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Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

El Surgimiento del Totalitarismo (Siglos XIX y XX) - Parte Final

Primera Parte
Segunda Parte

III
EL TOTALITARISMO

El hombre vive en relación con otros hombres. No hay sociedad sin individuos ni individuos sin sociedad. Al reflexionar sobre esta mutua relación, algunos autores asignan mayor importancia a uno de los dos términos y colocan al otro a su servicio.
Seg√ļn este criterio, las cuatro ideolog√≠as pol√≠ticas fundamentales pueden ser divididas en dos grupos: las totalitaristas: socialismo y nacionalismo, que priorizan al grupo; y las individualistas, liberalismo y anarquismo, que dan prioridad al individuo.
El término Totalitarismo es entendido como dominio del Estado en cuanto entidad colectiva que pesa sobre el individuo y lo utiliza para sus fines de poder absoluto.
En las concepciones transpersonalistas, representadas por el totalitarismo, el hombre no es considerado como ser moral con dignidad, como persona que tiene una singular misi√≥n a cumplir por su propia cuenta. Por el contrario, es utilizado tan solo como material para la realizaci√≥n de finalidades que trascienden su propia existencia moral, como instrumento para fines ajenos a su vida; por tanto, se la val√ļa no como un sujeto que es sustrato de la tarea moral sino como mercanc√≠a que tiene precio, en la medida en que resulta aprovechada para una obra transhumana (ajena a la individualidad), que encarna el Estado.
Son expresiones del totalitarismo las doctrinas de la Antig√ľedad pagana, las rom√°ntico ‚Äď tradicionalistas, los idearios ultraconservadores, el militarismo, el belicismo, el Fascismo, el Nazismo y otros programas similares.
La doctrina pol√≠tica de Hegel constituye una de las aportaciones principales al pensamiento pol√≠tico transpersonalista o antihumanista. El hombre es persona, tiene una significaci√≥n valiosa, no en tanto que individuo, como ser para s√≠ mismo, sino en la medida en que participa en el ‚ÄúEsp√≠ritu Objetivo‚ÄĚ del pueblo, encarnado en el Estado, y se halla totalmente subordinado a √©ste. El hombre vale en la medida en que se desindivualiza y se sumerge en lo general: es la raz√≥n transpersonal que encarna el Estado, manifestaci√≥n del ‚ÄúEsp√≠ritu Objetivo‚ÄĚ que el Estado representa.
Seg√ļn lo dicho, la misi√≥n del Estado se rige por el esp√≠ritu universal, y su misi√≥n no est√° sometida a los principios de justicia y moralidad, pero tampoco debe respetar las reglas de equidad o tolerancia que son de estricta naturaleza humana aunque no quepan dentro del orden jur√≠dico.
El totalitarismo considera que no existe otro tribunal que la historia, que dicta sus fallos mediante la guerra para dirimir las diferencias y conflictos entre los Estados. Por este sentido belicista, mantienen como el programa de mayor importancia la acumulación de poder en el Estado, como un fin en sí mismo: el poder por el poder. Esto sirve de motivo a la militarización del Estado, es decir la superposición de la clase militar como la jerarquía superior del Estado, y a la vez la militarización de otra serie de funciones sociales distintas de la defensa nacional. Detrás de la expresión del poder magno hay valores místicos y sobrenaturales, que confieren al conductor títulos que encierran un destino histórico, o la encarnación de la sustancia de la raza.
Los totalitarismos fascista y nazi presentan esos caracteres en grado mayor: 1.- Niegan el sentido y la misi√≥n moral del hombre. El grupo prevalece sobre el individuo y el hombre es su instrumento. 2.- Divinizaci√≥n del Estado elev√°ndolo a la categor√≠a de Dios √ļnico, ante el cual se exige veneraci√≥n y sumisi√≥n absolutas. 3.- Nacionalismo exaltado. 4.- El belicismo a ultranza: el hombre ha nacido para la guerra y el pa√≠s es un cuartel sometido por el caudillo. 4.- El dirigente y caudillo es visto como ser sobrenatural. 5.- El poder no tiene l√≠mites.
