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El difícil equilibrio de la democracia

28.01.09 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Opinión, Ideas, Política, Venezuela, Actualidad

Hace muchos años oí a un hombre culto, muy culto, decir que el teatro es exclusivo de los países avanzados y, por lo tanto, no podía haber teatro en Venezuela. Los hechos han demostrado que estaba equivocado. Mucha gente piensa lo mismo de la democracia: en países subdesarrollados no puede haber democracia, porque la democracia –como el teatro– exige una sociedad compuesta por una mayoría de gente educada, que no se deje meter gato por liebre. La Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler desmienten esa hipótesis. Dos de los pueblos más cultos del mundo cayeron en manos de bárbaros, de auténticos demagogos que estuvieron a punto de destruir la civilización. De modo que ninguna de las dos hipótesis es cierta y, por lo tanto, sí puede haber teatro en sociedades que no han alcanzado el desarrollo de los países del Primer Mundo y también puede haber democracia. El problema de la democracia es que requiere un equilibrio que no siempre es fácil de lograr. Engañar a las masas es fácil, y así lo han demostrado hasta la saciedad los demagogos. Es sencillísimo hacer creer a la mayoría que ha aparecido un personaje que va a solucionar los problemas del país. Hay una relación inversamente proporcional entre seriedad y popularidad. Un político que sea capaz de enfrentar con seriedad los problemas de la sociedad y aplicar los recursos que en verdad es necesario aplicar, lo más seguro es que termine ganándose la antipatía de la mayoría, y por razonamiento en contrario, un político que se gane la simpatía de la mayoría, lo más probable es que no pueda solucionar los problemas de la sociedad, y hasta los agrave. Rómulo Betancourt ganó las elecciones con más de un 50% de los votos, hizo muchas cosas que había que hacer, y su sucesor, Raúl Leoni, apenas sacó el 29% de los votos. Raúl Leoni logró hacer el gobierno más equilibrado y correcto de la historia de Venezuela, y el candidato a sucederlo por su partido, perdió las elecciones. Después de cinco años de gobierno de Rafael Caldera, rival del partido de Betancourt y Leoni, un candidato estupendo, apoyado por verdaderos maestros de la publicidad, Carlos Andrés Pérez, ganó con holgura las elecciones de 1973. Desafortunadamente el petróleo enloqueció a la sociedad y desde entonces la democracia perdió el equilibrio. Estuvo a punto de recuperarlo en 1989, cuando Carlos Andrés Pérez, presidente por segunda vez, trató de enmendar sus errores del quinquenio 73-78 y de hacer lo que en realidad debía hacerse. Se estrelló contra la realidad de que hay una relación inversamente proporcional entre seriedad y popularidad. Pérez trató de enfrentar con seriedad los problemas de la sociedad y aplicar los correctivos que en verdad es necesario aplicar, y terminó ganándose la antipatía de la mayoría. Lo sucedió un Caldera venido a menos, demagogo, facilista, que dio pie al triunfo del más demagogo y populista de todos los demagogos y populistas posibles. La democracia había perdido, perdió, totalmente su equilibrio, y dejó que una pretendida “revolución”, una “revolución” verbal, mentirosa y antidemocrática, arruinara al país, que perdió una de las más grandes oportunidades que país alguno haya tenido en el mundo. Ahora el demagogo y populista que ganó las elecciones de 1998 quiere perpetuarse en el poder. Ojalá que la democracia haya recuperado su equilibrio, porque sólo así el país recuperará no sólo la democracia, sino la posibilidad de lograr el desarrollo y la felicidad.

 
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1 comentario

Comentario De: Helena Alvarez [Visitante]
Helena AlvarezSi "Hay una relación inversamente proporcional entre seriedad y popularidad" Si la seriedad termina ganándose la antipatía de la mayoría y quienes se ganan la simpatía no solucionan los problemas del país, como parece demostrarlo nuestra historia, entonces ¿estaremos perdidos?
Creo que no. Hay que optar por actuar con seriedad y confiar en que el pueblo ira creciendo hasta ser capaz de comprender y apoyar la seriedad.
28.01.09 @ 21:07
de Eduardo Casanova

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