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Restos de filosofia, 4: Sueños y “religiones”

11.01.12 | por Gonzalo Palacios G. [mail] | Categorías: Ideas, Filosofía, Gonzalo Palacios G.

Digo “Restos” como pudiera decir “Sobras;” y me refiero a la noble actividad “Filosofía,” porque la sabiduría se obtiene pensando y discutiendo.

Amigo lector, estoy de regreso! Dormí un buen rato. Y descansé; lo digo porque muchas veces mis sueños no me permiten hacerlo. Nos pasa a todos; despertamos más cansados que antes de dormir. Sudando, aunque sin fiebre. O más “estresados:” ¿Habrase inventado vocablo más desagradable en el último lustro? Es triste ver que cada vez con mayor frecuencia, incorporamos palabras como esa, a medida que ocurre la “globalización” cultural de nuestros pueblos. Además de esas dos, mi lista de palabras chocantes incluye estas tres: “dictraidor”, que inventé para definir a Hugo Chávez; “religión”, cuando se refiere a las creencias supersticiosas de aproximadamente 7 mil millones de seres humanos; y finalmente, “¡victoria!”, cuando se usa como sinónimo de final de una guerra. Estas y muchas otras son palabras despreciables y chocantes por el contenido de mendacidad que le han asignado millones de personas, sepan o no leer y escribir.

A nivel mundial, tal flojera intelectual (el sueño de la razón) produce protestas, revoluciones y hasta guerras en los pueblos del mundo. A nivel de individuo, ya sea ciudadano, súbdito o simplemente residente de una nación, la flojera intelectual produce “monstruos” como los dibujados por Francisco Goya. Siglo y medio más tarde, “Construcción suave con habas cocidas, Presentimiento de guerra civil (1936) de Salvador Dalí y “Guernica” (1937) de Pablo Picasso, confirman que los sueños de la razón y sus soñadores trascienden el tiempo y espacio. No se si tú, amigo lector, pero yo he soñado con monstruos y desastres sociales similares a las imágenes de Goya.

Está claro: dormido o despierto; si mi razón sueña, puede producir monstruos. Lo se. Completamente despierto los he conocido, monstruos,
productos de los sueños de sus razones. Hombres que
sacrifican su naturaleza humana – su inteligencia y libre
voluntad – en aras de una naturaleza meramente animal:
“Una mañana mientras se despertaba después de
inquietantes sueños, Gregor Samsa descubrió que había sido transformado en su cama, en un gigantesco y asqueroso insecto.
… ¿Qué me ha pasado? Pensó. No era un sueño.”
Franz Kafka, principio de La Metamorfosis.

Quienes adormecen su razón se arriesgan a producir monstruos y
transformarse en uno. Pero como dijera anteriormente (RESTOS DE FILOSOFIA 1,”Sueños.), en mi caso, estando yo dormido, mis sueños han aniquilado los horrores de la vida soñada.

Y así es que te digo: ¡Estoy fresquecito! Descansé. Es cierto que mi razón soñó, pero para revelar algo de lo que soy. Y esa pequeñísima revelación me obliga al picoteo verbal nuevamente. Más que de mi ser, de lo que significa mi ser. En este sueño se me revelaron eventos que habrían tomado lugar inmediatamente antes y después de haber nacido. No se a quién, le mostraba la casa vecina a la de mis padres. Era del médico que asistió al parto. Un día típico de Maracay; esplendoroso, de sol y sin nubes. Caluroso, aunque en mi sueño no lo sentía. Ni me veía. Solamente se que estaba más allá de contento y alegre. Mi razón, despierta o dormida, no me reveló lo que soy. Ese sueño reveló qué significado tiene mi vida, soñada o no. Aparentemente, desde el día que nací. No soy más que un observador de la Obra que el Amor produce. Constantemente. Mi vida significa; es señal de la Creación del Amor. Observarla es mi la razón de mi razón. Mi razón de ser.

La existencia de mi ser, mi vida, consiste en familiarizarme con la Creación y reconocer en ella al Creador. Mi familia es la Creación; somos parte de ella. Estamos emparentados, las estrellas, el Universo y yo. El Universo y yo, con un mismo Progenitor. Tanto la Creación como yo procedemos de la Nada. El punto de partida de cada quien y de la Creación es el mismo: el no tiempo ni espacio. Todo ser humano es creado (tiene su principio) en la eternidad, existe en el tiempo y espacio, para concluir su existencia “fuera” de su dimensión espacio-temporal. El Autor de toda la Creación y de cada ser creado es el Ser Creador, Presente en todo tiempo y lugar.

La Creación nos incluye a todos. Todos: vivos, muertos y por nacer. Dicho de otra forma: mi alma anima mi incorporación a la Evolución Cósmica. Desde que se me hizo “presente” en este planeta, la energía que anima mi cuerpo (mi alma) coopera con la Energía que anima la Creación (Amor) para lograr una armonía. El instante en que un espermatozoide penetró un óvulo específico de mi madre, el Autor de la Evolución Creativa me animó, creó un alma para mi cuerpo. Dejé de ser óvulo impregnado. Hubo una auténtica trans-formación. De materia, a materia viva, a vida humana. Y no como resultado de una evolución meramente biológica (vide Darwin et seq.); la vida humana es producto de un proceso espacio-temporal que se inicia en la eternidad. La misma eternidad en que ocurrió la “Gran Explosión,” el mito propuesto por el sacerdote George Lemaitre para explicar el inicio de la Creación.

