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Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

“Por las greñas, # 4” - NUESTRAS MÁSCARAS, NUESTRAS VIDAS

19.09.14 | por Gonzalo Palacios G. [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Teatro, Gonzalo Palacios G., Editorial Actum

NUESTRAS MÁSCARAS.

En más de una ocasión se ha comparado la vida real a la que se desarrolla en los escenarios teatrales del mundo. En nuestra cultura, la comparación se remonta al teatro griego clásico. La palabra que Aristófanes y Esquilo empleaban para referirse a los actores de sus obras, prosopa (πρόσωπα), posteriormente adquirió el significado de personas. Es decir, el significado de “personaje” en las obras de teatro se transmutó al de “persona”i, aunque el reverso de esa transición parecería igualmente tener validez.

Hoy día la importancia de la evolución semántica de la palabra persona pasa desapercibida en todo el mundo. Sin embargo, cabe recordar que el concepto de persona fue objeto de serios y profundos debates filosóficos y teológicos desde los primerísimos años del Cristianismo hasta los que produjo el Segundo Concilio Vaticano (1963-1965). El mismo Jesucristo redefinió existencialmente la esencia del hombre y por ende la de la humanidad en términos transcendentales. Más que personas de este mundo, productos de la evolución creativa, nos dijo Cristo, los humanos transcendemos el proceso espacio-temporal para ser “hijos” del Creador. Jesucristo revela nuestro carácter divino: somos la “Segunda Persona” de Dios en la Tierra. A partir de entonces y por claros motivos sociopolíticos, “la vieja guardia” religiosa – la mayor parte del género humano – rechazó el mensaje del Nazareno. Así, hay “personas” que todavía aprueban medidas de control social basadas en la naturaleza aristotélica del hombre (“animal racional político”) o la fundamentada en la ley de Moisés, tales como el aborto artificial, la eutanasia, la pena de muerte, guerras ofensivas, la violencia doméstica, ojo por ojo, etc.
Mundialmente, en todos los escenarios de teatro, desde los chinos del siglo III antes de Cristo, los Griegos y Romanos, los del teatro NO japonés, el gigaku coreano, los clásicos españoles e ingleses, hasta los “Diablos de Yare” de Venezuela, en todos, los actores utilizan máscaras de un tipo u otro para representar a sus personajes. En el Occidente, desde tiempos de los presocráticos, los actores usaban cera de abejas para decorar sus máscaras talladas en madera, costumbre que se perfeccionó en el Imperio Romano a principios de la era cristiana. Al finalizar la obra, el actor dejaba a un lado su máscara y en la intimidad de su camerino, sin cera que lo disfrazase, volvía a ser él mismo, sinceramente.
El enmascararse o disfrazarse es parte esencial de nuestra vida cotidiana. No se trata de ser falsos o hipócritas en el escenario que nos depare la Evolución, sino de actuar en él según el rol que nos corresponda en cada instante. Nuestras vidas se desarrollan como obras teatrales de corta o larga duración. No sabemos ni controlamos cuando exactamente aparecemos ni cuando hemos de salir del escenario en el que representamos nuestras vidas. Quienes piensen lo contrario y creen saber cuando han de desaparecer uno u varios actores que comparten su obra, por ejemplo, los suicidas, los esbirros, los asesinos – en suma, los que creen controlar la muerte, no hacen sino engañarse al acelerar la salida de sus coprotagonistas.
Necesitamos las máscaras para expresarnos en público o en privado. Aun en la más íntima soledad posible, continuamos el monólogo interno iniciado al disfrazar lo que somos con el ovum materno preñado por un espermatozoide paterno. Con esa primera “máscara” o prosopon – la de zygoto – iniciamos una “conversación” interna de por vida. Durante la gestación la conversación se lleva a cabo genéticamente y eventualmente nos revela quién está actuando. En ese período de tiempo comienza a manifestarse la auténtica identidad del actor de nuestra obra/vida.
Lo cierto es que no podemos prescindir del show, de “hacer pantalla”, de figurar; en fin, nuestra vida consiste en exponer en el tiempo y espacio, el ser que descubrimos constantemente en el no-tiempo no-espacio (eterno presente)ii. En cada uno de nosotros está siempre presente la obligación de actuar de manera diferente con toda persona que encontramos a nuestro paso y en cada ocasión. Cada quien escribe un guión propio para salir de la “selva oscura” en la que según Dante comenzamos nuestro peregrinaje hacia el Paraíso:
Nel mezzo del cammin di nostra vita, mi ritrovai per una selva oscura.
Repetir alguna escena anterior o parte del diálogo revela que ese actor ignora los cambios escenográficos en su obra y que no respeta el rol de sus colegas. Cada quien – actor, autor, y director de su propia vida – ha de desarrollar una personalidad diferenteiii ante la hija, la madre, la esposa, la novia, la amiga aunque estos personajes compartan las mismas características entre sí, por ejemplo, el ser mujeres. En otras palabras, un actor no debe actuar de la misma manera con una hija que con su esposa. Ocurre exactamente lo mismo con el resto del elenco: cada uno de ellos exige “máscaras” o disfraces específicos para re-presentar la escena y el diálogo del momento presente en la mente (dianoia) del autor. Es injusto y falto de respeto el “Padre” que actúe de igual manera con “Hijo # 1” que con “Hijo # 2” de la misma obra.iv

