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Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

El niño malo cuenta hasta cien y se retira

23.08.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Libros, Novela, Literatura, Escritores

Lo primero que me vino a la mente al terminar de leer “El niño malo cuenta hasta cien y se retira” de Juan Carlos Chirinos (Ediciones Escalera, España, 2010. 222 pp.) fue un pensamiento geográfico: ¿Qué tendrá Valera en su paisaje o en su aire o en su agua para producir tan buenos novelistas? Adriano González León, Antonieta Madrid, David Alizo y ahora Juan Carlos Chirinos. ¿Será que la cordillera de los Andes antes de morir en su ramal oriental descarga algún halo misterioso que produce buenos novelistas? Y lo siguiente que se me ocurrió tiene que ver con Gabriel García Márquez (que nació no muy lejos de donde muere el ramal occidental de la cordillera), no porque haya una relación especial entre las obras del colombiano y la del joven trujillano, sino porque García Márquez siempre habló de su ambición de escribir novelas cinematográficas, algo que Chirinos logró plenamente en su primera novela.
“El niño malo cuenta hasta cien y se retira” es una novela que de inmediato hace recordar lo mejor del cine universal: Chaplin, Bergman, Welles. Glauber Rocha, etcétera, en la que el lector se convierte en espectador y puede ver, oír, sentir en la piel y hasta oler todo lo que está en el texto. El autor la dedica a su abuelo, Regino, campesino, músico y constructor de la “Casita” de su infancia: “club de fisgones y trastero al mismo tiempo; cuenta cuentos mayor” cuyo recuerdo, evidentemente, aflora en la novela por arte de literatura. Desde que me establecí en Mérida de Venezuela, cercana al Trujillo de Chirinos, he conocido a varios de esos abuelos campesinos, músicos, cuentacuentos, constructores y, lógicamente, inspiradores de buenas narraciones como “El niño malo…”
La novela está dividida en dos partes: la primera, usa manera de título “La o de ladrón, la t de santo” y abarca de la página 15 a la 155, precedida por citas de José Antonio Ramos Sucre, José Donoso y Wislawa Szymborska. Se inicia con un brevísimo capítulo –apenas seis líneas– en el que se presentan al lector las dos deuteragonistas, Fanny y su abuela, la una capaz de conversar con los animales y la otra anclada en un pasado de bailarina frustrada. En el segundo, hace su curiosa entrada el protagonista de la novela, D.Jota, que rememora su ciudad natal, Caracas, desde un espacio muy distinto dominado por la nieve y el frío. ¿Huye? Allá “cometió crímenes, ejercitó el vandalismo, robó, ayudó a aumentar el índice delictivo con la certeza de que ésa no seguiría siendo su ciudad y una mañana muy temprano se escabulló, cuando la policía ya empezaba a sospechar de él” (pp.17-18). Ya en el norte helado, alquila un trineo en el que hace una accidentada entrada al mundo de Fanny y su abuela, pues no sabe cómo frenar el trineo y se estrella aparatosamente. Ha entrado a un mundo radicalmente distinto al que fue el suyo, pero allí lo espera el recuerdo de Eugenio, abuelo de Fanny, que también llegó de Caracas. Luego de varias aventuras, el lector llegará encantado a la segunda parte (pp. 159-222), que utiliza como título un texto de José Antonio Ramos Sucre: “El mal es un autor de la belleza. La tragedia, memoria del infortunio, es el arte superior. El mal introduce la sorpresa, la innovación en este mundo rutinario. Sin el mal, llegaríamos a la uniformidad, sucumbiríamos en la idiotez.” En ella D.Jota vuelve a su antigua condición, abandona a Fanny en medio de una tormenta de nieve, le roba a la abuela un cuaderno negro de poesía y cien mil dólares y huye de nuevo. Se le impone la frase de Horacio que cita en la página 104: “Quienes cruzan el mar cambian de cielo, pero no de alma.” Ha cruzado los cielos y el mar, pero sigue siendo el mismo que hacía fechorías en Caracas. Desde luego, el mal es una constante en la obra, pero también lo es el desarraigo, ese desarraigo que su tiempo sufrió Francisco de Miranda y que hoy padecen miles de venezolanos, incluido el autor de la novela.
En conclusión, “El niño malo…” es una novela excelente, sobre todo si se piensa que es la primera del autor. Al final, Chirinos declara que su novela es un homenaje a los poetas venezolanos, especialmente a dos: Eugenio Montejo y otra nativa de Valera, Ana Enriqueta Terán, de quien ha tomado el título:

La poetisa cuenta hasta cien y se retira

La poetisa recoge hierba de entretiempo,
pan viejo, ceniza especial de cuchillo;
hierbas para el suceso y las iniciaciones.
Le gusta acaso la herencia que asumen los fuertes,
Quién, él o ella, juramentados, destinados al futuro:
Hijos de perra clamando tan dulcemente por el verbo,
implorando cómo llegar a la santa a su lenguaje de neblina.
Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,
carbón mucho frotado en mejillas de aldea lejana.
Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron,
retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.
La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

Libro de los Oficios (1967)

Juan Carlos Chirinos nació n Valera en 1967, estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas y se doctoró en la Universidad de Salamanca. Vive actualmente en Madrid. Antes de su primera novela había publicado varios libros (dos de cuentos y algunas biografías para jóvenes.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




 

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El niño malo cuenta hasta cien y se retira

22.08.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Libros, Novela, Literatura, Escritores

Lo primero que me vino a la mente al terminar de leer “El niño malo cuenta hasta cien y se retira” de Juan Carlos Chirinos (Ediciones Escalera, España, 2010. 222 pp.) fue un pensamiento geográfico: ¿Qué tendrá Valera en su paisaje o en su aire o en su agua para producir tan buenos novelistas? Adriano González León, Antonieta Madrid, David Alizo y ahora Juan Carlos Chirinos. ¿Será que la cordillera de los Andes antes de morir en su ramal oriental descarga algún halo misterioso que produce buenos novelistas? Y lo siguiente que se me ocurrió tiene que ver con Gabriel García Márquez (que nació no muy lejos de donde muere el ramal occidental de la cordillera), no porque haya una relación especial entre las obras del colombiano y la del joven trujillano, sino porque García Márquez siempre habló de su ambición de escribir novelas cinematográficas, algo que Chirinos logró plenamente en su primera novela.
“El niño malo cuenta hasta cien y se retira” es una novela que de inmediato hace recordar lo mejor del cine universal: Chaplin, Bergman, Welles. Glauber Rocha, etcétera, en la que el lector se convierte en espectador y puede ver, oír, sentir en la piel y hasta oler todo lo que está en el texto. El autor la dedica a su abuelo, Regino, campesino, músico y constructor de la “Casita” de su infancia: “club de fisgones y trastero al mismo tiempo; cuenta cuentos mayor” cuyo recuerdo, evidentemente, aflora en la novela por arte de literatura. Desde que me establecí en Mérida de Venezuela, cercana al Trujillo de Chirinos, he conocido a varios de esos abuelos campesinos, músicos, cuentacuentos, constructores y, lógicamente, inspiradores de buenas narraciones como “El niño malo…”
La novela está dividida en dos partes: la primera, usa manera de título “La o de ladrón, la t de santo” y abarca de la página 15 a la 155, precedida por citas de José Antonio Ramos Sucre, José Donoso y Wislawa Szymborska. Se inicia con un brevísimo capítulo –apenas seis líneas– en el que se presentan al lector las dos deuteragonistas, Fanny y su abuela, la una capaz de conversar con los animales y la otra anclada en un pasado de bailarina frustrada. En el segundo, hace su curiosa entrada el protagonista de la novela, D.Jota, que rememora su ciudad natal, Caracas, desde un espacio muy distinto dominado por la nieve y el frío. ¿Huye? Allá “cometió crímenes, ejercitó el vandalismo, robó, ayudó a aumentar el índice delictivo con la certeza de que ésa no seguiría siendo su ciudad y una mañana muy temprano se escabulló, cuando la policía ya empezaba a sospechar de él” (pp.17-18). Ya en el norte helado, alquila un trineo en el que hace una accidentada entrada al mundo de Fanny y su abuela, pues no sabe cómo frenar el trineo y se estrella aparatosamente. Ha entrado a un mundo radicalmente distinto al que fue el suyo, pero allí lo espera el recuerdo de Eugenio, abuelo de Fanny, que también llegó de Caracas. Luego de varias aventuras, el lector llegará encantado a la segunda parte (pp. 159-222), que utiliza como título un texto de José Antonio Ramos Sucre: “El mal es un autor de la belleza. La tragedia, memoria del infortunio, es el arte superior. El mal introduce la sorpresa, la innovación en este mundo rutinario. Sin el mal, llegaríamos a la uniformidad, sucumbiríamos en la idiotez.” En ella D.Jota vuelve a su antigua condición, abandona a Fanny en medio de una tormenta de nieve, le roba a la abuela un cuaderno negro de poesía y cien mil dólares y huye de nuevo. Se le impone la frase de Horacio que cita en la página 104: “Quienes cruzan el mar cambian de cielo, pero no de alma.” Ha cruzado los cielos y el mar, pero sigue siendo el mismo que hacía fechorías en Caracas. Desde luego, el mal es una constante en la obra, pero también lo es el desarraigo, ese desarraigo que su tiempo sufrió Francisco de Miranda y que hoy padecen miles de venezolanos, incluido el autor de la novela.
En conclusión, “El niño malo…” es una novela excelente, sobre todo si se piensa que es la primera del autor. Al final, Chirinos declara que su novela es un homenaje a los poetas venezolanos, especialmente a dos: Eugenio Montejo y otra nativa de Valera, Ana Enriqueta Terán, de quien ha tomado el título:

La poetisa cuenta hasta cien y se retira

La poetisa recoge hierba de entretiempo,
pan viejo, ceniza especial de cuchillo;
hierbas para el suceso y las iniciaciones.
Le gusta acaso la herencia que asumen los fuertes,
Quién, él o ella, juramentados, destinados al futuro:
Hijos de perra clamando tan dulcemente por el verbo,
implorando cómo llegar a la santa a su lenguaje de neblina.
Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,
carbón mucho frotado en mejillas de aldea lejana.
Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron,
retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.
La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

Libro de los Oficios (1967)

Juan Carlos Chirinos nació n Valera en 1967, estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas y se doctoró en la Universidad de Salamanca. Vive actualmente en Madrid. Antes de su primera novela había publicado varios libros (dos de cuentos y algunas biografías para jóvenes.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




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El psiquiatra, una película no apta para cardiacos

21.08.14 | por Hugo Álvarez Pifano [mail] | Categorías: Colaboradores, Cine, Actualidad, Hugo Álvarez Pifano

La película genera momentos de tensión y sentimientos de impotencia, muestra bien lo que es el poder y la manipulación. Hay partes donde la sensación de impotencia es tan grande que da asco y rabia. El director juega bien con los sentimientos del espectador en ese sentido. Es un buen cambio ver cine de esta altura en nuestro país, con factura técnica e interpretaciones memorables.

El psiquiatra es sin duda la película más esperada de este año. Ha generado expectativas muy altas y a pocas semanas de su estreno (12 de septiembre 2014), miles de personas la están esperando con ansiedad. Cada cabeza espera algo distinto pero hay que evaluar las cosas por lo que son y en su justa medida, en consecuencia trataremos de dar respuesta a lo que busca cada espectador en esta cinta cinematográfica.
Manuel Pifano, el director de la película, ha clasificado su obra como un thriller psicológico, esto es según definición: "un subgénero del suspense/thriller, que generalmente tiene como tema central un enfrentamiento (o juego) entre los personajes -más mental que físico- en el cual los aspectos intelectuales o mentales desempeñan un papel de gran importancia" En esta definición estoy personalmente de acuerdo. En efecto, la película no es un policial, ni tampoco un simple drama, el que espere ver eso se decepcionará, más bien el film combina elementos de estos dos géneros, pero el tema central es el juego y dominio psicológico de un médico con su joven paciente.
La historia cuenta como se conoce el afamado psiquiatra con la víctima, como la seduce, la usa y cuando siente que no la puede controlar, la mata para silenciarla. En paralelo vemos partes de la investigación policial, como se realizan los interrogatorios y la forma en que poco a poco se va armando el caso. Considero que el rompimiento de la estructura clásica-lineal del guion, para que transcurra en dos tiempos, es un buen mecanismo de innovación en nuestro cine y ayuda a bajar los picos de tensión que llegan a ser bastante altos en las secuencias del pasado, sobre todo cuando Elías Aponte (El psiquiatra) comparte escena con Sofía Méndez (la victima).
La película genera momentos de tensión y sentimientos de impotencia, muestra bien lo que es el poder y la manipulación. Hay partes donde la sensación de impotencia es tan grande que da asco y rabia. El director juega bien con los sentimientos del espectador en ese sentido. Es un buen cambio ver cine de esta altura en nuestro país, con factura técnica e interpretaciones memorables.
Hay muchos nuevos talentos en este film, como Jean Franco De Marchi, quien resalta con fuerza y dinamismo la acción policial que requiere el suspenso del thriller, aun cuando su participación es secundaria. Pero, esta es sin lugar a dudas, una película donde el protagonismo recae casi totalmente en la debutante Evelia Di Gennaro, que hace el papel de su vida como Sofía Méndez. En esta cinta ella plasma toda la dulzura, inocencia y luz que debe transmitir para ganarse al espectador, y donde el primer actor José Domínguez –en una interpretación magistral, digna de su clase- genera las sombras, hasta llegar a la oscuridad que va apagando con su maldad a la pequeña Lucía. Destacan con buenas actuaciones, Marcela Girón, Alejandro Palacios y María Gabriela Díaz. Mención especial requiere la música, realizada por un joven compositor que comienza con pie firme en el mundo del cine: René Rivera.
Definitivamente es una película que hay que ver, es intimista, fuerte y emocional, no apta para cardiacos.

