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Para muchos observadores Chacao “marca la pauta”, y lo que pasa en Chacao debe ser estudiado a fondo, porque puede afectar al resto del país. Es una visión deformada y debe ser apartada del panorama político. Chacao es un caso único, que no se repite en forma alguna en el resto del territorio nacional. Es un municipio con muchísimo dinero y muy pocos problemas. Sus ingresos son enormes y apenas tiene tres o cuatro barrios populares, muy fácilmente manejables. Su población tiene un nivel cultural bastante más alto, como promedio, que el que tienen los habitantes de todos los otros municipios venezolanos. A quien pongan allí se convierte, casi automáticamente, en dirigente exitoso, y dentro del folklore de la política venezolana, es visto como potencial candidato a la Presidencia de la República. Ya pasó con una ex-Miss Venezuela, que en términos de humor norteamericano puede ser clasificada con pleno derecho como una “blonde” (a las que ese humor atribuye toda la tontería que pueda ser atribuida). En su momento se dijo que era la alcaldesa perfecta y de la manera más oportunista dos o tres partidos la postularon para las elecciones del 98, sólo para quitarle el apoyo al final de la campaña, cuando la realidad acerca de su capacidad se hizo evidente. Llegó después a gobernadora de un estado y allí quedó probado que lo de la Alcaldía de Chacao no probaba nada. Años antes, cuando se creó el Municipio Autónomo Chacao, le propuse a dos amigos por separado (un importante dirigente político y un joven que aspiraba a serlo), que trataran de hacerse alcaldes, porque ése era el municipio estrella del país, que serviría para catapultar a quien lo ejerciera. Me miraron ambos (por separado) como gallina que mira sal. Les pareció (a los dos) que eso era bajar de categoría. Les respondí que aún cuando no lo consideraba (yo) ningún descenso, podría ser algo así como retroceder para coger impulso (no estamos en Argentina, conste). Los hechos me han dado toda la razón. La ex-Miss Venezuela fue candidata, y Leopoldo López Mendoza se catapultó hasta los espacios siderales, y hoy figura como candidato a la Alcaldía Mayor, desde donde puede llegar a ser candidato a la Presidencia si lo hace aceptablemente bien. Pero, así como la realidad se le atravesó a la “blonde”, a Leopoldo lo puede reventar otra forma de realidad: la real-politik. Si se empeña en defender al joven que escogió como sucesor, que ya fue dejado de lado por el Partido en el que ambos están comprometidos, su posición va a ser clasificada como un gesto de malacrianza de un joven oligarca acostumbrado a que se cumplan sus caprichos, y hasta ahí lo llevó el río. Sería bueno que entendiera que lo de Chacao es un mito, y que quien usa el mito, si no sabe que se trata apenas de una ilusión, termina cayendo de platanazos. Como la “blonde”.
Gracias a Gonzalo, Mario y Alberto. Por desgracia, antes que vocación de servicio, lo que se nota en los aspirantes, especialmente en los que ya han probado la droga del poder, es ambición. Por eso quieren ser sucedidos por hermanos, hijos, esposas o incondicionales, que tapen lo que no les parece que deba aparecer. Eso llevó a Chávez a donde está. Y lo mantiene, por desgracia para el país.
Alfredo: Es posible que tengas toda la razón, pero hagamos memoria. La gente sensata y honesta se alejó de la política venezolana por dos razones, por la corrupción y por la falsa lucha contra la corrupción, representada por la absurda Ley contra el enriquecimiento ilícito, que permite que a cualquiera, sin que haya cometido la más leve falta, se le arruine la vida. Por eso llama tanto la atención que gente sensata participe en ese horrible carnaval de vanidades que es la política actual, en la que simples delincuentes tienen todas las de ganar. Y las han ganado.
Andrés Santos es un abogado con una excelente formación jurídica en lo municipal. Su opinión es realmente importante en esta materia.
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