NUESTRAS VIDAS

Toda vida humana implica necesariamente la presencia de personajes que apoyan y facilitan la actuación de su protagonista. En muchos casos, tales personajes – frecuentemente de dimensiones míticas - son absolutamente necesarios para que el actor desarrolle su carácter (ethos) según lo requiere la trama de la obra (i.e., su vida). Ejemplos se dan en toda época y en toda cultura: Judas Iscariote, esencial para la obra/vida de Jesucristo; Virgilio y Beatrice para la de Dante; Laura de Noves para el Petrarca; Mefistófeles para Fausto...v Las simbiosis a las que nos referimos son auténticamente creadoras: así, para Miguel de Cervantes no existe Don Quijote sin su Dulcinea:

–Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería.
(Parte I, capítulo iv.)

En nuestro propio tiempo y espacio, Doña Bárbara define a Santos Luzardo y a otros personajes en la novela de Rómulo Gallegos; o sea, sin ella, no surgen los otros.
La mera presencia de uno de estos personajes en la vida de otro, origina y promueve su carácter, su ethos. El éxito de una obra (o de una vida) estriba en el respeto mutuo de quienes participan en ella, dentro o fuera de su escenario (o ubicación). Ese respeto exige que nos presentemos con diferentes caretas y vestidos ante cada interlocutor, y además, crear un diálogo exclusivo para ese personaje. De esta manera, al trascurrir la obra de nuestra vida, cada quien desarrolla su carácter (ética). Actualizamos el potencial caracterológico oculto tras las innumerables máscaras que utilizamos mientras dure nuestra presencia en el escenario de este teatro llamado “Universo.”
A medida que pensamos (ver dianoia, nota # 1) el rol que nuestros personajes (prosopa) han de ejecutar, ponemos al descubierto al actor que los representa. Es cuando podemos pasar juicio crítico sobre nuestra actuación y sobre la calidad del “guión” actuado. ¿Pero, será acaso ese actor el autor de la obra? Cada vez que nos quitamos una careta – ya sea entre escenas o al final de la obra – al sin-cerarnos detrás de bastidores, descubrimos al autor de los personajes del actor.
Nuestras vidas son obras originales de las que cada quien es autor, actor, y personaje(s) al mismo tiempo. A medida que desarrollamos nuestro guión, nos convertimos en autoridad suprema de nuestras acciones y descubrimos la fuente de nuestras virtudes y de nuestros vicios. Es evidente que somos autoridad de nuestras acciones, pero no lo somos de la Autoridad Suprema que nos confiere esa autoridad. Tampoco creamos esa fuente de virtudes y de vicios que descubrimos en lo más íntimo de nuestro ser: la encontramos creada así como nos encontramos creados a nosotros mismos. La vida espacio-temporal que constantemente se desarrolla en el Presente, nos revela una trinidad: autor, actor y personaje. Nuestra vida no es más que el camino que nos conduce al Ser cuya Unidad representamos en este Teatro llamado “Universo.”

EPĺLOGO.

De las más profundas satisfacciones que pueda experimentar cualquier dramaturgo está la de presenciar la actuación de actores inteligentes que se identifican con los personajes de su autoría. Solamente al identificarse con sus personajes es que el actor le hace justicia a su creación, y se “salva” de juicios negativos. Cabe reiterar: un actor y sus personajes (prosopa) se identifican gracias al espíritu del autor que anima su obra (su vida). No hay dos “yo”, cada quien es único, tan sólo hay tres manifestaciones de esa unidad. Al finalizar nuestra obra veremos qué nos han manifestado nuestros personajes, y podremos decir con Oscar Wilde, “El actor es un crítico del drama.” vi
Esa profunda satisfacción debería coronar cada escena de nuestra vida, y ciertamente la totalidad de nuestra obra:

