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UNA SEMBLANZA DE VICENTE GERBASI (1913-1992) - (La poesía de la memoria y la realidad maravillosa)

22.11.10 | por Alejo Urdaneta [mail] | Categorías: Poesía, Extractos, Libros, Literatura, Escritores, Ensayo

A la par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia, sobre todo el surrealismo, ejercieron gran influencia en la creación del poeta venezolano Vicente Gerbasi. También la llamada Generación del 27 española dejo en él inclinación muy significativa: la tendencia al equilibrio, a la síntesis entre polos opuestos, entre lo intelectual y lo sentimental, la emoción refrenada por el intelecto. Prefieren inteligencia, sentimiento y sensibilidad antes que intelectualismo, sentimentalismo y sensiblería.
Dicha generación de poetas españoles estuvo representada en un pequeño grupo: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. A tal influencia se juntó la de otros poetas, como los chilenos Vicente Huidobro y Pablo Neruda.
Intentan encontrar la belleza a través de la imagen, eliminar del poema lo que no es belleza y, así, alcanzar la poesía pura. Quieren representar la realidad sin describirla, eliminando todo aquello que no es poesía.

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Eduardo Casanova, su amigo y compañero de lides, nos ha presentado al poeta: “Vicente Gerbasi, el poeta mayor de Venezuela, nació en 1913 en territorio de nubes, en la bucólica aldea de Canoabo en las montañas de Carabobo. Su padre (el inmigrante) cruzó tres veces el Atlántico, una para dejar su nativo Vibonati, en el sur de Italia, y dos (ida y vuelta) para casarse y traer a su joven esposa a Canoabo.” Un lugar montañoso de la provincia venezolana, "ése pueblo rodeado de montañas, de cacaotales, de cafetales, de camburales, donde viven las serpientes, donde viven leones y dantas, animales maravillosos".
Se fija el paisaje que será un destino para la poesía de Gerbasi.

Sus padres fueron Juan Bautista Gerbasi Vita y Ana María Federico Pifano, oriundos de Vibonati, aldea de viñas, al piedemonte del Apenino Italiano, frente al Golfo de Policastro que dibuja el Mar Tirreno. El paisaje de su niñez.
El encuentro con el trópico le produce el choque de dos espacios: el uno, marino, de azules tranquilos, y el otro tormentoso y cargado de misterio; y la mezcla de los formas de hablar y sentir. Ya el poeta es de esta tierra ardida por el sol y levantada siempre en vivaces sueños.

AQUÍ HE LLEGADO

Aquí he llegado
para imponerme el conocimiento de la eternidad,
para ver rodar mi cabeza
tiempo abajo,
arena abajo,
alucinación abajo,
hacia el metálico redoble de los truenos
que confunden las montañas
en negros ámbitos azules.

Se detuvieron aquí las tribus,
se detuvieron aquí los profetas,
se detuvieron aquí los santos.

Venían las mujeres
y los niños.
Vestían pieles
de animales de los montes,
rudimentarios paños
a franjas de colores,
todos iluminados.
en fuegos rituales.

Quisiera dejar un canto
para la eternidad,
enterrado en una vasija de barro,
un canto junto a mis huesos,
un salmo
para oír a Dios
en la música de un arpa,
para verlo en un fuego de nubes
sobre los pueblos siempre nuevos
edificando con la arena del desierto,
y para ver el desierto
que lleva su silencio
del día a la noche
como continuación del firmamento.

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LA NOCHE Y EL SUEÑO

Bajo el influjo de poetas alemanes como Novalis, y de franceses como Gérard de Nerval, Vicente Gerbasi expone lúcidamente una teoría sobre la noche y el sueño (“Bosque doliente”).
El llamado "Idealismo mágico" novaliano se basa en la analogía que existe entre el alma individual y el cuerpo humano, por una parte, y la que se da entre el alma del Universo y éste. Del mismo modo que el alma del hombre gobierna su cuerpo, el alma del Universo lo gobierna: Llevamos el Universo dentro de nosotros. El proyecto que tenemos del mundo coincide con el que tenemos de nosotros mismos. La misión del poeta es imponer la idea, el espíritu sobre la materia, convertir lo involuntario en voluntario, espiritualizar el cosmos, moralizar la Naturaleza.
Gerbasi estuvo dentro del ámbito moderno del Romanticismo metafísico y onírico, y dentro de de la estética surrealista. Citamos a Novalis: “La naturaleza es una varilla mágica petrificada”: Quería decir que su vida había entrado en los dominios del encantamiento, y el universo está en el entorno y también dentro del espíritu, con todas sus maravillas.
El poeta venezolano nos introduce en el mundo metafísico del idealismo mágico:

ELEVACIÓN DEL SER
Quieren olvidar que Dios resplandece a través del arcoíris;
que la brisa, en las calles tumultuosas,
es un recuerdo de las flautas escondidas en los bosques.
Quieren olvidar que en mí los días se mueven en el canto de las aves.
Que en las noches yo enciendo una alta fuente luminosa
para llenar de colores mi fabulosa ciudad dormida.
Se atan a la rueda de hierro que, sorda, da vueltas en el viento,
haciendo caer el filo frío de un hacha
sobre las venas de las maravillas.
Han hecho sangrar el mundo,
entre los árboles, bajo las estrellas,
en el canto de los más humildes labradores.
Me han hecho sangrar en la despedida del día,
cuando vagando en un río profundo de rumores,
ayudo a encender la múltiple mirada de los cielos.
No se han acercado nunca a las ventanillas
que dan a los niños y a las arpas.

Van corriendo, despavoridos; en el tiempo,
cola de un cometa
que pretenden inventar con la angustia de su miedo,
y no saben que el aerolito es una rosa desprendida
de un alto jardín esplendoroso.
Quieren olvidar que todo esto es una pequeña fruta
prendida a la luz de un infinito árbol de milagros,
y que yo, desde el silencio, oigo silbar el viento en las estrellas.

(Vicente Gerbasi: Bosque doliente)

La noche visita gran parte de la poesía de Vicente Gerbasi. Es como si los Himnos de Novalis entonaran sus cantos de silencio y sortilegio. Amada noche.
Así canta el poeta germano en su Himno:
“Tienes alguna complacencia para con nosotros,
¡Oh sombría noche!
Tú levantas las alas abatidas del alma.
Nos sentimos arrebatados por algo oscuro e inefable.
Con un terror jubiloso veo inclinarse sobre mí un rostro grave, dulce y sereno,
que bajo la cabellera ensortijada
de la madre
lleva el encanto de la juventud. ¡Qué pobre e infantil me parece la luz!
¡Qué feliz y bendita la partida del día”

(Novalis: Himnos a la noche)

Gerbasi regresa a la luz del día después de abandonar las iluminaciones nocturnas:

AMANECER

Siento llegar el día como un rumor de animales,
a la orilla del pantano, de la fiebre, del junco,
más allá, entre las colinas de viento oscuro,
donde la luz se levanta con desgarradas banderas,
como resplandor lejano de una montaña de cuarzo.
He aquí la sombra en torno a mi existencia, el búho,
el río que arrastra oro, la serpiente de coral,
el esqueleto del explorador, el fango de mis pies.
La noche ha quemado el maíz, ha apagado los metales,
ha dado reposo a la adormidera, ha refrescado la sangre,
ha libertado los reflejos azules de la selva, de la hoja.
Una resonancia, una resonancia oscura es mi corazón:
eco en el abismo, piedra que rueda por el monte,
brillo en la puerta de la cueva, fosforescencia del hueso.
En la infancia, al pie del arcoíris o del relámpago,
junto al cabrito que saltaba en torno a la madre,
jugaba con un pequeño tigre de cálida voz ronca,
de suave pelambre estrellada, como un signo del zodíaco,
de rabia lenta y tensa, como el despertar de la furia.
Ahora siento en el aire límpido del bambú y el helecho,
surgir las formas de las doncellas, bajo la fronda,
en la selva de árboles aromáticos, coronadas de orquídeas
descendiendo al río, a la cascada de transparente curva,
que resuena en sus diamantes como una leyenda.
Formas de la gracia, sus perfiles abandonan sus melenas
a la brisa; formas de la vida y de la muerte,
sus senos tiemblan en las penumbras de los juncos;
formas del oscuro delirio, sus muslos se suavizan
como una fruta partida; formas del tiempo humano,
sus pies hacen temblar las flores silvestres.
Como el venado tras de su compañera en la colina,
persigo a una joven diosa desnuda, bajo el sol.
Viene el olor agrio de los árboles destrozados
por la ira de la noche; viene el olor de la sangre,
del animal devorado, el olor de los minerales,
el olor del río entre las raíces y las flexibles lianas.
El día derrama su transparente maravilla, como un vuelo,
como el color innumerable, como la crisálida
de herméticos destellos, como el insecto plateado,
como el hechizo en las formas relucientes,
como el vuelo de mariposas que salen de una gruta incendiada
y comienzan a temblar en el ardiente cristal.
Acerco mis labios al claro manantial de íntima música,
junto a la sardina y a la piedra limpia y pulida como una joya;
mientras la nube pasa y el ave sale de su nido,
y la serpiente muestra su lengua maldita, y se enrosca,
y espera o avanza por la espalda sudorosa del día.
Me hundo en las palpitaciones reverberantes, en las ondas,
en el temblor divino, donde se abre la rosa de montaña,
en los brillos fugaces, en la imagen insondable de Dios,
que ha creado los cielos y la tierra, con esta geografía de fuego,
y ha dado a mi corazón la forma del día y de la noche,
mientras oigo correr los animales, persiguiéndose, amándose,
devorándose, ensangrentando las yerbas, las flores y las peñas.
Soy el día, y el viento levanta sus ramajes en mi alma.

