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Mueve el tiempo nuestros rostros,
las caras del inmenso teatro:
tiempo, dueño de todo.
Y se balancean los días
y tú estás
en el carbón de la tarde.
Piensas en un secreto inexplicado
o simulas ansiedad
en el tiempo detenido:
Será tu propia voluntad,
Y su nombre será destino.
*
Es tu certidumbre
acariciar la mullida longitud de los cipreses,
sombras tenebrosas en cielo gris.
Rondas sin rumbo entre la niebla,
en un lago, sola y desnuda, sumerges tu belleza
en el amanecer de remolinos.
Sabes que todos quieren beber la savia
de tu huidizo cuerpo.
*
Y entonces pareces decir:
“El tiempo nada hace,
todo es hechura del deseo”.
*
Cuando decides abandonar la espera,
todavía dueña,
huyes en silencio
y te ocultas entre piedras y túmulos antiguos,
rodeada de brozas y espinas:
Eres vestal de tu propio culto
celebrado en el altar encendido
por el ardor de tus humores.
En el tiempo ya desquiciado,
invocas el oleaje de las entrañas
y el espasmo rojo de las ansias,
estremecimiento del deseo.
Pero la noche se apresura en llegar,
y escapa la luz y callan los pájaros,
para que todo acabe al pie del ciprés.
****
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
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