“…siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Ya me está preparada la corona de la justicia…”vii

Gonzalo Palacios Galindo
Septiembre 2014

NOTAS.
1 Según Aristóteles en su Poética: “ETHOS.- Acción o comportamiento del personaje, determinado por su dianoia.
DIANOIA.- Pensamiento o sentido de la obra (teatral), expresado por los personajes. También: “El CARÁCTER es aquello en que se pone de manifiesto la intención, esto es, la índole de cosas que se prefieren o se evitan en las situaciones en que es incierto.” # 1450b et seq.
2 En De Instantibus, capítulo 2, Santo Tomás de Aquino trata el tema del hic et nunc (“aquí y ahora”): “Debe saberse que como el punto es relativo a una línea, de igual modo es el “ahora” en relación al tiempo” (Sciendum est ergo quod sicut punctus se habet ad lineam, ita se habet ‘nunc’ ad tempus).
3 Como escribiera Shakespeare: “Graziano, yo tengo al mundo solamente en tanto que mundo; un escenario en el que cada hombre tiene su papel, y el mío es triste.” Antonio en El Mercader de Venecia 1,1, 77-78.
4 Refiero el lector a las obras teatrales de Luigi Pirandello, especialmente 6 Personajes en Busca de un Autor.
5 Cabe señalar brevemente que las vida de todo personaje y protagonista, mencionado o no, se debe a un Creador que no implica otra presencia que la propia.
6 Oscar Wilde, The Critic as an Artist, II: “…it is only by identifying his own personality that the critic can interpret the personality and the work of others…The actor is a critic of the drama.”
7 San Pablo, 2a Timoteo 4, 6.

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

 

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Desvíos del Intelectual

17.09.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Política, Colaboradores, Opinión, Marina Ayala

