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Sé que habrá mucha gente que dirá que no es cierto. Pero afirmo, con conocimiento de causa, que Arturo Uslar Pietri no tuvo buena suerte. No sólo por su circunstancia personal, que no voy a discutir, sino por la realidad que le tocó vivir como hombre al que le dolía Venezuela. En lo personal, o cuasi personal, puedo contar que poco antes de que recibiera por su última novela (“La visita en el tiempo”) el Premio Rómulo Gallegos de 1991, quedé francamente estupefacto cuando, almorzando en la más estricta intimidad en su casa de La Florida, me dijo que era esa la primera vez que se le reconocía en Venezuela como escritor. Al principio pensé que Arturo estaba equivocado o exageraba en su modestia, pero en la medida en que tuve tiempo de reflexionar me di cuenta de que tenía razón. Se le había rechazado o aceptado, según el punto de vista de cada quién, como político; en general se le había aceptado como comunicador, como difusor de cultura; pero como escritor no había tenido el mismo éxito. “Las lanzas coloradas”, su excelente opera prima, fue recibida en Caracas, en 1931, con la más absoluta indiferencia. Hubo que esperar hasta el golpe de estado de 1945, que lo aventó a su exilio neoyorquino, para que la novela tuviese éxito, no en Venezuela, sino fuera de Venezuela. Ocurrió que en Nueva York se ganó el afecto y la amistad del gran investigador y crítico literario salmantino Federico de Onís, que también estaba exilado, aunque por otra realidad, y que de inmediato apreció la calidad de la obra literaria de su joven compañero de infortunio. Y fue Onís el que lo puso en contacto con Gonzalo Pedro Losada, otro exilado español asentado en Buenos Aires, que ya había organizado una de las más importantes editoriales del continente. Así adquirió verdadera vida “Las lanzas coloradas”. Después vendrían “El camino de El Dorado” y varias obras más, editadas por Losada, entre ellas “Un retrato en la geografía” y “Estación de máscaras”, pensadas inicialmente como una trilogía, pero que se quedaron en una “bilogía”, con el nombre de “Laberinto de Fortuna”, y en las que se repitió y agravó la indiferencia de la crítica venezolana, que llegó hasta el rechazo, a pesar de que hoy muchos entendidos las consideran las mejores novelas de Arturo. Y fue en la segunda de esas novelas en donde escribió lo siguiente: “¿Por qué un hombre así puede llegar tan fácilmente a convertirse en personaje en esta tierra? Todo está indefenso y como a merced del primer aventurero.” Desde luego, en 1963 ó 1964, cuando lo escribió, no podía tener la más mínima información acerca del teniente coronel Hugo Chávez Frías, el “hombre así” que llegó a convertirse en personaje en esta tierra indefensa que cayó en las manos destructoras de ese primer aventurero que hoy la daña hasta llevarla al borde de su destrucción. Bien podría decirse, entonces, que Arturo Uslar Pietri aunque no fue profeta en su tierra, sí fue profeta de su tierra, que, para su desgracia, vio caer el país en esas manos que presintió. Ya muy cerca de su muerte, Uslar Pietri se refirió públicamente a la ignorancia universal del Caudillo, Führer tropical, Capo de la pretendida “Revolución bolivariana”, cuya capacidad de destrucción horrorizó a Uslar e hizo ver que, también en lo público propiamente dicho, había tenido, como todos los venezolanos, mala suerte.
08/04/2007.
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Juan Carlos:
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Juan Carlos:
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Gracias, Juan Carlos. Siempre serás bienvenido.
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