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Octavio Paz y la teoría de las violaciones

20.09.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Ideas, Política, Literatura, Escritores

¿Descubrimiento, encubrimiento, encuentro de dos culturas? ¡Violación!
En la segunda mitad de la década de 1980 en ambos lados del Atlántico hubo encuentros cuyo objeto era preparar la conmemoración de los 500 años de la llegada de Colón a aguas de lo que hoy conocemos como América. En este lado de la mar océana, los encuentros fueron en la ciudad de México, convocados por la Federación de Institutos de Estudios sobre América Latina y el Caribe (Fiealc). Hubo en ellos un poco de todo, pero el primer tema de alguna importancia fue la búsqueda de un término apropiado para la conmemoración. Algunos hablaban de “descubrimiento,” otros de “encubrimiento,” varios de “encuentro de dos culturas,” y el filósofo mexicano Leopoldo Zea proponía el fuerte término “topetazo de dos culturas.” Nadie se dio cuenta de que mucho tiempo atrás Octavio Paz (1914-1997) ya había resuelto el problema: no había que utilizar ninguno de los más o menos dulces eufemismos que se propusieron, ni tampoco lo del topetazo, que se limitaba a las regiones de América en donde hubo realmente culturas importantes, pues lo que ocurrió a partir de la llegada de Colón y sus tripulantes y aventureros al territorio para ellos desconocido que creían asiático fue, ni más ni menos, una auténtica violación.
“Violación” es la agresión sexual mediante el uso de la violencia o de mecanismos que anulan el consentimiento de la persona poseída, como es el caso de menores de edad o personas que se encuentran en estado de inconsciencia. Así lo entendieron muchos sacerdotes que participaron en el proceso, de buena fe. España, representante del poder europeo, con sus armas de fuego y su mayor capacidad de movilización, asaltó a los indígenas americanos, cuya historia y cultura probaron ser menos poderosas que las europeas. La justificación fue el llevar a esos indígenas la palabra del Dios verdadero, de la que habían estado privados por su inocencia, por su condición de inconsciencia. La verdadera razón, la que se ocultaba tras el piadoso disfraz religioso, era otra: Europa necesitaba expandirse, buscar los ricos mercados asiáticos, y Colón sostenía que era posible llegar a ellos por agua, sin tener que sufrir las complicadas rutas del oriente.

¿Una violación? Muchas violaciones.
Paz había planteado en su ensayo “El laberinto de la soledad” (1950) la idea de que el pueblo mexicano es producto de una violación, lo que tendría importantes consecuencias en la mentalidad colectiva del mexicano y explicaría muchas de sus características, en especial las menos positivas. Pienso que no le faltaba razón, pero esa idea no se debe limitar a México, sino hay que aplicarla a todos los países que surgieron en el continente americano durante ese medio milenio. Al fin y al cabo todo el territorio que hoy se conoce como América fue violado, no solamente por los españoles, sino también por los ingleses, portugueses, franceses, holandeses y hasta daneses, pero además por los propios americanos. Y no ha sido una sola violación, han sido muchas y a través de un largo espacio de tiempo. Desde luego, bien puede afirmarse que los que más perdieron por esas violaciones fueron los descendientes de los mayas y los aztecas, los actuales mexicanos, aunque también perdieron muchísimo los actuales peruanos, pero igualmente perdieron mucho los guatemaltecos, los bolivianos, los paraguayos, los chilenos, los argentinos y todos los habitantes del territorio americano. Claro que los venezolanos, los del norte de Colombia y los brasileños perdieron menos que los demás, porque tenían menos si se les compara con los mexicanos y peruanos, pero tenían un mundo propio, lleno de virtudes que han sido exaltadas por los propios violadores. Aunque sería necio decir que no tenían (y tienen) muchas limitaciones y muchos defectos.
Pero la pluralidad de las violaciones no se debe a que fueron varias en el tiempo, sino también a eso de que fueron muchos los violadores, y no hablo solamente de los europeos, sino también de los propios americanos y de sus mutuas violaciones. La primera, desde luego, fue la de Colón (aunque hoy se cree, o se sabe, que hubo una muy anterior, perpetrada por escandinavos, pero esa no dejó una huella permanente), y luego se produjeron las de los otros europeos, que modificaron sustancialmente la vida de los habitantes autóctonos de América hasta transformar a América en un apéndice occidental de Europa, relegando a las culturas violadas, en especial las grandes culturas indoamericanas, a una posición que podría definirse como culturas para arqueólogos y visitantes de museos. Y las menos avanzadas se han visto a su vez reducidas a curiosidades para antropólogos y ricos que acepten cubrirse de repelentes de zancudos y otras incomodidades.
No tiene el más mínimo sentido discutir qué habría sido de los que hoy llamamos indoamericanos sin la intervención, la violación, de los europeos. La historia no puede retroceder y lo hecho quedó hecho. De la primera violación, o de las primeras violaciones, salieron pueblos nuevos, distintos a los que existían, a los que bien se les puede aplicar el término de bastardos.