Hugo Alvarez PifanoHugo Álvarez Pifano, musicólogo y crítico de música, especializado en la ópera y en temas musicales de Venezuela. Entre 2001 y 2011 ha sido columnista de música, de periódicos y revistas del país. Ha escrito en publicaciones especializadas de Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos de América, Dinamarca, Brasil, Colombia, Honduras, Kenya, Etiopía y Guyana. Estudió en la Esc. de Música de Barquisimeto (1951-1956); en la Esc. José Ángel Lamas de Caracas (1957-1958) y en el Conservatorio Luigi Cherubini de Florencia (1960-1963). Es autor de tres libros: El vals venezolano, historia y vida (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2007); Cantantes líricos de Venezuela (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2010); Historia de la música de Venezuela (en prensa). Así mismo ha escrito 3 libros sobre música y temas costumbristas, sin publicar. Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia, (1958-1963); Master en Derecho Internacional del Instituto de Formación Profesional e Investigaciones de las Naciones Unidas, N. Y., 1973; Postgrados en Ciencias Políticas (1978) y Teoría Política (1980) en la Universidad de Brasilia. Diplomático con carrera de 36 años en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Embajador de Venezuela en Guyana, Haití y el Reino de Dinamarca; Encargado de Negocios ad hoc en Kenia y Etiopía; Cónsul General de Venezuela en Río de Janeiro y Sao Paulo, Brasil; funcionario diplomático en las embajadas de Venezuela en Colombia, Brasil y Honduras; asesor, representante alterno y representante de Venezuela en la Comisión de Asuntos Jurídicos de las Naciones Unidas (1971-1978); miembro, participante y jefe de la delegación de Venezuela en 29 conferencias internacionales; y le fueron encomendadas 38 misiones especiales; en el servicio interno de la Cancillería venezolana fue Director de Tratados; Jefe de Gabinete del Canciller Ramón Escobar Salón y colaborador cercano de los Cancilleres Ignacio Iribarren Borges, Arístides Calvani y Simón Alberto Consalvi. Es autor del libro “Manual de los Tratados Internacionales de Venezuela” Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (1972).

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“Por las greñas”

21.08.14 | por Gonzalo Palacios G. [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Gonzalo Palacios G.

“…por las greñas” es el título de esta nueva serie de artículos cuya intención es comparar, relacionar, o vincular personas, eventos, y conceptos que, a pesar de tener poco o nada en común, jalaremos sus respectivas greñas y tejeremos clinejas con ellas. “¿Para qué?” se preguntará el lector inteligente (el estúpido ni pregunta ni es lector), a quien contesto: “para aprender a tejer clinejas…” ( www.youtube.com/watch?v=A5tVF8g4KKQ )

Un ejemplo: es difícil e inverosímil encontrar algo en común entre “comparación”, “relación” y “vinculación”. Tenemos que jalarle las greñas a cada una de esas palabras y a los verbos antes mencionados y tejer una clineja que nos demuestre algo. Dos de esas greñas nos bastarán como ejemplo. La primera greña es que los tres verbos son de la primera conjugación, y la segunda es que son transitivos, es decir, sus acciones recaen sobre uno o más objetos. ¡Ya tenemos media clineja! ¿Qué nos enseñan esas pocas greñas entrelazadas? Numerosos lectores caerán en cuenta que esos verbos y los sustantivos de ellos derivados demuestran la naturaleza social y política de los seres humanos. Pero la gran mayoría de nuestros lectores habrán aprendido que olvidaron o que nunca aprendieron el significado de términos como “verbos”, “sustantivos”, “transitivos” y “objetos”, por no decir “gramática”.

