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En 1998 se le dio a un hombre un cheque en blanco. La corrupción de los partidos (AD, Copei, MAS, Convergencia, etcétera) había colmado la paciencia de la mayoría de los venezolanos, que no veían en la democracia la vitalidad suficiente para solucionar los grandes problemas del país. El gobierno de Rafael Caldera, a pesar de contar con algunas individualidades muy valiosas, fue un rotundo fracaso, y los partidos propusieron candidaturas muy cuestionables. Y en el horizonte parecía anunciarse un hombre fresco, aparentemente aun no viciado, que ofrecía un camino nuevo. Y que recibió el cheque en blanco firmado por la mayoría de los venezolanos. Pero pronto se vio que, lejos de solucionar los problemas, los agravaría. En vez de trabajar, se dedicó a corromper a la población, con limosnas, con ofertas engañosas, con tentaciones que han llevado a muchísima gente a prostituirse, a recibir dinero sin trabajar, a recibir ayuditas a cambio de su apoyo electoral. Y la inmensa catarata de recursos que le ha entrado al país, en vez de usarse para el desarrollo, para crear empleos, para distribuirla equitativamente, se usó en esos programas corruptores, en facilismo y en corrupción para enriquecer a los poderosos del régimen y en dádivas para que el caudillo de turno recibiera apoyos internacionales. El teniente coronel Chávez Frías, el hombre que cuando era flaco se convirtió en esperanza para mucha gente de buena fe, al engordar se ha mostrado como lo que es: un fascista, aprovechador de todos los recursos del poder, militarista y corrompido. Ha encabezado una “revolución” muy parecida a las de Mussolini y Hitler en cuanto negadoras de la Democracia y de los derechos humanos y generadoras de odios y resentimientos, pero que se diferencia de aquéllas en que no puede exhibir ni siquiera una obra material. Lo único que puede exhibir la “revolución bonita” es la corrupción, la persecución de los débiles, el abuso de poder, la represión contra los estudiantes y los intelectuales. En fin, la fealdad.
Pero hasta ahora ha contado con la ineptitud de la oposición, que baila al son que toca el teniente coronel y no ha sido capaz de presentar una alternativa. Esa alternativa debe empezar con el NO el 15 de febrero de 2009, y con un trabajo de fondo. Hay que olvidarse por un tiempo de que existen AD, Copei, Un Nuevo Tiempo y todas esas divisiones dentro de la división, y enviar a la población un claro mensaje de Unidad, un programa atractivo de la Democracia, para enfrentarlo al cheque en blanco de los enemigos de la Democracia. Hay que dejar de lado las pequeñas ambiciones y los oportunismos, porque lo que se está jugando es el porvenir. Y el triunfo, no me canso de repetirlo, empieza por contarnos de verdad: por saber cuántos vamos a decirle a los enemigos de la Democracia que ya basta de sus abusos y de su violencia. Que NO es NO.
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