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Ni siquiera la “Radio Rochela” en sus peores momentos logró crear algo tan grotesco como la “revolucionaria” Lina Ron en el asalto al Palacio Arzobispal, valiente proeza de un grupo de tontos inútiles que vencieron en combate a un par de curitas y quién sabe si alguna monja. Ha sido uno de los peores espectáculos que el pueblo venezolano ha podido ver –si es que no es el peor- desde aquel 22 de noviembre de 1952, cuando salió al aire la Televisora Nacional en el canal 5. La vulgaridad, la inconsciencia, la locura de la vociferante “lideresa” fue deplorable, aunque podría haber sido hasta cómico si no fuera por las amenazas que profirió contra personas e instituciones estimables del país. Y porque justificó un crimen espantoso, como es el poner bombas que pueden matar inocentes en cualquier momento. Con amigas así, Chávez está, por fortuna, condenado al más estrepitoso de los fracasos. No en vano se supo que, según las encuestas del IVAD, en las que el gobierno confía con los ojos cerrados, la desgañitada tomista es quien tiene el mayor rechazo popular en la zona metropolitana. Más aun que el incompetente Alcalde Mayor. No sirve sino para asustar niños. Aunque también, hay que reconocerlo, sirve para quitarle apoyo popular a su “comandante”, porque hasta el más convencido de los que “están con el proceso” se asusta con la sola facha de aquella tosca actriz de reparto del peor programa cómico de la televisión venezolana. Si esos son los apoyos que tiene su “comandante”, su final está cerca. Ya ni siquiera hay que empujarlo, porque tiene quien lo tumbe entre su propia gente. Lástima que en el proceso de caer le haya hecho tanto daño al pueblo venezolano, cada vez más pobre, cada vez con menos porvenir, cada vez más arruinado, en buena parte por las locuras de todos los que “apoyan el proceso”, el proceso de acabar con Venezuela.
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