Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

La primera Sociedad

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

La primera Sociedad

El 14 de agosto de 1810 se cre√≥ la Sociedad Patri√≥tica de Agricultura y Econom√≠a, a imitaci√≥n de las sociedades decretadas en Espa√Īa durante el tiempo de Carlos III. En Venezuela no prosper√≥ aquella iniciativa real, pues, sino muy tard√≠amente.
En tiempos del gobernador y capit√°n general de Venezuela Manuel Guevara y Vasconcelos, el 23 de enero de 1805, dos a√Īos antes del fin de su gesti√≥n (y de su vida, puesto que muri√≥ siendo gobernador, el 9 de octubre de 1807), y no en el reinado de Carlos III, sino cuando era rey Carlos IV, se estableci√≥ la Sociedad que le dio nombre a la esquina de Sociedad, que se llamaba Sociedad de Amigos del Comercio de Caracas, o Sociedad de Comercio, a solas, que fue como termin√≥ llam√°ndose durante su brev√≠sima existencia. Fue promovida, pues, tomando como modelo aquellas Sociedades de Amigos del Pa√≠s creadas en Espa√Īa en tiempos de Carlos III, por un grupo de comerciantes que encabezaban Bruno Ignacio de Abasolo y Fernando Key Mu√Īoz, vasco el uno y canario el otro. Key, el canario, fue Secretario de Hacienda de la Junta de 1810, y su posici√≥n durante el proceso de emancipaci√≥n fue, como la de muchos peninsulares, canarios y criollos de aquellos d√≠as, demasiado pragm√°tica: se pasaba de un bando a otro sin mucha verg√ľenza, aunque sin los efectos nefastos del camaleonismo del m√°s famosos de los saltadores de tapia, que fue el marqu√©s de Casa Le√≥n. Hab√≠a sido socio de la compa√Ī√≠a "Mu√Īoz y Orea", fundada en 1875, y como tal fue demandado por Josefa y Tom√°s Mu√Īoz, que reclamaban para s√≠ parte de las ganancias obtenidas por Key en diversos negocios que hizo en tiempos de guerra. El pleito dur√≥ veinte a√Īos (1812-1832) y en definitiva no termin√≥ en nada, salvo en la seguridad de que ninguna de las dos partes ten√≠a raz√≥n, o si, se quiere, cada una hab√≠a tratado de "raspar" a la otra. Hoy, casi dos siglos despu√©s, se ven cosas muy parecidas. Key muri√≥ en Canarias en 1845, a los setenta y siete a√Īos. Su Sociedad, que en definitiva era el equivalente a una Bolsa de Valores mezclada con C√°mara de Comercio y club de comercio, s√≥lo existi√≥ lo suficiente como para que la esquina de Caracas en donde funcionaba adquiriera el nombre que desde entonces ha tenido.
Pero la verdadera Primera Sociedad, la nuestra, aunque no le haya dado nombre a esquina alguna, es la Sociedad Patriótica.
La idea de crear en Caracas un club pol√≠tico al estilo de los que funcionaban en Francia en tiempos de la revoluci√≥n, o una sociedad, como terminaron llam√°ndola, debe haber sido de Francisco de Miranda o de Sim√≥n Bol√≠var. O de los dos a la vez. Miranda las hab√≠a visto funcionar cuando vivi√≥ en la Francia revolucionaria, en tiempos de la Convenci√≥n y del Directorio; y Bol√≠var, antes y despu√©s de enviudar, estuvo en territorio franc√©s, en donde discuti√≥ mucho el tema de la revoluci√≥n con su antiguo maestro, Sim√≥n Rodr√≠guez, adem√°s de que conoci√≥ personalmente a muchos personajes de distinta importancia de los que participaron en los sucesos franceses de fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX. Existen pruebas claras de que durante su estada en Londres tanto Sim√≥n Bol√≠var como Andr√©s Bello fueron conquistados por don Francisco de Miranda para la bell√≠sima idea de crear una gran rep√ļblica independiente y libre que cubriera todo el territorio de la Am√©rica espa√Īola. Miranda regres√≥ a Caracas con Bol√≠var, en septiembre de 1810, y con ellos vino el franc√©s Pedro Antonio Leleux (1781-1849), que actuaba