La bastardía es príncipes.
Manuel Alfredo Rodríguez (1929-2002), historiador, filósofo, escritor, muy ligado a Rómulo Gallegos, solía decir que la bastardía es de príncipes. Los Trastámara, Juan de Austria, Guillermo I el Conquistador y otros grandes personajes de la historia le daban la razón. Pero lo más importante de esa afirmación es que al término “bastardo” hay que quitarle su connotación peyorativa. Hasta para diferenciarnos en eso de los angloparlantes. ¿Qué es un bastardo? Un hijo nacido fuera de matrimonio, y una de las razones más importantes de la institución matrimonial es el egoísmo del macho, que se niega a criar hijos ajenos. Hoy en día las leyes (en Venezuela y en muchos países) han eliminado la filiación y con eso han hecho desaparecer la idea del hijo ilegítimo. En la antigüedad, tanto en Francia como en España e Italia, la bastardía no era deshonrosa. Los hijos naturales, especialmente entre los nobles, heredaban los bienes de sus padres con la sola condición de haber sido reconocidos, llevaban sus apellidos y usaban sus armas aunque con una banda que cortaba diagonalmente su escudo, que era lo que se llamaba “barra bastarda.” Los pueblos americanos, del norte, del centro y del sur, en siendo productos de violaciones, bien pueden ser asimilados a la idea de bastardía, siempre y cuando aceptemos que la bastardía es de príncipes. Es obvio: si somos descendientes de doncellas violadas no somos hijos “legítimos” sino bastardos. Debemos, pues, asumirlo con gallardía y no usarlo como excusa para nuestros defectos. Octavio Paz se refirió a esa realidad y habló de los “chingones” (en su acepción de prepotentes) y los “agachados” (con complejo de inferioridad). Todos podemos hablar en nuestra antigua América española de los “vivos criollos” y los humillados, y de allí sacar un mundo de conclusiones. Y mientras el hispanoamericano siga acomplejado, los “vivos,” hispanoamericanos o no, seguirán victimizando a los humildes e imponiendo sus abusos.

Las víctimas iniciales.
En lo que hoy llamamos Estados Unidos, cuando la primera violación, apenas había culturas muy elementales que fueron rápidamente vencidas y desplazadas por los violadores, tanto por los españoles como, posteriormente, por los ingleses. Inuits, Iroqueses, Misisipianos, etcétera, que no tenían niveles importantes de desarrollo desde el punto de vista de la cultura hoy llamada Occidental.
Otra cosa ocurría en lo que hoy es México, o en Guatemala y buena parte de la América Central. Allí estuvieron los mayas, cuya presencia era notable en los estados de Yucatán, Campeche y Tabasco, la parte oriental de Chiapas, y el territorio de Quintana Roo, así como en Guatemala, la región occidental de Honduras y todo Belice. Se trata de pueblos que llegaron a estas tierras provenientes de Asia y desarrollaron una cultura importante, distinta a las de otras regiones. Estaban organizados en ciudades-estados independientes, dirigidos por un cacique territorial que manejaba la política interior y exterior con el asesoramiento de un consejo compuesto por los jefes principales, sacerdotes y consejeros. Cada cacique o señor designaba jefes de los pueblos y aldeas. Cada ciudad tenía una o más plazas rodeadas por edificios cívico-religiosos. Eran notables las pirámides escalonadas como bases de templos y altares que estaban sobre plataformas, canchas para el juego sagrado de la pelota, patios, etcétera, todo construido de piedra tallada y ornamentada. Las viviendas eran de palos con techos de paja y estaban diseminadas en torno al centro ceremonial. Los mayas fueron grandes constructores en piedra, dominaron el arte de las falsas bóvedas y otras técnicas avanzadas. Cultivaban con gran habilidad el maíz, que fue algo fundamental en su civilización. Llegaron a desarrollar tanto la escritura como dos sistemas numéricos.
Posteriormente, en México, se desarrolló la cultura Tolteca, que fue el nexo entre Teotihuacán y los aztecas. El territorio fue invadido por los chichimecas o tribus del norte que cayeron sobre Teotihuacán a mediados del siglo VII d.C. A mediados del siglo IX d.C., los toltecas se fueron de Teotihuacán y deambularon por el valle de México en busca del lugar apropiado para llevar a su capital. Eligieron el valle del Tula y fundaron Tollán en un período bélico y de grandes desórdenes que facilitó la imposición final de los aztecas.
Tenochtitlán, la gran ciudad de los aztecas, fue fundada en 1325. La tribu errante se había establecido en el islote del lago Texococo. Los aztecas dividieron la ciudad en cuatro sectores: Moyotlán, Zoquiapan, Atzacualco y Cuepocan. Se discute si debe hablarse de Imperio Azteca o de Confederación, pero en todo caso, los méjicas dominaban su territorio y exigían tributos y siervos destinados al sacrificio, además de controlar las comunicaciones, todo lo cual facilitó después la violación por parte de los europeos que llegaron desde del mar y se aliaron con los pueblos dominados para destruir la civilización existente e imponer la suya de manera sorprendentemente rápida.
Más hacia el sur, especialmente en lo que hoy es Perú, existió otra gran civilización, que se conoce como el Imperio Incaico, que cubría el espacio que hoy conocemos como sur de Colombia, Ecuador, Perú y norte de Chile. Alcanzaron también altos grados de civilización, aunque no llegaron a desarrollar un sistema de escritura propiamente dicha. También fueron rápidamente derrotados y conquistados por los españoles. En ambos casos, el de los aztecas y el de los Incas, la superstición fue un elemento muy importante en el éxito de los violadores.
En el norte de Colombia, Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, el resto de Chile, las Guayanas, las islas del Caribe y las regiones de Norteamérica y Centroamérica que no fueron parte del imperio maya o azteca, no existieron formas realmente organizadas de civilización, y aunque ofrecieron una buena resistencia a los violadores, fueron muchos elementos que también conspiraron en su contra como para que esa resistencia pudiera imponerse.
Es pues, evidente, que las víctimas más notables de la primera violación fueron los actuales mexicanos, y en segundo término, los peruanos.
A esas víctimas hay que agregar otras víctimas, no americanas: los africanos, que fueron violados y martirizados por los europeos, especialmente por los españoles, ingleses, portugueses, holandeses y franceses. Y esa violación y martirización duró hasta bien entrado el siglo XIX, aun después de que casi todos los países de la América española se independizaron, lo que ratifica que también los americanos fueron violadores.