(Poemas de la noche y de la tierra)

Atrás quedó la noche contemplativa, la que el poeta siente como refugio. Los seres enigmáticos y taciturnos ocultos en la ceniza de su cotidianidad se le enfrentan, la tierra muestra sus rojas heridas, sus recintos de barro:
“Desde una puerta oscura que guarda la pobreza,
me dice: Cuídate de la muerte en estos campos de la soledad”

(Mi tierra: Poemas de la noche y de la tierra)

POESÍA DE LA MEMORIA
EN LA INFANCIA

Sólo con este poema que incluiré en el recorrido por la obra de Vicente Gerbasi, puede advertirse su afianzada sensibilidad hacia la etapa de la infancia.

TE AMO, INFANCIA

Te amo, infancia, te amo,
porque aún me guardas un césped con cabras,
tardes con cielos de cometas
y racimos de frutos en los pasados ramajes.

Te amo, infancia, te amo
porque me regalas la lluvia
que hace crecer los riachuelos de mi aldea,
porque le diste a mis ojos un arcoíris sobre las colinas.

¿Aún existen los naranjos
que plantó mi padre en el patio de la casa,
el horno donde mi madre hacía el pan
y doradas roscas con azúcar y canela?

¿Recuerdas nuestro perro que jugando
me mordía las piernas y las manos?
Nacían puntos de sangre, un pequeño dolor,
pero todo pasaba pronto con el sabor de las guayabas,

Te amo, infancia, te amo
porque eras pobre como un juguete campesino,
porque traías los Reyes Magos por la ventana.

Un día llevaste a la puerta de mi casa
un hombre de barba que hacía bailar un oso a golpes de
tambor,
y otro día le dijiste a mi padre que me regalara un asno
negro.

¿Recuerdas que tú y yo lo bañábamos en el río?
¿Recuerdas que había una penumbra de bambú y helecho?

Te amo, infancia, te amo
porque me ponías triste cuando estaba enfermo,
cuando mi madre me hablaba de su tierra lejana.

¿Recuerdas? Una vez me mostraste un eclipse a las diez de
la mañana
y las aves volvieron a dormir.

¿Existe aún aquel niño sin parientes
que un día bajó de la montaña
y me pidió el pan que yo comía en la plaza de la aldea?

Te amo, infancia, te amo
porque me regalaste mi aldea con su torre,
y sus días de fiesta con toros y jinetes y cintas
y globos de papel y guitarras campesinas
que encendían las primeras estrellas más allá de los árboles.

Te amo, infancia, te amo
porque te recuerdo a cada instante,
en el comienzo del día y en la caída de la noche,
en el sabor del pan,
en el juego de mis hijos,
en las horas duras de mis pasos,
en la lejanía de mi madre
que está hecha a tu imagen y semejanza
en la proximidad de mis huesos.

LA TIERRA DESCONOCIDA

Sus poemas destacados.