como Secretario de Bol√≠var y luego fue Secretario y Edec√°n de Miranda. A Leleux se debe que se haya salvado el famoso archivo del Precursor. Despu√©s de participar activamente en la Guerra de Independencia y hasta en la pol√≠tica de la Gran Colombia, volvi√≥ a Calais, su tierra nativa, en 1824. En 1841, escribi√≥ sus recuerdos de aquellos tiempos, y cont√≥ que entre otras cosas se dedic√≥ a la creaci√≥n de la Sociedad Patri√≥tica. En realidad, la Sociedad fue el partido de los que aspiraban a ir mucho m√°s all√° de la conservaci√≥n de derechos de los reyes espa√Īoles en territorio americano, y hasta m√°s all√° de la simple autarqu√≠a. De origen mantuano casi todos, como Bol√≠var, o los Salias, o cuasi mantuano, como Soublette, eran los partidarios de una revoluci√≥n que as√≠ se deslindaban del todo de los mantuanos de la generaci√≥n anterior, quienes, si bien aceptaban la idea de la autonom√≠a, lo hac√≠an con una connotaci√≥n m√°s comercial que pol√≠tica y social, y quiz√°, a partir del vac√≠o de poder que se cre√≥ cuando Napole√≥n le puso la garra a Espa√Īa, se hubieran conformado con una soberan√≠a pol√≠tica, parecida a la que terminaron dando los ingleses a las colonias que no se alzaron del todo. Miranda llevaba la batuta, y trataba de contener la fogosidad de los socios. En Europa estuvo preso varios a√Īos por no ser ‚Äďo parecer‚Äď tan revolucionario como los que estaban en el poder. Aqu√≠ quer√≠a evitar que esas situaciones se repitieran. Pero, primero, era necesario que se creara el pa√≠s nuevo, el pa√≠s que hab√≠a venido promoviendo desde su eterno exilio. La rep√ļblica que, gracias a la imaginaci√≥n de Miranda, se llamar√≠a Colombia en honor al descubridor. Habr√≠a que hacerla por cuotas, pero hacerla. Algo as√≠ como lo que alg√ļn tiempo despu√©s, entre los socialistas ingleses, se llamar√≠a movimiento fabiano. Y el primer paso se pod√≠a dar en Caracas, en su ciudad natal. La Sociedad Patri√≥tica, el Club que no quer√≠a tan jacobino, pero s√≠ lo suficientemente fuerte como para imponer sus puntos de vista, era el instrumento que necesitaba. Le acompa√Īaban, adem√°s de Bol√≠var y Leleux, Vicente Salias, Pedro Salias, Antonio Mu√Īoz T√©bar, Carlos Soublette, Miguel Pe√Īa, Francisco Espejo, Pedro Pell√≠n, Lorenzo Buroz, Coto (Francisco Antonio) Pa√ļl, Pedro Pablo D√≠az, Jos√© Mar√≠a N√ļ√Īez, Carlos N√ļ√Īez, Rafael Castillo, en fin, la juventud dorada de aquel momento. Tres fueron los presidentes de sesiones: Miranda, Espejo y Mu√Īoz T√©bar. Se reun√≠an a partir de las seis de la tarde en asambleas que duraban hasta media noche y en sus filas no hubo distingos de clase social ni de sexo, en una √©poca en la que era muy dif√≠cil que se admitiera a mujeres en ese tipo de actividad. Era un verdadero partido pol√≠tico de vanguardia. Promovieron y hasta pusieron a circular un peri√≥dico llamado El Patriota de Venezuela, del que se conocen cuatro n√ļmeros aunque se sabe que hubo siete. Hicieron cuanto les fue posible por propagar sus ideas, no s√≥lo con la publicaci√≥n, sino con actos p√ļblicos, como los del primer aniversario del 19 de abril de 1810, en el cual levantaron un "√°rbol de la libertad" frente a la casa, hoy inexistente, en la que pas√≥ Emparan su √ļltima noche en la Caracas que no quiso su mando, Madrices a Ibarra 1. En su sede de Sociedad colocaron retratos de Gual y Espa√Īa, para dar a entender que se solidarizaban con aquel movimiento. Y hasta fundaron una "Tienda de los Patriotas" para vender objetos de proselitismo y a la vez recoger dinero, que necesitaban para sus actividades de agitaci√≥n y propaganda. Definitivamente, no han inventado nada los activistas de izquierda de nuestro tiempo.