Los primeros violadores.
Parece ser que hubo un primer intento de violación por parte de navegantes escandinavos en la parte oriental de Norteamérica, que no dejó ninguna consecuencia. Por lo tanto, hay que aceptar que los primeros violadores fueron los españoles, comandados por un personaje extraordinario que no era español pero actuó para los Reyes Católicos: Cristóbal Colón. Posiblemente haya nacido en Génova entre 31 de octubre de 1450 y el 30 de octubre de 1451. Murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, después de una vida llena de aventuras y desventuras, que incluyeron cuatro viajes a lo que después se llamó el Nuevo Continente. Con sus viajes se inició eso que no sabemos si llamar descubrimiento, encubrimiento, encuentro de dos culturas, topetazo o, como parecería desprenderse de un planteamiento de Octavio Paz, violación. Sin duda fue el que con su acción propició la expansión mundial de lo europeo. Pero sería injusto considerarlo el único violador. Como tampoco sería justo decir que España fue la única violadora de lo americano. Y tampoco puede decirse que sólo los europeos deben ser considerados violadores, porque los propios americanos, los del norte y los del sur, han sido violadores en puridad. Los peores de todos: los estadounidenses, pero también los brasileros, y muchos otros. La historia de América, tanto antes de ese hecho que se produjo el 12 de octubre de 1492 como después, está llena de violaciones. Pero, vamos, también lo está la de Europa, la de Asia, la de África y la de Oceanía. Se trata, pues, de la naturaleza humana. La gran diferencia está en que la mayoría de los pueblos victimizados, violados, superó con creces su situación y no la convirtió en razón de ser para seguir considerándose víctimas en el tiempo.

Los Héroes arquetípicos: ¿Violadores?
Después de descubierto, encubierto o violado el territorio que en otra gran injusticia, producto de la equivocación de un geógrafo, pasó a llamarse América, hubo todo un proceso de violaciones que fue cubriendo rápidamente ese territorio. Inicialmente, como vimos, fueron los españoles, los conquistadores, los que violaron a diestra y siniestra. Pero pronto se sumaron otras nacionalidades. A esos primeros violadores podemos calificarlos de padres violadores, y de esos procesos surgieron los dominios europeos en el continente americano. Pero en los inicios del siglo XIX España fue violada por Bonaparte, y se produjo en la América española un fenómeno derivado de la Revolución Americana de 1786 (génesis de los Estados Unidos de América). En un inevitable proceso que tuvo mucho que ver con el enciclopedismo europeo, los independentistas violaron los virreinatos y gobernaciones que habían creado los españoles en América a lo largo de tres siglos. Surgieron así nuevos países, producto de esas violaciones por parte de los grandes Héroes arquetípicos: Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, de Venezuela, José de San Martín de la Argentina. En México, José María Morelos, en Chile Bernardo O’Higgins, etcétera. Caracas y Buenos Aires, zonas en las que no hubo grandes culturas indígenas, fueron los primeros centros de los procesos independentistas. Cuba y Puerto Rico no se independizaron de España, sino le fueron arrebatados por Estados Unidos de América, convertido a su vez en violador. Por algo dijo Bolívar: “Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la Providencia a plagar la América toda de miserias en nombre de la libertad.” El proceso de independencia de los pueblo debería haber cortado de raíz la tendencia de los hispanoamericanos a sentirse inferiores, pero no fue así. En ese sentido parecería que los Héroes arquetípicos perdieron su tiempo.

Violadores incestuosos.
Una vez establecida la nueva realidad geopolítica americana, con sus numerosas repúblicas de distinto pelo, aparecieron unos nuevos violadores, cuyas víctimas eran sus hijas y sus hermanas: los violadores incestuosos. El primero y más notable de todos fue Estados Unidos de América, por ser a la vez violador de hijas y de hermanas. Todo el proceso de “conquista” del oeste fue una brutal violación hecha a imitación de la original, de la primera. Los estadounidenses no solamente arrebataron las tierras de sus “nativos americanos” sino que relegaron a sus “indios” a “reservaciones” sin mayores recursos, en las que los condenaban a morir de mengua. Pero no menos brutal fue la segunda violación de México, en la que los yanquis se apoderaron a la macha de enormes territorios y masas inmensas de mexicanos que pasaron a ser “indios,” con la connotación peyorativa que ese término tiene para los violadores. Y poco después se producirían violaciones e intentos de violación múltiples por parte de Estados Unidos, contra Cuba, contra Puerto Rico, contra varios países de Centroamérica, contra Venezuela, etcétera.
También Brasil se convirtió en violador con mayor o menor éxito, y hasta Perú, Colombia, Argentina y Chile tuvieron episodios en los que se convirtieron en violadores.
Terribles han sido los violadores internos, que han violado y mancillado a sus propios pueblos, los “machos criollos” o “vivos criollos” (o “chingones” en México) Rosas, Gómez, Somoza, Trujillo, Stroessner, Odría, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, Batista, Videla, Pinochet, Fidel Castro y su hermano Raúl, Daniel Ortega, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro. Además de la violación inicial y las de los Estados Unidos, a México, el país de Octavio Paz, le ha tocado una buena dosis de esos violadores incestuosos, los chingones Santa Anna, Porfirio Díaz (el mismo que dijo: "¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos") y varios de los presidentes del PRI. Quizá por eso haya sido Paz tan claro al proponer la idea de la violación como punto de partida para que los mexicanos, en su caso, y el resto de los hispanoamericanos no logren superar sus problemas.

