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Quousque tándem, Catilina, abutere patientia nostra? (¿Hasta cuando, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?), esa fue la frase de Cicerón que pasó a la posteridad como la protesta por excelencia ante los desmanes de un político populista que quería destruir la república. Lucio Sergio Catilina, que vivió entre el 108 y el 62 Antes de Cristo, fue un conspirador, pero no un cobarde, y murió combatiendo, sin esconderse en museo alguno. Cicerón, Marco Tulio Cicerón, el gran retórico y orador, dos años menor que Catilina (vivió entre el 106 y el 43 Antes de Cristo) fue un verdadero republicano, que se enfrentó a César cuando César se alejó de la democracia republicana. César lo perdonó, pero Cicerón, aunque se alejó de la política, no se resignó nunca a soportar la tiranía, y se enfrentó también a Marco Antonio luego del asesinato de César. Y no es otra cosa que simple tiranía lo que tenemos que padecer los venezolanos ya en el Siglo XXI, después de Cristo ante los abusos de un populista perverso que todo lo daña. Basta ya de corrupción, basta ya de ineficiencia, basta ya de engaños, basta ya de compra obscena de voluntades, basta ya de cadenas, de abusivas cadenas que privan a la gente de información y distracción, basta ya de mentiras y crímenes impunes. Hasta cuándo… ¡Basta, basta, basta ya!…
Tienes razón, Alejo. Es para las letras, las sílabas, las palabras, las frases, para todo. Gracias...
No sé cómo agradecer tus palabras, Carmen Cristina, que reflejan más bien el afecto que la realidad. Mucho de lo que soy, o de lo que trato de ser, se lo debo también a mis abuelos. A uno lo conocí. Murió cuando yo tenía dieciséis años y era un hombre íntegro, culto, que llevó una vida muy dura pero jamás se dejó vencer ni se dobló ante la adversidad. El otro murió unos meses antes de mi nacimiento, pero recibí su ejemplo a través de sus hijas, mi madre y mis tías, y siempre he soñado con parecerme a él. Aunque a veces tenga que recibir zarpazos y golpes a traición de los que en nada se parecen a ti, ni a mí, ni a nuestros abuelos. Ni a nuestros amigos.
Ojalá tus palabras, Gonzalo, sean repetidas en las esferas celestes y se cumplan...
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