Toro presidiría, reintegrado al Congreso, la Comisión encargada de la repatriación de los restos de Simón Bolívar, a raíz de lo cual escribió su “Descripción de las honras fúnebres consagradas a los restos del Libertador Simón Bolívar”, trabajo publicado el 30 de abril de 1842. Y es, justamente, en esos días, cuando en “El Liceo Venezolano”, números 2 a 7, entre febrero y julio de 1842, se publica “Los mártires”. Paralelamente ejercía la docencia en el Colegio Independencia, de Feliciano Montenegro y Colón, el preferido para los hijos de los conservadores de aquel tiempo. En 1845 publicó su ensayo “Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834”, editado por Valentín Espinal, en el que arremete contra la usura y recomienda limitar los intereses a un máximo del 6% anual. Entre 1844 y 1847 Toro actuó como Ministro Plenipotenciario en Nueva Granada, en donde el tema principal era el del establecimiento de los límites entre ambas repúblicas, misión que no tuvo el más mínimo éxito. A su regreso fue nombrado Secretario (Ministro) de Hacienda. Poco después volvió al Congreso como Representante por Caracas, y en esa posición estaba cuando los graves incidentes del 23 de enero de 1848, conocidos como el Asalto al Congreso. Cuando el presidente hizo gestiones para que los diputados regresaran a sus puestos, Toro respondió con una frase que ha quedado para la Historia “Decidle al General Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye”. De hecho, se retiró del todo de la administración pública y se dedicó a sus tierras en los Valles de Aragua, hasta que en 1858, luego de participar en la llamada “Revolución de marzo”, que tumbó a Monagas, ocupó la Secretaría de Hacienda y luego la de Relaciones Exteriores. Eran tiempos en los que su primo, Manuel Felipe de Tovar, fue Vicepresidente y Presidente de la República. Diputado en la Convención de Valencia. En 1860 viajó de nuevo a Europa como Ministro Plenipotenciario en España, Francia e Inglaterra, con la tarea de explicar las muertes y confiscaciones de propiedades de europeos durante la Guerra Civil misión que cumplió a cabalidad. En España logró un Tratado de amistad, comercio y navegación. Finalmente, en 1862, regresó al país para no salir nunca más, y se retiró, ahora sí en forma definitiva, de la política. De nuevo se estableció en Aragua, dedicado a estudios científicos. Y el 23 de diciembre de 1865 murió en Caracas, a los cincuenta y nueve años. Había dejado una importante obra intelectual, en la que se destaca la primera novela venezolana, “Los mártires”, que tiene la característica de que ni su tema ni sus personajes ni sus “locaciones”, como dirían hoy, tienen nada que ver con Venezuela, pero ese es tema de otro costal.

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3 comentarios

Comentario De: GONZALO PALACIOS GALINDO [Visitante]

Siempre la oligarquIa!! Gonzalo Palacios G.

02.11.10 @ 11:57
Comentario De: yenysse rodriguez [Visitante]

información muy pertinente y ningun oligarca es valedera su presentación cada quien decide que escribir y porque

26.11.10 @ 18:04
Comentario De: LEONARDO PEREIRA MELÉNDEZ [Visitante]

Interesante. Entretenido. Mucha hstoria, poca imaginación.

31.12.10 @ 14:35

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