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Cuentos y Novelas

12.08.10 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Ideas, Cuentos, Colaboradores, Alejo Urdaneta, Arte, Venezuela, Libros, Novela, Literatura, Escritores

Cuento y novela son casi antitéticos. Un cuento es la narración de una situación sin que el personaje, o los personajes, tenga o tengan relevancia. Lo primordial en él es la anécdota, es lo que se está contando. “Autopista Sur” de Julio Cortázar es un cuento excelente en donde los personajes, que se identifican por la marca y color del automóvil, son absolutamente secundarios. Lo que narra es que hay un gran atraque de tráfico que genera una serie de relaciones entre quienes lo padecen, y cuando el tráfico se hace fluido, cada quien se va por su lado y esas relaciones se disuelven, desaparecen. “El despojo”, de Alejo Urdaneta, es un cuento formidable, pero los personajes, el campesino, el juez, el alguacil, no son relevantes. Lo importante es que el campesino engaña al juez para engañar al propietario, porque quiere quedarse con la tierra. Y así hay miles de casos. No cuenta para nada el largo de la pieza. Puede haber un cuento de doscientas páginas, que es lo que yo llamo un “cuento ombú”, y puede haber también una novela de cuatro páginas, que es lo que yo llamo una “novela bonsái”. Una novela, al contrario que un cuento, es la narración de varias situaciones en donde lo importante son los personajes. La anécdota, la trama, es lo de menos. Puede hacerse una novela prácticamente sin anécdota, siempre y cuando los personajes se sustenten en forma plausible. No se trata de que los personajes sean descritos por al autor, lo que sería un abuso, sino que sean verosímiles, que tengan carne y actúen, que el lector los “vea” y los “oiga”. Hay algo que es común al cuento y a la novela, que es el lenguaje. Una novela mal escrita es una mala novela, y un cuento mal escrito es un mal cuento. Sostengo que el lenguaje, tanto del cuento como de la novela, tiene que ser poético, es decir, basarse en la poiesis, que es la creación. No me gustan las novelas y los cuentos escritos en lenguaje periodístico, pero tampoco me gustan los cuentos y las novelas escritos en lenguaje rebuscado. El lenguaje debe ser justo, y el texto debe contener tropos que revelen creación. Todo esto viene a cuento por la pieza que ganó el Concurso de cuentos de El Nacional este año, “Lorena llora a las tres”, de Miguel Gomes. Es un texto que narra varias situaciones: la depresión de Lorena, el fracaso profesional del narrador, la decrepitud y agonía de Simón, el perro, la actuación de mala fe de Gonzalo, el socio, la situación de Ernesto y Enrique, los hijos, la influencia de Esplendidaluz, la madre, la mala fe de la secretaria del ministerio, el viaje con el ingeniero Rondón, etcétera. Y, por supuesto, el énfasis está puesto de manera clara en los personajes: Lorena, con sus ojos llorosos y su nariz enrojecida, el narrador, que se queja de sus fracasos, Simón, el perro, la suegra, Esplendidaluz, los hijos, Ernesto y Enrique, Gonzalo el socio, Raquel la secretaria, el ingeniero Rondón y la doctora Mireya Escolano, la otra secretaria Yajaira o algo así. Son personajes muy bien delineados y que viven del todo. El lenguaje es justo, sin exageraciones y muy bien utilizado. Es una excelente novela corta, pero no es un cuento. Hay que aplaudir su publicación, pero también hay que pensar que para premiarla dejaron de lado quién sabe cuántos buenos cuentos cuyos autores deben estar algo desconcertados, puesto que el concurso es de cuentos, no de novelas cortas. Sin embargo, el premio revela que los jurados tienen muy buen gusto. Y la publicación en el diario de “Lorena llora a las tres” significó un muy buen regalo para los lectores.

 

 
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1 comentario

Comentario De: José Alberto Medina Molero [Visitante]

Tiene toda la razón amigo Casanova. No es un cuento en lo que respecta al primerísimo orden que tienen los personajes (incluso Simón), aunque no hay que olvidar que narraciones Borgianas como "Funes el memorioso" (1944)se ceentran en la enorme capacidad de retentiva del personaje principal. También le acompaña la certeza en cuanto a que es es un hermosos texto, donde ese alambique que es el estilo refina el licor de la cotidianidad aplastada por la desesperanza, mala como toda opresora y de la cual hay que "desarraigarse" para que se pueden ver a lo Tagore las estrellas y el soñar con nuevas y mejores realidades, repletas de lus armonía, progreso, civilidad y muchas ganas de existir creando.
Un gran saludo

14.08.10 @ 18:34
de Eduardo Casanova

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