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El nacionalismo es un sentimiento profundamente subjetivo. Tanto como lo es la idea de nación misma. Porque nación puede ser un territorio (como lo es para los palestinos), pero también puede ser una cultura (como lo es en el caso de los indígenas norteamericanos). Nación puede ser una religión como para los musulmanes o los judíos y hasta simplemente un grupo de personas como en el caso de los kurdos. Más fácil de explicar es el término patria. Esa palabra viene del vocablo latino pater que significa padre y se emplea para definir la tierra paterna o familiar. De allí que la expresión patriotismo tenga que ver con un afecto hacia algo que posea fronteras o linderos reconocidos.
Con la excusa del patriotismo, ese amor profundo al suelo que se pisa, se han hecho brutalidades atroces en la historia de la humanidad. Hitler fue un gran patriota alemán, aunque irónicamente él haya nacido en un pueblito austríaco. De Pinochet se podrá decir cualquier cosa menos que no fue un patriota, a su modo claro está. Mussolini redefinió el concepto y lo llevó a las alturas del paroxismo. Stalin, Mao, Pol Pot, Fidel Castro, es decir los grandes monstruos y criminales del siglo XX siempre obraron llevados por el patriotismo. Por eso cuando alguien saca esa bandera me da un extraño escalofrío que me recuerda los gulags, los campos de la muerte, los desaparecidos, Treblinka o Auschwitz.
Quiero dejar algo muy claro: yo amo a mi patria, la tierra que piso, pero más amo a mis compatriotas. Es que hay más Venezuela en la mirada de cualquier niño de la calle que en todo el estado Bolívar por hablar de uno bien grande. Salvo muy contadas excepciones, esa idea de patria no ha estado presente en los predios de Miraflores, ni ahora ni nunca. El patriotismo político en todo caso se ha referido a la herramienta emocional que los líderes de cuando en cuando usan para exaltar los ánimos de los pueblos y lograr que estos hagan las estupideces más grandes en nombre de esos líderes y sus intereses.
Bajo ese concepto, Hugo Chávez es un patriota. Y uno bien grande. Pero su patria es la revolución y el socialismo, no Venezuela. Si lo fuera estaríamos en mejor situación. Nuestros hospitales funcionarían, la corrupción sería una rareza, la libertad y los derechos humanos serían de verdad sagrados, la lucha contra la pobreza daría frutos y se haría desde la educación, el trabajo, el deporte, el arte y el respeto incondicional al individuo. Si Venezuela fuera su patria, todos nos sentiríamos hermanos y no enemigos, como él ha logrado hacernos sentir.
Como la patria de Hugo es su revolución, pues los iraníes, los chinos, los argentinos y hasta Putin, Castro y el pervertido de Daniel Ortega, son más valiosos que usted y que yo. Como el socialismo es la patria de Chávez, es más relevante que a Evo y Bolivia nunca les falte nada antes de que usted y yo estemos bien.
Ahora por ese patriotismo Chávez se ha empeñado en enfrentarse con los Estados Unidos. Según el líder máximo a los gringos lo que les interesa de nosotros es el petróleo, cosa que no me hace entender la alharaca pues este gobierno lo único que hace es venderle petróleo a Bush. Los americanos ya tienen lo que buscaban ¿Qué más querrán entonces esos yanquis malucos con nosotros? No lo podemos saber, pero por si acaso la revolución está gastando miles de millones de dólares en armamento para evitar que se antojen de algo más. Tan decididos estamos que Hugo se ha propuesto reeditar la guerra fría y ya está lanzando a los devaluados rusos contra los antipáticos norteamericanos, pintándonos como la doncella en peligro en el medio. La misma estrategia irresponsable que empleara Fidel en los años 60 del siglo pasado. Aunque el ministro de información, que debería ser de desinformación ya que lo único que hace es desmentir lo que dice Chávez, haya declarado que la invitación para colocar bases militares rusas en territorio venezolano fue una manipulación periodística, ahí está el reguero de palabras que dijo nuestro incontinente presidente abriéndole los brazos y dándole la bienvenida anticipada a una flota rusa en nuestras aguas.
El patriotismo, como todos los excesos políticos, posee muchas maneras de entenderse. Una de ellas es la que tiene Hugo sobre lo que es la patria. Obviamente en su cabeza, patria no es Venezuela ni los venezolanos. Pero también patriotismo, en la interpretación calenturienta de un militar, podría ser sacudirnos a esta revolución así sea a patadas. Por esa enorme variedad de visiones es que yo prefiero no ser especialmente patriota, al menos no en la vera de Chávez que como ya dije es un gran patriota. Prefiero seguir viendo a mi nación en los ojos del pueblo humilde y abandonado que ningún gran patriota en realidad ha querido.
JOSÉ TOMÁS ANGOLA HEREDIA (Caracas, 1967) Dramaturgo, poeta y narrador. Ganador del Concurso de Cuentos de El Nacional en 2005. Premio Municipal de Teatro de Caracas 2001. Mención en el VII Certamen Internacional de Teatro Breve de la Ciudad de Requena, Valencia, España, 2004. Medalla Vicente Gerbasi a su obra poética otorgado por el Círculo de Escritores de Venezuela, 2008. Autor de “Una vaca en Nueva York”, “De teatro y héroes”, “Bombarderos sobre Londres”, “Sin freno concebido”, etcétera. Su obra dramatúrgica ha sido estrenada en Venezuela, México y Estados Unidos.
JOSÉ TOMÁS ANGOLA HEREDIA : No he tenido el placer de conocerte personalmente y al paso que voy, es dificil que se me de la oportunidad. Te felicito por tus comentarios sobre el patriotismo, muy acertados. Me recordaron un ensayo de otro gran escritor, R. Tagore, sobre el nacionalismo. Mucho en común, ustedes dos. Un saludo cordial, Gonzalo Palacios G.
Gracias Gonzalo. Pienso que leernos es una buena manera de conocer a alquien e iniciar una amistad. La oportunidad de estrechar manos y conversar personalmente ya es un asunto de la vida, y esa doña nunca hace lo que uno quiere. Recibe un saludo.
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