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En diciembre de 1957, cuando agonizaba la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, asistí, no como participante sino como testigo de excepción, a una reunión clandestina en la casa de un médico sabio y bondadoso: el doctor Elías Toro, integrante de la Generación del 28, y, sobre todo, hombre de inmensas cualidades personales. Entre él y dos de sus mejores amigos, Isaac J. Pardo y Miguel Otero Silva redactaron un Manifiesto, cuyas firmas encabezó Mariano Picón Salas, y que se conoce en la Historia como el “Manifiesto de las Intelectuales”, cuyo peso fue enorme en el proceso que llevó a la caída de la dictadura. Poco después, cuando ya el país había recuperado la libertad y se preparaba para las elecciones del 58, junto con Isaac J. Pardo, Martín Vegas, Rafael Vegas, Manuel Rafael Rivero y otros hombres de gran valía, fundó un grupo, que ellos mismos calificaban de “club político”, llamado Integración Republicana, cuyo fin era la búsqueda de una candidatura unitaria para evitar que en sus primeros días la democracia entrara en una lucha cuerpo a cuerpo entre candidatos de diversos partidos. Propusieron como candidato de unidad a Martín Vegas, pero los partidos prefirieron lanzar cada uno el suyo, y esas elecciones las ganó Rómulo Betancourt. Desgraciadamente el doctor Toro, que tenía muy mala salud, murió poco después, luego de haber vivido intensamente, pero por no mucho más de cincuenta años. Junto con el doctor Pardo fue el verdadero fundador del partido “Unión Republicana Democrática” (URD), del que ambos decían que fue “un cañoncito que otro se puso a disparar”. A mis catorce, el doctor Toro le llevó a Miguel Otero Silva un artículo mío, que se publicó en la 4ª. Página de “El Nacional”. Muchas veces lo vi, en su pequeño estudio de esa casa de El Rosal, conversando en medio de una paz espiritual que parecía de otras latitudes. Su hijo Martín, que también murió joven, fue uno de mis mejores amigos. Su padre siempre tenía un buen consejo para los jóvenes, un consejo prudente y sabio que, por desgracia, no siempre se han seguido, ni siquiera en su entorno más cercano, y por eso estamos como estamos.
10/3/2007
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