Literatura - Política - Arte

face twitter

Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

¿Régimen o gobierno?

21.04.14 | por Humberto Seijas Pittaluga [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Venezuela, Opinión, Humberto Seijas Pittaluga

Hacía tiempo que no recibía correos amenazantes. Con cierta regularidad, me llegan algunos que intentan ofenderme, me recuerdan a mi mamá o me hacen saber disconformidades con el tema que enfoqué. Pero los que recibo para felicitarme, estar de acuerdo con lo que digo y exhortarme a continuar con un estilo pugnaz, por ser muchos más, neutralizan y arropan a esos que buscan descorazonarme y que abandone la temática que acometo desde 1999: la oposición razonada pero sarcástica a lo que sufrimos los venezolanos en razón del grupo mínimamente ilustrado y poco eficiente —pero muy sectario, pugnaz y fanático— que manda actualmente. Lo comento porque la semana pasada reiniciaron las amenazas descaradas en mi contra. Desde dos buzones diferentes, pero con idéntico estilo, me intentaron intimidar por el empleo que yo hago de una palabra —“régimen”— que utilizo para referirme al grupo que desgobierna en Venezuela. Pienso que hay una desproporción de la relación causa-efecto entre lo que yo digo y los intentos de bravata que recibí. Pero, que quede claro, no van a lograr pararme. Aunque reconozco que sería insensato de mi parte no actuar para desviar las amenazas. La primera será tratar de explicar por aquí los términos que aparecen en el título.

Empleo “régimen” porque, sinceramente, no creo que Venezuela tenga un “gobierno”. ¿Qué son sutilezas de mi parte? Probablemente no. Un viejo profesor nos explicaba alguna vez que, en pureza de verdad, no existen los sinónimos. Y lo ejemplificaba diciendo que todas las damas son mujeres, pero que no todas las mujeres son damas. Que para ser una de estas últimas, la fémina debía ser reconocida por su distinción y excelentes modales. O sea, y ahora el ejemplo es mío, Iris Varela jamás será una de estas. Y cuidado si, por lo que dice el DRAE, no llega ni a señora, porque este la tipifica como “persona respetable…” De igual manera, y aunque tengan casi los mismos ingredientes, una “bouillabaisse” y un hervido de pescado no son lo mismo. O que un Luis Giusti y un Rafael Ramírez sean iguales en honorabilidad y ética funcionarial aunque ambos sean ingenieros y tengan experiencia en petróleo.

Aquí hay una gente que manda —que “desmanda”, sería mejor—, pero “mandar” nunca es lo mismo que “gobernar”. Y vayamos al mataburros otra vez. “Gobernar”, según la segunda acepción, es: “Dirigir un país o una colectividad política”. Pero esta gente no dirige; son ellos los dirigidos. Por una parte, son prisioneros de su populismo; no pueden hacer lo que le conviene a la nación como un todo sino lo que le exige el populacho que tienen como clientela y que ellos confunden con pueblo. Por la otra, son fieles subalternos de la gerontocracia cubana; sus actuaciones son para que les sirvan de provecho a Cuba, no a Venezuela.

“Régimen” le cabe mejor porque lo que sí que hacen con frecuencia es tratar de regimentar a la población. Y no podía ser de otra manera con una gente que piensa en “unidades de batalla”, “comandos”, “paso de vencedores” y demás zarandajadas impuestas por la logia militar que comenzó el desmadre nacional con sus levantamientos en el año 92. Y, hablando de esas cosas, permítanme una digresión: una de las cantinelas que emplean frecuentemente es “rodilla en tierra, fusil al hombro”. ¿Habráse visto u oído contrasentido mayor? Si te pones “rodilla en tierra” es para poder apuntar el fusil con mayor precisión, no para ponértelo en posición de transporte. Esas cosas pasan por poner a funcionar la lengua sin antes haber engranado el cerebro… Pero regresemos a la materia de hoy.

Leyes, decretos y resoluciones sacan todos los días para tratar de imponérnoslos y, así, reducir las libertades y derechos que nos autoriza la Constitución. Tales documentos, que llenan todos los requisitos para ser tipificados como ukases —porque tienden a ser injustos, arbitrarios y tajantes— siempre son por el mero afán de demostrar que ellos son los que mandan, no para el logro del bien común. Y con un añadido: en los decretos siempre aparecen artículos que imponen penas corporales. Cosa que viola la “reserva legal”, ya que las penas solo pueden ser tipificadas en leyes sancionadas por el órgano legislativo, no por el ejecutivo. Pero ni este ni la más alta instancia del judicial —me choca llamar por su nombre a esa cosa tan injusta y parcializada que emite sentencias sin apegarse a la ley ni la filosofía jurídica— han dicho una sola palabra. ¡Claro, son caimanes del mismo pozo!