Gil Fortoul recoge en su Historia la visi√≥n de un realista, contempor√°neo y an√≥nimo, acerca de la Sociedad Patri√≥tica, en los siguientes t√©rminos: Los individuos que compon√≠an esta Sociedad Patri√≥tica, al principio s√≥lo eran aquellos que se titulaban establecedores del Gobierno y protectores de la libertad venezolana, que eran muy pocos y los principales motores del 19 de abril de 1810: despu√©s comenzaron a admitirse todos los que se nominaban patriotas y que en el concepto de los vocales lo eran, precediendo antes de nombramiento votaci√≥n secreta; y aunque por este tiempo se pon√≠a alg√ļn cuidado de no admitir por socios a los que no fuesen conocidos por verdaderos patriotas y personas blancas, con el tiempo y despu√©s de publicada la Independencia e igualdad, se admit√≠an de todas clases y estados, de personas blancas, mulatos, negros e indios, asistiendo tambi√©n, con mucho esc√°ndalo y admiraci√≥n del pueblo y aun algunos individuos de esta Sociedad, muchas mujeres de sus socios a las sesiones que se ten√≠an de las ocho a las once de la noche, y despu√©s de concluidas sal√≠a esta mezcla de hombres y mujeres por las calles con grande alboroto y esc√°ndalo, todo lo que sufr√≠a y disimulaba el Gobierno por no poderlo remediar, pues al fin la Sociedad Patri√≥tica se compon√≠a de la mayor parte de la rep√ļblica toda armada, y s√≥lo dejaba de comprender en su seno a los que eran conocidos con el connotado de Godos que se ten√≠an por desafectos y opuestos al sistema de Independencia. Esta Sociedad Patri√≥tica para su gobierno econ√≥mico form√≥ unas instrucciones que aprob√≥ el Poder Ejecutivo y para que las cumpliesen sus miembros, ten√≠a una Junta que se compon√≠a de un presidente, cuatro diputados, dos fiscales o censores, un tesorero, tres secretarios y un portero, de los cuales la mayor parte se eleg√≠a el d√≠a primero de cada mes, junto con el presidente. Al principio de su establecimiento s√≥lo ten√≠a sus sesiones los martes, jueves y s√°bados; pero despu√©s que fu√© aument√°ndose de tantos miembros, fuerza y poder, las ten√≠a todas las noches o cuantas veces quer√≠a. En esta Junta se trataba de todas materias, pol√≠ticas, civiles, militares y religiosas: en ella sancionaban, adicionaban, correg√≠an, anulaban y mandaban detener las leyes, decretos y determinaciones que constitu√≠an el Congreso. Su archivo exist√≠a en la misma casa en donde celebraban sus acuerdos y la √ļltima fu√© la de Juan Xerez Aristeguieta, que es en la que en el d√≠a habita Guillermo Whaston, y se ignora d√≥nde existe en el d√≠a, ni en d√≥nde lo hayan trasladado; pero pod√≠an dar raz√≥n de su paradero los tres √ļltimos secretario que se dice eran Jos√© Mar√≠a Pelgr√≥n, arrestado en las b√≥vedas de La Guaira (1812), Juan Jos√© Navarrete, en las mismas, y Benito Pages, sobrino del Dr. D. Francisco Espejo, quien se afirma que en el d√≠a vive en el pueblo de Santa Luc√≠a, y lugar o hacienda nombrada Siguire. Por los muchos detalles que contiene, se deduce que es un informe de alguien que conoci√≥ la Sociedad desde adentro, y que puede haber sido un tr√°nsfuga o un esp√≠a, y escribi√≥ en 1812 el texto para Domingo Monteverde, quien se lo pas√≥ a Pablo Morillo, quien a su vez lo envi√≥ al Archivo de Indias en 1815. Fue publicado en Caracas, en El Universal, por Miguel Segundo S√°nchez, en septiembre de 1917.
