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La primera estrella fugaz

28.12.08 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Ideas, Política, Semblanzas, Extractos, Historia, Venezuela, Libros, Literatura, Biografías

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

La primera estrella fugaz

Si en Espa√Īa hubiera habido gente m√°s sensata y m√°s razonable, el parto de Venezuela no habr√≠a sido tan traum√°tico ni tan sangriento, y la misma Espa√Īa no habr√≠a perdido todo lo que perdi√≥ en menos de un siglo, cuando con el transcurso del siglo XIX pareci√≥ llegar al fondo de un oc√©ano de tristeza. En ese caso, sin aquella guerra mortal y terrible, los h√©roes nacionales del pa√≠s habr√°n sido Juan Germ√°n Roscio y Crist√≥bal Mendoza, dos abogados civiles y civilistas, hijo el primero de un milan√©s y de una ind√≠gena de La Victoria, trujillano de origen ilustre por los siete costados el segundo, en vez de Sim√≥n Bol√≠var, caraque√Īo, militar y arist√≥crata criollo de pura cepa, Francisco de Miranda, tambi√©n caraque√Īo pero no arist√≥crata y s√≠ aventurero, aunque fracasado, y Jos√© Antonio P√°ez, llanero, blanco de orilla, demagogo, trepador y exitoso aventurero.
Una situaci√≥n ideal, pero imposible, habr√≠a sido el resultado de que una Espa√Īa civilizada y moderna hubiese admitido la existencia de una rep√ļblica de Venezuela, unida a ella por lazos econ√≥micos y culturales, en la que existieran dos grandes partidos: el conservador, presidido por Juan Germ√°n Roscio y Andr√©s Bello, y el liberal, presidido por Jos√© F√©lix Ribas y Sim√≥n Bol√≠var. Esa rep√ļblica habr√≠a prosperado y ser√≠a hoy algo parecido a lo que son Noruega, Dinamarca o Suecia, y Espa√Īa habr√≠a conservado un enorme mercado, tanto para exportar como para importar, y una inmensa zona de influencia, que le permitir√≠an ser hoy lo que en el mundo es, por ejemplo, los Estados Unidos de Am√©rica, aunque con m√°s sentido de la humanidad. Pero, desde luego, eso no pasa de una especulaci√≥n muy cercana a la idiotez.
La demostraci√≥n de que el movimiento inicial que llev√≥ a la Independencia, es decir, los hechos del 19 de abril de 1810, no ten√≠an en absoluto nada que ver con una posible revoluci√≥n social, est√° en que su principal impulsador fue ese hipot√©tico jefe de un partido civilizado, Juan Germ√°n Roscio, a quien, tal como a Andr√©s Bello, hay que calificar como definitivamente conservador en el m√°s puro sentido de la palabra. Cat√≥lico practicante y fiel creyente, la prudencia fue una de las bases de toda su vida. Hab√≠a nacido en San Jos√© de Tiznados, pueblo vecino al r√≠o Tiznados, en el actual estado Gu√°rico, en plenos Llanos centrales, el 27 de mayo de 1763. Su padre, Juan Crist√≥bal Roscio, era un milan√©s que, luego de vivir unos a√Īos en Espa√Īa, pas√≥ a las Am√©ricas y se estableci√≥ en el interior de la Provincia de Venezuela, dedicado a la ganader√≠a en los Llanos centrales, en donde se convirti√≥ en un aut√©ntico y rico terrateniente, que se cas√≥ con una descendiente de ind√≠genas, lo cual le caus√≥ algunos problemas al hijo. La poblaci√≥n de San Jos√© de Tiznados fue, en el siglo XVII, una de las misiones establecidas en zonas llaneras, y en 1780 fue convertida en parroquia por el obispo Mariano Mart√≠. La madre de Roscio, Paula Mar√≠a Nieves, hab√≠a nacido en La Victoria, ciudad que fue fundada el 12 de diciembre de 1593 como ‚Äúpueblo de indios‚ÄĚ, con el nombre de Nuestra Se√Īora de Guadalupe de La Victoria en homenaje al triunfo de Lepanto, por varios encomenderos espa√Īoles, entre quienes estaban Dami√°n del Barrio, Mart√≠n de G√°mez, Antonio Rodr√≠guez y Francisco Loreto de Silva; fue refundada el 18 de noviembre de 1620 por el gobernador y capit√°n general Francisco de la Hoz Berr√≠o, el obispo fray Gonzalo de Angulo, el militar Pedro Guti√©rrez de Lugo y el cura Gabriel de Mendoza, como ‚Äúlugar de doctrina‚ÄĚ en el que se reunir√≠an los indios dispersos de la regi√≥n, y que se convirti√≥ en parroquia en 1676 y en 1794, cuando Juan Germ√°n Roscio ten√≠a treinta a√Īos, recibi√≥ al fin el t√≠tulo de Villa por parte de las autoridades espa√Īolas, pero sin dejar de ser considerada ‚Äúpueblo de indios‚ÄĚ, lo cual tuvo especial importancia en la vida de Roscio.