RABINDRANATH TAGORE Y EUGENIO PACELLI.

Rabindranath Tagore, Premio Nobel de literatura en 1013, nació el 7 de Mayo de 1861 en Calcuta, donde murió el 7 de Agosto de 1941. Eugenio María Giuseppe Giovanni Pacelli, Papa Pio XII, nació el 2 de Marzo de 1876, y murió en Roma el 9 de Octubre de 1958.

Además de ser casi coetáneos, la orientación espiritual de estos dos
personajes también parece coincidir. Cada quien a su manera, ambos promovieron la paz universal como necesaria para garantizar la sobrevivencia de la humanidad en su totalidad. A pesar de que las naciones del mundo se encontraban totalmente a la deriva y divididas entre sí, estos dos hombres identificaban el camino de la salvación del hombre en la eternidad.

Provenientes de culturas y de etnias absolutamente diferentes, Tagore y Pacelli expresaron puntos de vista que compartían un profundo conocimiento de la naturaleza humana y de su vínculo esencial con Dios. “La idea de la humanidad de nuestro Dios o de la divinidad del Hombre Eterno, es el tema principal de este libro,” escribiría Tagore en 1930 refiriéndose a La Religión del Hombre.

Mutatis mutandis, trece años más tarde y a miles de kilómetros de distancia, Pacelli nos enviaba un mensaje parecido en su encíclica papal De Mystici Corporis Christi. “Nuestro Dios,” para usar la feliz frase de Tagore, no solamente adoptó nuestra naturaleza en la persona de Cristo sino que se hizo carne y sangre con un cuerpo frágil que podría sufrir y morir. Pero, “si la Palabra [el Verbo] se vació al adoptar la forma de un esclavo,”fue para hacer de sus hermanos según la carne partícipes de la naturaleza divina […] la razón por la cual el Hijo unigénito del Padre Eterno quiso ser hijo de hombre era para que nos conformáremos a la imagen del Hijo de Dios y para ser renovados de acuerdo a la imagen de Quien nos creó.”

Tagore describe las costumbres de los Baüls – una secta en Bengal – con palabras que predicen las de Pío XII en su Encíclica. Los Baüls, escribió Tagore, “declaran la divinidad del Hombre en sus himnos y manifiestan un intenso sentimiento de amor hacia El. Proviniendo de individuos de ninguna sofisticación […] ese sentimiento de amor nos da una clave del significado interno de todas las religiones, pues sugiere que estas religiones no tratan de un Dios de poderío cósmico sino más bien de un Dios de personalidad humana.

Pío XII expresó un pensamiento similar en su mencionada Encíclica: “la Palabra [Verbo] del Padre Eterno debe reconocerse ser ‘el primogénito de toda creatura (#36).’ El Pontífice Romano equipara aquí ‘la Palabra del Padre Eterno’, es decir, la fuerza [poderío, energía] del Creador, con una ‘personalidad humana’, el primogénito de toda creatura.

En un pasaje que recuerda la Filosofía de la Historia de Hegel, Tagore escribió: “En el hombre, esta verdad ha aparecido positivamente, y (ahora) se esfuerza por manifestarse cada vez más claramente. Lo que es eterno se realiza (se concretiza) en la historia por medio las obstrucciones de los límites.

Con metáforas cristianas, Pío XII se acercó al pensador Indio con estas palabras: “Más aún, desde el cielo, Cristo nunca deja de mirar con amor especial hacia su Esposa sin mancha, donde “Esposa sin mancha” se refiere a la realización de lo eterno en la historia, i.e. su Cuerpo Místico.