No asombra que las personas menos formadas desde el punto de vista intelectual y menos integradas a la cultura sean víctimas fáciles de regímenes totalitarios. Es por ello que la frase “mientras más pobres más leales a la revolución” no debe decirse, pero una vez pronunciada por una banal confesión poco estratégica, cause indignación pero no asombro. Lo que interroga es como los llamados “intelectuales” permanecen apegados a un proceso que a nadie ya se le escapa sus intereses de dominación y sometimiento esclavizante de toda una población. No es, ni ha sido un fenómeno único en nuestra tierra, ejemplos hemos tenido a lo largo de la historia, intelectuales que han apoyado e incluso vanagloriado fenómenos totalitarios por más espantosos y grotescos que estos hayan sido. Al ser un punto curioso y sin duda enigmático bien vale la pena tratar de encontrar algunas luces en esta oscuridad. Apartando el fenómeno de conveniencia de aquellos que se trazan por intereses privados, un bienestar propio o posibilidad de amasar fortunas que de otra forma no podrían, hay “intelectuales” que tratan de justificar la dominación a costa de sus propias honestidad racional y pueden apartarse definitivamente de sus grupos de referencia sin que se pueda ver con claridad algún interés personal. Quedan aislados de sus colegas e incluso amigos interlocutores, solos y arrogantes, enredados en un pensamiento solipsista terminan enloquecidos.
Si observamos con cierta acuciosidad la tendencia de una sociedad sometida a un atropello generalizado y en todos los órdenes, es la de irse aislando para que cada quien encuentre sus propias y precarias soluciones. El que escogió como modo de vida los libros y el deleite del pensamiento tiene de por si una vocación de soledad pero necesita y es imperioso que sus ideas horneadas en su propia habitación puedan ser compartidas por otros que se dedican o no a la disciplina del pensar y también es necesario no desligarse de una realidad que es al fin y al cabo el mejor terreno para el florecimiento de la reflexión fértil del que quiere entender al mundo y su pasión es el hombre y sus vicisitudes. El nazismo se surtió esencialmente de los “burgueses” que escogieron sacrificarlo todo con tal de salvaguardar su intimidad y sin embargo estos muros falaces fueron los más fáciles de derribar. Se tropieza una y otra vez con la misma piedra porque a un versado en las ideas y lector de los hombres que las forjaron no se le escapa el devenir de los autores que sucumbieron a los tentáculos del poder y sin embargo tratan nuevamente de seducir al tirano y creer que con ello pueden dominar lo indomable. Signos de soberbia que es el gran mal que aqueja al “intelectual”
El “intelectual” termina siendo seducido porque abriga en su interior y quizás con un gran desconocimiento por su parte a un “tirano dormido” al creer que todo lo puede entender, juega con su posición de superioridad y con la creencia que puede dominar al mundo; observa a sus semejantes con desprecio e incluso se toma la libertad de insultar con el mayor desparpajo y con la seguridad de que tiene sobradas razones para hacerlo. Cree que seduce y termina siendo víctima de la peor ignorancia, el desconocimiento de sí mismo. Nada más adecuado que una persona que ha dedicado su vida a interrogar al mundo y al ser humano debatiéndose en la existencia, para entender que el pensamiento y las ideas es una tarea sin fin, nunca podrá ser abarcada toda la fenomenología de órganos vivos que tienen la potestad de sorprender a cada instante. Pero lo que se repite no ocasiona sino el interés por lo que se mantiene acucioso a pesar de la gastada experiencia y no hay nada más persistente y terco que el inconsciente al que no se acerca el “intelectual” porque el mismo cree que su ego lo abarca todo, el sentimiento oceánico del que nos hablaba Freud. Se equivoca y se equivoca a costa de su propia vida.
Enrique Krauze hace una clara y adecuada advertencia en el prólogo del libro que Mark Millas dedica a este tema, así nos dice “El propio Sócrates advirtió que una de las raíces de la tiranía es la soberbia a la que son susceptibles algunos filósofos: son ellos quienes orientan las mentes de los jóvenes y los conducen a un frenesí político que degrada la democracia. La única alternativa frente a esa intoxicación política es la humildad, fruto del autoconocimiento” Así que es una sorprendente realidad con las que nos hemos tropezado una y otra vez. Pero no es el único inconveniente con la que tiene que lidiar el “intelectual” en tiempos de dictadura, al mismo tiempo que juega al seducido se ve expulsado de las filas de los consentidos por el régimen porque el seductor presiente o conoce el peligro que representa la iniciativa intelectual, espiritual y artística que bien como señala Hannah Arendt son actividades más peligrosas que la propia oposición política. Es más peligrosa porque al no entender el tirano de qué se trata le resulta impredecible y por lo tanto inmanejable de allí que el “intelectual” sea objeto de una exclusión de las filas del poder. “El totalitarismo en el poder sustituye invariablemente a todos los talentos de primera fila, sea cuales fueren sus simpatías, por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de la lealtad”.
Queriendo participar de la tendencia dominadora el “intelectual” se encuentra enredado en su propia trampa y es tan persistente en su soberbia que una vez empujado a la oposición política entonces se dedican a burlarse y denigrar de los torpes pasos que emprende la ciudadanía en defensa de sus libertades. Con sus actitudes nihilistas, relativistas y cínicas contaminan el ambiente con una pesada carga derrotista que hace tanto daño como las claras acciones aplastantes y bárbaras de los regímenes autoritarios. Por supuesto, y hay que decirlo, muchos “intelectuales” no sucumben a estas tentaciones y son precisamente aquellos que se han dado a la tarea de conocerse y adoptar para sí y sus pensamientos actitudes de humildad. A estos pensadores tampoco les toca un camino fácil porque son despreciados y dejados de lado incluso por la propia academia, pero la honestidad les debe guiar a soportar y no flejar en su tarea de arrojar claridades en la vida pública. La incursión en la política se hace inevitable cuando la ciudadanía se ve amenazada en sus derechos fundamentales pero a sabiendas que en este ámbito se transita como el que va a la guerra, comporta un tropezarse inexorablemente con la violencia y de allí se saldrá con más de una curita, pero lo esencial es que se debe ir armado con una ética de la honestidad y no con una ética de la conveniencia. Para arrojar luz en la vida pública es indispensable haber prendido la luz en la vida privada y es en este sector, donde al parecer, más le falla la electricidad al “intelectual”.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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¡Tapen, tapen!

16.09.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Parece increíble, casi de “El extraño mundo de Subuso”, que el lema del régimen sea idéntico al consejo que le daba un godo de uña en el rabo y ladronazo como él solo a sus funcionarios y validos. ¡Ojo, que no me estoy refiriendo al Capitán Hallaca! Aunque la descripción le cae. Me estoy refiriendo a Laureano Gómez, el expresidente colombiano. Es asombroso que unos fulanos que juran ser los modernizadores del socialismo, los arquetipos de la pureza administrativa y los dechados de la eficiencia ejecutiva se guíen por las recomendaciones de uno de los más radicales líderes conservadores y, sin duda, uno de los principales culpables del surgimiento de las guerrillas en su país. Pero, si uno analiza mejor, debe concluir que el nortesantandereano que desmanda hoy en Venezuela se parece mucho a su paisano mencionado antes. Ambos, para mandar, se fundamentaron en la reducción de las libertades ciudadanas, la exacerbación de las policías políticas, el empleo de “patriotas cooperantes” para denunciar a los adversarios políticos y la represión más amarga contra quienes fuesen contrarios, o meros indiferentes, al “evangelio” que descendía desde el palacio presidencial. Y en tratar de disimular las chambonerías y latrocinios cometidos por él y sus subalternos.