El - Ser siempre presente - sin pasado ni futuro, me hizo presente. Literalmente, concedió vida humana a la vida biológica recién iniciada. La materia (lo físico) por sí sola no puede crear lo inmaterial (lo metafísico). La Evolución Cósmica me hace físicamente en el tiempo-espacio. Constantemente. Lector, lee de nuevo mi sueño del día en que nací. El Autor – siempre presente en su Creación, como Goya, Dalí y Picasso en las suyas – crea un alma que anima mi desarrollo.

“Religiones.”

La criatura, si es, está. Y viceversa. En el caso del Creador no cabe la forma condicional del verbo; simplemente es y está. Siempre y perennemente. Como los sueños y pensamientos, que se suceden los unos a los otros. A veces sin darnos cuenta: puede que soñemos dormidos y al despertar seguimos pensando en lo mismo. Buena parte de lo que he escrito ha sido producto de ese proceso. Mejor continúo en primera persona singular para no pretender que todos soñamos y pensamos como yo. No podríamos probar tal hipótesis, ni siquiera a nosotros mismos.
A veces por ejemplo, estando despierto, hago que mis pensamientos analicen la situación política de Venezuela. Esa tarde participé en una discusión entre peritos que, sabiendo más que yo, me obligaron a recordar y reconocer verdades archivadas “…en el aula inmensa de mi memoria,” San Agustín, Confesiones, X.8,14.

Esa noche me acuesto a dormir, seguro de haber descubierto las razones por las que el país se ha degenerado y embrutecido hasta perder toda semblanza de nación civilizada. En buena parte gracias al Libertador, que no supo ni quiso aceptar las responsabilidades de ser “Padre de la Patria.” Una vez dormido profundamente, penetro en el “aula” de mi memoria. Ahí no percibo ruidos callejeros, ni pachulíes de mujeres abaratadas por abuso sexual; ni siquiera mis ronquidos apneáticos pueden interrumpir mis sueños-pensamientos. La inmensidad de mi memoria es apabullante. Paso por debajo de un busto de Virginia Woolf, colgando del techo del aula. Bruscamente salgo de aquel espacio soñado: más fuerte que mi “stream of consciousness” es el del canal urinario. En el baño, en la oscuridad, escucho mi orina mezclarse con el agua del inodoro. Definitivamente, el país tiene que orinarse en Chávez y halar la cuerda…

¿Qué tiene que ver ese sueño con las religiones? Pues bien, como escribí anteriormente, “La Creación nos incluye a todos. Todos: vivos, muertos y por nacer. Dicho de otra forma: mi alma anima mi incorporación a la Evolución Cósmica. Desde que se me hizo “presente” en este planeta, la energía que anima mi cuerpo (mi alma) coopera con la Energía que anima la Creación (Amor) para lograr una armonía.” Esa cooperación de cada persona con la Energía del Amor es el elemento básico para lograr que un pueblo nazca y se convierta en una sola Nación. La Evolución Cósmica que nos crea y la Energía del Amor que la “motoriza” perennemente, son las manifestaciones del Autor/Creador, siempre Presente en su Creación. Dormido o despierto, mis sueños y pensamientos cooperan [o no] con la Energía Creativa del Amor para lograr [o no] la armonía existencial de mi persona con mi Autor/Creador: esa cooperación es religión.

Si acaso se me obliga a cooperar con una institución o persona [“religiosidad” en lugar de religión) y a no aceptar los lineamientos implícitos en la Energía Creativa del Amor, se imposibilita la armonía mencionada. Es el caso, por ejemplo, de millones de musulmanes (creen en un personaje y escrito históricos) y de cristianos (creen en la institución “católica” y “romana.”). Difícilmente puede uno de estos creyentes aceptar la Realidad-siempre-Presente que la Energía del Amor les revela en el espacio/tiempo de la Evolución Cósmica.

El Ser Creador es su propia existencia. Nosotros tenemos existencia porque nos la ha sido dada. Y, como dijera antes, esa existencia no tiene otro fin que conocernos a nosotros mismos:
¿Y qué cuando es la misma memoria la que pierde algo, como sucede cuando olvidamos alguna cosa [i.e., nuestra identidad y la armonía mencionada] y la buscamos para recordarla? ¿Dónde al fin la buscamos sino en la misma memoria?
San Agustín, Confesiones, X,19, 28.

Reconocer la fuente de nuestro ser, el Ser Creador, nuestro Autor, en nosotros mismos, es un acto de religión auténtica. Conocer y reconocer – soñando o despierto - al Ser Creador/Autor cuya Energía (Amor) se manifiesta en la Evolución Cósmica que lo crea todo. Querer Ser, para siempre, es lo que constituye la “religión.” Querer Ser y Estar siempre en una común unidad con el Autor, re-ligados por el Amor:
“A l’alta fantasia qui mancò possa;
ma già volgeva il mio disio e ‘l velle,
sì come rota ch’igualmente è mossa,
l’Amor che move il sole e l’altre stelle.”
Dante, fin de La Divina Comedia.

(Aquí le faltaron fuerzas a la alta fantasía;/ pero ya mi deseo y mi voluntad giraban /como una [sola] rueda movida uniformemente/Por el Amor que mueve el sol y las otras estrellas.)

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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