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EN LOS DÍAS DE SUCRE
5. Los pasos primeros
El joven Antonio José de Sucre, de apenas dieciocho años, se dedicó en cuerpo y alma a la guerra de reconquista de su nación. Como oriental que era, lo hizo con el grupo de Mariño, que no tenía mucha conciencia de su venezolanidad. Al fin y al cabo la provincia de Cumaná había estado separada de la de Venezuela hasta 1777, de modo que los orientales apenas tendrían treinta y cinco o treinta y seis años de incorporados a la nación que el rey de España había creado en aquella fecha, y ni en lo político ni en lo geográfico se sentían demasiado cerca de los caraqueños. Viajar de Cumaná a Caracas era mucho más complicado que hacerlo de Cumaná a Trinidad, y hasta que a Santo Domingo. Por tierra era poco menos que imposible, y por mar, costeando, se enfrentaban grandes riesgos.
El caraqueño Simón Bolívar, que había perdido la plaza de Puerto Cabello (el corazón de la patria) y a duras penas pudo escapar hacia Curazao, empezaba a ser el Libertador, título que le fue dado por vez primera en Mérida el 23 de mayo de 1813, cuando iniciaba su grandiosa aventura de la Campaña Admirable y le fue ratificado en el templo de San Francisco, en Caracas, poco después de su entrada triunfal que restauraba la república. Es, sin embargo, el tiempo de la guerra innoble, aunque heroica. El éxito de Simón Bolívar se debió en buena parte a que, a diferencia de Francisco de Miranda, no tuvo escrúpulos a la hora de convertirse en caudillo bárbaro para enfrentar a los caudillos bárbaros que defendían los intereses de la España europea frente a los partidarios de la independencia. Poco después de entrar a territorio venezolano desde Cúcuta, Bolívar decretó la terrible “Guerra a muerte”, que era combatir el fuego con fuego, y en aquella primera etapa consiguió su objetivo. Llegó a Caracas, que era el verdadero corazón del país. Bolívar y los patriotas que a partir del 19 de abril de 1810 lograron que el sueño de Miranda pareciera haberse hecho realidad, tres años después lo habían perdido casi todo. Es lo que la historia ha dado en llamar “La Patria Boba", aun cuando sería mucho más acertado llamarla “Patria Niña", pues en muchos sentidos es evidente que se trataba de indefensión y de debilidad lo que mostró aquel primer gobierno venezolano, y no es impropio comparar su advenimiento con un parto, y un parto difícil, además. De otra manera no se podría hablar de España como “Madre Patria". Por muchas razones no lograron conservar el poder. Los realistas supieron apelar a las armas menos nobles, pero más efectivas, del engaño. Al final de la Campaña Admirable parecía que la patria se había recuperado gracias a aquella gesta que llevó a Simón Bolívar y los suyos de Cúcuta a Caracas. Pero en julio de 1814 Bolívar y los suyos tuvieron que abandonar todo lo que habían reconquistado. El caudillo bárbaro José Tomás Boves había proclamado degüello general contra los blancos y estaba a tiro de piedra de Caracas. Se produjo entonces la emigración a Oriente, uno de los capítulos más duros de la guerra de emancipación de Venezuela. Los pocos criollos que no quisieron acompañar a Bolívar y pensaron que podrían escapar de la barbarie de Boves sin huir, como el Conde de la Granja y Juan José Marcano, fueron asesinados sin contemplaciones por las hordas del brutal asturiano por el simple hecho de ser blancos. Tal era la virulencia del odio que inyectó Boves en las almas de los preteridos. La historia de Venezuela ya en esos días terribles empezaba a girar en torno a la figura de Bolívar, y en esos primeros años de combate prácticamente Bolívar y Boves opacan a todos los demás. Bolívar, de acuerdo a la mitología oficial venezolana, es el Sol, el brillo, lo positivo, y su contrafigura es el asturiano José Tomás Boves, el primer gran demagogo de Venezuela, el primero que apeló a los bajos instintos y la ignorancia de los preteridos para hacerlos actuar en contra de su propio porvenir. Por desgracia, no fue el último. Boves logró que la gesta de independencia se viera como una defensa de los intereses de la oligarquía, y puso a los pobres a luchar contra los ricos y a favor del rey, es decir, en contra de ellos mismos. Fue el período de la “guerra de colores”, en la que la república llevó todas las de perder.
Por causa de la religión bolivariana, que pretende que lo que no gira en torno a Simón Bolívar no existe, los venezolanos poco han sabido que, paralelamente a la Campaña Admirable de Bolívar hubo otra campaña igualmente importante, que fue la de Mariño y sus orientales. En ella participó activamente el joven Antonio José de Sucre, aún adolescente. En ella, en 1813, a los dieciocho años, fue ascendido al grado de Teniente Coronel, y en ella dio ya muestras de su gran capacidad para conducir soldados, pues derrotó a uno de los peores monstruos del momento, un tal Antoñanzas, hombre de la misma calaña de Boves y todos los demagogos cultores del resentimiento social. Y también en ella, a pesar de su extrema juventud, se convirtió en el encargado de formar soldados para el combate por la independencia y la libertad, soldados que estaban destinados a unirse a los de Bolívar para que en el espacio de las Provincias Unidas de Venezuela no existieran dos naciones, sino una sola, llamada Venezuela.
Capítulos publicados de EN LOS DÍAS DE SUCRE:
Zaguán de letras. Primera parte
Zaguán de letras, segunda parte
Zaguán de letras, tercera parte
Zaguán de letras, cuarta parte
Zaguán de letras, quinta parte
Zaguán de letras, parte final
1. Los Sucre de Cumaná
2. El niño Sucre
3. Las primeras luces
4. El soldado niño
5. Los pasos primeros
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