Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.
| « ¿Derechos humanos? | País que no » |
Como a muchos autores importantes, conocí la obra de Camus en mi adolescencia, y en especial por las largas conversaciones sobre literatura que solíamos mantener en el grupo en el que destacaban María Antonia Frías, María Elena Coronil, Beatriz Gerbasi, Alonso Palacios, Antonio Padrón y otros muchachos más interesados por la cultura que por los que suele ser común entre los jovencitos: las fiestas. Encuentro curioso que, aun cuando entre nosotros se estaba formando lo que después convirtió a algunos de mis amigos en jóvenes revolucionarios, estudiantes comunistas que hasta participaron en el movimiento guerrillero de los años 60, hubiese tanto interés por Camus, que abiertamente apoyó los alzamientos antisoviéticos de Berlín y de Hungría de los años 50. Es posible que haya sido porque en 1957, en pleno tiempo de nuestros encuentros, recibió el Premio Nobél de literatura. En particular a mí me impresionó mucho su muerte, que fue en enero de 1960, producto de un accidente automovilístico. Camus había nacido en Mondovi, en territorio argelino, en noviembre de 1913, y se convirtió en el escritor más joven en recibir el Premio Nobél de Literatura. Era hijo de un colono campesino que murió cuando su hijo era muy joven, y de una española analfabeta y sorda, lo que le da mucho más mérito a su desarrollo personal, a su carrera universitaria y académica. En aquellos días, la obra de Camus que más me interesó fue “El extranjero”, que trata de la oscura vida de un personaje que no puede expresar sus sentimientos y le resulta antipático a todo el mundo, y que enfrenta un juicio por la muerte de un árabe, en el que es condenado no tanto por la acción en sí, sino por haberla cometido a sangre fría y no manifestar ningún arrepentimiento por lo ocurrido. También nos llamó mucho la atención a varios de nosotros “El Mito de Sísifo”, un ensayo en el que trata de lo absurdo y del sentido de la vida. Aunque al principio el joven Camus se sintió atraído por los comunistas y hasta se afilió al PC, finalmente se decidió más por los anarquistas, los libertarios, que por ellos. En el terreno de la filosofía adversó a la vez a los marxistas, los existencialistas y los cristianos. Fue famoso su enfrentamiento con Sartre, que lo acusó de ser esteticista, y, en cierta forma, de insincero. Se ha dicho que ese pleito fue alentado por la mujer de Sartre, Simone de Beauvoir, ofendida porque Camus se negó a tener relaciones con ella. En definitiva, Camus rechazó de frente todas las ideologías, incluyendo la suya propia, lo que quizás podría explicar nuestro interés por su obra, no sólo la novela y “El Mito…”, sino también “El hombre rebelde”, libro en el que expresa muy bien sus ideas anarquistas dentro del anarquismo, en donde puede encontrarse un cierto eco de Nietzsche, pensador que, en aquellos días de mi adolescencia, llegó a interesarme mucho, aunque no tanto como para enredarme en su laberinto.
durante mas años de los que quiero recordar el hombre rebelde fue mi libro de cabezera. Lo he reeleido tantas veces, que ya llevo comprado 4, los leia hasta que se destruian por si mismo.
me falto
Eduardo y luis: me uno al coro. Un coro clásico, trágico, los admiradores de Camus. Pero como ocurría entre los dramaturgos griegos, la tragedia en muchos casos consistÍa en creer que la lógica rige las acciones humanas. El suicidio anunciado al inicio del Mito de Sísifo bien puede ser la conclusión logica del texto, pero es precisamente la negación del raciocinio implícito en la narrativa lo que Camus desea del lector, lo cual logra elevando el proceso filosófico del "coro" a nivel de Mito. Principio y fin: alfa/omega: el mito que nos describe. Saludos, Gonzaloo.
Hola
Comentarios recientes