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Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

Fútbol total

24.07.14 | por Jesús Elorza [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Jesús Elorza

A su regreso de la escuela, Pedrito, le dijo a su padre, que lo ayudara en su tarea escolar. Papá, nos pidieron un trabajo en el cual relacionemos el recién finalizado Mundial de Futbol Brasil 2014 y la situación económica-política y social del país… apóyame con esto, por favor.
Claro, hijo mío, déjame decirte que al ver los juegos por televisión, nunca dejé de pensar en los problemas que afectan la vida de los venezolanos. Hagamos, una combinación de esfuerzos. Tú, me señalas un aspecto técnico del juego y Yo, te doy una relación directa con la situación actual… Ok papi, comencemos:

Balón: Objeto de material sintético que es tratado a las patadas… símbolo inequívoco, de como el régimen trata al pueblo.
Patada Inicial: Este juego comenzó, el 4F y ha continuado, en tiempo extra, durante 15 años.
Arbitro: Presidenta del CNE, encargada de anunciar los resultados irreversibles a favor del régimen.
Tiempo de Juego: 90 Minutos más dos tiempos de 15 minutos c/u que se han transformado en 15 años y todavía el árbitro no declara la ejecución de los penaltis. Pero, dado el caso, de llegar a ese escenario, el régimen estará protegido por sus arqueros y el árbitro, para detener o anular los goles de la oposición.
Tiro de Esquina: Los efectuados por las bandas armadas contra los estudiantes.
Saque de Banda: Acción de Iris Varela al sacar de las cárceles a las Bandas de Pranes.
Barrera: Policías y Guardias Nacionales agrupados para impedir el ingreso de los manifestantes a la cancha de Jorge Rodríguez.
Arquero: Presidenta del TSJ y Fiscal General de la Republica, jugadoras encargadas de no dejar pasar ningún balón del equipo de la oposición.
Formación Ofensiva-Defensiva: La unión MILITAR-MILICIAS-BANDAS ARMADAS-civiles del régimen.
Ataque-Contrataque: Despliegue ofensivo de todas las fuerzas del régimen contra la Libertad de Empresa y la Propiedad Privada a través de tácticas de asaltos, expropiaciones, confiscaciones e invasiones.
Estrategia: Jugadas para asegurar el control del partido y la permanencia en el poder. Las más empleadas y exitosas, hasta el momento, han sido la del magnicidio, el golpe de estado y la guerra económica.
Banca: Reserva de jugadores para el manejo económico de la revolución, los más destacados son Banco del Tesoro, Venezuela, Industrial, Bicentenario.
Sustituciones: El régimen mantiene un severo control de cambio, para que no lo tumben según Aristóbulo y hasta ahora el 6,30, Sicad 1 y Sicad 2 no han dado resultado. El control del balón sigue en las manos (o pies) del jugador paralelo.
Tarjeta Roja: La mostrada a Giordani y Navarro por la dirección nacional del Psuv.
Botín de Oro: PDVSA y CADIVI.
Mordisco Descarado: El propiciado por las empresas fantasmas contra Cadivi por el orden de los 20.000 millones de dólares.
La Ola: Movimiento continuo a nivel nacional de las protestas de calle contra la inseguridad, inflación, el desempleo, la escasez y el adoctrinamiento en la educación.

En conclusión, el régimen orienta todas sus acciones hacia el Fútbol Total, al tratar de imponer un Centralismo Totalitario en su avance hacia instauración de la dictadura socialista bolivariana del siglo XXI.
Nos quedó fino papi… gracias.

Jesús ElorzaJesús Elorza (Jesús Leopoldo Elorza Garrido, n. en San Felipe, Yaracuy, el 22/02/1947), Profesor de Educación Física, Pedagógico de Caracas 1970, Master en Administración – Universidad de Toledo. Ohio 1981, Post-Grado en Ciencias Políticas – Universidad Simón Bolívar 1988. 1990, Título de Locutor – Universidad Central de Venezuela 1996. Doctorado Honoris Causa Universidad Pedagógica Experimental Libertador 2006. Profesor en diversos institutos, tano a nivel secundario como Universitario, en pre y postgrado. Diputado al Congreso de la República 1993-1998-Vicepresidente de la Comisión de Deportes y Recreación Presidente de la Comisión Permanente de Juventud Deporte y Recreación de la Cámara de Diputados 1997 – 1998. Miembro DIRECCION NACIONAL IZQUIERDA DEMOCRATICA 2003-2006,. Secretario general Izquierda Democrática Aragua 2003, 2004, 2005,2006. Director político Un Nuevo Tiempo Aragua 2007. Ha recibido numerosas condecoraciones y distinciones. Articulista de los diarios nacionales: Meridiano, Tal Cual, Universal y El Nacional, así como en los diarios regionales: Periodiquito, Yaracuyano, Carabobeño, Frontera, Antorcha, y en la revista Espacio Abierto, y en las revistas digitales “Ideas para el Cambio”-Chile, Analitica.com- Guanipa Noticias- Hoy en Aragua- Primicias 24- Noticias Venezuela. Llanero Digital. Noticiero Digital y Primicias 24 y Palo Negro en Accion.