¿La solución?
En el mundo binario de Internet se lee lo siguiente lo siguiente: “Según el narrador y ensayista mexicano Enrique Serna (1959- ), el diagnóstico que hace en este libro Paz del mexicano ‘es duro y a veces cruel, pero no pesimista, pues viene acompañado de un llamado a la acción: 'La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberarnos, así sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación.' En momentos de baja autoestima, una lectura ontológica del Laberinto podría contribuir a fomentar la apatía ciudadana, pues las dos actitudes que Paz sometió a crítica, la del chingón y la del agachado, mantienen una desoladora vigencia... El imperio de los chingones terminará cuando los agachados dejen de admirarlos, pero mientras tanto ambos bandos colaboran en la destrucción del país." Lo que Octavio Paz propone, pues, para acabar con lo que parece un destino inevitable, producto de tantas violaciones, es algo que no es fácil de hacer, pero sí indispensable: educar. Es lo mismo que propusieron en Venezuela en la década de 1940 Rómulo Gallegos y Rafael Vegas. Educar para que cese la tendencia a culpar a otros de nuestros propios y evidentes defectos. Educar para que los hispanoamericanos rechacen a los violadores, los machos criollos, los vivos criollos, los chingones, y no pueda haber ninguna otra violación. Educar por encima de todas las cosas. Educar para la vida sana. Educar para la democracia.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




 

“Por las greñas, # 4” - NUESTRAS MÁSCARAS, NUESTRAS VIDAS

19.09.14 | por Gonzalo Palacios G. [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Teatro, Gonzalo Palacios G., Editorial Actum

NUESTRAS MÁSCARAS.

En más de una ocasión se ha comparado la vida real a la que se desarrolla en los escenarios teatrales del mundo. En nuestra cultura, la comparación se remonta al teatro griego clásico. La palabra que Aristófanes y Esquilo empleaban para referirse a los actores de sus obras, prosopa (πρόσωπα), posteriormente adquirió el significado de personas. Es decir, el significado de “personaje” en las obras de teatro se transmutó al de “persona”i, aunque el reverso de esa transición parecería igualmente tener validez.

Hoy día la importancia de la evolución semántica de la palabra persona pasa desapercibida en todo el mundo. Sin embargo, cabe recordar que el concepto de persona fue objeto de serios y profundos debates filosóficos y teológicos desde los primerísimos años del Cristianismo hasta los que produjo el Segundo Concilio Vaticano (1963-1965). El mismo Jesucristo redefinió existencialmente la esencia del hombre y por ende la de la humanidad en términos transcendentales. Más que personas de este mundo, productos de la evolución creativa, nos dijo Cristo, los humanos transcendemos el proceso espacio-temporal para ser “hijos” del Creador. Jesucristo revela nuestro carácter divino: somos la “Segunda Persona” de Dios en la Tierra. A partir de entonces y por claros motivos sociopolíticos, “la vieja guardia” religiosa – la mayor parte del género humano – rechazó el mensaje del Nazareno. Así, hay “personas” que todavía aprueban medidas de control social basadas en la naturaleza aristotélica del hombre (“animal racional político”) o la fundamentada en la ley de Moisés, tales como el aborto artificial, la eutanasia, la pena de muerte, guerras ofensivas, la violencia doméstica, ojo por ojo, etc.
Mundialmente, en todos los escenarios de teatro, desde los chinos del siglo III antes de Cristo, los Griegos y Romanos, los del teatro NO japonés, el gigaku coreano, los clásicos españoles e ingleses, hasta los “Diablos de Yare” de Venezuela, en todos, los actores utilizan máscaras de un tipo u otro para representar a sus personajes. En el Occidente, desde tiempos de los presocráticos, los actores usaban cera de abejas para decorar sus máscaras talladas en madera, costumbre que se perfeccionó en el Imperio Romano a principios de la era cristiana. Al finalizar la obra, el actor dejaba a un lado su máscara y en la intimidad de su camerino, sin cera que lo disfrazase, volvía a ser él mismo, sinceramente.
El enmascararse o disfrazarse es parte esencial de nuestra vida cotidiana. No se trata de ser falsos o hipócritas en el escenario que nos depare la Evolución, sino de actuar en él según el rol que nos corresponda en cada instante. Nuestras vidas se desarrollan como obras teatrales de corta o larga duración. No sabemos ni controlamos cuando exactamente aparecemos ni cuando hemos de salir del escenario en el que representamos nuestras vidas. Quienes piensen lo contrario y creen saber cuando han de desaparecer uno u varios actores que comparten su obra, por ejemplo, los suicidas, los esbirros, los asesinos – en suma, los que creen controlar la muerte, no hacen sino engañarse al acelerar la salida de sus coprotagonistas.
Necesitamos las máscaras para expresarnos en público o en privado. Aun en la más íntima soledad posible, continuamos el monólogo interno iniciado al disfrazar lo que somos con el ovum materno preñado por un espermatozoide paterno. Con esa primera “máscara” o prosopon – la de zygoto – iniciamos una “conversación” interna de por vida. Durante la gestación la conversación se lleva a cabo genéticamente y eventualmente nos revela quién está actuando. En ese período de tiempo comienza a manifestarse la auténtica identidad del actor de nuestra obra/vida.
Lo cierto es que no podemos prescindir del show, de “hacer pantalla”, de figurar; en fin, nuestra vida consiste en exponer en el tiempo y espacio, el ser que descubrimos constantemente en el no-tiempo no-espacio (eterno presente)ii. En cada uno de nosotros está siempre presente la obligación de actuar de manera diferente con toda persona que encontramos a nuestro paso y en cada ocasión. Cada quien escribe un guión propio para salir de la “selva oscura” en la que según Dante comenzamos nuestro peregrinaje hacia el Paraíso:
Nel mezzo del cammin di nostra vita, mi ritrovai per una selva oscura.
Repetir alguna escena anterior o parte del diálogo revela que ese actor ignora los cambios escenográficos en su obra y que no respeta el rol de sus colegas. Cada quien – actor, autor, y director de su propia vida – ha de desarrollar una personalidad diferenteiii ante la hija, la madre, la esposa, la novia, la amiga aunque estos personajes compartan las mismas características entre sí, por ejemplo, el ser mujeres. En otras palabras, un actor no debe actuar de la misma manera con una hija que con su esposa. Ocurre exactamente lo mismo con el resto del elenco: cada uno de ellos exige “máscaras” o disfraces específicos para re-presentar la escena y el diálogo del momento presente en la mente (dianoia) del autor. Es injusto y falto de respeto el “Padre” que actúe de igual manera con “Hijo # 1” que con “Hijo # 2” de la misma obra.iv