Creo que con estas explicaciones le quedan más claros los conceptos a los aspirantes imperfectos a perdonavidas, personas que presumen de lo que no son y que amenazan pero no se dejan ver las caras. Espero que este escrito les sirva para comprobar que siempre trato de emplear las palabras que mejor se avienen a la circunstancia, no lo que a eso que han dado el llamar “political correctness” exige. Ellos verán que han de hacer ahora. En todo caso, yo no pienso cambiar un ápice mi forma de pensar, de escribir ni de actuar. Ya lo saben…

Humbero Seijas Pittaluga:

  • General retirado de la Guardia Nacional, sirvió en ella 30 años.
  • Después de retirado, formó parte del Gobierno de Carabobo durante 15 años.
  • Gobernador de Carabobo, encargado, por 5 meses en 1998.
  • Graduado y posgraduado universitario; dos de los posgrados fueron hechos en los Estados Unidos.
  • Habla, lee y escribe en inglés e italiano.
  • Fue docente en institutos de educación superior por más de 25 años.
  • Desde 1986 es escritor de artículos de opinión. Sus opiniones han aparecido, sucesivamente, en "El Carabobeño", “El Nacional” y “Notitarde.
  • Algunos de sus ensayos y artículos aparecen publicados en dos libros: “Contrapunto” y “Glosomanía”.
  • Desde 1988 y hasta 2011 fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Tecnológica del Centro.

 

Etiquetas: ,

Wishful thinking

21.04.14 | por Alberto Lossada Sardi [mail] | Categorías: Política, Colaboradores, Alberto Lossada Sardi, Venezuela, Opinión

El inglés es un idioma eminentemente práctico. No está sujeto a academias ni a normas rígidas que, antes que la “pureza del idioma”, buscan su adaptación a las realidades que van surgiendo. Un ejemplo sería “jet lag”, sin traducción exacta al castellano, o el mismo “to jet”, el hecho de viajar en un vehículo impulsado por una turbina tipo jet, o quizás, “to deplane”, descender y salir de un vehículo aéreo. A ese grupo correspondería “wishful thinking”, que muchos traducirían como “ilusionarse” o “ilusión”, pero que va muchísimo más allá de eso, pues en inglés implica una cierta creencia en la inminencia de que acontezca el hecho al que se refiere.
Somos un país de “wishful thinkers” abúlicos que nada hacen por participar en las protestas, guarimbas, etcétera, pero firmemente convencidos de que el régimen cae por su propio peso (cómo es eso ni ellos lo entienden). No perdemos un minuto en aceptar un contrato o negocio con el régimen y somos los primeros en criticar a otro que lo haga. Nadie, y lo comentan a voz en cuello, entiende cómo es posible que un hatajo de ineptos, como el tren ejecutivo del país, siga en el poder 15 años después sin haber caído. Muy sencillo; fuera de los estudiantes, nos sobran dedos si contamos con los dedos de las manos a quienes en verdad hacen algo por ello.
Somos un país de “wishful thinkers” incrédulos, pero en el peor de los casos. Solo en este país –antes que nada, que funcione aquí- el G2 (DGI) cubano nos pasa un strike con una “durmiente” cubana (para quien no lo sabe, un “durmiente”, o “topo”, es alguien debidamente entrenado por los cubanos -en nuestro caso y a varios niveles diferentes- que es “despertado” –llamado a cumplir su misión- en el momento en que se necesita. El tal “durmiente” ha podido pasar 30 años o algunos meses como tal hasta el momento de “justificar la inversión”) en plena vista de todos y, especialmente de los “expertos en política cubana y, encima, niegan que eso haya pasado (¿recuerdan la frasecita: “¿tú crees? Yo, no, vale” y todo lo dicho pasó. Los chavistas no engañaron a nadie -salvo a los que quisieron ser engañados- y cumplieron todo lo no deseable ofrecido).
Somos un país de “wishful thinkers” que estamos convencidos que nada malo nos ha de pasar -¡hasta que pasa!. A mí no me van a quitar nada, al otro sí, pero no me muevo por él porque él tampoco lo haría por mí; que resuelva su rollo él… Y, ¡sorpresa!, nos quitan algo y vamos de puerta en puerta (la misma que mantuvimos cerrada) pidiendo que la abran y nos ayuden con ¡tamaña injusticia! O nos buscan como testaferros, aceptamos, y, cuando estalla el paquete y quedamos solitos con el asa en la mano, empezamos a denostar de los chavistas por ladrones, deshonestos y corruptos. Y tú que eres tan honesto, ¿qué hacías ahí? Igual cuando te crees más vivo que los demás y te dejan desnudo en la calle, ¿no eras más vivo que ellos? Pero el pagador eres tú…
Somos un país de “wishful thinkers”, porque después de haber oído todas las opiniones en contra de un diálogo con vendepatrias y represores, con claras explicaciones de por qué oponerse, volvemos a caer en las manos de los que nos engañan y nos asombra que, inmediatamente después de la salida del diálogo, nos repriman y con reforzados bríos; así como que no se negocie nada, no se llegue a acuerdos, como debidamente fue anunciado por el régimen, una “Crónica de una muerte anunciada” que precedió, muy brevemente, el mutis de García Márquez y que a nadie sorprenda que se “acepte” un “nuevo Plan Patria Segura”, con el addendum de que se necesitará permiso para cualquier protesta, y la “oposición” ¡lo acepta!.
Somos un país de “wishful thinkers” porque no queremos comprender que la indoctrinación de 15 años en la FAN ha llegado al punto de que, preguntado un “clase”, respondió que su misión es “defender al gobierno”, NO al pueblo, ¿y la “oposición” a qué se ha dedicado todo este tiempo? A buscar curules, alcaldías, etc. ¿Oposición? Y lo más genial: quienes dan la cara en las guarimbas son los estudiantes. ¿Invitaron a alguno al tan mentado “diálogo”? Es decir que las decisiones de cierta importancia (el pueblo ha comenzado a abrir los ojos) las toman la MUD y los políticos de turno, pero quien pone la carne de cañón ni siquiera es consultado… ¡Tremenda democracia por parte de la MUD!
Hace pocos años advertí a un alto ejecutivo de una empresa multinacional que sería expropiada la empresa. ¿Respuesta?: “No, vale, yo no creo; además, me reúno con todos ellos con mucha frecuencia y tú no eres parte de ese mundo empresarial”. ¿Realidad?: Fue expropiado cuando y como le dije; lo agarraron desprevenido y la tal expropiación le costó el cargo. Por allí anda, dando vueltas, tratando de conseguir un contratico, o un negocito con los chavomaduristas. Sencillamente, ¡no aprenden! A la vuelta de la tortilla utilizarán los pocos contactos que acepten reunirse con crápulas…
¡SE HARTA UNO!