 

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Más que libertad es rebeldía

23.07.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Filosofía, Marina Ayala

Las sociedades han venido perdiendo su papel de cohesión y de seguridad por la cual luchó la Edad Moderna. Ese lugar seguro donde los individuos crecían entendiendo sus derechos y deberes se ha venido deshilvanando, dejando a las personas en un aislamiento que obliga a cada quien a ocupar un lugar cada vez más en solitario. El hombre en la actualidad debe debatir y construir su identidad teniendo como únicos referente un imaginario colectivo, que se esfuerza por ocupar y sustituir las importantes redes públicas que conformaron lo que se dio por llamar “sociedad”. En el lugar de los entramados comunitarios de ubicación y referencia, prevalecen una cantidad de puntos en un continuo que nunca conforman una línea por encontrarse, cada punto, muy separados en sus propios imaginarios. La realidad se diluye en sueños e interpretaciones muy invadidos por la vida privada de cada quien, que al haberse hecho pública, ofrece insumos para el consumo ávido del que batalla en solitario para saber quién es y a qué quiere dedicar su existencia.
Como muy bien describe Zygmunt Bauman los talk shows han logrado que la esfera de lo propiamente público se haya convertido en una exposición de problemas y tópicos pertenecientes a la esfera de lo privado. Estamos como ciudadanos más interesados por las anécdotas de la vida de cada quien que por los discursos tendientes a enmarcar con ideas el tipo de sociedad que queremos colectivamente construir y en la que queremos vivir. Es por ello, por esa avidez consumista, de lo que pertenece a cada quien en su historia particular, que los perdidos líderes sociales son más dados a ventilar sus experiencias propias que al debate de ideas. Sabemos de las abuelas, hijos, parejas de los personajes públicos más que cómo piensan. No se debaten ideas, se exhibe lo privado en un intento de ser modelo de vida, y se ataca al contrincante utilizando la vulnerabilidad que significa quedar al desnudo por haber hecho de lo privado un show público. Por hacer del público un confidente poco respetuoso e infidente.
Ahora esta avidez por lo privado no surge de la nada y cabría preguntar ¿Qué ha llevado a esta exhibición colectiva? La respuesta podría ser la idea de una libertad mal entendida. Al haber derrumbado todos los valores de nuestros antepasados que servían de cementos para el comportamiento en sociedad, nos quedamos solos, sin referencias y modelos a través de los cuales encaminar nuestras fuerzas creativas. Mónadas que por su propia característica autárquica, se terminan agotando en sí mismas. Aisladas y temerosas de su vulnerabilidad quisieron saber si las otras mónadas estaban sufriendo y viviendo lo mismo que ellas. Se fueron todas, entonces, rebotando a un medio público, donde otras monadas, también rebotando, les contaran lo que sucedía en las puertas numeradas de sus habitaciones, ya no tan privadas. Escucharon gozosas las confidencias de sus congéneres redondos y tuvieron la engañosa sensación de no estar tan solas, de no ser tan raras. Rebotaron llegaron a sus casas queriendo aplicar los que las mónadas en las tarimas le ofrecieron como coartadas y muy redondas enfrentaron su propio fracaso, porque cada mónada es distinta única e irrepetible y lo que la otra dijo ser su solución a esta otra le estalló como una granada. La libertad individualizada y expropiada de lo íntimo se convirtió, en realidad, en una no libertad.
Muchas consecuencias ha tenido esta manera de organizarnos. Más que interrogar y preguntarnos por nuestras vidas, estamos sumergidos en una curiosidad por la vida de los demás, que inevitablemente siempre veremos de manera sesgada porque observamos sólo lo que queremos observar haciendo una traducción de las emociones y pasos de los otros, de forma plana y sin el carácter cambiante y dinámico que tiene todo lenguaje vivo. Los otros se casaron, se divorciaron, tuvieron hijos o no, se hicieron profesionales o se constituyeron en artesanos, escriben, son poetas, y un largo etcétera como puntos diferenciados de un entorno que los ayudó o los boicoteó en este largo y difícil camino que implica el hacerse. Lejos de creer que hemos alcanzado la máxima libertad, estamos, más bien atrapados en espejos distorsionados. La tarea se nos hizo más cuesta arriba porque ya no contamos con el aval social con el contaron nuestros antepasados y la seguridad que les daba tener bien cimentado lo que se esperaba de cada quien, consigo mismo y con los demás. Debemos inventarnos y no es precisamente el show lo que nos va a dar el referente tan deseado.
La libertad fue pensada para que el ser humano pudiera llevar a cabo actividades tendientes a mejorar la calidad de vida de la colectividad, para que cada quien contribuyera desde su lugar, preparación y razón. Para defenderse en conjunto de las adversidades de lo natural, tanto de lo inclemente que puede ser un mundo salvaje, como lo inclemente que pueden ser nuestras pulsiones sin las formas civilizadas de contenerlas y satisfacerlas de forma controlada y generalmente en ambientes privados y con el consentimiento del otro. La sociedad entonces debería de servirnos para corregir errores, para dar directrices, para albergar y amparar y facilitar las tareas de sus individuos. Debía servirnos como una gran casa organizada y limpia en donde habitemos con la mayor tranquilidad y confianza posible. Pero este ideal moderno no se cumplió, fue un sueño demasiado bonito para que el ser humano pudiera llevarlo a cabo. Las sociedades se convirtieron en camisas de fuerzas, en generadoras de malestar, en impedimentos e imposiciones y esa casa organizada y limpia terminó pareciéndose más a una casa de brujas donde acechan los monstruos, fantasmas y fieras. Dos cosmovisiones, principalmente, arruinaron la fiesta y nos dejaron o intentaron dejarnos maniatados y violados: el comunismo y el fascismo. Hicieron del Estado una tiranía y desde allí restringieron y cohesionaron las libertades individuales. Desintegraron y nos quedamos sin casa para siempre, ya no es el estado el garante de las libertades, sino todo lo contrario el garante de las pérdidas de la dignidad humana.
Ante esta triste realidad los hombres y mujeres se desintegraron y se convirtieron en mónadas rebotantes en búsqueda de su huequito donde taparse y quedar a escondidas de los monstruos acechantes pero observando con sigilo que hacen los demás. Nos quedamos sólo pidiendo una libertad de elegir, de acuerdo a la gama que nos ofrezca el mercado de vidas. Si hoy se ofrece, por ejemplo, decirle no a la monogamia, relaciones abiertas, los triángulos etc. Bueno eso es lo que se quiere probar. Si se ofrece insultar en público, mostrar un carácter fuerte y arrogante, andar de guapetones por la vida para que el otro no se entrometa en mi mundo monádico que se exhibe solo en los shows mediáticos, bueno así se quiere actuar. Si se ofrece utilizar la libertad para trasgredir las leyes que deberían regirnos como sociedad, bueno en ello invierto mi imaginación. Más que libertad estamos exhibiendo una rebeldía sin causa, decimos no a la tradición y ¿qué hemos construido en su lugar? Ese es el reto que presenta la sociedad posmoderna.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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Un disparo que mató a millones

