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Zaguán de letras, parte final

16.10.11 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Extractos, Libros, Literatura, Ensayo, Capítulo, Historia


EN LOS DÍAS DE SUCRE

Zaguán de letras, parte final

5. En los Días de Sucre.

Al llamar este libro En los Días de Sucre he querido, por una parte, conservar el estro que me impulsó a escribir mi novela La noche de Abel. En aquel título la noche era la muerte, en recuerdo de la poesía de Vicente Gerbasi, que empieza Mi padre el inmigrante con un verso lleno de significados: Venimos de la noche y hacia la noche vamos, en donde la noche es la muerte y la vida, es el comienzo y es el final, es el origen y el destino. Estos días de Sucre no son otra cosa que su vida, su tránsito entre la noche y la noche de Gerbasi, la no-vida y la muerte, el misterio de lo que está antes y lo que está después. Esos días de Sucre estuvieron llenos de luz, de una luz que más nunca se ha visto en nuestro mundo. La luz que despedía el rostro del Gran Mariscal, y que se apagó en Berruecos, cuando sus ojos quedaron clavados en el barro. En la noche. Pero, además, he querido también mantener la línea planteada en mi libro En los días de Bolívar, es decir, no limitarme a la biografía del personaje, sino ofrecer, junto con una interpretación de sus ideas, una panorámica de su tiempo y de todos los condicionantes de su vida, enfatizando que no se trata de la vida de un dios, sino la de un hombre, un ser humano como cualquiera de nosotros, que cometió errores como cualquiera de nosotros, y peor aún, que a pesar de su grandeza, fracasó. En realidad, de Sucre puede decirse prácticamente lo mismo que de Bolívar: triunfó en donde, aun cuando no era fácil, era casi inevitable triunfar, pero fracasó en donde era indispensable triunfar. Logró, con su esfuerzo bélico, echar al poder español de nuestra América, pero eso se iba a dar con Bolívar y Sucre o sin Bolívar y Sucre, era un imperativo histórico, y de no conseguirlo Bolívar, Sucre y los demás Libertadores, lo habrían hecho José Pérez y Juan García una o dos generaciones después, y para desgracia de ellos, con la ayuda interesada y egoísta de los Estados Unidos, que habrían pasado una factura terrible, como lo hicieron con Puerto Rico y con Cuba. Creo que debemos hacer un serio esfuerzo por empezar a tratar a Sucre y a Bolívar como personajes históricos y, por lo tanto, del pasado. Admirables, sí, pero ya ampliamente superados por la realidad y por el tiempo. Sus ideas, hoy, no tienen en realidad otro valor que el de simples ejemplos sin mucha utilidad práctica y simples recuerdos. Es obvio que tanto Bolívar como Sucre hubiesen querido dejar a las generaciones posteriores un gran país, un país dominante, y no muchos pequeños países dominados, que fue lo que dejaron a su paso. Ese fue su fracaso, tanto el de Bolívar como el de Sucre. Un fracaso que aún estamos pagando y que seguiremos pagando mientras no se entienda que no es atribuyendo a los demás, al imperialismo, a los Estados Unidos, las culpas de nuestros fracasos, ni mediante la religión bolivariana o sucriana, sino por medio de la realidad económica y del trabajo, como se puede corregir la realidad torcida. Non auro, sed ferro, recuperanda est patria, dijo Furio Camilo en uno de los momentos más brillantes de la antigua Roma. Ese hierro no es sólo el mineral, sino el espíritu de los pueblos, el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, cuyas bases fueron puestas por dos grandes majaderos: Bolívar y Sucre, que nacieron y actuaron antes de tiempo y murieron demasiado jóvenes y demasiado tristes. Y a pesar de sus fracasos, entraron a la Historia por la puerta grande.

Capítulos publicados de EN LOS DÍAS DE SUCRE:
Zaguán de letras. Primera parte
Zaguán de letras, segunda parte
Zaguán de letras, tercera parte
Zaguán de letras, cuarta parte
Zaguán de letras, quinta parte
Zaguán de letras, parte final

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