Porque es la única manera que tienen para tratar de perpetuarse en el poder. Ya no les sirven ni el exacerbado clientelismo, basado en el empleo de los recursos públicos para lograr que los electores voten por ellos; ni la aberración cínica de las medidas populistas que alientan el desprecio por el trabajo, incitan al limosneo y corrompen a los venezolanos de mentes más sencillas. Como no pueden construir un país próspero y democrático de verdad —porque se robaron los recursos y porque son una manga de ineptos—, tienen que apelar a las mentiras y las ocultaciones de las atroces realidades que sufre la nación. Aunque el ilegítimo recurre a las amenazas y los ditirambos al muerto fallecido en sus aburridas y largas cadenas, son más frecuentes las apelaciones a las excusas absurdas y a las omisiones. Por un lado, hacen reverdecer las teorías conspirativas de la “burguesía apátrida” que hace una “guerra económica” aupada por los “imperialistas”. Por el otro, nada dicen de los latrocinios que abundan en su entorno. Y en eso lo siguen todos los miembros del gabinete. Es una pantalla tupida la que tratan de construir, pero la realidad es más fuerte. Si la cortina de hierro no pudo impedir el derrumbe de la URSS, ¿qué podrá lograr la débil mampara que tratan de erigir estos incompetentes para evitar que se vea el desmoronamiento moral y la debacle de la economía? No pasa de ser un parabán de coleto tapizado con hojas de “Vea” y “El Correo del Orinoco”. Y eso puede que sirva para ocultar lo que sucede al otro lado en una pensión infame en el medio del llano barinés, pero en parte alguna más.

Ellos lo saben. Y por eso apelan a otra herramienta del arsenal comunista: el empleo de jueces y fiscales para encausar y poner tras las rejas a quienes dicen las verdades. Ya el ilegítimo le dio órdenes a la mechi-pintada de abrirle un proceso a Ricardo Hausman. Y esta ya debe haber designado al esbirro legal que ha de cumplir la fechoría. Y todo, por aquél haber dicho una verdad: no hay reservas suficientes para pagar los intereses de la “soberana deuda” (como la bautizó Laureano, el bueno, el nuestro) y comprar comida y medicinas. O se hace lo uno o lo otro; pero no las dos cosas. Y lo que se dice por ahí es que optará por lo primero. Porque es que —recuerden— entre los tenedores de bonos venezolanos hay mucho copartidario millonario…

Por lo mismo, el turco que manda en Aragua ya pidió que se enjuicie al médico que alertó sobre las misteriosas muertes ocurridas en el Hospital Central de Maracay. No informa de las medidas profilácticas que deben ser tomadas, no desmiente las muertes (solo reduce el número de ellas); simplemente busca que no se sepa la realidad. El médico únicamente ha hecho lo que la deontología de su profesión le manda: alertar de un posible peligro para la salud de la comunidad. Pero hasta que el representante del partido Baaṯh en Venezuela —¿o se habrá pasado para el IS?— no vea en chirona al informador del hecho, no va a estar tranquilo.

Cárcel, también, para un oficial subalterno y unos individuos de tropa por el delito de contrabando. ¡Bien presos! Pero eso no pasa de ser otra cortina de humo para tratar de ocultar lo que todo el mundo sabe: que la gasolina y los alimentos subsidiados que pasan para Colombia ilegalmente son negocio de personas de mucha más gradación en el escalafón militar. Pero esos son copartidarios…

Como los casos mencionados en los párrafos anteriores, mucho otros. La judicialización de la protesta mantiene en prisión a muchos jóvenes injustamente. Esta semana, los jueces del horror van a ordenar —seguramente— nuevas medidas de encarcelamiento contra los que fueron detenidos en las protestas de la semana pasada en Caracas y Barquisimeto. Eso es inicuo.

Pero va muy acorde con las prácticas de Laureano (el malo, el paisano de Nikolai): el empleo de medidas autoritarias y de esquemas represores en contra de quienes pudieran oponérseles. ¡Y, cuidado si no llega, como propuso el bogotano, a las "acciones intrépidas" y los "atentados personales", por parte de la policía política, para evitar la caída del régimen!...