Alberto Lossada SardiAlberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Etiquetas: ,

Memorias de Infancia - Capítulo 31 - Últimos días en el infierno

19.04.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Extractos, Libros, Literatura, Biografías, Capítulo

Eduardo Casanova

Memorias de infancia

Capítulo 31

Últimos días en el infierno

Los “curas” apenas me toleraban, supongo que en buena parte porque estaban haciendo los campos deportivos de La Colina con las maquinarias prestadas por mi papá. A pesar de que ya estaba entre condiscípulos de mi edad, y hasta había algunos menores que yo, no había abandonado en absoluto las malas costumbres de antes. Molestaba siempre que podía a los profesores y los “curas” y aunque no era camorrero, molestaba también a muchos condiscípulos. Era un alumno mediocre o malo, pero con elementos absolutamente inútil de buen deportista, aunque limitados al “fair play” y no al deporte como práctica. Trataba de ser lo más audaz y lo más divertido posible, para ganarme la buena voluntad de los demás, y casi siempre me ganaba algo muy parecido al repudio. Y seguía con aquello de la doble vida. En mi casa era totalmente distinto a como era en el colegio. En las materias de estudio mi rendimiento no era tan malo, pero se basaba en aquello de ser repitiente y en el hecho de que, al no poder escaparme del lugar, no podía tampoco faltar a las clases y mi memoria auditiva me permitía mantenerme más o menos al día. Desde luego, me pesaba mucho aquello de que tenía dos materias, historia y biología, perdidas por definición, y que de perder una sola materia más tendría que repetir el año por segunda vez, lo que habría sido para mí una enorme vergüenza. En un momento dado los “curas” intentaron salir de mí, pero dando muestras de un muy pobre sentido de la oportunidad, pues lo hicieron justo en el día en que las maquinarias se alejaban del colegio con su ruido característico, que era como un rumor de metales que cada vez se sentía más distante. Mi padre se indignó y les dijo que en ese caso las maquinarias regresarían, pero a destruir los campos de deporte. No les quedó más remedio que recular, pero pudieron una condición: al terminar el año escolar, pasara lo que pasara, yo tendría que dejar el colegio para siempre.
En mayo de 1952 nos mudamos de El Paraíso a Las Mercedes, a una casa enorme, desproporcionada, con piscina, diseñada por mi papá, que como ingeniero era muy bueno, pero como arquitecto se moría de hambre. El diseño del caserón fue un completo disparate. La casa era una mala imitación de las que vio en una revista americana llamada “House & Gardens.” Adelante tenía un gran salón y un gran comedor, ambos demasiado grandes. Al salón se llegaba de la calle por un pequeño “porche,” y del salón arrancaba un pasillo que llevaba primero a la biblioteca, que era un cuarto amplio con enormes bibliotecas de madera oscura. Luego, siempre a la derecha, se entraba al dormitorio de mi tía Nená y después al de mi hermana Carlota Emilia. Entre ambos estaba un baño. Y por la izquierda, el pasillo daba primero a un “pantry” absolutamente inútil, que tenía un bañito, una gran refrigeradora y también se comunicaba con el comedor y con la cocina, que a su vez se comunicaba con el jardín mediante un lavandero. Del “pantry” bajaba una escalera que llegaba al semisótano, en donde había un espacio de distribución inútil, un bañito, un laboratorio de fotografía y una habitación que tampoco servía para nada, así como un enorme garaje para dos enormes automóviles y con dos enormes puertas automáticas de madera, que permitían la entrada desde la calle a través de una gran trinchera. Después de la puerta del “pantry” había una escalera que llegaba al segundo piso, en donde, además de otro bañito estaba el cuarto de servicio, con su propio baño, una escalera que llevaba a un mirador y al enorme tanque de agua, y, por último, a un enorme salón con balcón que daba al sur. En el salón mi padre puso unos impresionantes equipos de sonido, con grabadora de estudio profesional y una corneta que era, por decir lo menos, atómica. Del segundo piso salía una empinada escalera que daba a un mirador, en donde estaba el desproporcionado tanque de agua que servía por gravedad a toda la casa. Después de la escalera estaba la entrada de mi cuarto, en cuya pared de entrada puse una buena biblioteca, y que por el baño se comunicaba con el dormitorio de mis padres, que, tal como el pasillo, daba a un enorme “corredor” que tenía un bar que bien podría envidiar cualquier buen hotel. Para todo el conjunto mi padre se hizo traer de Estados Unidos o se hizo hacer en Venezuela muebles de un estilo colonialoide que hoy hasta mis ojos rechazarían. Era obvio que quería ponerse a la altura de la mayoría de los que eran sus compañeros de gobierno, cuyas costumbres administrativas no eran nada sanas. La casa estaba sobre un terreno de 2.500 metros cuadrados, en el que había además la piscina de forma muy extraña, pues era como un semicírculo, y tenía un cuarto de máquinas, dos vestuarios y dos baños. La piscina no tenía parte llana, y del techo de la zona de servicios salía un trampolín traicionero, pues si alguien se hubiera lanzado al agua con mucho éxito habría terminado estrellándose de cabeza en el pavimento.