Como orden pol√≠tico y social, el r√©gimen totalitarista de Hitler consist√≠a en la aplicaci√≥n de los principios de la derecha tradicional: lucha contra lo que ellos calificaban como los falsos dogmas de 1789, eliminaci√≥n de las ideas democr√°ticas, repudio al liberalismo, el marxismo y la lucha de clases. Dec√≠an que un pueblo es una jerarqu√≠a de familias, de profesiones, municipios, responsabilidades administrativas, familias espirituales. El Estado debe ser autoritario y jerarquizado, en la busca de una organizaci√≥n profesional corporativa. La idea del retorno a la tierra y a los or√≠genes, que se observa de modo notable en la exaltaci√≥n del arte musical de la Alemania nazi, es otro elemento caracter√≠stico del totalitarismo. Todos esos dogmas pod√≠an resumirse en la f√≥rmula: ‚ÄúTrabajo, Familia, Patria‚ÄĚ, en oposici√≥n al apotegma de la Revoluci√≥n Francesa: ‚ÄúLibertad, Igualdad, Fraternidad‚ÄĚ. Al realizarse el programa nazi desaparece la Rep√ļblica.
Pareciera una antinomia decir que el totalitarismo se apoya en la masa popular, pues lo que ofrece y practica el sistema es justamente la opresi√≥n de los m√°s desasistidos. Sin embargo, la historia nos muestra que los designados para gobernar en forma absoluta en perjuicio de los principios humanos, han sido elegidos por la mayor√≠a. Ni Hitler ni Stalin hubieran podido mantener su dominio sobre poblaciones tan grandes, ni sobrevivido a crisis interiores y exteriores nacidas de las contradicciones sociales, si no hubieran tenido el apoyo popular de las masas. ‚ÄúLos movimientos totalitarios pretenden lograr organizar a las masas ‚Äď no a las clases, como los antiguos partidos de intereses de las Naciones ‚ÄďEstados continentales; no a los ciudadanos con opiniones acerca de la gobernaci√≥n de los asuntos p√ļblicos y con intereses en √©stos, como los partidos de los pa√≠ses anglosajones. Mientras que todos los grupos pol√≠ticos dependen de una fuerza proporcionada, los movimientos totalitarios dependen de la fuerza del n√ļmero, hasta tal punto que los reg√≠menes totalitarios parecen imposibles, incluso bajo circunstancias por lo dem√°s favorables, en pa√≠ses con poblaciones relativamente peque√Īas‚ÄĚ5
Surge así la pregunta del por qué una nación es sometida pasivamente por un poder totalitario, y cual es la causa del comportamiento de la mayoría que acepta la ideología del Transpersonalismo, para darle al Estado o a un grupo dirigente el dominio global.
El razonamiento que hemos seguido en este ensayo es explicativo de una evoluci√≥n que ocurre en el estado totalitario, pero no es exclusivo ni el √ļnico que se aprecia en la realidad pol√≠tica mundial.
Pudiéramos decir que en el fondo de la ideología totalitaria existe una crisis que provoca la reacción de la población, puente que utiliza el gobierno para imponerse radicalmente. De inicio hay que observar que los movimientos totalitarios son posibles allí donde hay un descontento popular a causa de un agravio o una pérdida en la sociedad. Se ha estimulado con la reacción del pueblo la organización política, y las masas se mantienen unidas en torno a la fuerza que mana del líder, quien a su vez se vale del rechazo a la sanción para imponer esperanzas de desagravio y conquista. Se hace creer que el pueblo en su mayoría forma parte del gobierno y que los individuos pertenecen al grupo dominante. Ocurre lo contrario: las masas son políticamente indiferentes, neutrales, y debido a ello fácilmente manipulables. Cuando el partido nazi alemán invadió el Parlamento expresando su desprecio al sistema parlamentario, la masa que apoyó esa acción de modo inconsciente estaba motivada por la promesa de la restitución del poder a quienes debían ser sus gobernantes legítimos.
Al hacer un repaso superficial por la historia de los movimientos totalitarios de los dos siglos pasados, observamos que todos han surgido de una derrota y ésta ha venido de cambios sustanciales en el orden político del país. De la descomposición que trajo la Revolución Francesa surgió el regreso a formas absolutistas, imperiales, primero con el conquistador Napoleón Bonaparte, y después con el regreso a sistemas monárquicos que impusieron el totalitarismo. La derrota de Alemania en la Gran Guerra impuso sanciones económicas y políticas a la nación germana. El Tratado de Versailles con las cargas impuestas a la nación alemana, fue la justificación para levantar en la conciencia del pueblo alemán el sentido del orgullo nacionalista, y Hitler supo aprovechar el sentimiento nacional en beneficio de su ideología.