21.07.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Opinión, Historia, Humberto Seijas Pittaluga

Dentro de pocos días se cumplirá cien años del comienzo de lo que se llamó en esa época la Gran Guerra y después pasó a ser conocida como la Primera Guerra Mundial. Fue una conflagración que inicialmente debió estar limitada a dos países en el centro de Europa pero que al final implicó una lucha en la cual se enfrentaban combatientes de los cinco continentes y que necesitó el llamamiento a las armas de casi 65 millones de soldados.

¿Por qué se llegó a este horrible hecho después de que Europa había disfrutado de un siglo de relativa paz? Antes de contestar, hay que señalar que los estadistas europeos, a partir de 1814 habían diseñado un sistema de equilibrio del poder que devenía de la aceptación tácita de una norma: ninguna nación podía adquirir una posición predominante que le permitiera dominar a las otras. Si lo intentaba, las otras se coaligaban y lo intimidaban. Era una política disuasoria que buscaba impedir la aparición de un nuevo Napoleón que se apoderara de Europa. Su objetivo era asegurar la paz no dando a las guerras ninguna perspectiva razonable de ganancia y haciendo que las pocas hostilidades que llegasen a producirse quedasen restringidas a objetivos limitados que no amenazasen el equilibrio existente, que se resolviesen en pocos días mediante una o dos batalla decisivas.