Dejar El Paraíso para mí, a pesar de que nunca me sentí bien con los de la Avenida Arismendi y las otras calles cercanas, fue duro. Estaba acostumbrado a vagar por las calles y por el barrio, sin rumbo. Y tenía buenos amigos en el barrio. En Las Mercedes, a donde fuimos varias veces mientras se construía la casa, no habría sino equivalentes a los de la Avenida. Por fortuna, ya vivían en Las Mercedes los Arria y los Morales Bance, y con ellos pude relacionarme con muchos otros vecinos, que en definitiva me cayeron mucho mejor que los de la Avenida Arismendi. Nos mudamos a la nueva casa cuando todavía no estaba terminada, y en el ambiente había aserrín y polvo de cemento, además del ruido que hacían los albañiles y los carpinteros. Apenas estuvo terminada para la fiesta de quince años de Carlota Emilia, una fiesta muy de la época, en la que quien se sentía menos feliz era la protagonista, que no tenía ningunas ganas de estar allí.
En cuanto a mis estudios, en realidad el año escolar 1952-53 pasó sin pena ni gloria, casi como si no hubiera pasado. Los exámenes finales no los hicimos en La Colina sino en el colegio del centro de Caracas, debido a un problema burocrático: los “curas” no habían participado al Ministerio de Educación Nacional que tenían un primer año de bachillerato en La Colina, y la única solución que encontraron fue repartir a los de La Colina entre los de Tienda Honda, por lo que los de La Colina nos encontramos de repente entre condiscípulos que no conocíamos y, lo que es peor, con profesores que tampoco conocíamos. Para mí eso tuvo una consecuencia grave, pues en Educación Artística, mi materia preferida y en la que tenía la nota más alta, los examinadores nos pusieron a hacer una “estilización,” que era algo que el profesor de La Colina no nos había enseñado en absoluto. Yo, con mucha habilidad y buena mano, dibujé una mano de cambures (bananos), que como dibujo realista era muy bueno, pero como “estilización” no servía. Eso me bajó la nota final a un extremo alarmante, aunque mi promedio era tan bueno que no llegó al extremo de que perdiera la materia, con lo que habría perdido el año y la confianza en mí mismo. Otra consecuencia, menos dramática, fue que en el primer examen final, al pasar la lista, nombraron a dos Casanovas, y gracias a eso conocí a mi primo hermano Julio Casanova Carcagno, hijo mayor de mi tío Julio Casanova, el hermano menor de mi papá, con quien por diversas razones nunca habíamos coincidido en Caracas.
En definitiva, pude pasar todas las materias menos las dos a las que se me había prohibido la asistencia. En biología traté de hacer un esfuerzo sobrehumano, pero no logré sacar la nota máxima, el veinte que requería para conseguir un promedio de diez puntos y poder salvar lo insalvable. Todos mis esfuerzos fueron en vano. Historia Universal, aunque era una materia que me gustaba mucho, ni siquiera traté de salvarla. Me lancé al agua seguro de que me hundiría, e hice una de las mías. El examen era oral, y cuando me pidieron que hablara de los faraones de Egipto, lea hablé de Silverio Pérez, el Faraón de Texcoco, torero mexicano muy famoso, nacido en 1915, retirado en 1953 y muerto en 2006. Y cuando me preguntaron por la Biblioteca de Alejandría respondí que quedaba de Chorro a Coliseo y se especializaba en libritos del FBI, lo que indignó a los examinadores del Ministerio, que hablaron de levantarme un expediente, hasta que les expliqué la situación, y entonces más bien se molestaron con el Colegio La Salle, que permitía ese tipo de irregularidades, pero, por supuesto, me “rasparon,” me condenaron a ir a “reparación” en septiembre, lo que era condenarme a no tener vacaciones.
En el tiempo en que debía haber disfrutado de las vacaciones, mi padre contrató como maestro particular a Emilio Dieck y Dieck, dominicano, que era el profesor a cargo del primer año de bachillerato de La Colina, para que me preparara para los tales exámenes de reparación de historia y biología, lo que para mí era un verdadero incordio, pues tenía que pasar tres horas diarias encerrado en el salón de arriba, cuando quería estar en la calle, o en la casa de los Márquez, o en cualquier otro lado. Como era de esperarse, los exámenes de reparación de ambas materias los pasé con inaudita facilidad y muy buenas notas. Pero lo más importante para mí fue la noticia de que me habían inscrito en el Colegio Santiago de León de Caracas, en la Avenida Los Jabillos de La Florida, en donde ya estudiaba Federico Márquez, lo que me llenó de alegría.