Finalmente, los teólogos religiosos se beneficiarán al comparar estos dos párrafos de Tagore y de Pío XII respectivamente:

“La (¿?) Isha en nuestro Upanishad, el Alma Suprema que penetra todas las cosas en movimiento, es el Dios de este universo humano cuya mente compartimos en todo verdadero conocimiento, amor y servicio. El fin máximo de nuestra vida es manifestar a ese Dios en nosotros renunciando al “yo” (individual).”

“Pero en virtud de esa comunicación superior, interior y totalmente sublime de la que tratamos cuando describimos la manera en que la Cabeza ejerce su influencia sobre los miembros. Cristo, nuestro Señor, desea que la Iglesia se nutra de Su propia vida sobrenatural. Por fuerza de su poder divino El penetra completamente su Cuerpo y alimenta y mantiene a cada uno de sus miembros según el lugar que ocupan en el cuerpo…

Rabindranath Tagore y Eugenio Pacelli fueron hombres cuyas vidas y obras iluminaron el camino hacia el Amor Divino y la Paz, en un mundo adolorido por la crueldad del odio y de la guerra. Hoy, como entonces, debemos entrelazar las greñas de sabiduría que nos dejaron y nutrir la Humanidad con “el Amor que mueve el sol y las otras estrellas” (Dante).

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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El Hombre Modular

20.08.14 | por Marina Ayala [mail] | Categorías: Ideas, Colaboradores, Marina Ayala