NOTAS FINALES

Todo lo que se ha expresado con anterioridad se refiere al totalitarismo imperial, despegado del sistema republicano democr√°tico. Tambi√©n en las rep√ļblicas pueden surgir reg√≠menes que se asemejan al totalitarismo. As√≠ podemos hablar de la dictadura como ejercicio de gobierno que aparenta seguir las formas republicanas sin respetarlas en la realidad.
La dictadura del Imperio Romano tenía una significación de magistratura suprema. En tiempos de revuelta o peligro de guerra, y también en crisis económicas, se atribuía al dictador el derecho de gobernar en forma absoluta, como un soberano.
En los √ļltimos dos siglos hemos visto la aparici√≥n frecuente del modelo de la dictadura, especialmente en la Am√©rica del Sur. El gobernante y sus colaboradores, que defienden intereses personales en vez de los de la naci√≥n que rigen, prescinden de la voluntad del pueblo y disponen a su arbitrio del poder, por encima de las leyes y hasta de la Constituci√≥n Nacional. Se obvia la divisi√≥n republicana de los poderes estatales: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, se suprimen o restringen las libertades individuales: el derecho de expresi√≥n libre, el de asociaci√≥n o reuni√≥n, y el dictador se erige en la voluntad suprema del Estado, aunque se mantenga, s√≥lo en apariencia, la estructura de la Rep√ļblica como sistema de gobierno.
El acceso al poder se realiza generalmente mediante golpes de Estado, en los que la casta militar apoyada por grupos civiles instauran un régimen hegemónico con programas autoritarios, algunas veces sustentados en ideologías concretas.

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‚ÄúEl hombre occidental no se ha identificado con entera claridad, no se ha reconocido en ese personaje de su sue√Īo voluntarista. Y as√≠ el absolutismo reaparece bajo otras formas, con otras apariencias, prueba de que no son las doctrinas ni la religi√≥n quienes lo suscitan. √öltimamente hemos padecido en el absolutismo degradado, invertido, en el absolutismo del Estado Dios, que por su misma falta de sustancia reclama sacrificio‚Ķ‚ÄĚ6

6 Zambrano, María. Ob citada. P. 117.
5 Arendt, H. Obra citada, P 389.

OBRAS CONSULTADAS:

1. Arendt, Hanna: Los orígenes del Totalitarismo. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara SA. Bogotá, Colombia. Marzo de 2001.
2. Bracher, Karl Dietrich. Controversias de historia contempor√°nea sobre fascismo, totalitarismo, democracia. Barcelona, Espa√Īa: Laia, 1983.
3. Duroselle, J.-B. Histoire Diplomatique, de 1919 √° nous jours: Dalloz, 1971. France.
4. Eco, Umberto: El Fascismo eterno, en ‚ÄúCinco escritos morales‚ÄĚ. Editorial Lumen. Espa√Īa. 1999.
5. HISTORIA GENERAL DE LAS CIVILIZACIONES: SIGLO XIX y XX: Vol√ļmenes VI y VII. Presses Universitaires de France. Par√≠s, 1967.
6. Paz, Octavio: Tiempo Nublado. Seix Barral. Biblioteca Breve. Barcelona, Espa√Īa. 1983.
7. Savater, Fernando: Contra las Patrias. Tusquets Editores. Barcelona, Espa√Īa. 1996.
8. Zambrano, María: Persona y Democracia. Biblioteca de Ensayo Siruela. Ediciones Siruela. Madrid, 2004.