Memorias de Infancia
Eduardo Casanova Sucre
Capítulos publicados:

Razón de ser
Capítulo 1 - Los Casanova
Capítulo 2 - Los Sucre
Capítulo 3 - Los portadores de genes
Capítulo 4 - Tinaquillo
Capítulo 5 - Barquisimeto
Capítulo 6 - Maracay
Capítulo 7 - Miedos y alegrías
Capítulo 8 - Las primeras letras
Capítulo 9 - La niña de la cabellera rubia
Capítulo 10 - Cuando los sueños se hicieron enormes
Capítulo 11 - Nuestro mundo de magia y colores
Capítulo 12 - '¡Te quiero!', dijiste…
Capítulo 13 - El silencio de los puentes
Capítulo 14 - Otoño caluroso
Capítulo 15 - Intermedio de neblina
Capítulo 16 - Dromomanía
Capítulo 17 - Caracas, por fin
Capítulo 18 - Días de gritos
Capítulo 19 - Primeros topetazos con la vida
Capítulo 20 - Primer encuentro real con la señora de blanco
Capítulo 21 - ¡Coche a la vista!
Capítulo 22 - La tenue luz de las tinieblas
Capítulo 23 - Cambio de luz
Capítulo 24 - Medioevo y modernidad
Capítulo 25 - Los trabajos y los días
Capítulo 26 - El fuego de la amistad
Capítulo 27 - Rebelde sin causa
Capítulo 28 - El Tom Sawyer tropical
Capítulo 29 - Viaje al porvenir
Capítulo 30 - Héroes del deporte
Capítulo 31 - Últimos días en el infierno

Los Estudiantes

19.04.14 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Política, Venezuela, Opinión, Historia