En aquellos tiempos, como en los de Cervantes, la Italia fragmentada ten√≠a una relaci√≥n directa con la Espa√Īa Imperial: Carlos III fue rey de N√°poles y de Sicilia, y Carlos IV naci√≥ en N√°poles. Muchos fueron los italianos que pasaron a Espa√Īa y varios los que, como don Roscio, vinieron a la Am√©rica espa√Īola. Varios son los apellidos italianos que se encontraban en Venezuela en esos tiempos, y muchos de sus descendientes tuvieron alguna actuaci√≥n importante en el proceso independentista, pero ninguno como Juan Germ√°n Roscio, que es el verdadero eje, el verdadero ide√≥logo de ese primer paso que fue el 19 de abril de 1810 y que se hizo gran paso el 5 de julio de 1811. Luego de estudiar las primeras letras en su aldea llanera, todav√≠a ni√Īo fue enviado a Caracas, al cuidado de la hija de Antonio Pacheco y Tovar, Conde de San Javier, en cuya casa, situada en lo que hoy se llama ‚Äúesquina del Conde‚ÄĚ, se reunir√° el Congreso alentado por Roscio con miras a la Independencia. En ese lapso estudi√≥ Teolog√≠a, Sagrados C√°nones y Derecho Civil. En 1794 le fue conferido el t√≠tulo de Doctor en Derecho Can√≥nico, y en 1800 el de Doctor en Derecho Civil. Se hab√≠a distinguido especialmente en la Universidad, gan√≥ distintos concursos y obtuvo una medalla otorgada por la Academia de Derecho P√ļblico y Espa√Īol. Fue el mejor estudiante de su promoci√≥n. En 1794 present√≥ una solicitud ante la Real Audiencia para inscribirse como abogado, lo cual le fue concedido sin inconvenientes, pero el Colegio de Abogados se neg√≥ a admitirlo porque en el expediente de pureza de sangre por √©l presentado no aparec√≠a la calificaci√≥n de ‚Äúindias‚ÄĚ de su madre y de su abuela materna, calificaciones que s√≠ aparec√≠an en otros documentos p√ļblicos. De modo que Roscio se encontr√≥ con que su primer ‚Äúcaso‚ÄĚ era nada menos que contra el poderoso Colegio de Abogados, al que quer√≠a ingresar, y consist√≠a en defender su propio derecho de ejercer la profesi√≥n en la que, como estudiante, hab√≠a sido excepcionalmente capaz. Deb√≠a enfrentar prejuicios ya dos veces centenarios en este lado de la mar oc√©ana, y milenarios en la otra orilla. Ese proceso le permiti√≥ demostrar su val√≠a, no s√≥lo como abogado, sino como ser humano. Como quiera que lo que estaba por decidirse no era su condici√≥n acad√©mica sino su aceptaci√≥n como litigante, la Universidad lo acept√≥ como docente, y, paralelamente, sol√≠a dar doctas conferencias sobre Derecho P√ļblico Espa√Īol y Leyes de Indias. A√ļn m√°s, durante el pleito fue aceptado por las autoridades y convertido en Asesor de la Capitan√≠a General, es decir, del m√°ximo gobierno de la Provincia, y de la Auditor√≠a de guerra, en un tiempo en que el militarismo empezaba a imponerse del todo en Venezuela, y no olvidemos que tradicionalmente ha existido una cierta afinidad entre militares y conservadores, aun cuando esos conservadores se hagan llamar comunistas. En 1805, finalmente, gan√≥ su pleito y fue admitido del todo en el Colegio de Abogados. Poco despu√©s, como Fiscal interino de la Real Audiencia de Caracas, tuvo una actuaci√≥n cardinal en uno de los momentos m√°s importantes de los √ļltimos tiempos de la vida colonial venezolana: en pleno invierno de 1806, el 2 de febrero, don Francisco de Miranda zarp√≥ de Nueva York rumbo a una aventura que ser√≠a desastrosa para √©l. Pretend√≠a invadir Venezuela y conquistar su Independencia, pero desde el principio aquella