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Estoy de regreso. Una semana y un día los pasé en “Potrero Perdido”, una finca ubicada en la parte más alta de Santa Rosa, en Mérida, a tiro de piedra de “Terrefinca” es espacio que fue y será mi hábitat en aquellos espacios montañosos. No hay en “Potrero Perdido”, lugar que revela la inteligencia de mis cuñados, Marcos y Marisol López, teléfono ni televisión, ni mucho menos Internet. La vida sigue el ritmo de la naturaleza, con la Sierra Nevada, que muy nevada estuvo en esos días, a la vista. Un solo día bajé a La Hechicera, a la Facultad de Ciencias de la ULA, que tiene su zona “Wi-fi”, abrí mi correo y pasé en vuelo rasante por los territorios que facilitó hace muchos años Norbert Wiener. Y no me sentí bien. De modo que rápidamente regresé a mis espacios de sueños y calma, donde recordé lo cantado por Fray Luis de León en su “Vida retirada”, que es la única vida que en realidad merece llamarse vida.
Hoy estoy de regreso. Y tendré que enfrentar de nuevo la realidad. Los abusos y las maldades de un Hugo Chávez, sus hordas y sus cómplices. La corrupción. La superficialidad que tanto les ha facilitado las cosas en un país que se ha suicidado poco a poco. Un país que se admira ante los bien organizados éxitos, por ejemplo, de las Orquestas Juveniles y de un joven Director de Orquesta que el régimen financia para que se diga que es una especie de Bruno Walter de nuestro tiempo. La fuerza de los petrodólares es tal, que Chávez puede imponer sus farsas y Abreu también. Caimanes del mismo caño. Lo único que vale es el dinero, Lo único que sirve es la apariencia. No importa el esfuerzo. No vale el trabajo. Lo fácil, lo superficial es lo que se impone. Y el país que se pudra.
Estoy de regreso, y no me importa seguir luchando, enfrentarme a todos ellos. Porque de joven aprendí que lo que cuenta en verdad es el trabajo, es el esfuerzo, es el ser auténtico. Sin importar que te caigan encima. Y sólo puede haber un descanso: la Vida Retirada, a la que hay que volver de vez en cuando. Siempre de regreso.
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?
¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno abritrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
4/9/2007
Al “escritor” : EDUARDO CASANOVA:
Yo no sé qué es más patético, si este escrito lleno de rabia, ignorancia y anemia gramatical para sostener alguna lógica en su discurso, o que el "señor visitante" haya usurpado el nombre de una de las escritores más talentosas y sensibles que tiene nuestra narrativa. Por esas cosas de las paradojas humanas, resulta que además Antonieta es una gran amiga de Eduardo. Le pediría al "señor visitante" que no se valiera de un nombre tan precioso y elevado para soltar su sarta de improperios. Si tiene gónadas para atacar con vulgaridades, téngalas para firmar con su nombre. A menos que le avergûence tanto que quiera olvidarlo. Como dicen que dijo un querido escritor de cuyo nombre no quiero acordarme: Cosas "verdes", Sancho, que harán temblar las paredes. De paso, para ilustrar al "señor visitante", yo sí me leí el Quijote y esa mentada frase (ni la versión libérrima que hago) aparecen en el texto.
Sobre lo escrito por "Antonieta Madrid" o "José Briceño Bastidas" o un ser cobarde cuya única "habilidad" en la vida es esconderse para opinar estupideces... solamente resta citar a Einstein: "Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana... y no estoy seguro de lo primero."
No, señor Guillermo Casanova, “responsable de literanova”, e hijo del “escritor”. No, no, y no tengo nombre falso, soy José del Carmen Briceño Bastidas, trujillano como Augusto Marquez Cañizalez, trujillano como OSCAR SAMBRANO URDANETA, insigne miembro de la Junta Directiva de la Sociedad de Escritores de Venezuela. De allí saqué el nombre de la señora Madrid, para usar su coreo, porque a mi ya me habían borrado CINCO VECES mi participación en “LITERANOVA” . La prueba de que me han borrado los correos, la da el señor Guillermo, cuando me menciona, por mi verdadero nombre: JOSE BRICEÑO BASTIDAS . Aclaro, la señora escritora Madrid, no es la autora de mi justa protesta, mejor dicho de mi acción justiciera, que está en su primera fase, ella podrá ser amiga del “escritor” Eduardo Casanova, pero supongo que nunca podrá convalidar sus ofensas y sus truculencias materializadas en un lenguaje que ya sabemos de donde procede. 
No hay más nada que decir. Quien es capaz de utilizar, sin permiso, el nombre de una persona honorable para insultar a otra persona, no merece el más mínimo respeto ni la más mínima atención. Yo debo reconocer que quizás reaccioné con demasiada vehemencia al ver que los señores Abreu y Dudamel se convertían en cómplices de Chávez ante el abusivo cierre de RCTV, y más aún cuando el señor Abreu entregó las orquestas a un plan llamado "Misión Música", otra de las iniciativas demagógicas del régimen. Pero eso se puede discutir sin necesidad de insultos ni de bajezas. No es cierto que se haya borrado el pasquín del personaje de marras cinco veces. Lo borré, personalmente, dos veces, y volveré a borrarlo cada vez que aparezca, porque no estoy dispuesto a tolerar insultos ni groserías en este espacio.
Señor JOSE BRICEÑO BASTIDAS:
Al señor JOSE BRICEÑO BASTIDAS:
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