EL POEMA: “Mi padre el inmigrante”

La tierra americana, Venezuela en particular, es el misterio que busca develar el poeta. El caos está en la intrincada selva, lo mismo que en la vida de las ciudades, y llega a los páramos de altas montañas y a los llanos. Regiones despobladas que hierven de exuberancia con su realismo maravilloso. Ese espacio define el color de la poesía de Vicente Gerbasi, melancólico como las nostalgias de su país de origen, conjugada con la lujuriosa geografía y la magia de la noche americana.
No fue Gerbasi un poeta nativista que retrata la realidad desde la cercanía del ambiente y la tierra. El poeta está situado entre el sueño y la atenta vigilia. Dos mundos contrapuestos en la experiencia de hoy y todo lo que traído desde su lejana tierra paterna.
La plenitud poética de Gerbasi aparece en dos instancias significativas. En su poema Mi padre el inmigrante (1945) y en el volumen Los espacios cálidos (1952). En ellos se encuentra la esencia de lo hecho por Gerbasi.
Se percibe en la obra de Gerbasi su espacio americano y el uso poético de la luz. Pero el tema recurrente de su poesía es la noche, —”el hombre es la noche que lo sigue”— los ensueños, la muerte —”venimos de la noche y hacia la noche vamos”— elemento presente en casi toda su obra. Otro gran poema, es Mi tierra, de su libro Poemas de la noche y de la tierra.
Mi padre el inmigrante y el poemario Los espacios cálidos nunca se salen del universo esencial de Gerbasi, de su mundo imaginativo, el trópico. Por ello escribe que Los espacios cálidos “me detienen en el fondo del día”, son su ‘espacio secreto’, como lo llama en otro poema; siempre su luz que “vuelve con fascinaciones” hasta él. Ese lugar es el que le da una razón de ser.
Y llegamos a su poema ejemplar: Mi padre el inmigrante, elegía que se canta desde la tierra descubierta y va hasta la infancia vivida en el paisaje de su niñez.
Don Juan Bautista Gerbasi había regresado a Vibonati, su pueblo natal, y a la vuelta a Venezuela venía acompañado por su esposa Ana María Federico Pifano. Aquí se estableció la familia, en Canoabo, una agreste comarca del Estado Carabobo, en Venezuela.
Vicente fue el hijo mayor, estudió primaria en su pueblo, en donde empezó su interés por las letras. A los diez años fue enviado a Florencia, a terminar su primaria y estudiar bachillerato. En su permanencia italiana se adueñó de la memoria del paraíso evocado por su padre, rodeado de las siembras de trigo, cerca de los pescadores y los olivos que perfuman las colinas. Un mundo europeo que contrasta con la aldea tropical. Al volver a Venezuela ya su padre ha muerto, pero le ha dejado las voces de la evocación que se hacen canto elegíaco, en la búsqueda de su presencia en los dos continentes, vibración de poesía y de nostalgia.

MI PADRE EL INMIGRANTE

(FRAGMENTOS)

En este poema, Vicente Gerbasi canta a su padre el inmigrante. El poeta alumbra con
imágenes las añoranzas que surgen de la evocación de la tierra de origen, Italia, y hace presente a su padre, quien fuera inmigrante, al igual que su ancestro, como mucha otra gente en Venezuela.

Aquí tres de los cantos de su obra

Mi padre el inmigrante.
Canto I

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días, con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.
El tiempo que levanta y desgasta columnas,
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, entre luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales.
Canto V
A veces caigo en mí, como viniendo de ti,
y me recojo en una tristeza inmóvil,
como una bandera que ha olvidado el viento.
Por mis sentidos pasan ángeles del crepúsculo
y lentos me aprisionan los círculos nocturnos.
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Escucha. Yo te llamo desde un reloj de piedra,
donde caen las sombras, donde el silencio cae.
Canto X
¿Qué fuego de tiniebla, qué círculo de trueno,
cayó sobre tu frente cuando viste esta tierra?
Pasaron costas negras, arbustos inflamados,
barcas con piña, coco, bananas, chirimoyas,
sobre un mar tenebroso con medusas y anémonas.
Y pararon caminos, zamuros, caseríos,
y un niño sin parientes pasar por la llanura,
y un vaquero llamando la sombra del ganado.
Una puerta caliente se abrió para tu vida.
Te llamaron las aguas con sus lenguas oscuras,
los pájaros con gritos, y animales dolientes
que lloran largamente en el alto follaje.
Y llegaste a la puerta de la casa del brujo,
de cuyo techo cuelgan gruesas hojas moradas,
semillas venenosas, corazones de pájaros.
Y viste la melaza correr en los trapiches.
Y el toro que en la tarde avanza hacia la muerte,
atado a dos caballos,
Y viste la serpiente de agua retorcida,
que en la penumbra ahoga a la vaca sedienta.
Y anduviste de noche entre las mariposas
de luto, que visitan los ranchos tenebrosos,
donde habita la fiebre de labios amarillos.
Y viste danzar llamas, las llamas del Tirano,
seguido por el canto del aguaitacamino,
que avanza, misterioso, junto al paso del hombre.
Y dormiste entre hormigas, arañas y escorpiones.
Y grandes flores lilas, con brillos siderales,
se abrieron en tu sueño de encendidos diamantes.

