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Crepúsculos escondidos
-agua clara de los ríos
en la luz de la calina-
son tus rizos.
Castillo de salto y piedra
fue la palma de tu infancia marinera.
Tu mirada tiene perlas
y tu silencio es altura
de agua limpia, de agua recia,
agua de los manantiales
-de los ríos-,
de los mares de donde vienen tus ojos
que a las comarcas del cielo
sobre los cantos se van.
En ti nació -en tus estrellas-
el halo de la pureza
y el mar se viste de velo
para llevarte en sus trovas
hasta el pie de una eminencia.
Vas a hacerte montañés
en una aldea de nubes
y de torres y de paz.
Allí estallará en tus manos
-cuando vuelvas a la costa-
la lluvia de las palmeras.
Correrás por los torrentes
hasta chocar con el sol
y una carta sin respuesta ni esperanza.
Se derramará en las sombras
ese breve resplandor
-frágil encanto-
que te convierte en eterno,
como un albor infinito
que no volverá a la arena
ni a los ondeantes crepúsculos.
Ni a la mar.
Aquel niño de mar y soledades
-vástago de la muerte-
jugaba con la muerte junto al mar,
jugaba con la muerte y con las olas,
jugaba con la muerte y con la arena,
y siempre la vencía.
La muerte, maternal, lo acariciaba
y dejaba que el niño
se meciera feliz por aquel sueño
de madre y soledades,
porque estaba, como madre, segura
de que tiempo después en Angostura
aquel niño, ya hombre, ya guerrero,
sus quimeras de muerte entregaría
con la arena de un río de victorias
a su hermano de sangre,
hijo amoroso también de la muerte:
Simón Bolívar, el Libertador.
Ese hombre que camina solitario
que camina y dialoga con las piedras
y las fuentes y las nubes
Ese hombre de atuendo sencillo
que respira un poco de aquel sólido cielo
tranquilo como sus recuerdos
Ese hombre que los otros hombres
ni siquiera miran por miedo a encandilarse
con la blancura de su alma
Ese hombre que pasea sin prisa
entre Sirca y Lambrana
Nahuinlla Mara Jaquira
Tabobamba Lichivilca
y la niebla, camino de Quinhua
Ese hombre que camina en la penumbra
con su sombrero alón
sombrero enorme que oculta su mirada
de huellas y de oscuras cicatrices
Ese hombre que lleva en sus pupilas
la sonrisa singular del hierro amargo
y de la espera
Triste sonrisa de pretérito lejano
habitada por demasiado tiempo
de perdonar al que hiere
Digno rostro de quien sabe
que se adentra en el reino de los hados
pobre en bienes materiales
rico en alma y sueños rotos
Ese hombre austero y quieto
es el Presidente Sucre
Un Presidente del pueblo
honrado hasta en sus sueños
distinto a tantos ambiciosos
que ocultan sus rostros con musgo
y pantano
cuando van a matar un justo
Ese hombre es río, cerro y alma,
camino de manantiales,
verbo de valentía.
Antonio José de Sucre,
vencedor de vencedores.
No puedo hacer otra cosa que agradecer a ambos sus palabras. Las mías salieron de mi alma, de mi admiración por Antonio José de Sucre, un hombre bueno que tuvo que sacrificarse por su tiempo y por su gente. Un hombre verdaderamente superior que debió vivir en un tiempo infernal, y supo hacerlo.
SON BELLISIMOS ESTOS CANTOS, ME ENCANTARIA POEMAS PARA NIÑOS PREESCOLARES SOBRE ESTE INSIGNE CUMANES EL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO, MI PIEL SE ERIZA AL PENSARLO E IMAGINARLO CAMINANDO POR LAS CALLE DE MI CIUDAD CUMANÁ.
buenas noche como esta, yo quisiera que me mandara unos poemas de usted porque mi hermano hace mucho trabajo de usted sobre todo poemas
Apreciado poeta Eduardo Casanova, felicitaciones, por su valiosa obra. le agradecería si puede informarme donde encontrar una poesía, aserca de la muerte de Sucre, en Berrucos.
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