Las instituciones que se levantan para asegurar la cohesión de los intereses grupales, fracasan o solo se sienten destinadas a cumplir ciertas expectativas limitadas. Ya no solo el enfrentar un enemigo común les da fuerza suficiente para unirse y pactar por el miedo de perder el mayor bien conquistado, las libertades individuales. Cabría indagar si esta dificultad o incapacidad para lograr acuerdos comunes y mantenerse leal a lo pactado es un fenómeno solo local o es un problema que está vigente en otras sociedades y cabria también interrogarse en relación a algunos porqués de dicho fenómeno. Al fin y al cabo fue la propuesta que se ofreció desde la democracia liberal, el contar con instituciones que velaran por el bien común. Como nos lo expresa claramente Zygmunt Bauman la democracia liberal se propuso: “…mantener la efectividad del Estado político como guardián de la paz, mediador de interese grupales, conservando la libertad de grupos e individuos para que puedan elegir la forma de vida que desean”. ¿Es posible esta propuesta de sociedad que proclama la libertad individual y al mismo tiempo aboga por grupos cohesionados? O ¿estos intereses están destinados a vivir en un conflicto insalvable?
En realidad la falta de educación cívica, la falta de visión de un ciudadano comprometido y solidario con los intereses de la Nación acarreó como consecuencia una falta de interés por lo colectivo y del objetivo planteado solo quedó el ejercicio de la libertad individual en una traducción ramplona de un “hago lo que me venga en gana”. También predominó una conciencia -y esta vez no por reflexión sino por la experiencia propia de una vivencia práctica- de estar solos en la lucha por los medios para lograr lo que “venga en ganas” no tenemos, entonces, la menor noción de las consecuencias de haber roto las reglas del juego de la democracia liberal. Las instituciones del estado dejaron de ocuparse del ciudadano y este quedó solo en una lucha individual por su porvenir ideado. El proyecto de acuerdos comunes a debatir y acordar quedó abolido, simplemente no se debate porque no hay ideas comunes, porque no interesan las ideas de los otros, porque se llegó al extremo de no tener interés por un proyecto en común. Precisamente la situación planteada constituye terreno fértil para que germine un autoritarismo. En una sociedad de seres autónomos pero conscientes de que perder el país es perdernos todos, no es posible un proyecto totalitario.
La debilidad y el miedo propios de situaciones de desamparo y soledad son alimentadas por un discurso populista y demagógico porque esta es la forma expedita de mantener una población esclavizada; invade, aprópiate de lo que no es tuyo, saquea, se libre para obtener los objetos de tu deseo, que yo protegeré tus actos vandálicos a costa de tenerte atado en lo más importante que es tu voluntad. Pero como eso de la “voluntad” no se ve, entonces los seres dependientes, egoístas, miopes o ineptos venden su alma al diablo. Cuando la mayoría de la población pertenece a estas condiciones no es posible conservar una democracia liberal.
Este es el panorama que enfrentamos y con estos individuos debemos contar para volver a encontrar el cauce de una sociedad mínimamente viable. No es poca cosa y la dimensión de la tarea es titánica. De allí que lo que estamos observando con dolor se entienda, lo difícil que ha sido remediar este desastre y ver como caen en desgracia personas que han tratado de cohesionar grupos a los que suponemos un mismo interés y objetivo político. No hay solidaridad porque entendemos de entrada que el otro siempre está acechando para traicionar o agarrar lo que se convirtió en el objeto de deseo, el peor de todos, el más maligno y traicionero, el poder. Y este fenómeno que vemos en casa con una patética claridad, en realidad es un problema que está acechando y erosionan las democracias del mundo. Un Estado político que se debilitó porque ya los ciudadanos no esperan nada de él y unos ciudadanos que quedaron aislados y solos tomando la justicia por sus manos en un intento muy peligroso de autodefensa. Animales asustados, en una anomia generalizada y rechazando cualquier intento de normatizar el juego. Lo que no se entendió es que para garantizar la autonomía debe haber lazos de solidaridad que unan a los seres libres en un proyecto común que pudiera ser identificada como una nación. Vayamos a lo chiquitico que sirven de ejemplo de lo que pasa en escenarios más amplios. Los miembros de un club si quieren que sus espacios se mantengan adecuados para el esparcimiento deben obedecer las normativas que acuerdan y deben sentirse pertenecientes a la comunidad que escogieron para su disfrute. Es así, el país debemos escogerlo nuevamente, decir es lo nuestro y comenzar a planificar que es lo que queremos en un acuerdo nacional y después cuidar y defender lo nuestro. Pero no son los pasos que damos, al contrario se ve cada vez más la tendencia del hombre “modular” como lo denominó Ernest Gellner. Metáfora que acuñó del diseño moderno de los muebles.
El mueble modular es una pieza acomodaticia, nunca está totalmente acabada, agregamos piezas o se las quitamos a la conveniencia de su utilidad o del espacio al que lo destinamos. De esta misma forma el hombre modular no es de una sola pieza y posee la característica que el mismo se automodela según las circunstancias y las tareas que escoja emprender. Gellner lo describe “El hombre modular es capaz de unirse en asociaciones e instituciones eficaces, sin que estas deban ser totales, jerarquizadas, respaldadas por el ritual y estables por basarse en un conjunto interno de relaciones entrelazadas y, por lo tanto, inmóviles. Puede unirse en asociaciones limitadas, ad hoc y con un propósito específico, sin atarse por ningún ritual de sangre. Puede abandonar una asociación cuando está en desacuerdo con su política, sin tornarse víctima de una acusación de alta traición…..Las asociaciones del hombre modular pueden ser eficaces sin ser rígidas”
Vemos, entonces, con toda claridad que actualmente convivimos con dos tipos de hombres claramente identificables; los hombres esclavos que se someten a las ordenes irrestrictas de un mandamás con la falsa ilusión de “hacer lo que le da la gana” y de estos hombre modulares que se acomodan según las circunstancias. A los primeros se les acusa de traidores cuando se atreven a dar pasos que no fueron ordenados y a los segundos no se les acusa de nada porque está implícito que se pueden acomodar según sus conveniencias autónomas. Se supone que no pertenecen a ningún proyecto común, no se les pide solidaridad y no se les exige lealtad. Pero lo que si no se ve con claridad, y los hay por supuesto, es al hombre comprometido con una causa que sí se siente perteneciente a grupos con sus mismos ideales y tareas y que sí entrega, a motus propio, solidaridad y lealtad. Hombres con identidad propia, de una sola pieza, con peso específico, valor y personalidad. Hombres que se definieron por convicción y conocimiento en una causa de país. Esos hombres con arraigo y pertenencia, esos hombres son los que pareciera que se extinguen en el globo terráqueo y que también hoy padecen del desconocimiento y soledad que proporciona la incomprensión; son objetos de ataques brutales como grupos minoritarios. Vienen, en realidad a romper la fiesta del gran festín de la cultura modular.

Marina Ayala

Nació en Caracas
Licenciada en Psicología 1973 UCAB
Magister en Ciencia 1979 University of Newcastle Upon Tyne Inglaterra
Psicoanalista 1989 Escuela Campo Freudiano de Psicoanálisis Caracas
Magister en Filosofía 1997 USB
Colaboradora como ensayista en la revista Principia de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde el año 1995
Actualmente activa en consulta privada. Caracas

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