NUESTRAS VIDAS

Toda vida humana implica necesariamente la presencia de personajes que apoyan y facilitan la actuación de su protagonista. En muchos casos, tales personajes – frecuentemente de dimensiones míticas - son absolutamente necesarios para que el actor desarrolle su carácter (ethos) según lo requiere la trama de la obra (i.e., su vida). Ejemplos se dan en toda época y en toda cultura: Judas Iscariote, esencial para la obra/vida de Jesucristo; Virgilio y Beatrice para la de Dante; Laura de Noves para el Petrarca; Mefistófeles para Fausto...v Las simbiosis a las que nos referimos son auténticamente creadoras: así, para Miguel de Cervantes no existe Don Quijote sin su Dulcinea:

–Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería.
(Parte I, capítulo iv.)

En nuestro propio tiempo y espacio, Doña Bárbara define a Santos Luzardo y a otros personajes en la novela de Rómulo Gallegos; o sea, sin ella, no surgen los otros.
La mera presencia de uno de estos personajes en la vida de otro, origina y promueve su carácter, su ethos. El éxito de una obra (o de una vida) estriba en el respeto mutuo de quienes participan en ella, dentro o fuera de su escenario (o ubicación). Ese respeto exige que nos presentemos con diferentes caretas y vestidos ante cada interlocutor, y además, crear un diálogo exclusivo para ese personaje. De esta manera, al trascurrir la obra de nuestra vida, cada quien desarrolla su carácter (ética). Actualizamos el potencial caracterológico oculto tras las innumerables máscaras que utilizamos mientras dure nuestra presencia en el escenario de este teatro llamado “Universo.”
A medida que pensamos (ver dianoia, nota # 1) el rol que nuestros personajes (prosopa) han de ejecutar, ponemos al descubierto al actor que los representa. Es cuando podemos pasar juicio crítico sobre nuestra actuación y sobre la calidad del “guión” actuado. ¿Pero, será acaso ese actor el autor de la obra? Cada vez que nos quitamos una careta – ya sea entre escenas o al final de la obra – al sin-cerarnos detrás de bastidores, descubrimos al autor de los personajes del actor.
Nuestras vidas son obras originales de las que cada quien es autor, actor, y personaje(s) al mismo tiempo. A medida que desarrollamos nuestro guión, nos convertimos en autoridad suprema de nuestras acciones y descubrimos la fuente de nuestras virtudes y de nuestros vicios. Es evidente que somos autoridad de nuestras acciones, pero no lo somos de la Autoridad Suprema que nos confiere esa autoridad. Tampoco creamos esa fuente de virtudes y de vicios que descubrimos en lo más íntimo de nuestro ser: la encontramos creada así como nos encontramos creados a nosotros mismos. La vida espacio-temporal que constantemente se desarrolla en el Presente, nos revela una trinidad: autor, actor y personaje. Nuestra vida no es más que el camino que nos conduce al Ser cuya Unidad representamos en este Teatro llamado “Universo.”

EPĺLOGO.

De las más profundas satisfacciones que pueda experimentar cualquier dramaturgo está la de presenciar la actuación de actores inteligentes que se identifican con los personajes de su autoría. Solamente al identificarse con sus personajes es que el actor le hace justicia a su creación, y se “salva” de juicios negativos. Cabe reiterar: un actor y sus personajes (prosopa) se identifican gracias al espíritu del autor que anima su obra (su vida). No hay dos “yo”, cada quien es único, tan sólo hay tres manifestaciones de esa unidad. Al finalizar nuestra obra veremos qué nos han manifestado nuestros personajes, y podremos decir con Oscar Wilde, “El actor es un crítico del drama.” vi
Esa profunda satisfacción debería coronar cada escena de nuestra vida, y ciertamente la totalidad de nuestra obra:

“…siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Ya me está preparada la corona de la justicia…”vii