La tradición de estudiantes en política en Venezuela es larga y noble. Fue épica en la batalla de La Victoria, cuando José Félix Ribas, con un puñado de jóvenes reclutados en el Seminario y la Universidad de Caracas, venció a las fuerzas del bárbaro Boves el 14 de febrero de 1814. Fue burlesca cuando la “Delpinada” un “acto cultural” organizado por unos jóvenes, la noche del 3 de abril de 1885, a imitación de los homenajes que los adulantes hacían a Guzmán Blanco, “homenajearon” a un modesto poeta con fama de loco, que había escrito textos disparatados como aquel que decía “Pájaro que vas volando / montado en tu rama verde / pasó el cazador, matote / más te valiera estar duerme”. Fue una demostración clara de repudio a la política personalista y autocrática de Guzmán. También fueron los estudiantes los que protagonizaron la reacción contra Guzmán Blanco, no solo al abuchearlo, sino al tumbar sus estatuas. Igualmente Joaquín Crespo debió soportar en una oportunidad una feroz silbatina de los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela. Otro incidente estudiantil fue el de la parodia de Congreso, a comienzos de 1892, en pleno pleito del “continuismo,” cuando el parlamento debió mudarse a San Francisco porque el edificio guzmancista del Congreso, hecho a toda carrera, amenazaba con caer encima de las augustas cabezas de los senadores y diputados. Los estudiantes, antes de que se instalaran los congresantes, imitaron sus usos y costumbres y casi causaron una estampida de políticos. Asimismo Cipriano Castro fue víctima de los estudiantes universitarios cuando organizaron una burla a las proezas militares del Cabito, llamada la “Sacrada” en honor a un pintoresco libanés, vendedor ambulante llegado a Venezuela en 1888, llamado Alfonso Sacre, y que un tanto trastornado y mitómano, solía contar sus proezas militares, ubicándose como héroe en muchas de las batallas de las que había oído hablar en sus viajes por Carabobo o Yaracuy o Lara. Hacia fines de octubre de 1900 se constituyó la “Sociedad de Glorias del General Sacre,” formada íntegramente por estudiantes universitarios. Tanto Castro como Gómez veían con absoluta desconfianza aquel mundo de jóvenes intelectuales que consideraban revoltosos. Castro había pasado por un seminario, en Pamplona y Gómez no tuvo educación media ni superior de ninguna especie, y en cambio ambos transcurrieron buena parte de sus vidas en acciones de montoneras armadas, que eran lo contrario a la vida universitaria. Es un hecho que la actitud abierta o veladamente antiuniversitaria de los dos caudillos es una de las causas fundamentales de que la Universidad Central de Venezuela se transformara, a partir de 1928, en uno de los ejes esenciales de la vida política, intelectual y social del país durante medio siglo. Y, desde luego, hasta el 2014, la acción estudiantil más notables fue la de hoy llamada Generación del 28, contra el dictador Juan Vicente Gómez, que literalmente alzaron sus voces durante el carnaval del 28, lo que generó la prisión breve pero terrible, de más de 200 universitarios. Luego vendría el alzamiento de los jóvenes oficiales del ejército, que generó una nueva prisión colectiva, la toma de Curazao y el intento fallido de invasión del “Falke,” en donde se mezclaron caudillos que representaban el pasado y estudiantes del 28 que ya eran el porvenir. De aquello salió un núcleo de líderes, como Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Isaac J. Pardo, Miguel Otero Silva, etcétera, que en cierta forma dominarán el panorama político venezolano hasta cerca del final del siglo XX. En 1958 serán también los estudiantes protagonistas de la acción contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Y en la década de 1960 muchos estudiantes participarán en la lucha armada contra la democracia, que fue un craso error.
Pero ninguna de esas “gestas” tiene la importancia de lo que estamos viviendo en el año 2014. Los estudiantes de hoy son el verdadero porvenir del país en más de un sentido. Se han enfrentado con valentía y honor a la barbarie que desgobierna al país. Y con toda seguridad triunfarán y rescatarán a Venezuela, que es algo que en realidad no logró ninguno de los grupos estudiantiles que actuaron antes. Los de La Victoria frenaron a Boves, pero fueron los mayores, Bolívar y compañía, los que derrotaron a los españoles, a los realistas. Y las otras acciones no llegaron en realidad a nada. Ni siquiera la de los del 28, puesto que Gómez gobernó hasta el día de su muerte, que fue en diciembre de 1935. Los que estuvieron más cerca fueron los del 58, cuya acción motivó finalmente a la sociedad a presionar a los militares, que tumbaron a Pérez Jiménez. Pronto veremos que los del 14 harán lo mismo que los del 58, pero llegarán un paso más arriba, porque su valentía, su honestidad, obligará a la sociedad a asumir lo que no ha sabido asumir desde el 58: la lucha frontal y victoriosa contra la corrupción. Que es la causa efectiva de todos los males que padece Venezuela.

Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.