El pero estaba en que la supervivencia de ese sistema de seguridad colectiva requería que una de dos cosas: un gobierno constitucional en el cual el parlamento pudiera ponerle frenos al mandatario que tuviese afanes de ganancia o gloria; o, en las monarquías absolutistas que abundaban a comienzos del siglo XX, un soberano responsable, prudente, capaz de auto-refrenarse y de hacerse obedecer por los militares. Autoridades así dejaron de existir en Alemania después de la muerte de Guillermo I, en Rusia después de la muerte de Alejandro III, y en Austria-Hungría cuando Francisco José comenzó a declinar por la senectud. A eso, súmesele que Francia era una república donde no había gobiernos fuertes; tanto que en los 45 años de la pre-guerra hubo 42 ministros de Guerra y Marina. En ninguno de esos países había instituciones políticas — apoyadas sobre bases constitucionales— capaces de ejercer la autoridad sobre los militares.

Mucho del drama se debió a que el planeamiento y la política militares se dejaron casi exclusivamente en manos de los altos mandos. Eso llevó a que durante la Gran Guerra se pudiera observar el sorprendente espectáculo de inmensas maquinarias humanas —con todo y sus piezas de repuesto— avanzando según unos planes irreversibles hacia lo que devino en un frente fortificado desde Suiza hasta el mar, con flancos imposibles de rodear, y en el cual tantos millones de vidas fueron sacrificadas en una ordalía cruel y en vano. Esa guerra nunca ha sido igualada en la relación sacrificios sangrientos versus logros mezquinos.
La decisión se produjo finalmente, no por una batalla decisiva de las que preconizaba Klausevitz, sino por el agotamiento del recurso humano.

Los disparos que hizo Gavrilo Princip el 28 de junio de 1914 no solo asesinaron al archiduque Francisco Fernando y su esposa; fueron también las primeras notas de una sinfonía trágica marcada por los compases de billones de disparos de todo calibre y terminada en una coda de más de treinta millones de personas inmoladas. También fueron el pistoletazo de salida para la concreción de un fatal cronograma de movilizaciones. Entre el 28 de julio y el 23 de agosto volaron declaraciones de guerra por toda Europa. Y hasta el lejano Japón se metió en la contienda.

Bárbara Tuchman nos explica en “The Guns of August” que "Europa era un montón de espadas, apiladas tan delicadamente como briznas de paja; no se podía sacar una sin mover las otras". Lo que faltaba era un incidente casual, una decisión imprudente o un gesto desesperado para que se desencadenase todo. Los hechos de Sarajevo fueron ese detonante. Por desdicha, el asesinato del heredero de un emperador al que le quedaba poca vida — uno que reunía condiciones personales, firmeza de carácter y visión política— impidió que llegara a la corona alguien que hubiese podido detener la descomposición política de Austria. Y, así, de la guerra.

Por estos lados, y cien años después, no sería malo que meditásemos sobre estas cosas y reflexionemos si debe darse a los militares tanta intervención (y hasta intromisión) en asuntos de Estado. Primero, se puede correr el riesgo de confundir unos objetivos militares designados por oficiales sin formación política con los grandes objetivos nacionales. Aquí no es muy probable que ocurra porque lo que abunda son jefes que dan ganas de llorar por su enanismo mental, su avidez de riqueza y su genuflexa sumisión a los colonizadores cubanos. Pero puede suceder… Después, por la existencia de un poder legislativo que no sirve de check & balance del ejecutivo sino que le estampa sello de legitimidad a todos los desmanes que decidan el capitán Hallaca y el PUS. Y, para rematar, un “monarca” poco ilustrado que se resiste a dejarse asesorar por consejeros sensatos e ilustrados, que trata de sofocar la participación ciudadana, y que se aferra a sus prerrogativas —sin darse cuenta de que, en realidad, ya no puede ejercerlas. O sea, igualito que su tocayo Nikolai en la Rusia de 1914…

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.

