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La democracia es muy exigente. Quien crea en la democracia verdadera debe aceptar una serie de deberes ineludibles. Y uno de ellos es aceptar las derrotas con dignidad y valentía. Si se cree en la democracia, se acepta que la mayoría vence, aún cuando se esté convencido de que la mayoría no tiene razón. Al aceptar la derrota, se adquiere el derecho de seguir sosteniendo una posición hasta convencer a la mayoría de que estaba equivocada. Eso es fundamental en un sistema democrático. El que por haber perdido se retira ofendido, pierde ese derecho y no puede llamarse demócrata. Lo digo con respecto a los que hasta ahora han sostenido que la gente debe abstenerse en el Referéndum del 2 de diciembre de 2007. Sostuvieron sus puntos de vista, hicieron sus alegatos, defendieron su posición, pero no lograron convencer a la mayoría, y es hora de que actúen como verdaderos demócratas. Tienen el deber de reconocer la victoria de los demás, aunque no estén de acuerdo con la posición de los victoriosos. Lo que deben decir es: No estoy de acuerdo con ir a votar, pero voy a votar y a defender el voto de todos. De otra manera lo que demuestran es que no son demócratas, y entonces, ¿con qué moral critican a Chávez y a los suyos, si son caimanes de un mismo caño? ¡Vamos, dejen de un lado la soberbia y llamen a los demás a votar! Es lo que impone la democracia.
28/11/2007
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