Etiquetas: ,

José Ángel Lamas, la luz de las estrellas desaparecidas

17.04.14 | por Hugo Álvarez Pifano [mail] | Categorías: Semblanzas, Colaboradores, Música, Arte, Venezuela, Hugo Álvarez Pifano

Hace millones de años desaparecieron del universo muchas estrellas, pero la luz que una vez ellas dieron continúa viajando por el espacio infinito y puede verse durante las noches en todo su esplendor. Así ocurre con José Ángel Lamas, ni siquiera sabemos a dónde han ido a parar sus restos, pero la música que el compuso brilla como la luz de las estrellas desaparecidas, acompañando siempre a los venezolanos durante la Semana Mayor

Cuando tomamos conocimiento de lo que fue la vida de José Ángel Lamas (Caracas, 1775-1814), una pregunta inquietante se nos plantea: ¿Por qué sufren los hombres justos? Esta pregunta es tan antigua como la primera lagrima que derramo el ser humano que sintió dolor por vez primera y tan nueva, como una carta cuajada de esperanzas que nos llega a través de un servicio de correos que funciona con prontitud y eficiencia, un bien que nunca hemos conocido los venezolanos. Siempre el hombre se ha sentido desconcertado ante la injusticia del mundo que lo rodea. Cuando hacemos esa pregunta a los teólogos cristianos- y es a ellos a quienes debemos dirigirnos, ya que José Ángel Lamas es esencialmente un compositor de música religiosa y nuestro músico más importante en este género- ellos nos indican que Dios, conforme a su propia naturaleza, no puede hacer distinciones: El hace nacer el sol para buenos y malos. Hace que la lluvia caiga sobre justos y pecadores. En pocas palabras, la ley de la causalidad prescinde de que seamos o no virtuosos. Los teólogos también nos enseñan, que los buenos padecen porque el sufrimiento es el medio de que Dios se vale para sacar a la luz lo mejor del ser humano y proyectar la elevación moral de nuestra especie.

Entonces, aquí hemos llegado al concepto clave que nos lleva a entender la música de José Ángel Lamas y el sentido de su breve, modesta y fructífera vida: el sufrimiento como inspiración para la música y su música misma como una forma de elevación moral de la condición humana. Pocas veces ha habido en las obras universales de la música un cristo más lleno de dolor, más dotado de la condición humana del sufrimiento que el redentor concebido por José Ángel Lamas para su Popule Meus. En este compositor se combinan en forma muy bella, la emoción intensa de sus sentimientos con una gran pureza espiritual, para crear en su música una profunda tristeza, pocas veces lograda por otros músicos. Lamas tuvo la rara cualidad de trasmitir a través de su creación musical y en la forma de un mensaje dirigido al corazón humano su propia vivencia interior: el sufrimiento.

Pero, veamos, ¿Que ocurrió con José Ángel Lamas? Lamas fue un músico a quien sus contemporáneos nunca evaluaron adecuadamente, estaba tan por encima de ellos que fueron incapaces de darse cuenta del alto nivel de su espíritu y de su condición de hombre superior. Algo que ocurre a menudo con los verdaderos artistas. Posteriormente, los autócratas y demás gobernantes que ha tenido Venezuela, tampoco han podido encontrar alguna diferencia entre él y los otros hombres y mujeres de su entorno, a quienes ellos conceptúan como grandes figuras del gentilicio venezolano. Pero lo curioso de esta historia es que ha sido precisamente el pueblo de Venezuela quien ha recibido a José Ángel Lamas como el músico que ha llegado a lo más profundo de su corazón. En efecto, desde que se estrenó el Popule Meus en el año de 1801, nunca ha dejado de interpretarse los jueves o los viernes santos, en todas las iglesias de Venezuela, aun en las más remotas y más humildes. ¿Qué venezolano no ha escuchado el Popule Meus durante la Semana Mayor? Cuando yo rondaba los cinco años de edad lo escuche por vez primera. Entonces mi madre nos llevaba a la vieja Catedral de San Felipe, en el Estado Yaracuy, allí existía un órgano aflautado, presunto heredero de los antiguos “hidraulos.” El sochantre de la Catedral, el Maestro Rafael Limardo, un viejo de muy mal carácter, pero de gran talento interpretativo, con pasos lentos y pausados subía al instrumento musical, como esos experimentados capitanes de mar suben a sus grandes navíos. Después se escuchaban los graves y solemnes acordes de la música de Lamas. Yo sobrecogido por la emoción me acurrucaba muy pequeñito al costado de mi madre.