expedici√≥n, compuesta por norteamericanos y europeos, y en la cual el √ļnico venezolano era Miranda, anduvo mal. El 28 de abril, cerca de las ocho de la ma√Īana empez√≥ una batalla naval frente a las costas venezolanas. Las dos goletas que acompa√Īaban al Leander, que era la nave de Miranda, cayeron en manos de los espa√Īoles, la Bacchus qued√≥ fuera de combate, y la Bee fue capturada sin mayores dificultades. El Leander dio la vuelta y se alej√≥ rumbo a Trinidad. Atr√°s quedaron las goletas con sus hombres y sus armas, en manos de los espa√Īoles. Cuarenta y siete fueron condenados a terribles y largas penas de prisi√≥n. Tres, pudieron escaparse y veinte fueron liberados unos meses despu√©s, a condici√≥n de que hicieran p√ļblico en los Estados Unidos de Am√©rica que Miranda los hab√≠a enga√Īado. Los otros diez fueron condenados a muerte. Juan Jurado de La√≠nez actu√≥ como Auditor de guerra y Juan Germ√°n Roscio fue el fiscal de la causa, lo cual no parecer√≠a algo prometedor para su futura carrera de libertador. Como tampoco lo ser√≠a su actuaci√≥n, tambi√©n como fiscal, en 1808, en el proceso que se sigui√≥ contra los mantuanos que aparec√≠an complicados en una discreta conspiraci√≥n para desconocer la autoridad peninsular, que ya hab√≠a ca√≠do en manos de los franceses. Los acusados fueron condenados primero e indultados despu√©s. Eran los mantuanos, los miembros de la aristocracia criolla, que ve√≠an la oportunidad de sacudirse de encima el poder de los europeos, pero se enfrentaron a la eficiencia y habilidad de aquel abogado, hijo de un milan√©s y de una mujer que no pod√≠a ser aceptada entre los mantuanos, por ser india. Todo ese proceso puso frente a frente a dos que podr√≠an haber sido los verdaderos protagonistas del proceso de Independencia, pero que no lo fueron. Alguien, o la realidad en s√≠, se les atraves√≥ en el camino y los dej√≥ tirados a un lado, tristemente. Pero en aquellos primeros d√≠as, Roscio empezaba a tomar en sus manos los hilos de lo que llegar√≠a a ser, el 19 de abril de 1810, el inicio de la Independencia de Venezuela.
La urdimbre que teji√≥ Roscio fue impecable, pero se basaba en un cierto nivel de civilizaci√≥n que ni Espa√Īa ni sus colonias americanas ten√≠an en aquel preciso momento, y todo se hundi√≥ en poco tiempo. Como si todo el nuevo proceso quisiera parecerse al viejo, a Roscio se le atraves√≥ en el camino, no como enemigo sino como rival, Francisco de Miranda, el mismo contra quien el abogado venezolano hab√≠a actuado con fr√≠a eficiencia, que fue llamado a Caracas por Sim√≥n Bol√≠var, en contravenci√≥n de las instrucciones que Roscio hab√≠a dado a aquel caraque√Īo destinado a convertirse, finalmente, en el verdadero protagonista de todo lo que ocurri√≥ entre 1798 y 1830. Roscio envi√≥ a Bol√≠var a Londres y le prohibi√≥ contactar a Miranda, Fue Miranda el que contact√≥ a Bol√≠var, y Bol√≠var ignor√≥ las intenciones de Roscio. Y cuando la nave que hab√≠a construido y calafateado Roscio empez√≥ a hacer agua por todas partes, los que hab√≠an ocupado el espacio dejado por Emparan y compa√Ī√≠a, apelaron al viejo general Miranda, que termin√≥ vencido. Un terremoto, en marzo de 1812, se hab√≠a encargado de hacer imposible lo que Roscio, y despu√©s Miranda, quer√≠an. Y la dura realidad remat√≥ el fracaso de aquella primera rep√ļblica, la rep√ļblica rosciana que han querido llamar ‚ÄúPatria Boba‚ÄĚ, pero que deber√≠a llamarse ‚ÄúPatria Ni√Īa‚ÄĚ, y muri√≥ en julio de 1812.
