En los pueblos de Venezuela, algunos apodos de sus gentes corresponden a las características físicas del personaje, vale a decir: a un conocido jugador de béisbol, Henry Blanco lo llaman “cara de mango” y en efecto, la fotografía de su bien delineada faz, parece un mango presentado artísticamente de costado; uno de mis amigos de Los Teques, Luis Castro, siempre lo han llamado “la foca” y realmente su aspecto físico es exactamente igual al de este simpático mamífero, con él no hay para donde correr, al verlo sentimos el aliento helado del ártico, en una actitud de no aplaudir a nadie, con sus pequeñas manos, a modo de improvisadas aletas grises. Pero, la regla inmutable del sobrenombre es que mientras más se calienta el apodado, más se le remacha su apodo, de manera que nunca pueda librarse de él. Ahora bien, con Chipororo no había un símil, algo a lo que él se pareciera, en rigor nadie supo en Yaracuy el origen de este sobrenombre ni cual era su verdadero nombre, si me es consentido avanzar una hipótesis, yo diría que en razón de ser un hombre encorvado, aún no siendo un jorobado, exhibía un respetable lomo, voluminoso y protuberante a simple vista, capaz de justificar este insólito remoquete...
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