Primera Parte
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Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

 

 
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3 comentarios

Comentario De: Agustín Quevedo Martín [Visitante]

Ensayo de todo punto brillante, exquisitamente elaborado y pleno de ilustraciones reforzadoras de su contenido, en el que asimismo hemos podido comprobar la sólida formación filosófico-social de su autor, Alejo Urdaneta, quien, una vez más, ha demostrado con creces su dominio poligráfico y su valía intelectual. Felicidades, Alejo.

25.09.08 @ 12:21
Comentario De: CORAL ARENAS [Visitante]

En esta √ļltima parte del ensayo de Alejo sobre el totalitarismo, se me ocurren varias observaciones que van m√°s all√° o m√°s ac√° del magn√≠fico an√°lisis pol√≠tico y filos√≥fico que Alejo y Literanova nos acaban de ofrecer. Como psic√≥loga, mi visi√≥n acerca del tema est√° sesgada y, por tanto, viciada.

Sólo se me ocurre hacer una homologación entre personas sanas y personas enfermas. Alejo divide las aguas y habla de regímenes totalitarios y luego define y describe las características que prevalecen en regímenes como el liberalismo y el anarquismo, que priorizan al individuo.
En los estados dominados por mandatarios y normas transpersonalistas, existe una absoluta falta de respeto para quienes consideramos que cada ser humano es √ļnico e irrepetible y, por lo tanto, sujeto activo de su propia vida, due√Īo y responsable de todas sus acciones. La prioridad est√° puesta sobre el hombre y, con √©l, a toda la inmensa gama de conductas, normadas por una sociedad viva, cambiante y mutante. Para ello, se legisla y se dictan normas. El individuo como ser aislado no existe y, para vivir en sociedad, necesita atenerse a estas limitaciones y restricciones. Es lo que Freud denominaba ‚Äú el malestar de la cultura ‚ÄĚ, seg√ļn el cual cada persona tiene que asimilarse al grupo de una manera civilizada y ordenada. No se puede pasar del inconsciente a la realidad sin que haya un cedazo que hable de las conveniencias o de los perjuicios de actuar directamente lo que a cada uno se le venga en gana. Debe haber una instancia mediadora ( el superyo ) en el que las leyes, las normas y los reglamentos coarten en cierta forma nuestro primitivismo, en beneficio de una convivencia arm√≥nica con el resto de la poblaci√≥n.

El ser humano es sujeto de su vida y de su propia creatividad. Por lo tanto, merecedor de respeto. No es un objeto manipulable por otros. La vida no es un juego de ajedrez, con piezas movibles al antojo de personajes perversos que usan al individuo para obtener sus fines de poder absoluto y así alimentar sus insaciables arcas, so pretexto de estar trabajando por y para el pueblo.