No le iba a ser nada f√°cil a Miranda contener la tendencia cisjacobina. As√≠, frente a la tesis de que la Independencia absoluta pod√≠a abrirle la puerta a la anarqu√≠a, Coto Pa√ļl declar√≥ abiertamente que prefer√≠a la anarqu√≠a al inmovilismo. ¬°La anarqu√≠a! ‚Äďdijo en un apasionado discurso que ha sido recogido por varios autores‚Äď Esa es la libertad, cuando para huir de la tiran√≠a desata el cinto y desanuda la cabellera ondosa. ¬°La anarqu√≠a! cuando los dioses de los d√©biles ‚Äďla desconfianza y el pavor‚Äď la maldicen, yo caigo de rodillas a su presencia. ¬°Se√Īores! Que la anarqu√≠a con su antorcha de las furias en la mano, nos gu√≠e al Congreso, para que su humo embriague a los facciosos del orden y le sigan por calles y plazas gritando ¬°libertad! Para reanimar el Mar muerto del Congreso estamos aqu√≠ en la alta Monta√Īa de la santa demagogia. ¬°Cuando √©ste haya destruido lo presente y espectros sangrientos hayan venido por nosotros, sobre el campo que haya labrado la guerra se alzar√° la libertad!... Un discurso que bien podr√≠a haberse pronunciado en Catalu√Īa o en Andaluc√≠a ciento veinticinco a√Īos despu√©s. Se habl√≥ entonces de la existencia de dos congresos, uno que representaba el sentir del pueblo, que era la Sociedad Patri√≥tica, y otro que no se atrever√≠a a contravenir los intereses de los poderosos, que era el Constituyente. Es la dicotom√≠a entre dos generaciones, la de los mantuanos que, a lo norteamericano, buscaba la Independencia con √©nfasis en lo econ√≥mico, y la de sus hijos, que, a la francesa, quer√≠an la revoluci√≥n total, y la lograron. Se inici√≥ en ese instante la verdadera carrera pol√≠tica de Sim√≥n Bol√≠var, cuando la noche del 3 de julio contuvo el alma y alz√≥ la voz para expresar la inconveniencia de que existieran dos congresos y afirmar la sumisi√≥n de la Sociedad al Poder Legislativo, que representaba la legitimidad, pero, a la vez, pedir a los diputados que sin m√°s demoras declararan la separaci√≥n de Espa√Īa. Fue entonces, el 3 de julio de 1811, cuando dijo una de sus primeras sentencias memorables y que tambi√©n ha sido recogida por numerosos autores a trav√©s del tiempo: ¬°Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! Trescientos a√Īos de calma ¬Ņno bastan?... El 4 de julio, en la ma√Īana, una delegaci√≥n de la Sociedad present√≥ un escrito a los constituyentes exigiendo la declaraci√≥n de Independencia, y el 5, cuando se produjo, Francisco de Miranda, que era miembro de los dos cuerpos, alent√≥ la celebraci√≥n en las barras y sali√≥ a la calle al frente de una manifestaci√≥n de apoyo a lo que se acababa de producir. Junto con Francisco Espejo se present√≥ en el Palacio Arzobispal a pedirle a Monse√Īor Narciso Coll y Prat que jurara la Independencia. Fueron d√≠as de alegr√≠a, que pronto se agriaron al recibirse noticias de la resistencia que se levantaba en varios puntos del pa√≠s. La Sociedad se iba extendiendo, mediante filiales en diversas ciudades, tales Puerto Cabello, Barcelona y Barinas. Hacia finales de 1811 ya se ve√≠a que la actitud jacobina hab√≠a tomado cuerpo en la Sociedad: El Patriota de Venezuela radicalizaba su posici√≥n, polemizaba abiertamente con la Gaceta de Caracas (√≥rgano del gobierno independiente y que luego se convirti√≥ en realista, con Jos√© Domingo D√≠az a su frente) y trataba de imponer sus ideas acerca del castigo a los cabecillas de la rebeli√≥n de Valencia y en otros asuntos de singular importancia. Luego del terremoto de 1812, la Sociedad Patri√≥tica, como casi todo lo que pudiese llamarse entonces patri√≥tico, entr√≥ en franca desbandada. Sus archivos, pese al intento de Pedro Pell√≠n por preservarlos en una hacienda de Barlovento, no se salvaron de la destrucci√≥n. El tr√≥pico, el de La Vor√°gine, cobraba su inexorable cuota, como ahora lo hace el petr√≥leo.
Casi como un desprendimiento de la Sociedad Patri√≥tica fue el Club de los Sin Camisa, cuyo nombre fue copiado de los Sans Coulottes franceses. El de Caracas empez√≥ a funcionar a fines de 1810, en la casa de su creador, Andr√©s Moreno, y existi√≥, como muchos de los elementos que despu√©s entrar√≠an a la Historia, hasta el terremoto de 1812. Sus integrantes se manifestaban abiertamente jacobinos, y muchos de ellos lo eran tambi√©n de la Sociedad Patri√≥tica. Casi todos terminaron como m√°rtires de la libertad. M√°rtires an√≥nimos en tiempos de vor√°gine. Tiempos de Patria Ni√Īa.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por C√°rcel
La Peque√Īa Torre Amable
La Casa del Saber
De Guip√ļzcoa Viene un Barco Cargado de...
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por Espa√Īa, contra Espa√Īa‚Ķ
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Tr√°gicos
Los ni√Īos felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Ni√Īa reci√©n nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad

 

 
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