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En julio, el 15, se va a estrenar “Pancho Maravilla o el Quijote Cuerdo”, o, simplemente, “El Quijote cuerdo”, ópera cuyo libreto es mío con música de un joven y talentoso venezolano, César Augusto Millán, dirección musical de Víctor Mata, dirección escénica de José Tomás Angola y actuación de dos de los mejores barítonos de nuestro tiempo: Gaspar Colón y Cayito Aponte, acompañados por la Orquesta de la Ópera y el Coro de la Sociedad de Padres del Colegio Emil Friedman, donde está concentrada la mayor parte del talento musical de la Venezuela de hoy.
Hacía tiempo que no se estrenaba una ópera venezolana, no por falta de talentos nuestros, sino por una política cultural absolutamente errada, que lejos de premiar lo positivo se centra en lo ideológico, que suele ser todo lo contrario de lo positivo. Desde luego, en este caso todo se ha apoyado en los esfuerzos de unos pocos visionarios que decidieron salir al ruedo sin el más mínimo apoyo oficial y lo lograron, lo que es en sí un mensaje optimista.
En realidad todo empezó hace muchos años, a fines de junio de 1966, cuando un golpe militar tumbó al Presidente argentino, Arturo Umberto Illía y, en aplicación de la Doctrina Betancourt, Venezuela cerró su embajada en Argentina. Yo era Segundo Secretario allá y el Canciller, Ignacio Iribarren Borges dispuso que no regresara a Caracas, sino que me quedara como Cónsul de Segunda Clase en el Consulado General de Venezuela en Buenos Aires. Pero el Cónsul General, que tenía toda clase de negocios (o negociados, como dirían los argentinos) se negó a aceptarme. Recibí instrucciones de quedarme en la antigua Embajada, con el debido permiso del embajador suizo, que representaba los intereses de Venezuela. Así se hizo: se reorganizaron el archivo y la biblioteca, se jugó solitario, se oyó música, se cantó en silencio y se empezaron un par de novelas, hasta que con mucha disciplina me dediqué a leer el Archivo de Francisco de Miranda en 55 tomos, tarea que completé a fines de febrero de 1967. Cuando terminé de leer aquel bello monumento, había fichado todo lo posible, tal como me enseñaron a hacerlo en Primer Año de Letras, en la Universidad Central de Venezuela. Luego de mi jubilación, que fue en 1994, treinta años después de mi ingreso al MRE, escribí tres obras: “En los días de Miranda”, ensayo biográfico, “La fuga final de Pancho Maravilla”, novela, y “Pancho Maravilla o El Quijote Cuerdo”, que inicialmente fue un drama lírico-cómico, y que en el año 2000, fue premiada por la Gobernación de Miranda con motivo de los 250 años del nacimiento del personaje histórico. En 2008, cuando se preparaba el estreno del drama lírico-cómico, José Tomás Angola, uno de los más competentes y dedicados hombres de teatro del país, y yo, decidimos darle un nuevo giro y convertirlo en ópera. Allí fue cuando apareció el músico Víctor Mata, joven y enérgico hombre del medio que, a su vez, recomendó a un joven y talentoso compositor, César Augusto Guillén, que ya había estrenado una ópera. Nos reunimos los cuatro, y gracias a esa reunión, nació, en su forma definitiva, “Pancho Maravilla o El Quijote cuerdo”. Luego Angola y Mata buscaron las mejores posibilidades y encontraron las voces de Colón y Aponte, así como la Orquesta de la Ópera y el Coro de la Sociedad de Padres del Colegio Emil Friedman, que es lo mejor del país en materia musical, y empezaron a ensayar, a prepararlo todo para que el público disfrute de todo lo que musical y teatralmente ofrece este trabajo. Es un notabilísimo esfuerzo venezolano en un tiempo en el que hay que ser verdaderamente valiente para asumir un reto como el que va a ser visto y oído el 15, el 16 y el 17 de julio en el Auditorio del Colegio Emil Friedman, en Los Campitos, en Caracas.
Gracias, Alberto. En efecto, se a a presentar la ópera próximamente en Maracay y en Valencia, y posiblemente en Puerto Cabello. En cuanto sepa las fechas te lo haré saber. Un abrazo.
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