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Mientras en Suecia las vírgenes vestidas de blanco desfilaban por las casas con coronas de velas y cantaban dulcemente “Santa Lucía”, en todo Chile se votaba. Mesas separadas para hombres y mujeres. Pocas situaciones traumáticas, mucho entusiasmo. Mucha democracia. Es algo que me interesa mucho. Tengo en Chile una familia que quiero mucho y muchos amigos y conocidos. Pero además creo que a los venezolanos no puede sernos indiferente nada de lo que pase en Chile. Y lo que pasó en Chile fue muy interesante: a pesar de que durante los gobiernos de la Concertación Chile ha avanzado como ningún otro país, no sólo de nuestra América, sino del mundo. A pesar de que Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos y Bachelet han estado entre los mejores gobernantes latinoamericanos de todos los tiempos, la Concertación, la alianza política a la que pertenecen, perdió las elecciones. Las ganó la derecha, encabezada por un empresario muy eficiente y que, para ser justos, no puede ser relacionado simplemente con el viejo y cruel dictador Augusto Pinochet. El 17 de enero será la segunda vuelta, y no parece fácil que el candidato de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, remonte la diferencia y gane. No es justo, pero hay que ser realista. Posiblemente la causa esté en que Sebastián Piñera, el empresario que ganó la primera vuelta, es más “carismático” que el hijo de Frei Montalva. Y en que los mensajes de ambos no se diferencian mucho y hay gente que ya está cansada de que el mismo grupo haya gobernado por cuatro décadas. O en que la Concertación es víctima de su propio éxito, y el bienestar de los chilenos, que es evidente, los ha vuelto menos propensos a pensar en utopías, es decir, más conservadores, más de derechas. Sea lo que sea, no es justo, pero hay que aceptarlo. Y desear que Piñera sea tan eficiente y buen gobernante como ha sido eficiente y buen empresario, y les proporcione a los chilenos el progreso que se merecen. Si su gobierno es tan bueno como lo han sido los de la Concertación, bienvenido sea a pesar de los pesares. Y si no lo es, pronto volverán los que ahora están a enderezar las cargas. Para eso es la democracia.
Ciertamente, hay que aceptar la democracia, aunque se pierda.
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