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Quisiera drogarme, como a la vieja usanza, con heroÃna con mayonesa, con LSD y marihuana, algo de popper, 10 pastillas de valium y una botella de whisky barato. ¿De qué sirve pensar si pensando me muero igual pero lento?
Quisiera pararme en la cima de una montaña por encima de las nubes abrir los brazos y con la droga sentir la presencia universal, y no este vacÃo.
Como premio de consolación me gané una pizza pequeña, margarita. Y en el fondo de mi mente tengo grabada una canción que irónicamente me dice que vuelva a vivir, que vuelva a vivir, que vuelva a vivir. Una pizza margarita, tamaño pequeña.
Al frente tengo guindado un cuadro de Alejandro RÃos. Una acuarela. Presiento, en lo que es un paisaje lleno de colores pasteles, un atardecer con algunas nubes que se tornan tormentosas. Pero es el pequeño lago, apenas un trocito del cuadro el que me embelesa. Quisiera preguntarle a Alejandro de qué rÃo se nutre el lago, pero Alejandro está muerto y ningún chamán podrá explicármelo, porque los chamamanes están cegados por la luz.
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