CAPÍTULO IV
El incendio del alma
Evita simplemente apegarte a lo que ves y piensas.
Abandona el concepto de que estás deparado
De la mente omnisciente del universo
LaoTse
Me gusta el alma sola, en lo oscuro, donde la luz es promesa.
Señor, quiero escribir cantos para ti que echen a andar por el mundo, con palabras de cristal, de madera, de fuego transitivo.
Dios mío, deseo aprender de ti el idioma del alma.
Si alguien pretende hacerme creer que no soy libre, préstame la transparencia de tu amor para que mi sangre se embandere hasta morir y resucitar en la batalla.
Si todos nuestros esfuerzos se perdieran en el vacío de la muerte, el mundo sería un lugar poblado de fantasmas y habitaríamos el reino de la sombra. La belleza, un laberinto de espejos transitorios. La vida sería un viaje de la nada a la nada.
Vivo en tu misterio y permanezco en Ti. Lleva mi ser al centro de tu Ser, quema mi alma en el fuego de tu Alma.
Como flechas ataviadas de su propio blanco, nosotros viajamos de Ti mismo hacia Ti.
Somos los invitados a la comunión del Verbo: amar por el amor de amar y ser por la pasión de ser.
Entrar en nuestra alma crea un descalabro magnífico.
Miles de hojas caídas desde el Génesis
me acercan a tus pasos.
Voy por la senda de llegar a ser y sólo seré si soy contigo.
¿A dónde iré? ¿a las llanuras o a los mares, a la ciudad o al Amazonas? No importa. Toda la tierra es sagrada.
Señor, quiero encontrarme con todos mis hermanos y descubrirte en ellos. Quiero cargar con ellos sus dolores para que no les pesen tanto.
En la infancia no conocíamos la palabra tiempo, ni siquiera conocíamos el tiempo. Jugábamos como si fuéramos eternos y no era juego.
Siendo infinitamente inocente cargaste sobre Ti con todos los pecados de tus amigos. Y de tus enemigos,
Lirio coronado de espinas, rosa clavada en el madero, cáliz derramado en el polvo, todo el dolor de la humanidad se llagó en tus heridas,
Cristo, eres el corazón del universo.
Cuidado con nuestras palabras, el alma acostumbra mostrarse en ellas.
Voy desandando el camino hacia la nada que soy
¿Cuál es la espada que ilumina la noche? La que corta la raíz del ego.
Soledad: condición íntima en la que mi libertad vuela lejos de todas las prisiones.
Ante mis ojos eres efímero; mas si te veo con el espíritu, entonces eres inmortal.
Dios, deseo amarte más de lo que puede soportar mi corazón
Dios camina conmigo a todas partes. Cuando lo olvido soy el vacío de su ausencia.
El pensar del hombre es el pensamiento
de Dios en el tiempo.
Aunque nadie me espere, Dios me espera siempre.
Si llegara a tener todo cuanto deseo, no tendría paz por temor a perderlo. Sólo Dios es plenitud.
Si vivo lo cotidiano como sagrado, lo transformo en sagrado.
Cuando soy egoísta traiciono al amor.
El amor ama por encima de las diferencias, de la distancia, de ser o no correspondido.
Dios, cuando mi mente se cruza con la tuya, te saludo en tu mismo idioma.
Abandonamos la casa del Padre llevándonos los dones que nos ofrenda la vida: la inteligencia,
el lenguaje y la libertad
No encuentra el corazón descanso hasta emprender el camino de retorno al hogar del Padre.
Con frecuencia andamos disgustados, con la sensación de que hemos perdido algo y no sabemos donde está. Perdimos el contacto con nuestra alma.
A veces mi encuentro con el infinito en la hoja de un árbol me recuerda que vivo en la eternidad.
Siento la eternidad en un instante. Pretendo asirla y se ha ido.
Si miro hacia adentro, a pesar de la penumbra
veo una pequeña luz.
El misterio tiembla en todas partes y sobre todo en lo más simple.
No hay por qué temer a la muerte. Debe ser fascinante el mundo de allá.
Mi puerto es inmortal
Pensar, un acto sagrado
Pienso que debo pensar más en lo que pienso.
A la sombra de un árbol o en un soplo de brisa está tu nombre grabado, Señor.
Las ocasiones en que el yo pierde importancia la existencia tiene sentido.
Cuando se agotan las respuestas ante la muerte sólo hay una respuesta: ¡Oh feliz muerte! Repetido?
Hay un instante entre el atardecer y la ternura en que el tiempo se va lejos de mí y doy gracias al tiempo por haberse marchado y dejarme el la eternidad por algunos instantes. Así me voy acostumbrando.
Padre, quiero ser prisionera de tu libertad. Hoy dejé el libro abierto y he ido a buscarte, lo inmortal me llama.
Un día te llamé y no me contestaste. Hasta a los ángeles les pregunté por ti. Supe que habías ido a ver el nacimiento de una estrella. La próxima vez invítame ¡No te vayas sin mí!
Dios, no temo el día en que me tendré que ir. Me gustará viajar, sobre todo si tú me aguardas.
¿Qué me traes?, preguntarás. Sólo unos cuantos poemas.
Aforismos La llama incesante, de Carmen Cristina Wolf. Edición agotada. Prólogo de Edgar Vidaurre. El libro comprende cinco capítulos:
I Hallazgos
II El verbo enamorado
III El misterio del fuego
IV El incendio del alma
V La conciencia en vigilia
Serán publicados en Literanova
Carmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com
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