Gonzalo Palacios Galindo
Septiembre 2014

NOTAS.
1 Según Aristóteles en su Poética: “ETHOS.- Acción o comportamiento del personaje, determinado por su dianoia.
DIANOIA.- Pensamiento o sentido de la obra (teatral), expresado por los personajes. También: “El CARÁCTER es aquello en que se pone de manifiesto la intención, esto es, la índole de cosas que se prefieren o se evitan en las situaciones en que es incierto.” # 1450b et seq.
2 En De Instantibus, capítulo 2, Santo Tomás de Aquino trata el tema del hic et nunc (“aquí y ahora”): “Debe saberse que como el punto es relativo a una línea, de igual modo es el “ahora” en relación al tiempo” (Sciendum est ergo quod sicut punctus se habet ad lineam, ita se habet ‘nunc’ ad tempus).
3 Como escribiera Shakespeare: “Graziano, yo tengo al mundo solamente en tanto que mundo; un escenario en el que cada hombre tiene su papel, y el mío es triste.” Antonio en El Mercader de Venecia 1,1, 77-78.
4 Refiero el lector a las obras teatrales de Luigi Pirandello, especialmente 6 Personajes en Busca de un Autor.
5 Cabe señalar brevemente que las vida de todo personaje y protagonista, mencionado o no, se debe a un Creador que no implica otra presencia que la propia.
6 Oscar Wilde, The Critic as an Artist, II: “…it is only by identifying his own personality that the critic can interpret the personality and the work of others…The actor is a critic of the drama.”
7 San Pablo, 2a Timoteo 4, 6.

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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Desvíos del Intelectual

17.09.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Política, Colaboradores, Opinión, Marina Ayala

No asombra que las personas menos formadas desde el punto de vista intelectual y menos integradas a la cultura sean víctimas fáciles de regímenes totalitarios. Es por ello que la frase “mientras más pobres más leales a la revolución” no debe decirse, pero una vez pronunciada por una banal confesión poco estratégica, cause indignación pero no asombro. Lo que interroga es como los llamados “intelectuales” permanecen apegados a un proceso que a nadie ya se le escapa sus intereses de dominación y sometimiento esclavizante de toda una población. No es, ni ha sido un fenómeno único en nuestra tierra, ejemplos hemos tenido a lo largo de la historia, intelectuales que han apoyado e incluso vanagloriado fenómenos totalitarios por más espantosos y grotescos que estos hayan sido. Al ser un punto curioso y sin duda enigmático bien vale la pena tratar de encontrar algunas luces en esta oscuridad. Apartando el fenómeno de conveniencia de aquellos que se trazan por intereses privados, un bienestar propio o posibilidad de amasar fortunas que de otra forma no podrían, hay “intelectuales” que tratan de justificar la dominación a costa de sus propias honestidad racional y pueden apartarse definitivamente de sus grupos de referencia sin que se pueda ver con claridad algún interés personal. Quedan aislados de sus colegas e incluso amigos interlocutores, solos y arrogantes, enredados en un pensamiento solipsista terminan enloquecidos.
Si observamos con cierta acuciosidad la tendencia de una sociedad sometida a un atropello generalizado y en todos los órdenes, es la de irse aislando para que cada quien encuentre sus propias y precarias soluciones. El que escogió como modo de vida los libros y el deleite del pensamiento tiene de por si una vocación de soledad pero necesita y es imperioso que sus ideas horneadas en su propia habitación puedan ser compartidas por otros que se dedican o no a la disciplina del pensar y también es necesario no desligarse de una realidad que es al fin y al cabo el mejor terreno para el florecimiento de la reflexión fértil del que quiere entender al mundo y su pasión es el hombre y sus vicisitudes. El nazismo se surtió esencialmente de los “burgueses” que escogieron sacrificarlo todo con tal de salvaguardar su intimidad y sin embargo estos muros falaces fueron los más fáciles de derribar. Se tropieza una y otra vez con la misma piedra porque a un versado en las ideas y lector de los hombres que las forjaron no se le escapa el devenir de los autores que sucumbieron a los tentáculos del poder y sin embargo tratan nuevamente de seducir al tirano y creer que con ello pueden dominar lo indomable. Signos de soberbia que es el gran mal que aqueja al “intelectual”
El “intelectual” termina siendo seducido porque abriga en su interior y quizás con un gran desconocimiento por su parte a un “tirano dormido” al creer que todo lo puede entender, juega con su posición de superioridad y con la creencia que puede dominar al mundo; observa a sus semejantes con desprecio e incluso se toma la libertad de insultar con el mayor desparpajo y con la seguridad de que tiene sobradas razones para hacerlo. Cree que seduce y termina siendo víctima de la peor ignorancia, el desconocimiento de sí mismo. Nada más adecuado que una persona que ha dedicado su vida a interrogar al mundo y al ser humano debatiéndose en la existencia, para entender que el pensamiento y las ideas es una tarea sin fin, nunca podrá ser abarcada toda la fenomenología de órganos vivos que tienen la potestad de sorprender a cada instante. Pero lo que se repite no ocasiona sino el interés por lo que se mantiene acucioso a pesar de la gastada experiencia y no hay nada más persistente y terco que el inconsciente al que no se acerca el “intelectual” porque el mismo cree que su ego lo abarca todo, el sentimiento oceánico del que nos hablaba Freud. Se equivoca y se equivoca a costa de su propia vida.
Enrique Krauze hace una clara y adecuada advertencia en el prólogo del libro que Mark Millas dedica a este tema, así nos dice “El propio Sócrates advirtió que una de las raíces de la tiranía es la soberbia a la que son susceptibles algunos filósofos: son ellos quienes orientan las mentes de los jóvenes y los conducen a un frenesí político que degrada la democracia. La única alternativa frente a esa intoxicación política es la humildad, fruto del autoconocimiento” Así que es una sorprendente realidad con las que nos hemos tropezado una y otra vez. Pero no es el único inconveniente con la que tiene que lidiar el “intelectual” en tiempos de dictadura, al mismo tiempo que juega al seducido se ve expulsado de las filas de los consentidos por el régimen porque el seductor presiente o conoce el peligro que representa la iniciativa intelectual, espiritual y artística que bien como señala Hannah Arendt son actividades más peligrosas que la propia oposición política. Es más peligrosa porque al no entender el tirano de qué se trata le resulta impredecible y por lo tanto inmanejable de allí que el “intelectual” sea objeto de una exclusión de las filas del poder. “El totalitarismo en el poder sustituye invariablemente a todos los talentos de primera fila, sea cuales fueren sus simpatías, por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de la lealtad”.
Queriendo participar de la tendencia dominadora el “intelectual” se encuentra enredado en su propia trampa y es tan persistente en su soberbia que una vez empujado a la oposición política entonces se dedican a burlarse y denigrar de los torpes pasos que emprende la ciudadanía en defensa de sus libertades. Con sus actitudes nihilistas, relativistas y cínicas contaminan el ambiente con una pesada carga derrotista que hace tanto daño como las claras acciones aplastantes y bárbaras de los regímenes autoritarios. Por supuesto, y hay que decirlo, muchos “intelectuales” no sucumben a estas tentaciones y son precisamente aquellos que se han dado a la tarea de conocerse y adoptar para sí y sus pensamientos actitudes de humildad. A estos pensadores tampoco les toca un camino fácil porque son despreciados y dejados de lado incluso por la propia academia, pero la honestidad les debe guiar a soportar y no flejar en su tarea de arrojar claridades en la vida pública. La incursión en la política se hace inevitable cuando la ciudadanía se ve amenazada en sus derechos fundamentales pero a sabiendas que en este ámbito se transita como el que va a la guerra, comporta un tropezarse inexorablemente con la violencia y de allí se saldrá con más de una curita, pero lo esencial es que se debe ir armado con una ética de la honestidad y no con una ética de la conveniencia. Para arrojar luz en la vida pública es indispensable haber prendido la luz en la vida privada y es en este sector, donde al parecer, más le falla la electricidad al “intelectual”.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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¡Tapen, tapen!