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.
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Centenario del Alma Llanera

15.09.14 | por Colaboraciones LITERANOVA [mail] | Categorías: Colaboradores, Música, Actualidad

por Elías Anzola Pérez

La Caracas del Siglo XIX fue muy afecta a la zarzuela, género musical muy activo en el Teatro de Maderero, luego llamado Teatro de la Zarzuela; se cree que la primera zarzuela venezolana fue Los alemanes en Italia, del compositor criollo José Ángel Montero (Caracas, 1832-Caracas, 1881), maestro de capilla de la Catedral de Caracas y autor de muchas otras así como de la ópera Virginia, con libreto de Doménico Bancalari (1809-1878), estrenada en el Teatro Caracas en 1873. Aunque Virginia se menciona como la primera ópera venezolana, se conoce que la verdadera iniciadora de este género en el país fue El maestro Rufo Zapatero, compuesta por José María Osorio (1803-1858); quizás la confusión se deba a que esta última pertenecía al género bufo, mientras que el libreto de la ópera de Montero se centraba en el poder despótico y la injusticia social.

La zarzuela en un acto y tres cuadros Alma llanera, con música del compositor Pedro Elías Gutiérrez (1870-1954) y libreto del escritor Rafael Bolívar Coronado (1884-1924 ), nativo de Villa de Cura, fue estrenada en el Teatro Caracas –también conocido como Coliseo de Veroes- el 19 de septiembre de 1914 por la compañía española de opereta de Manolo Puertolas recién llegada al país como parte de una gira latinoamericana cuya principal figura era la tiple Matilde Rueda; para la representación al grupo de cantantes, bailarines y músicos se agregó un negrito “joropeador” nativo de Villa de Cura, Estado Aragua, de nombre Mamerto. La presentación gustó mucho; la crónica del diario El Universal del día siguiente se refería al evento afirmando que “… Alma llanera es escena de la vida en las sabanas venezolanas, a la ribera del Arauca”...”. El éxito de la obra le valió a Rafael Bolívar Coronado, autor de la letra, una beca del gobierno de Venezuela para estudiar en España.

La zarzuela no fue representada de nuevo hasta el 28 de diciembre del mismo año en el Teatro Municipal de Caracas en homenaje al autor venezolano Teófilo Leal y luego fue vista en Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto. La primera edición de la zarzuela la publicó Bolívar Coronado en 1915 en la Imprenta Americana de don Pepe Valery. La última representación de la zarzuela ocurrió el 1º. de junio de 1930 –ya fallecido su autor- en el Teatro Olimpia, de Caracas, por Rafael Guinand y su grupo.

El compositor y director Pedro Elías Gutiérrez –de acuerdo con Bolívar Coronado- decidió independizar el joropo de la zarzuela montándolo en la Banda Marcial de Caracas bajo su dirección y estrenándolo en la retreta de despedida del año el 31 de diciembre de 1914.

Bien conocido es que este embriagador joropo se convirtió en un emblema venezolano y su ejecución se convirtió en una pieza obligada tanto por orquestas como por solistas y grupos vocales en el mundo entero. Ojalá que “la viva Diana” siga siendo la convocatoria centenaria de todos los venezolanos para luchar y mantener el “alma primorosa del cristal”.

EAP/Septiembre 2014

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Desangelado - Capítulo 18

14.09.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Extractos, Libros, Novela, Literatura, Capítulo

Desangelado
(novela)

