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Es casi un lugar común señalar que Salvador Garmendia(1928-2001) es uno de los maestros del cuento venezolano. Su producción en este género fue más amplia que sus novelas ya que publicó catorce volúmenes con ellos. Esta proliferación se espigó desde un momento en que sintió que la novela contemporánea se había comercializado tanto que él se entregó al cultivo de la narración corta. Fue entonces cuando prometió escribir 1000 cuentos. Sólo llegó a escribir cerca de 411 casi todos memorables, ocho infantiles, entre los cuales está el bellísimo Galileo en su reino (Caracas: Monte Avila Editores,1993. 50 p.).
Tras su deceso el universo de sus relatos han seguido vigentes porque además de su libro póstumo No es el espejo. (Caracas: Alfaguara, 2002. 158 p.) han circulado tres muestras de ellos: El regreso. (Caracas: Fundación Bigott, 2004. 315 p.), El inquieto Anacobero y otros relatos. (Caracas: Monte Avila Editores, 2004. 293 p.) y ahora Entre tías y putas. (Caracas: Bruguera, 2008. 211 p.), estos tres tomos, ordenados por su viuda Elisa Maggi, en compañía de su hija Altagracia Garmendia Maggi la amplia antología El regreso, clave para conocer los ámbitos de este cuentista. Las tres salectas nos permiten repasar otra vez los senderos de esta parte singular del escribir de Garmendia y gozar con su lectura.
Por ello encontramos aquí ante Entre tías y putas una serie que recoge dos temáticas constantes en Garmendia, las que nos señala su título.
Como sabemos Garmendia fue el creador de la ficción urbana en nuestra narrativa a partir de su novela Los pequeños seres (1959), que es un hito en nuestras letras. Y siempre sus fabulaciones suceden en urbes.
Aquí en Entre tías y putas sus ensoñaciones aparecen recuerdos de los días de su infancia barquisimetana que para él fue siempre una alta gracia, allí evoca y recuerda las inolvidables tías, todo ello convocado en su memoria por medio a su fino arte del recuerdo.
En cambio a la urbe trepidante pertenecen los relativos a las damas de la noche, cuya presencia en la vida de los hombres es tan importante, forman parte de su educación sentimental. La educación del burdel deja siempre su impronta, deja experiencias, por ello este escritor nuestro lo exploró no sólo con belleza sino incluso con ternura, a veces con piedad. Entre estos son paradigmáticos “El inquieto Anacobero”, “La diablesa de Armiño” o “Lo más parecido a un gato pintado”. Y, claro, el mayor de todos los suyos: “Tan desnuda como una piedra”.
Todo el contenido de Entre tías y putas sentimos que se cobija bajo unas líneas de “Personaje II” en el cual leemos: ”palabras con sabor, con tanto, con emanaciones y asperezas”(p.193).
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
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