Desangelado - Capítulo 10

20.07.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Extractos, Libros, Novela, Literatura, Capítulo

Desangelado
(novela)

Eduardo Casanova

Primera parte

Capítulo 10

En la sala de espera estuvo más o menos contenido, pero en cuanto entró al consultorio de la doctora Abundamate, Marlene Abundamate, se derrumbó. Empezó a llorar casi a gritos, como nunca en su vida había llorado. Ella lo dejó hacer, y al cabo de unos minutos, cuando por fin se calmó, empezó con toda calma su interrogatorio profesional. Ángel le contó que tenía varios días mal, muy mal y que muchas veces había pensado en suicidarse y hasta había planeado en detalle cómo lo iba a hacer. No se mató porque las veces en que estuvo a punto de hacerlo, pensó en su hija, Annie, vio su rostro, se imaginó lo que ella sufriría con la muerte violenta de su padre, y se contuvo. Pero no le contó nada del incidente del boxeador, que le parecía demasiado vergonzante. La doctora Abundamate le hizo toda clase de preguntas y decidió hospitalizarlo. Una depresión profunda comporta un riesgo muy grande, es una verdadera emergencia y hay que atajarla a tiempo, dijo, y lo acompañó a la planta baja de la casa, al área de hospitalización. La casa era muy grande. Originalmente había sido la residencia de uno de los hombres más ricos de El Dorado, hasta que se convirtió en la embajada de Brasil (que se mudó cuando el gobierno brasileño construyó otra mayor aún, especialmente diseñada para ser embajada). Luego, cuando en lo que era el amplio jardín construyeron dos filas de habitaciones pareadas, con un baño compartido por cada par, se transformó en la Clínica Psiquiátrica Santa Hermenegilda, que tenía fama de ser la mejor de la capital. Y la más cara. Apenas pudo Ángel avisarle a su hermana para que fuera a llevarle algunas cosas, y la semana siguiente la pasó sedado en la habitación, vigilado día y noche y casi todo el tiempo dormido o dormitando. El electroencefalograma, le dijo la doctora, reveló claramente fallas de energía en las bandas laterales, típicas de los que sufren estados depresivos. Tendría que tomar un remedio específico, llamado “Efexor,” y hacerse ver al comienzo cada mes, o cada vez que fuese necesario, para ir evaluando su condición. Y si el “Efexor” no funcionaba, habría que ir explorando con otras medicinas hasta dar con la que lo mantuviera alejado de la depresión y no tuviese efectos secundarios. Por fortuna, el “Efexor” tuvo un efecto casi mágico, en su caso, que la doctora Abundamate calificó de endógeno, aun cuando sospechaba que tenía mucho que ver con el hecho de que el Presidente Chives se mantenía en el poder a pesar de los esfuerzos de la oposición. Ángel, como muchos de sus amigos y conocidos, veía con horror el porvenir si el país seguía en poder de aquella banda de resentidos, primitivos, fascistoides que se decían revolucionarios y amenazaban con destruir todo aquello que Ángel podía apreciar en la vida, bueno, malo o regular. Ahora que sabía que tenía un cáncer en el recto, Ángel se preguntó si no habría sido esa la causa de su depresión, pues los síntomas de lo que ahora sabía cáncer le habían comenzado unos seis meses antes de la crisis y él no había querido enfrentar la realidad, había huido cobardemente, se había negado a aceptar la verdad, como si al esconderse pudiera evitar lo inevitable. Se lo preguntaría al médico, a Federico, en cuanto lo recibiera. A las dos de la tarde, cuando ya eran diez o doce los que esperaban, llegó la secretaria y abrió la puerta. Ángel, que esperaba tener problemas, se sintió aliviado: cada uno se anotó en realidad en el orden en que había llegado. Calculó nuevamente que Federico lo recibiría cerca de las tres de la tarde. Y fue en realidad cerca de las cuatro, luego de que atendieran a los dos que estaban antes que Ángel y a tres recién operados, que tenían prioridad y llegaron como zombis, como fantasmas de carne y hueso que aterrizaban en los sillones como si estuvieran programados para hacerlo. Cuando faltaban siete minutos para las cuatro, la enfermera lo llamó y lo hizo sentarse frente al escritorio del médico, un escritorio espacioso, con algunas carpetas muy bien ordenadas y un retrato de Federico con su esposa y sus hijos. Ángel no reconoció sus facciones. Aún esperó unos cinco minutos hasta que apareció, con su bata