Luego del 19 de abril, Roscio se hab√≠a convertido en al alma de aquella iniciativa. Bello lo calific√≥ de padre, maestro y defensor de la naciente libertad. Luego de encargarse de las relaciones exteriores de la Junta Conservadora y de hacer, mediante su correspondencia y sus gestiones m√ļltiples, todo lo posible por llevar el pa√≠s a la Independencia plena, fue diputado por Calabozo en el Congreso Constituyente que se instal√≥ en la casa del conde San Javier, con lo cual se demuestra plenamente que era una iniciativa rosciana, el 2 de marzo de 1811. Mientras √©l, en el Congreso, llevaba adelante su labor, en la calle se hab√≠a formado otro partido, bastante m√°s radical, en el que se destacaban Sim√≥n Bol√≠var y Francisco de Miranda. El 5 de julio de 1811, luego de una sesi√≥n cuya memoria e intenci√≥n quedaron reflejadas en el Acta redactada por el propio Roscio, Venezuela se declar√≥ independiente, separada del todo de Espa√Īa y dispuesta a regirse por sus propios medios. Desgraciadamente, tres siglos de oscuridad operaron en contra de las intenciones de Roscio. Todo se precipit√≥ y el abogado venezolano, cat√≥lico practicante, aut√©ntico jurista y hombre de leyes, luego del fracaso de su rep√ļblica y de haber sido designado miembro de un Triunvirato que no lleg√≥ a tener el poder real y de haber colaborado de buena fe con Francisco de Miranda en aquella lucha ag√≥nica e imposible, fue hecho preso por Domingo Monteverde, canario, caudillo primitivo, que incumpli√≥ lo que hab√≠a pactado con Miranda, y abusivamente remiti√≥ a Roscio, encadenado, a Espa√Īa. Fue uno de los ocho ‚Äúmonstruos‚ÄĚ, calificados as√≠ por Monteverde. Primero estuvieron encarcelados en C√°diz, donde no mucho despu√©s morir√≠a Francisco de Miranda. Despu√©s en Ceuta, de donde √©l y otros lograron escapar y buscar refugio en Gibraltar. Pero el gobernador ingl√©s los entreg√≥ a los espa√Īoles, hecho que motiv√≥ la ira del pr√≠ncipe regente ingl√©s, que con decisi√≥n oblig√≥ a Fernando VII a soltar a los presos de nuevo. Roscio fue a tener a Jamaica inicialmente y a los Estados Unidos despu√©s. Ya hab√≠a perdido por completo el papel de protagonista, que estaba en poder de Sim√≥n Bol√≠var, a quien sigui√≥ en 1818 hasta Angostura. Con Bol√≠var, Roscio ayud√≥ a la creaci√≥n de Colombia y fue uno de los principales redactores del Correo del Orinoco. Luego de ocupar varios cargos, entre ellos el de Vicepresidente de Colombia, y cuando se preparaba a participar en el Congreso de C√ļcuta, que deb√≠a darle forma definitiva a la Colombia que junto a Bol√≠var hab√≠a ayudado a nacer, muri√≥ luego de una corta enfermedad, el 10 de marzo de 1821. Su final fue humilde y ejemplar, como el de Crist√≥bal Mendoza.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por C√°rcel
La Peque√Īa Torre Amable
La Casa del Saber
De Guip√ļzcoa Viene un Barco Cargado de...
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por Espa√Īa, contra Espa√Īa‚Ķ
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz

 

 
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