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El lenguaje frente a la amenaza de la disolución

(Extracto del libro inédito: FORMA E INTENCIONES DEL LENGUAJE)

EL LENGUAJE FRENTE A LA AMENAZA DE DISOLUCIÓN

* La chata realidad y el ancho mundo
El espacio de un lenguaje vivo y moderno, eje de la libertad humana, se ha visto asediado por tendencias diversas, algunas pacíficas pero en todo caso disolventes, otras directamente destinadas a producir su disolución.
Desde hace aproximadamente cincuenta años, con la insurgencia de técnicas y facilidades de comunicación al alcance de grandes mayorías, se ha hablado de la muerte de la literatura ante el surgimiento de otros modos expresivos de fácil expansión: la televisión, las comunicaciones electrónicas, el folletín de larga divulgación. En casi todas esas expresiones está la palabra, pero ya se ha cosificado y con ello perdido su flexibilidad para abarcar un continente humano que urge de la mediación del lenguaje de la vida.
Pareciera que estuviésemos de nuevo reviviendo el arte de describir lo cotidiano, como lo fue en Grecia antigua. Pero con la diferencia de que en la época de Pericles hasta los dioses tenían pasiones humanas y los artistas pretendían exponer lo que aparecía como verdadero. La realidad rutinaria que vive una sociedad despierta ante un gran suceso. Es conocida la anécdota: el filósofo Kant demoró su paseo matinal sólo una vez, cuando fue informado de la caída de La Bastille.
Importante era la épica y con ella la representación de hombres dotados de magnificencia ante hechos también extraordinarios que conducían a la gloria o a la muerte trágica. El lenguaje de entonces era el retrato de hombres-dioses y su mundo de excepción que paradójicamente era el cotidiano.
Los hechos que se dan en la historia modifican la vida cotidiana, y cuando sobrepasan la resistencia humana adormecida en la molicie de la rutina, confieren a la existencia aureola de mito. La Revolución Francesa y el esplendor de la época napoleónica fueron en su tiempo exaltados en las artes: la pintura y la escultura, igual que la arquitectura y las letras, sufrieron cambios notables. Creció el ritmo de la experiencia y la palabra ya no hablaría de lo cotidiano porque tenía que decir de la gloria de Austerlitz. Todavía en 1827, Victor Hugo escribió la Oda a la columna de la plaza Vendome, para exaltar el valor histórico de la Francia vencida por la Restauración después de Waterloo. “¡Francia, en la que está creciendo una nueva edad, no está todavía tan muerta para soportar un ultraje! (…) Los dos gigantes de Francia han pisoteado su corona. La historia, que abre el Panteón de los tiempos, nos muestra en las sienes de buitre de Alemania, la sandalia de Carlomagno, la espuela de Napoleón…” Se resistía el pueblo en la voz del poeta a doblegarse ante la derrota que acabó con una época gloriosa. Sin embargo, la luz del pensamiento había pasado a Inglaterra y Alemania, y asumían la bandera de la épica literaria Goethe, Byron y Schiller. Siempre renace el ímpetu creador de los pueblos, y cambia el testigo en un mundo siempre en conflicto.
No hay más lugar para la épica cuando el surgimiento de la clase media impone la realidad de la industria colectiva, la rutina burocrática que abolía el individualismo. La novelística de Charles Dickens es el cuadro de la sociedad inglesa industrial del siglo XIX, atosigada por el ejercicio opaco de la burocracia en la persecución de la riqueza y por la indiferencia ante la pobreza y la miseria espiritual. En su gran novela, La Casa Desolada, describe Dickens el mundo neblinoso de Londres y los conflictos humanos y sociales derivados de la lucha por el poder económico. Tal parece como si esa bruma significara la hipocresía de la sociedad, con jueces venales y despachos oficiales inútiles, en un medio que alarga la agonía por la sobrevivencia de los desasistidos. El tedio gris de un mundo en descomposición.
Algo semejante ha querido expresar Gustave Flaubert en su novela Bouvard y Pécuchet, abrumadora descripción del vacío y la autodestrucción. El azar reúne a los personajes, solitarios y ya no tan jóvenes, modestos empleados de oficina. Son dos seres perplejos en el caos de la vida moderna. Una herencia y un vago deseo de retiro filosófico y del cultivo de la sabiduría harán que se abismen en el estudio de las ciencias, el arte y la filosofía. Y de esta manera se empeñan en abarcar todo el conocimiento: la agricultura, la química, la medicina, la pedagogía, la historia, la literatura, la alquimia. Pero sólo obtienen el vacío como recompensa, y lejos de lo que esperaban se llenan de escepticismo y el desánimo no tardará en aparecer. “La enciclopedia del asco”, llamó Steiner a esta farsa filosófica.
La realidad contemporánea se ha achatado y se expresa en un naturalismo mediocre sólo explicativo. Con ello pierde también el arte literaria: ya no tiene sino un triste programa que toman para sí los medios de información. Walter Benjamín hizo la crítica de los medios de comunicación al alcance de las masas y denunció su carácter meramente informativo, explicativo y no-artístico; y citó a Federico Fellini: “La televisión informa y se resiste a la presentación del arte libre y creador”. Presenciamos entonces la disociación del artista con la sociedad. Y sin embargo, la resistencia del creador sobrepasa el mundo informe de la cotidianidad.
Si el escritor se propone respetar la verosimilitud de la realidad, no tiene por qué limitarse al uso de un lenguaje pobre y sin significación para el arte literaria. Aunque la vida nos enfrenta a la trivialidad con mayor frecuencia de lo que parece, para decir lo trivial el lenguaje literario exige una expresión depurada pero nunca servil. Lo contrario sería atentar contra las bases de la cultura en el lenguaje.

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1 comentario

Comentario De: Marcela Vanmak [Visitante] Correo electrónico
Marcela VanmakUna nota donde el autor Alejo Urdaneta nos ilustra, advierte y profetiza sobre el estado pobre y manipulado de una de las herramientas mas nobles del ser humano; el lenguaje. Desde tiempos inmemoriables ocupo uno de los sitios predilectos en el arte general, con el paso del tiempo se transforma, en nuevos materiales de uso continuo y se hace esclavo de los medios. Felicito al escritor, abogado y poeta español, por este llamado de alerta. Siempre es muy grato encontrar puntos de vista que nos guian en la reflexion diaria y profesional.
15.03.08 @ 10:57
de Eduardo Casanova

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