de un blanco inmaculado, el médico que él había visto por última vez cuando era un niño de diez u once años. El doctor Riosalado, alto, canoso y con grandes manos de cirujano, sí lo recordaba. Recordaba que Ángel, en el colegio San Gabriel de Guanoco, era uno de los que más molestaban a los profesores con sus burlas y sus bufonadas, y eso lo convertía en héroe para los niños de los grados inferiores. Claro que lo recordaba. Perfectamente. Luego de un rápido examen clínico lo hizo sentarse frente al escritorio. Ya el doctor Tierrafranca le había hecho llegar toda la información disponible. Había una lesión cancerosa en el recto, en la parte alta del recto, y era necesario extirparla tan pronto como fuera posible. Le hizo varias preguntas relativas a los posibles síntomas del caso, y una de ellas le hizo pensar que en realidad se había descuidado más de la cuenta: le preguntó que si había habido algún cambio en el calibre de sus evacuaciones. Y claro que lo había habido. Inmenso. Desde hacía tiempo que, junto con la sangre, lo que le salía era como un conjunto de hilos gruesos y cortos, no algo que pudiera generar el chiste que tanto le gustaba a su padre, el del hombre que sintió ganas de cagar en un tren y como los baños estaban ocupados, sacó el culo por una ventana y procedió en consecuencia, por lo que un guarda, asomado por otra ventana, le gritó: “¡El calvo, el del tabaco, que meta la cabeza, que vamos a pasar un túnel!” Eso solo debería haber bastado para darle el grito de alarma, para decirle que iba a entrar, como el hombre del cuento, a un túnel. Y algo por el estilo le dijo el doctor. Era una lesión cancerosa, sí. ¿Era grave? Toda lesión cancerosa es grave, pero hay etapas, grados y niveles distintos de gravedad, que dependen de muchos factores; hay que ver si ya ha llegado al otro lado de la pared, lo que parece muy posible por lo que se puede ver en las imágenes que le mandó Fermín, y si atravesó la pared hay que ver hasta dónde llega, si está en la grasa que rodea el intestino y si hay comprometidos algunos ganglios, cuántos, o si ha habido metástasis, especialmente en el hígado, que es el primer órgano que resulta comprometido si ha habido metástasis de la lesión en el colon; por eso había que examinar bien el hígado, así como los pulmones, porque el hígado y los pulmones son los primeros órganos afectados por metástasis del cáncer de colon, fuera de los ganglios. Y hablando de hígado, por cierto, desde hacía tiempo que tenía Ángel una litiasis vesicular. Sería recomendable entonces aprovechar y sacarle la vesícula, pero también sería conveniente que Ángel le contara cómo fue el proceso. Desde hacía como un año, mintió Ángel, había empezado a notar que le salía sangre cuando hacía pupú: al principio pensó que se trataba de hemorroides y no le dio ninguna importancia, porque no era la primera vez que le pasaba. Y ¿esa sangre se veía solamente en el papel o también en el agua del excusado? ¿Al comienzo?... eso sí que no lo recordaba, pero al cabo de un tiempo, a veces había mucha en el agua, aunque no era continuo, sino como por ciclos: salía sangre un par de días y después pasaba tres o cuatro sin que apareciera y después volvía a aparecer, a veces como si fuera apenas gotitas, a veces como si fuera un chorro. Una vez sí se asustó porque hubo como demasiada, y fue entonces cuando decidió ver a un internista que había conocido no mucho antes en una reunión social, y el hombre le diagnosticó hemorroides sin explorar demasiado. No me digas el nombre de ese colega, que prefiero ignorarlo, dijo con cierta severidad Federico. Pero después, cuando la cosa siguió, volvió a verlo, y ahí sí le ordenó unos exámenes de heces. ¿Con qué resultado? Parásitos intestinales, diagnosticó, amibas y cosas por el estilo. Conservador el hombre, se guio por los libros. Y le mandó un tratamiento muy fuerte para los parásitos, pero cuando Ángel vio que la cosa seguía igual o peor después del tratamiento, cambió de médico y se buscó un gastroenterólogo de la misma clínica. Mejor sería que tampoco le nombrara la clínica. Una clínica muy pequeña. Lógico, ¿y qué le dijo el gastroenterólogo? Como alguien le había hablado de dirverticulosis o dirverticulitis, Ángel pidió que le hicieran una colonoscopia. Muy razonable. Y el doctor dijo que lo llamara en quince días para ver qué hacían. Eso