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Esos fueron los hechos que precedieron la entrada de Simón Bolívar y los hombres de su tiempo al escenario. Entraron, en un momento en que el país parecía floreciente y lleno de futuro, con el propósito de conseguir la Independencia económica y política para Venezuela y el resto de las naciones ocupadas por España en el continente americano desde que empezó el proceso de colonización hacia el fin del siglo XV. Imitaban a los americanos del Norte, los colonos de Inglaterra, sin darse cuenta de que se trataba de dos realidades muy diferentes, y pagaron las consecuencias de ese error. El precio fue demasiado alto. Cuando se completó el proceso, aquel país próspero que había existido antes de ellos, antes de Miranda, Bello, Bolívar y Sucre, estaba en ruinas. La Independencia política la lograron con enormes sacrificios en el caso de Venezuela y sacrificios notables en los de los demás países. La Independencia económica no la consiguieron, entre otras cosas porque la política se hizo, en el caso de Venezuela, a un costo exagerado, y en el de los otros países (y también en el de Venezuela) porque sus sociedades, a diferencia de la angloparlante de Norteamérica, no estaban ni remotamente preparadas para resistir el asedio, muchas veces silencioso, de las frías potencias europeas del momento y de la recién nacida que crecía en el Norte de América. Ninguna de ellas tenía la intención de que en esta parte del mundo surgiera un pueblo poderoso que pudiese hacerles competencia en sus planes de dominarlo todo. Y de hecho, no surgió. Ni siquiera apareció uno capaz de dominar su propio espacio. Simplemente brotó en la geografía política un conjunto de repúblicas, cerca de veinte, que no tendrían peso alguno en la humanidad y que hoy, a dos siglos del inicio del proceso independentistas propiamente dicho, no lo tienen todavía.
No es simplemente que Miranda, Bolívar y los suyos se equivocaran. Quizá se adelantaron a su tiempo porque como suele ocurrir y ocurre, las autoridades represivas se descuidaron y por algún costado entró el virus benéfico de la cultura.
España mantuvo permanentemente divididos a los pueblos e hizo de fomentar lo que los separaba, no lo que los unía, una costumbre, o una forma de hacer política. Desde Madrid ejercía un poder firme, y en muchos casos había más comunicación ente Madrid y Venezuela, por ejemplo, que entre Venezuela y Chile. Las trece colonias inglesas constituían una sola entidad política y estaban todas amontonadas en la costa Oeste del continente norteamericano, y Brasil era también un espacio relativamente pequeño y todo pegado al mar, cuando sus habitantes pensaron en separarse de Europa; la América española cubría un espacio que difícilmente podía recorrer un hombre en menos de dos o tres años y con todas las incomodidades imaginables, que daba a dos océanos y en el que sólo por un milagro magnífico se mantuvo una lengua común en la que hoy pueden entenderse casi todos sus habitantes.
Es posible que España haya mantenido esas separaciones deliberadamente para evitar lo que vino después. Pero no es muy probable. Simplemente fue así, o llegó a ser así por accidente y los encargados de gobernar desde Europa a esos pueblos se dieron cuenta de que les convenía y no hicieron ningún esfuerzo por cambiarlo. A la larga no le convino a nadie. Era inevitable que la Independencia norteamericana y la Revolución Francesa llevaran a los que podían lograrlo a buscar la revolución y la Independencia en estas tierras. Y lo consiguieron.
Lo hicieron los venezolanos. Muchos venezolanos. Y entre ellos se destacó, porque fue el líder de su momento, Simón Bolívar. De no haber sido Simón Bolívar en la segunda década del siglo XIX, habría sido José Pérez en la cuarta o en la quinta. Fue Bolívar, no dios sino hombre, y la mayor parte del peso recayó sobre los venezolanos y sobre Venezuela por las circunstancias de Venezuela y de Bolívar en el momento en que los hechos se produjeron. Y eso es lo que he tratado de poner en evidencia en estos capítulos, porque los descendientes de los compatriotas de Bolívar, a estas alturas, no han sido capaces de darse cuenta de lo que fueron los venezolanos y lo que fue Bolívar y por qué. Y al convertir a Bolívar en dios se deforma la realidad y se convierte en imposible la tarea de ponerse a su altura. Con eso parece condenarse el país a ser lo que es, a soportar a los malos gobernantes que lo han dañado y lo dañan aún. Pero es bueno aclarar algo: no comparto la visión pesimista de muchos que, o se encierran en una especie de depresión permanente, o quieren irse de nuestra América, especialmente hacia la otra, convencidos de que aquí no hay porvenir. Nuestra realidad no es buena, y sin embargo es mejor que la de buena parte de la humanidad. Era buena antes de Bolívar, y, no obstante, Bolívar y los suyos se empeñaron en cambiarla mediante una inmensa proeza que parecía imposible. Sus enemigos, que gobiernan todavía, la han neutralizado, y uno de sus recursos es ocultar la realidad y hacer de esos hombres dioses para excusar los fracasos de sus sucesores. Ciento setenta o ciento setenta y cinco años, que es lo que ha pasado desde que la mayoría de los países de nuestra América se independizaron, es muy poco tiempo. Claro que Estados Unidos apenas tiene dos siglos, pero además de haber sabido afrontar su realidad, se apropió por la violencia de inmensos territorios no sólo de los indios (como los españoles) sino de otra nación independiente y soberana (México), y ha tenido una suerte increíble: dos guerras mundiales, en las que participó sin sufrir daño alguno en su territorio, le regalaron el mundo. Pero ese dominio caerá mucho antes de lo que ellos se imaginan, y a partir de esa mañana podrá nuestra América humana crecer, avanzar, lograr la felicidad sin necesidad de dañar a nadie, siempre y cuando no se empeñe en recorrer caminos que no llevan a ninguna parte o en endilgarles a otros sus propias culpas y sus propios errores. Y entonces, cuando consiga nuestra América humana vencerse a sí misma y avanzar de verdad hacia el territorio del progreso, se entenderá la razón de muchas cosas que sucedieron en estas tierras antes de Miranda, Bello, Bolívar, Sucre y todos aquellos que lucharon por la Independencia. Y también después.
NOTA: Aquí termina “El Paraíso partido”. A partir del próximo domingo se publicará la segunda parte de “El Paraíso burlado”, “El Paraíso en Llamas”, que trata fundamentalmente de Venezuela durante la Guerra de Independencia.
Desde el domingo 11 de mayo de 2008, cada domingo, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.
Capítulos Publicados:
El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)
Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Rojas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta
Coda
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