El caminante sobre el mar de nubes (1818). Caspar David Friedrich

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El poema Mi padre el inmigrante entrelaza caracteres e impresiones de las dos patrias del poeta Vicente Gerbasi. Es su creación más completa y extendida en el mundo, un acto confesional para saldar deudas del afecto y la memoria. En él busca Gerbasi su realidad interior y reconoce la exterior que es su ethos existencial del momento: “Yo estoy buscando la respuesta de mi sangre”, ha escrito.
La noche es el fenómeno anímico presente en el poema, como centro de gravedad de los treinta cantos que lo componen: “Venimos de la noche y hacia la noche vamos”, estrofa que da inicio y fin al Canto elegíaco. Con este tema se propone una reflexión sobre el misterio de la vida y la muerte, el azar de la existencia y el designio del destino.
Es al comienzo la patria de origen, en la que ha quedado “la tierra envuelta en sus vapores”, lar de la almendra y el leopardo; y quedan los paisajes y las sombras. El pueblo italiano de Vibonati, aldea de viñas, está envuelto en brumas, y no muy lejos “el tiempo levanta columnas y murmura en las olas milenarias del mar”. Dentro y fuera de la noche quedan los poblados dolientes, la incertidumbre del crepúsculo donde también hay luz en las tinieblas.
Aunque el poema nos pinte realidades exteriores de sus mundos, lo que canta la elegía y la resalta es la vida interior, los actos cotidianos y el latido de la sangre en la evocación de la comarca lejana.
Llama el poeta a su padre; le tiende la mano desde un reloj de piedra, recogido en la tristeza “como una bandera que ha olvidado el viento”. Y caen las sombras, el silencio cae.
Ante el hallazgo americano que hace su padre, el poeta dibuja el paisaje contrastando negrura y colores chillones, frutos exóticos con jugos que alarman el gusto: piñas, cocos, bananas, chirimoyas. Y el mar es tenebroso, refugio de la medusa y la anémona. El misterio se descubre en las aves de carroña, en las aguas pestilentes de pozos escondidos. Una rica descripción de un mundo cavernoso, donde habita la alimaña en ranchos de penumbra. Ni siquiera los colores sostienen su precisa identificación: la luz los modifica y desvaloriza; la ponzoña se oculta en la maleza, el chasquido de la muerte resuena en la inmensa noche.
Todo es un sueño, como en la isla de Próspero, rutilante de centellas. Pero aun así, el padre inmigrante tiene un sueño de encendidos diamantes, con grandes flores lilas y brillos siderales.

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El padre es el núcleo central del poema. Como signo exterior de la trama, es él quien sirve de enlace de una gama tan extensa y variada de contenidos desarrollados en los treinta cantos. Es, además, un elemento poético donde se conjugan el sueño y la vigilia, lo real y lo ideal, el pasado y el futuro. En este último sentido, origen de quien canta, y que representa la meta de quien se busca a sí mismo; y es futuro en cuanto anticipa lo que será el poeta en su nueva morada.

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Bachelard, Gaston: La flamme d’ une chandelle. Presses Universitaires de France. París, 1961.

Battistessa, Ángel J. El poeta en su poema. Ed. Nova, 1965. Madrid.

Beguin, Albert: El alma romántica y el sueño: Ensayo sobre el romanticismo alemán y la poesía francesa. F.C.E. 1954.

Biblioteca Ayacucho: Vicente Gerbasi: Obra poética. Selección y prólogo: Francisco Pérez Perdomo. Número 122, año 1990.

Casanova, Eduardo: En Literanova: Vicente Gerbasi. 28-12-1992.