Eduardo Casanova

Primera parte

Capítulo 18

Cuando se instaló el nuevo congreso, Ángel Almalegre se sintió dueño del mundo. Tenía por delante una carrera brillante y todo el mundo se lo decía. Salvo Angélica, que no creía que ser político en El Dorado tuviese nada que ver con éxito, ni mucho menos con brillo. Para Angélica, y así se lo dijo, era mucho más importante un agricultor, capaz de producir papas, o un artesano capaz de hacer una talla de madera, o un obrero que puede fabricar una pieza de cualquier máquina o poner los ladrillos de una pared, que un abogado como ella, que vivía de los pleitos de los demás o, en especial un político como él, que era un parásito absoluto y vivía de engañar a todo el mundo. El abogado, por lo menos, si actuaba de buena fe servía para enderezar entuertos y podía ayudar a mucha gente. Ángel no supo si tomar aquella perorata en serio o si, simplemente, aceptarla como una broma, porque, aunque Angélica no era dada al humor, se lo había dicho con una sonrisa en el rostro y como sin darle importancia. Optó por el segundo camino. Era más fácil. Y cuando presentó sus credenciales y se encontró integrado al grupo de diputados elegidos por el Movimiento FIVE, que fue como llamaron oficialmente al FIVE, que no era en realidad un partido sino un “grupo de electores,” de acuerdo a la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas, se sintió en las nubes, en la estratósfera y dueño del mundo. No era un partido, pero una decisión del Consejo Supremo Electoral, alentada especialmente por el Panaderos, les había permitido hacer uso del recurso de los cuocientes electorales, que era algo que la Ley prohibía. Pero así el FIVE había logrado dos senadores y seis diputados adicionales, lo que servía para disminuir los aportes a eventuales mayorías de otros partidos, especialmente del Endocrina. Ángel se dio cuenta de que para aquellos señorones, solemnes y muy serios, la ley no tenía el valor que hasta ese momento para él más o menos había tenido por lo menos en teoría. Era más bien algo maleable, que se adaptaba a los intereses momentáneos de quienes tenían que administrarla e interpretarla, y en ese trance, era evidente, al Panaderos, le convenía que el FIVE tuviera una fracción relativamente fuerte, para debilitar la fracción Endocrina, que amenazaba con hacer una oposición seria al nuevo gobierno. Aun antes de constituirse como fracción, también era evidente que los integrantes del FIVE se veían como un auténtico partido político, con sus pleitos a cuchillo y sus zancadillas, y muy especialmente con sus facciones, que en ese caso fueron dos muy definidas: la que dirigía el doctor Pedro Mamerto Mediatinta, hombre ampliamente conocido en la vida política del país, y la que dirigía Roberto Vientosilente Almalegre, Bobby, hombre casi enteramente nuevo en la vida política del país, en la que, por razones demasiado obvias, se ubicó Ángel Almalegre sin dudarlo un nanosegundo. Desde el día siguiente a las elecciones habían negociado, cada uno por su cuenta y en secreto, con los Panaderos, una posible coalición para apoyar al gobierno del Presidente Clemente Violadagambi. Mediatinta, a quien sus enemigos, que eran muchos, llamaban “Perro Muerto,” era una de las mentes más alambicadas y enrevesadas del país. Menudo, flaco, fané y descangallado, nació en un oscuro pueblo de provincia, en tierra caliente y costeña, desde muy niño se destacó por su barroquísima elocuencia, por su sexualidad desviada, que lo hacía buscar jovencitos en las noches citadinas y, sobre todo, por su habilidad para halagar a los demás y obtener de ello grandes ventajas. Su carrera fue claramente geográfica y educativa. Arrancó en su aldea, en donde fue alumno destacado de la única maestra del sitio, luego pasó a un pueblo grande para completar la primaria e iniciar estudios de música, de allí a una ciudad capital de provincia a estudiar bachillerato y música, y especializarse en Arpa clásica, y por fin recaló en Guanoco, en donde se instaló con gran éxito y estudió economía en la Universidad Nacional, además de música en la Escuela Superior de Ídem. Al poco tiempo de terminar su carrera universitaria, y a pesar de que los especialistas le auguraban una gran carrera musical, dejó para siempre el Arpa porque, según él, no era algo serio y lo obligaba a tener uñas largas, y empezó a actuar en el mundo de la política. De él se decía que, al levantarse, lo primero que hacía era elogiarse a sí mismo frente al espejo, no para levantar su autoestima, sino para ensayar y practicar las artes de la adulancia. Se inició en la política nacional, a gran escala, en tiempos de la Junta de Gobierno que presidía Régulo Gutapercha, cuando fue un destacadísimo diputado del Panaderos, en la Asamblea Constituyente, dueño de un verbo alambicado que maravillaba a los que no le entendían absolutamente nada. Luego repitió en el Congreso Nacional, pero al caer Régulo Altamiro se vio que sus convicciones democráticas no eran tan sólidas como para resistir persecuciones, prisiones y torturas que le privaban de sus extraños gustos sexuales, por lo que fue repudiado por los Panaderos. Cuando Régulo Gutapercha fue elegido presidente, en 1958, Mediatinta entró por