Popule Meus (Miqueas 6:3-4) es el angustioso grito del hombre que se siente abandonado. Pero, ¿cuán abandonado ha debido sentirse este músico introvertido, profundamente místico y sensible, como pocos? A Lamas le toco vivir una época terrible para Venezuela: sequías, pérdidas de las cosechas, hambre y miseria; conspiraciones contra el poder real, sofocadas en sangre; espantosas matanzas perpetradas por los realistas, etc. Al final de sus días, a la edad de 39 años murió en la miseria. Según el acta de defunción, no hizo testamento porque no tenía bienes. Se le dio sepultura en el cuarto tramo de la iglesia de San Pablo, la cual fue demolida en 1876, por orden del Presidente Guzmán Blanco. Los difuntos allí enterrados no fueron exhumados. Cuatro años más tarde se inició la construcción del Teatro Municipal. Nuevamente en 1948, el peristilo del Municipal fue amputado para ensanchar la calle, en ocasión de los trabajos de construcción del Centro Simón Bolívar. Apareció entonces el fragmento de una lápida con las primeras tres letras del apellido Lamas y algunos huesos. Todo esto fue colocado en un cajón, que se depositó en la barraca donde los obreros guardaban sus herramientas y materiales. El dictador de turno exigía que las obras públicas fueran entregadas en fecha convenida. Todo debía estar limpio y en orden para ese momento. La barraca, el cajón y lo que parecían ser unos restos mortales, desaparecieron en el fragor de los preparativos para una inauguración en fecha ya fijada.

Catedral de Caracas, lugar donde fue estrenada en 1801 el Popule Meus de José Angel Lamas

Venezuela es un caso singular: los restos de José Ángel Lamas- el más grande de los artistas de la colonia, el músico más exquisito y elevado en la creación espiritual- no reposan en el Panteón Nacional. ¿En dónde están?

Hace millones de años desaparecieron del universo muchas estrellas, pero la luz que una vez ellas dieron continúa viajando por el espacio infinito y puede verse durante las noches en todo su esplendor. Así ocurre con José Ángel Lamas, ni siquiera sabemos a dónde han ido a parar sus restos, pero la música que el compuso brilla como la luz de las estrellas desaparecidas, acompañando siempre a los venezolanos durante la Semana Mayor.

Fotografías y Video:
1.- Imagen del Nazareno (Foto de presentación)
2.- Catedral de Caracas
3.- POPULE MEUS José Ángel Lamas (1775-1814).
Compuesta en 1801 para Orquesta de cuerdas, dos oboes, dos cornos, solista y coro a tres voces. Arreglo para la voz de bajo de Pablo Morales Daal. Orquesta Filarmónica Nacional. Coro Polifónico Rafael Suárez. Solista: Leonor Cabrera – Soprano. Director: Pablo Morales Daal.
Sala José Félix Ribas, TTC.
Viernes 22 de Marzo 2013

Hugo Alvarez PifanoHugo Álvarez Pifano, musicólogo y crítico de música, especializado en la ópera y en temas musicales de Venezuela. Entre 2001 y 2011 ha sido columnista de música, de periódicos y revistas del país. Ha escrito en publicaciones especializadas de Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos de América, Dinamarca, Brasil, Colombia, Honduras, Kenya, Etiopía y Guyana. Estudió en la Esc. de Música de Barquisimeto (1951-1956); en la Esc. José Ángel Lamas de Caracas (1957-1958) y en el Conservatorio Luigi Cherubini de Florencia (1960-1963). Es autor de tres libros: El vals venezolano, historia y vida (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2007); Cantantes líricos de Venezuela (Fund. Arts World Millenium, 2100. Caracas, 2010); Historia de la música de Venezuela (en prensa). Así mismo ha escrito 3 libros sobre música y temas costumbristas, sin publicar. Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia, (1958-1963); Master en Derecho Internacional del Instituto de Formación Profesional e Investigaciones de las Naciones Unidas, N. Y., 1973; Postgrados en Ciencias Políticas (1978) y Teoría Política (1980) en la Universidad de Brasilia. Diplomático con carrera de 36 años en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Embajador de Venezuela en Guyana, Haití y el Reino de Dinamarca; Encargado de Negocios ad hoc en Kenia y Etiopía; Cónsul General de Venezuela en Río de Janeiro y Sao Paulo, Brasil; funcionario diplomático en las embajadas de Venezuela en Colombia, Brasil y Honduras; asesor, representante alterno y representante de Venezuela en la Comisión de Asuntos Jurídicos de las Naciones Unidas (1971-1978); miembro, participante y jefe de la delegación de Venezuela en 29 conferencias internacionales; y le fueron encomendadas 38 misiones especiales; en el servicio interno de la Cancillería venezolana fue Director de Tratados; Jefe de Gabinete del Canciller Ramón Escobar Salón y colaborador cercano de los Cancilleres Ignacio Iribarren Borges, Arístides Calvani y Simón Alberto Consalvi. Es autor del libro “Manual de los Tratados Internacionales de Venezuela” Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (1972).

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 408 >>

de Eduardo Casanova

Buscar

Publicidad

Contenido

Portales de Blogs

Bitacoras.com

BloGalaxia

Blogarama - The Blog Directory

Books Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Literature Blogs - Blog Top Sites

Globe of Blogs

Blog Directory

http://labs.ebuzzing.es

powered by b2evolution