no es una clínica, hermano, afirmó el doctor Riosalado moviendo la cabeza, eso es una lavandería automática. Y entonces fue cuando Ángel decidió llamar a Fermín Tierrafranca para que lo viera; Fermín y él habían sido amigos desde hacía cincuenta años, desde niños, sus padres fueron muy amigos. Tal como el del doctor Riosalado y el de Ángel Almalegre. Ángel lo sabía, claro, y Fermín lo recibió al día siguiente de que Ángel lo llamara, le ordenó tomarse un producto para limpiar el intestino y que fuera a primera hora de la mañana a hacerse la colonoscopia, y allí estaba. Allí estaba, ciertamente, aunque debería haber estado en el consultorio de Fermín o en el de Riosalado hacía un año o más; quién sabe cuánto tiempo tenía esa lesión que tenía, y hacía un año o más posiblemente se hubiera podido solucionar en el consultorio de Fermín; ahora era una operación seria, cirugía mayor, pero, en fin, no era cosa de lamentarse por algo que pasó o que no debía haber pasado, no, no iban a alarmarse ni a preocuparse, sino a ocuparse: Federico le prescribió una serie de exámenes a partir del día siguiente; era jueves, y le gustaría que se hospitalizara el lunes bien temprano para operar el martes. Pero hay un problema, Federico, dijo Ángel, yo necesito arreglar primero lo del seguro, porque yo no tengo con qué pagar la operación, ¿cuánto puede costarme? Si preguntas –le respondió Federico– es porque no tienes con qué pagarla, pero tienes seguro ¿no? Tengo uno mío, uno del Colegio de Abogados y los de mis hijos. Entonces estás cubierto, ahora mismo voy a mandar a administración mi presupuesto, y pasa tú por administración para que te den el presupuesto completo y lo llevas a la compañía de seguros para que te den la carta aval. Eso lo está haciendo ya mi ex-mujer. Me dijo Fermín que tú estabas casado con Angélica Rocadamor, creo. ¿Tú la conoces? Su papá también era amigo de mi papá. Entre médicos te veas. Así es, ¿y cómo es eso de que siendo tu ex-mujer se está ocupando del asunto? Bueno, será porque sigo siendo el padre de sus hijos, pero después de que nos divorciamos siempre hemos sido buenos amigos, y a ella le gusta tener el control de todo, yo sé que ya ella habló con la gente de administración y lo que están esperando es tu noticia para darle los papeles que tiene que llevar a la compañía de seguros, eso lo sé. Igual no va a ser tan rápido como para que puedas hospitalizarte el lunes que viene, así que vamos a prepararlo todo para el otro lunes, que una semana no va a afectar el cuadro, y lo más seguro es que en una semana tu ex-mujer lo tenga todo listo. Conociéndola, mañana mismo va a estar todo listo. Dime, además de la litiasis vesicular ¿hay algo más que puedas decirme? Hace un año tuve una crisis depresiva y tomo “Efexor.” Eso no tiene nada que ver con esto, ¿y más nada? También tengo diabetes. Eso sí es importante, ¿qué tipo de diabetes? Ah, no me pidas tanto, yo soy abogado, o mejor dicho, fui abogado, pero de medicina no sé absolutamente nada. Si eres diabético deberías haber averiguado algo de la enfermedad, aun sin ser médico… ¿te inyectas insulina? No, tomo unas pastillas que se llaman Diamicrón. ¿De 30 o de 80? Se llaman Diamicrón M.R. M.R., sí, está bien; de todos modos tienes que hacerte una serie de exámenes antes de operarte; espera allá afuera a que te den las órdenes, y ten confianza, Ángel, que todo va a salir bien... Eso espero, Federico, pero dime una cosa en confianza, de verdad, yo estoy preparado para cualquier cosa a condición de estar bien enterado… ¿es muy grave? El doctor Riosalado sonrió con la mirada puesta en cualquier parte. Ángel, respondió, eso no te lo puede decir nadie; eso lo vamos a saber después de la operación; por ahora, tranquilízate, que vamos a hacer todo lo posible y lo imposible para que todo salga bien, y a tu ex que cuando todo esté completo se comunique con nosotros para fijar el momento de la operación. Una especie de sonrisa triste acompañó la despedida por parte de Ángel Almalegre, que una hora exacta después hablaba con su siquiatra, la doctora Abundamate, para pedirle que le duplicara la dosis de antidepresivo. La doctora, en cambio, le recetó un tranquilizante suave y le recomendó que rezara. Pero Ángel no creía ni en Dios ni en los santos. Quería depositar toda su fe, todo lo que le quedaba de fe, en la ciencia médica.