Cuenca, Humberto
Biografía del paisaje (El paisaje en la poesía venezolana).Caracas. Tipografía La Nación, 1954.
(Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos; núm. 84).

Escalona Escalona, José Antonio
Angulo (Notas sobre crítica y poesía). Caracas. Ministerio de Educación, Dirección de Cultura y bellas Artes 1954.
Contenido: Mi padre el inmigrante, de Vicente Gerbasi.

Guerrero, Luis Beltrán
Palos de ciego, Ensayos de crítica e historia literaria / Prólogo de José Nucete Sardi. Caracas. Editorial Cecilio Acosta, 1944.
Contenido: Vicente Gerbasi y su actitud ante la crítica.

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Examen de la Poesía venezolana contemporánea. Caracas. Ministerio de Educación Nacional. Dirección de Cultura y Bellas Artes, 1956.
(Colección Letras Venezolanas; N° 4). Contenido: El Grupo Viernes.

Miliani, Domingo y Oscar Sambrano Urdaneta
Literatura hispanoamericana. Caracas. Italgráfica, 1976.
2 vols.
Contenido: Vicente Gerbasi.

Olivares Figueroa, Rafael
Nuevos poetas venezolanos (Notas críticas). Caracas. Editorial Elite 1939.
180 p. (Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos; núm. 19).
Contenido: Tras la huella conmovida de Vicente Gerbasi.

Padrón, Julián
Obras completas / prólogo de Mariano Picón Salas. Madrid-México. Aguilar S. A. de Ediciones, 1957.
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Contenido: La poesía de Vicente Gerbasi.

Sambrano Urdaneta, Oscar
Ideario Poético de Vicente Gerbasi, Caracas 1986
Vicente Gerbasi y la Modernidad poética. Valencia. Editora Central, 1974.
(Universidad de Carabobo, Dirección de Cultura. Separata).

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El hombre y la palabra / Prólogo de Antonio Márquez Salas. Los Teques. Gobernación del Estado Miranda, 1977
(Biblioteca Popular Mirandina).
Contenido: Antología de Vicente Gerbasi.

Stolk, Gloria
37 apuntes de Crítica venezolana. Caracas-Madrid. Ediciones Edime, s. f.
(Colección autores venezolanos).

Sucre, José Francisco
Búsqueda y símbolo. Caracas. Ministerio de Educación, 1967.
(Colección Vigilia; núm. 12).
Contenido: La poesía de Vicente Gerbasi.

Venegas Filardo, Pascual
Estudios sobre poetas venezolanos. (Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos; núm. 28).
Contenido: Armonía y transparencia en la voz lírica de Vicente Gerbasi.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
 
 
 

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4 comentarios

Comentario De: eddcas [Miembro]  

Muchísimas gracias, Alejo, por este texto sobre Vicente Gerbasi. Como todos tus trabajos es breve, grato, directo y bien orientado. Te felicito y me alegro mucho de haber podido difundirlo en "Literanova".

22.11.10 @ 07:45
Comentario De: eddcas [Miembro]  

Por cierto, Alejo. Un gran acierto tuyo que hayas ilustrado tu trabajo con el cuadro del pintor alemán Caspar David Friedrich "El caminante sobre el mar de nubes"(1818. No sólo por lo apropiado, sino porque me recuerda la estupenda anécdota que el propio Vicente contaba y disfrutaba mucho: cuando alguien propuso que a Vicente, que tenía fama de distraído, lo nombraran "Jefe Civil de las nubes", y Andrés Eloy Blanco hizo una importante corrección, según la cual deberían designarlo "Jefe Civil de UNA nube"...

22.11.10 @ 07:51
Comentario De: María Magdalena [Visitante]

Gracias Alejo ¡qué poeta!

22.11.10 @ 11:59
Comentario De: carmen castellano [Visitante]

Buenas ES UN PLACER ESCRIBIRLES Mipadre el inmigrante en el canto I me parecio fabuloso que se toma en cuenta el padre un niño y un leopardo Pero me gustaria saber dos preguntas 1.cual es la moraleja del poema 2.en que consiste el trama del poema GRACIAS ESPERO PRONTA RESPUESTA DIOS LO BENDIGA POR POR MI PADRE EL INMIGRANTE TIENE MUCHAS COSAS DE LA VIDA REAL

12.03.14 @ 06:30

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