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El dominio político expandido en amplias zonas del mundo requiere de atención hacia esos nuevos espacios. Es necesario a los imperios atender los requerimientos sociales de las nuevas posesiones, que con el tiempo van acentuando su independencia cultural y regresando paulatinamente a sus modos de vida originarios y son fuente de conflictos sociales que se convierten en reclamos políticos.
Las inversiones económicas son cada vez mayores en países extranjeros dominados por la colonización. Es imposible arrancar de colectividades con raíces profundas y de mucha antigüedad sus modalidades de vida. El imperio debe aportar más recursos para mantener el equilibrio y contener las protestas de las comunidades subyugadas. Esto crea problemas políticos y económicos difícilmente superables. El dinero y la ayuda material aportada a las colonias se pierden en el foso de la corrupción y la incompetencia para administrar los recursos, y tampoco el imperio está en capacidad de mantener el aporte de la abundancia. Ya para el colonizador ha cambiado la justificación primera de su dominio, que fue el beneficio de la riqueza obtenida de los pueblos colonizados. Las pérdidas que supone el imperialismo pueden ir llevando a las potencias a una indefinida decadencia.
La vigencia imperial es en el fondo una anomalía universal. Salir de casa con el traje habitual, ingresar en otros modos de existencia desconocidos y penetrar en la red social de esas sociedades para imponer hábitos a otros pueblos, es un desgaste que muy pronto comienza a notarse. Octavio Paz nos ha dicho que la decadencia es indefinible; nadie sabe cómo ha llegado y de qué manera se hace presente con su melancólica mezcla de nostalgia y recuerdo del momento glorioso en trance de perderse.3 Todo lo contrario de lo que se percibe ante el progreso en acción: insensibilidad, proclamas de triunfo, dominio avasallador. Quizás la decadencia sea una luz que se enciende en la realidad del imperio; como decir que advierte el equívoco y llama a una especie de expiación. Ya no hay mayor gloria y se busca inconscientemente la legitimidad. Cuando Francia perdió su imperio ante Alemania en la guerra Franco – Prusiana de 1870, tuvo en compensación el nacimiento de un arte nuevo, una época de creación y descubrimiento, un tiempo de paz.
No debemos, sin embargo, dejar lo dicho como verdad apodíctica. La política del poder imperialista conduce del dominio de interés nacional: extensión territorial y la riqueza consiguiente, hasta la obtención del poder por el poder mismo, sin mirar hacia el reducto del espacio nacional. Eso se logra por añadidura. En la novela “Kim”, de Kipling, se habla de un gran juego en que están como piezas naciones enteras que se adquieren y se intercambian en el proceso interminable de la expansión y acumulación de poder. Es el instinto humano de posesión, como Tántalo, condenado al hambre y la sed insaciables. El personaje de Kipling lo dice: “Cuando todos estén muertos, el Gran Juego está terminado. No antes”.
La complejidad del imperialismo estriba en que llevar con eficacia una política exterior de dominio total, sin descuidar la interna, se hace onerosa, y la relación de protección global se va corroyendo en su estructura. Sigue existiendo una distancia cualitativa muy grande entre el imperio y sus colonias, y una de las causas es el empobrecimiento cultural y el crecimiento demográfico de las naciones colonizadas. No le basta al imperio aumentar los aportes de sustento y conocimientos de toda índole, ni asistir a sus colonias con los excedentes de riqueza de que pueda disponer. “Cuanto mayor sea la población, menos ayuda per capita recibirá”4
En la extinta Unión Soviética la necesidad de ejercer a plenitud el dominio total sobre los países sometidos tenía otras causas. Era una sociedad estraficadada y de estructura militar que dominaba internamente en beneficio de unos pocos que representaban a las castas sociales y el ejército. Y así debían enfrentar diferencias étnicas y religiosas, culturales y políticas. Para evitarlo, se recurrió al terror o al dominio total de otras naciones, como manera de desviar la atención del pueblo que vive profundas contradicciones.
Cuando ocurre el distanciamiento entre el Estado Imperial y la Nación – Estado colonizada, comienza a verse una sombra que cubre a las naciones en dominio ajeno. Ya el Imperio no está en capacidad de atender debidamente a sus colonias, los pueblos manifiestan su descontento y exigen la independencia. Se anuncia el desinterés por la colaboración mutua, porque el Estado omnipotente no tiene ya el poder de manejar los asuntos exteriores. Poco a poco va retirando su presencia protectora, y a cambio surgen en las naciones sometidas gestos de poder en grupos organizados. Se avizora el Totalitarismo en ellas.
3 Paz, Octavio: Tiempo Nublado. Seix Barral. Biblioteca Breve. Barcelona, España. 1983. Pp. 29 y ss.
4 Arendt, Hanna: Los orígenes del Totalitarismo. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara SA. Bogotá, Colombia. Marzo de 2001. P. 25.
EL SIGUIENTE CAPITULO DE ESTE ENSAYO SERA PUBLICADO EL DIA MIERCOLES 24 DE SEPTIEMBRE DEL 2008.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

Excelente artículo, hace poco leí un post relacionado con este tema en un portal colombiano sobre las elecciones 2010 en Colombia, está página también trata todo sobre candidatos, encuestas y todo lo relacionado con las elecciones de 2010.
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