Desangelado (novela)
Capítulos publicados
Primera parte

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




Escritores venezolanos en el exilio

18.07.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Venezuela, Literatura, Escritores

Una de las más notables consecuencias del chavismo ha sido el exilio voluntario de muchos buenos escritores venezolanos. Juan Carlos Chirinos, Juan Carlos Méndez Guédez, Gustavo Valle, Israel Centeno, Miguel Gomes, Eduardo Sánchez Rugeles, Camilo Pino, son algunos de los buenos escritores venezolanos que han decidido irse del país y establecerse en otras latitudes, no solo por la atmósfera de opresión que existe en Venezuela desde que cayó en manos del triste grupo de “socialistas del siglo XXI” que ha acabado con todo lo positivo, sino porque en las actuales circunstancias es muy difícil publicar en Venezuela o desde Venezuela. Quizá sirva para que el mundo se dé cuenta de que sí existe una literatura venezolana importante, tan importante como la de cualquier país latinoamericano, y que ha estado más o menos escondida por el hecho de que en Venezuela los medios de comunicación social no tienen el más mínimo interés por la crítica literaria, y al no haber crítica literaria en el país, nadie, o casi nadie, se entera de que se producen buenas obras literarias. En ese sentido, y con piquete al revés, es posible que por fin podamos encontrarle algo beneficioso al chavismo. Parecería que se trata de una nueva etapa, posterior a un ciclo muy positivo que se relacionó con la verdadera democracia venezolana, pues en 1964, durante el gobierno de Raúl Leoni, se produjo un fenómeno muy importante que impulsó a la literatura del país como nunca se había hecho y a pesar de ciertas circunstancias negativas que parecerían haberla condenado, si no a muerte, a una agonía muy dolorosa. Desde que se publicó la primera novela venezolana (“Los mártires” de Fermín Toro, 1842) hasta mediados de la década de 1960, los escritores venezolanos contaban con medios muy precarios para darse a conocer. Sin embargo, Miguel Eduardo Pardo, Manuel Díaz Rodríguez, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Rómulo Gallegos y Teresa de la Parra fueron ampliamente conocidos por lo menos en en el mundo de habla hispana y buena parte del resto. Entre 1928 y 1931 desapareció radicalmente la crítica literaria de los medios de comunicación de Venezuela, a mi juicio como consecuencia de la corrupción general causada por el petróleo. Eso impidió que grandes escritores como Enrique Bernardo Núñez y Arturo Uslar Pietri alcanzaran en el exterior el éxito que se merecían. Pero en 1964, con la creación de Monte Ávila Editores, la revista Imagen y otras iniciativas del gobierno democrático, la situación mejoró para los escritores venezolanos y surgió un importante movimiento, una cantidad impresionante de buenos escritores venezolanos, hasta que en la década de 1990, durante la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, una política cultural errada, que favoreció únicamente a un sector (música, y específicamente el “Sistema” de orquestas creado y dirigido por el ministro de cultura de CAP II) en detrimento de los otros, aunque la literatura, gracias a Rafael Arráiz Lucca en “Monte Ávila” estiró heroicamente su agonía, pero como después no hubo corrección de rumbo alguna, los escritores venezolanos volvimos al desamparo. Y eso se sumó poco después la política disparatada, excluyente y sectaria, del chavismo, así como la falta de materias primas para la edición de libros venezolanos. Todo eso ha llevado al exilio a un grupo importantísimo de escritores, lo que posiblemente tenga como beneficio que la literatura venezolana se pueda conocer mejor fuera del país (por la falta de crítica literaria dentro de Venezuela no dejó de ser dificilísimo darse a conocer afuera). Además de los exiliados, queda en Venezuela un número importante de buenos escritores. Entre ellos están los que vienen de tiempo atrás, como Antonieta Madrid, Laura Antillano, Anta Teresa Torres, José Balza, Eduardo Liendo, José Pulido, Armando José Sequera, José Napoleón Oropeza, Edilio Peña y muchos otros, y los más o menos nuevos, contemporáneos de los exiliados, como Federico Vegas, Roberto Echeto, Margarita Belandria, Francisco Suniaga, Mariana Libertad Suárez, Manuel Acedo Sucre y varios más. Aún no podemos saber si el exilio de un grupo tan importante de autores venezolanos es algo realmente negativo o no. Luego de leer las obras de Chirinos, Méndez Guédez y Sánchez Rugeles (las de los demás debo buscarlas todavía) mi impresión es que no, pero hay que esperar el veredicto del tiempo.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




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