un pelo como senador por el Partido Liberal Doradeño (PALIDO), el partido de Clarinplateado, que en ese instante apoyó la candidatura del coronel Contrasentina. Y como senador por el PALIDO, Mediatinta formó una fracción unipersonal y en vez de respaldar la posible candidatura de Clarinplateado se dedicó a promover la de Aris-Gorrochoteguiurzúa. Se incorporó muy tarde al FIVE, razón por la que no logró ser candidato a senador, como aspiraba, sino a diputado. Pero no se lamentaba en absoluto por eso, pues como candidato a senador por el FIVE habría estado después de Aris-Gorrochoteguiurzúa “Melodio Sí Sabe” y solo hubiera podido ser senador suplente, en tanto que como diputado fue el primero en la lista y por lo tanto el candidato natural a jefe de la fracción de la cámara baja. Bobby Vientosilente Almalegre, que fue el segundo de la lista, era un elegante jugador de tenis que tenía algo de playboy y dinero en abundancia, y que, tal como Mediatinta, aunque en forma mucho menos notable, había hecho alguna carrera política en el partido de Jacinto Clarinplateado, el PALIDO, pero a diferencia de Mediatinta, era ésta la primera vez que se convertía en parlamentario. Su madre era prima lejana del doctor Almalegre, el padre de Ángel, y desde que se encontraron en el FIVE llamó a Ángel primo y lo trató con especial deferencia, razón por la que Ángel, desde el momento en que se vio que la fracción de diputados del FIVE se iba a dividir entre seguidores de Mediatinta y seguidores del su pariente, optó por seguir al primo. Aunque en realidad hubo desde el comienzo un tercer grupo: el de los que descaradamente, aun cuando habían ingresado al parlamento en las listas del FIVE, se arrimaron a los del Panaderos, o a los del Endocrino, es decir, al gobierno o a la oposición, que fueron bautizados por Mediatinta como los “tránsfugas” y por Vientosilente Almalegre como los “jueputas” o “pragmáticos.” Melodio Aris-Gorrochoteguiurzúa “¿Melodio Sí Sabe?,” como primer senador por el Distrito Nacional, era el jefe indiscutido de la fracción en su conjunto, y dijo en privado que no intervendría en absoluto en la competencia entre Mediatinta (a) “Perro Muerto,” y Vientosilente Almalegre, el pariente lejano de su mujer. Divide et impera, afirmó con mirada de picardía. El primer punto de la competencia en la fracción de diputados pareció ganarlo Mediatinta cuando reunió a los veintiún diputados, veintiuno de los veintisiete elegidos en las listas del FIVE (los otros seis eran los tránsfugas o jueputas-pragmáticos) y les explicó que todos tenían un seguro colectivo muy bueno, pasajes aéreos gratis en las líneas aéreas nacionales y habitación pagada todo el año en dos hoteles de la capital los que eran diputados o senadores por cualquier estado cuya capital estuviera a más de ciento veinticinco kilómetros de Guanoco, descuentos en ciertas tiendas, bares y restaurantes en donde también tendrían crédito, y solo tenían que asistir a las sesiones los martes, miércoles y jueves a partir de las cinco de la tarde; sus sueldos serían iguales a los de los ministros del gabinete ejecutivo y a los de los jueces de la Corte Suprema de Justicia, pero aquellos que formaran parte de comisiones parlamentarias tendrían ingresos adicionales, y si presidían una comisión ganarían aún mucho más, tal como los presidentes y Vicepresidentes de las cámaras, pero, claro, también tendrían que dedicar más horas al asunto. Vientosilente Almalegre, a su vez, le regaló a cada uno una pluma fuente de oro y una agenda con su nombre y apellido, y además los invitó a todos a una cena en el restaurante más caro y lujoso de Guanoco, cena a la que Mediatinta, “Perro Muerto,” no asistió porque tenía un encuentro importantísimo con el Presidente electo, con lo que perdió algunos puntos, pues fue en la cena, presidida por el propio doctor Aris-Gorrochoteguiurzúa “¿Melodio Sí Sabe?,” en donde se tomó la decisión de formar un partido político propiamente dicho, que se llamaría Organización Liberal de El Dorado (OLED), que de liberal apenas tenía el nombre, puesto que su única línea doctrinaria era seguir al doctor Aris-Gorrochoteguiurzúa por donde quiera que el doctor Aris-Gorrochoteguiurzúa quisiera ir, y que tendría como presidente al doctor Aris-Gorrochoteguiurzúa, en tanto que en otra reunión se decidiría quién sería el Secretario General y quiénes ocuparían los otros veintitantos cargos de la dirección nacional, porque, eso sí, ni uno solo de los senadores, que además de Aris-Gorrochoteguiurzúa eran tres, ni de los veintiún diputados, quedaría sin su correspondiente cargo directivo de aquel partido, el OLED, que invitaba con tanto énfasis a la población a notar su presencia en el cambiante mundo de la política doradeña. Y todos se comprometieron a salir a la calle a buscar militantes para la nueva “tienda” popular y de masas, destinada, según ellos, a cambiar la historia del país, que fue lo que dijo el doctor Aris-Gorrochoteguiurzúa “¿Melodio Sí Sabe? Bueno, por fin: ¿Sabe o no Sabe?” en su encendido discurso.

Desangelado (novela)
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Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




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