Entro aqu√≠ en un problema moral. Sin temores de ning√ļn tipo puedo decir que tengo una aversi√≥n ( exacerbada, pero no por ello menos leg√≠tima ) con todas las ideolog√≠as denominadas con palabras que terminen en ‚Äúismo‚ÄĚ: marxismo, leninismo, budismo, catolicismo, hitlerismo, cristianismo, fascismo, nazismo. Lamento si mi opini√≥n pueda ofender a algunas personas. No es mi intenci√≥n hacerlo, pero asumo la responsabilidad de declararme militarismof√≥bica, si es que el t√©rmino existiera y definiera mis sentimientos con respecto a los que "ejercen" en un ej√©rcito. Tengo un desprecio virulento por todo lo que tenga que ver con el castrismo, desde su parte exterior ( el uniforme, las charreteras, las gorras, las insignias en la solapa ) hasta su parte interna y su costado psicol√≥gico. Para ser militar no hace falta ning√ļn requisito. Cualquier persona puede entrar en las filas, sin ning√ļn examen f√≠sico ni ps√≠quico. No es de extra√Īar entonces el por qu√© en la vida militar se dan tantas patolog√≠as, desde el sadomasoquismo en grado extremo hasta la conductas absolutamente ominosas. Hay que estar muy enfermo para soportar los vej√°menes a los que son sometidos los cadetes. Ellos, sin embargo, soportan todos los maltratos con la alegre esperanza de ascender de rango y, desde esa posici√≥n m√°s alta, vengarse por mano propia y repetir la tortura que ya padecieron con los que ahora pasan a estar bajo su mando. Los militares nacen de la mism√≠sima matriz del diablo, concepto que he tomando prestado a un insigne pensador: Marcos Aguinis.
Me inhibo, con notable esfuerzo, de continuar con el tema de los militares y lo hago, porque mi desprecio va m√°s all√° de lo objetivo. Pasa al terreno corporal y visceral.

Quiero, pues, alejarme a conciencia del malestar que me producen los reg√≠menes y los Estados totalitarios para referirme concluir este comentario haciendo alusi√≥n a lo que Jung llam√≥ ‚Äúel proceso de individuaci√≥n‚ÄĚ (mismaci√≥n) que es lo opuesto a lo que se maneja bajo reg√≠menes patol√≥gicos, en los que se pisotea la dignidad de sus habitantes. Seg√ļn C.G. Jung este PRINCIPIUM INDIVIDUATONIS es el proceso que lleva al nacimiento de un individuo psicol√≥gico, una unidad aparte, indivisible de un Todo.
Individuaci√≥n significa llegar a ser un individuo y, en cuanto a individualidad entendemos nuestra peculiaridad m√°s interna, √ļltima e incomparable. Podr√≠amos traducir individuaci√≥n por un concepto de autorrealizaci√≥n. El SI MISMO comprende infinitamente mucho m√°s que un s√≠ o que un mero yo. Individuaci√≥n no excluye al mundo sino que lo incluye. Es interesante rese√Īar c√≥mo Jung establece una interconexi√≥n entre individuo e infinitud. El sentimiento de lo infinito s√≥lo se alcanza, sin embargo, cuando se est√° limitado al m√°ximo. La mayor limitaci√≥n del hombre es la persona. S√≥lo la conciencia de mi estrecha limitaci√≥n como persona es lo que me une a la infinitud del inconsciente.

Sin embargo, el S√ć MISMO comprende infinitamente mucho m√°s que un mero Yo. En esta consciencia me siento a la vez limitado y eterno, como el Uno y el Otro. Al saberme √ļnico en mi combinaci√≥n personal, es decir, limitado, tengo la posibilidad de tomar consciencia tambi√©n de lo infininito. Somos seres √ļnicos. Pretender lo contrario y apisonarnos a conciencia es la mayor de las aberraciones.

Con esta aparente digresi√≥n s√≥lo pretendo celebrar que seres pensantes y sensibles como Alejo Urdaneta hagan, desde un an√°lisis aparentemente s√≥lo filos√≥fico y pol√≠tico, un llamado de alerta acerca de lo que ocurre bajo los gobiernos y sociedades totalitarias, en las que las ‚Äúv√≠ctimas‚ÄĚ ( el pueblo ) quedan totalmente soslayados, abolidos y enajenados, lejos de s√≠ mismos, deshabitados y asesinados lentamente en vida, que es la peor de las torturas.

¬°¬° DESCONFIAD DE AQU√ČL QUE LEE UN SOLO LIBRO !!


25.09.08 @ 17:51
Comentario De: Pepo [Visitante]

copadooo me safaste de ls tarea de derecho :P

07.10.08 @ 10:04
de Eduardo Casanova

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