16.09.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Parece increíble, casi de “El extraño mundo de Subuso”, que el lema del régimen sea idéntico al consejo que le daba un godo de uña en el rabo y ladronazo como él solo a sus funcionarios y validos. ¡Ojo, que no me estoy refiriendo al Capitán Hallaca! Aunque la descripción le cae. Me estoy refiriendo a Laureano Gómez, el expresidente colombiano. Es asombroso que unos fulanos que juran ser los modernizadores del socialismo, los arquetipos de la pureza administrativa y los dechados de la eficiencia ejecutiva se guíen por las recomendaciones de uno de los más radicales líderes conservadores y, sin duda, uno de los principales culpables del surgimiento de las guerrillas en su país. Pero, si uno analiza mejor, debe concluir que el nortesantandereano que desmanda hoy en Venezuela se parece mucho a su paisano mencionado antes. Ambos, para mandar, se fundamentaron en la reducción de las libertades ciudadanas, la exacerbación de las policías políticas, el empleo de “patriotas cooperantes” para denunciar a los adversarios políticos y la represión más amarga contra quienes fuesen contrarios, o meros indiferentes, al “evangelio” que descendía desde el palacio presidencial. Y en tratar de disimular las chambonerías y latrocinios cometidos por él y sus subalternos.

Porque es la única manera que tienen para tratar de perpetuarse en el poder. Ya no les sirven ni el exacerbado clientelismo, basado en el empleo de los recursos públicos para lograr que los electores voten por ellos; ni la aberración cínica de las medidas populistas que alientan el desprecio por el trabajo, incitan al limosneo y corrompen a los venezolanos de mentes más sencillas. Como no pueden construir un país próspero y democrático de verdad —porque se robaron los recursos y porque son una manga de ineptos—, tienen que apelar a las mentiras y las ocultaciones de las atroces realidades que sufre la nación. Aunque el ilegítimo recurre a las amenazas y los ditirambos al muerto fallecido en sus aburridas y largas cadenas, son más frecuentes las apelaciones a las excusas absurdas y a las omisiones. Por un lado, hacen reverdecer las teorías conspirativas de la “burguesía apátrida” que hace una “guerra económica” aupada por los “imperialistas”. Por el otro, nada dicen de los latrocinios que abundan en su entorno. Y en eso lo siguen todos los miembros del gabinete. Es una pantalla tupida la que tratan de construir, pero la realidad es más fuerte. Si la cortina de hierro no pudo impedir el derrumbe de la URSS, ¿qué podrá lograr la débil mampara que tratan de erigir estos incompetentes para evitar que se vea el desmoronamiento moral y la debacle de la economía? No pasa de ser un parabán de coleto tapizado con hojas de “Vea” y “El Correo del Orinoco”. Y eso puede que sirva para ocultar lo que sucede al otro lado en una pensión infame en el medio del llano barinés, pero en parte alguna más.

