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Uno de los más notables educadores de Venezuela fue José de Jesús Arocha, a quien en sus días apodaron “El Tigre” Arocha, médico de profesión, pero educador por oficio y vocación como pocos ha habido a lo largo y ancho de la Historia de Venezuela. Fundador no sólo de uno de los mejores colegios que ha conocido el país, sino de una familia realmente admirable, los que lo conocieron lo recuerdan como un hombre macizo, aunque de poca estatura, y con un carácter de acero y unos notables bigotes que, según algunos, fueron la causa de su apodo (por “El Tigre” Clemenceau), aunque también se dijo que le vino por su habilidad para “cazar” a los que fumaban clandestinamente en las tierras del Liceo San José. Hijo de canarios, nació en Montalbán, en el estado Carabobo, en donde se establecieron varios miembros de las familias Arocha y Tortolero al llegar al país provenientes de las Islas Canarias. Allí nació el 8 de enero de 1857, y allí estudió la primaria, en tanto que la secundaria la hizo en Valencia, la capital del estado, en donde también se graduó de Médico Cirujano. Pero pronto decidió no ejercer su profesión sino dedicarse a la docencia, inicialmente en su pueblo natal y luego en Tinaco y Tinaquillo, de donde se mudó a Valencia como director del Liceo La Divina Pastora. En 1895 fundó el Colegio Castillo y, ya casado con Mercedes Sandoval, en 1906 decidió mudarse a Caracas y cambiarle el nombre al Colegio, que desde entonces se llamó Liceo San José. Apenas seis años después, debido a una epidemia de gripe, el Doctor Arocha optó por instalar su Colegio en Los Teques, cuyo clima consideró más apropiado. Previamente había tenido una importante aventura política, cuando en 1897 apoyó la candidatura presidencial del general José Manuel Hernández, el Mocho Hernández, que ganó con una mayoría impresionante las elecciones pero fue despojado de su triunfo por un fraude monumental que convirtió en Presidente a Ignacio Andrade, el candidato del general Joaquín Crespo. Hernández inicialmente trató de luchar en forma legal, pero pronto optó por la violencia y fue derrotado por Crespo. Cuando Andrade debía asumir, Crespo decidió soltar a todos los presos, entre ellos al Mocho, quien después de una magnífica aventura fue a tener a Valencia, en donde el Doctor Arocha lo recibió y lo trasladó a Cojedes en donde se alzó nuevamente. Ese alzamiento le costó la vida a Crespo, pero no llevó al Mocho a la Presidencia, sino nuevamente a prisión, y el Doctor Arocha quedó descentrado y decidió abandonar para siempre la política. Se dedicó con más ahínco a la educación y, finalmente, se quedó para siempre en Los Teques, en su Liceo, por donde pasaron muchos de los más eminentes venezolanos del siglo XX, como Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, Espíritu Santos Mendoza, el Cardenal Rosalio Castillo Lara, etcétera. El 21 de mayo de 1930, el Doctor Arocha murió en Valencia, y el Liceo quedó en manos de su hijo Jesús María, que finalmente lo entregó a la Congregación Salesiana en 1935, en cumplimiento de la última voluntad del fundador, que había dirigido el plantel por más de medio siglo.
Eduardo:
Lo realmente importante del Doctor Arocha como educador fue el conjunto de normas y principios morales que impartió, no solamente a sus discípulos, sino a sus hijos y sus nietos, normas y principios que aún rigen las vidas hasta de sus tataranietos y choznos (entre quienes están mis hijos y mis nietos). Si una milésima parte de lo que sembró se hubiera regado por toda la población del país, no estaríamos en la situación en la que está Venezuela. 
Gonzalo: Me parece evidente que, a través de tus hermanos, la educación salesiana y la que impuso el Doctor Arocha sí te llegó y está vigente en ti.
Mi muy querido amigo: (M.M.Q.A.Q.):
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