Ellos lo saben. Y por eso apelan a otra herramienta del arsenal comunista: el empleo de jueces y fiscales para encausar y poner tras las rejas a quienes dicen las verdades. Ya el ilegítimo le dio órdenes a la mechi-pintada de abrirle un proceso a Ricardo Hausman. Y esta ya debe haber designado al esbirro legal que ha de cumplir la fechoría. Y todo, por aquél haber dicho una verdad: no hay reservas suficientes para pagar los intereses de la “soberana deuda” (como la bautizó Laureano, el bueno, el nuestro) y comprar comida y medicinas. O se hace lo uno o lo otro; pero no las dos cosas. Y lo que se dice por ahí es que optará por lo primero. Porque es que —recuerden— entre los tenedores de bonos venezolanos hay mucho copartidario millonario…

Por lo mismo, el turco que manda en Aragua ya pidió que se enjuicie al médico que alertó sobre las misteriosas muertes ocurridas en el Hospital Central de Maracay. No informa de las medidas profilácticas que deben ser tomadas, no desmiente las muertes (solo reduce el número de ellas); simplemente busca que no se sepa la realidad. El médico únicamente ha hecho lo que la deontología de su profesión le manda: alertar de un posible peligro para la salud de la comunidad. Pero hasta que el representante del partido Baaṯh en Venezuela —¿o se habrá pasado para el IS?— no vea en chirona al informador del hecho, no va a estar tranquilo.

Cárcel, también, para un oficial subalterno y unos individuos de tropa por el delito de contrabando. ¡Bien presos! Pero eso no pasa de ser otra cortina de humo para tratar de ocultar lo que todo el mundo sabe: que la gasolina y los alimentos subsidiados que pasan para Colombia ilegalmente son negocio de personas de mucha más gradación en el escalafón militar. Pero esos son copartidarios…

Como los casos mencionados en los párrafos anteriores, mucho otros. La judicialización de la protesta mantiene en prisión a muchos jóvenes injustamente. Esta semana, los jueces del horror van a ordenar —seguramente— nuevas medidas de encarcelamiento contra los que fueron detenidos en las protestas de la semana pasada en Caracas y Barquisimeto. Eso es inicuo.

Pero va muy acorde con las prácticas de Laureano (el malo, el paisano de Nikolai): el empleo de medidas autoritarias y de esquemas represores en contra de quienes pudieran oponérseles. ¡Y, cuidado si no llega, como propuso el bogotano, a las "acciones intrépidas" y los "atentados personales", por parte de la policía política, para evitar la caída del régimen!...

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.
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Centenario del Alma Llanera

15.09.14 | por Colaboraciones LITERANOVA [mail] | Categorías: Colaboradores, Música, Actualidad

por Elías Anzola Pérez

La Caracas del Siglo XIX fue muy afecta a la zarzuela, género musical muy activo en el Teatro de Maderero, luego llamado Teatro de la Zarzuela; se cree que la primera zarzuela venezolana fue Los alemanes en Italia, del compositor criollo José Ángel Montero (Caracas, 1832-Caracas, 1881), maestro de capilla de la Catedral de Caracas y autor de muchas otras así como de la ópera Virginia, con libreto de Doménico Bancalari (1809-1878), estrenada en el Teatro Caracas en 1873. Aunque Virginia se menciona como la primera ópera venezolana, se conoce que la verdadera iniciadora de este género en el país fue El maestro Rufo Zapatero, compuesta por José María Osorio (1803-1858); quizás la confusión se deba a que esta última pertenecía al género bufo, mientras que el libreto de la ópera de Montero se centraba en el poder despótico y la injusticia social.

La zarzuela en un acto y tres cuadros Alma llanera, con música del compositor Pedro Elías Gutiérrez (1870-1954) y libreto del escritor Rafael Bolívar Coronado (1884-1924 ), nativo de Villa de Cura, fue estrenada en el Teatro Caracas –también conocido como Coliseo de Veroes- el 19 de septiembre de 1914 por la compañía española de opereta de Manolo Puertolas recién llegada al país como parte de una gira latinoamericana cuya principal figura era la tiple Matilde Rueda; para la representación al grupo de cantantes, bailarines y músicos se agregó un negrito “joropeador” nativo de Villa de Cura, Estado Aragua, de nombre Mamerto. La presentación gustó mucho; la crónica del diario El Universal del día siguiente se refería al evento afirmando que “… Alma llanera es escena de la vida en las sabanas venezolanas, a la ribera del Arauca”...”. El éxito de la obra le valió a Rafael Bolívar Coronado, autor de la letra, una beca del gobierno de Venezuela para estudiar en España.

La zarzuela no fue representada de nuevo hasta el 28 de diciembre del mismo año en el Teatro Municipal de Caracas en homenaje al autor venezolano Teófilo Leal y luego fue vista en Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto. La primera edición de la zarzuela la publicó Bolívar Coronado en 1915 en la Imprenta Americana de don Pepe Valery. La última representación de la zarzuela ocurrió el 1º. de junio de 1930 –ya fallecido su autor- en el Teatro Olimpia, de Caracas, por Rafael Guinand y su grupo.

El compositor y director Pedro Elías Gutiérrez –de acuerdo con Bolívar Coronado- decidió independizar el joropo de la zarzuela montándolo en la Banda Marcial de Caracas bajo su dirección y estrenándolo en la retreta de despedida del año el 31 de diciembre de 1914.

Bien conocido es que este embriagador joropo se convirtió en un emblema venezolano y su ejecución se convirtió en una pieza obligada tanto por orquestas como por solistas y grupos vocales en el mundo entero. Ojalá que “la viva Diana” siga siendo la convocatoria centenaria de todos los venezolanos para luchar y mantener el “alma primorosa del cristal”.

EAP/Septiembre 2014

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de Eduardo Casanova

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