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Ésas no volverán

En las pasadas elecciones de gobernadores y alcaldes hubo en particular tres candidatos de la oposición que fracasaron rotundamente: William Dávila en Mérida, Alberto Galíndez en Cojedes y Eduardo Morales Gil en Sucre. Los tres eran candidatos de Unidad y contaron con el apoyo de todos los partidos democráticos. Pero fueron derrotados. ¿Por qué? Creo que responder esa pregunta es importante para el porvenir, y creo que la respuesta está en la pésima imagen de AD y Copei en el final del siglo XX, pésima imagen que a su vez fue la causa del triunfo del teniente coronel Chávez Frías, que es algo que no sólo ha dañado la democracia venezolana, sino al pueblo venezolano y su porvenir. Hay que entender que AD y Copei terminaron siendo caricaturas de los partidos que ganaron elecciones a partir de la de 1958 y las perdieron a partir de 1993. Ambos partidos terminaron en manos de personas que no estaban capacitadas para dirigirlos, terminaron degenerándose hasta convertirse en lo que terminaron siendo: grupos odiosos que no representaban en realidad sino a lo peor de ellos mismos. AD gobernó bien, con muchos lunares, entre 1959 y 1969. Rómulo Betancourt, a pesar de la agresión brutal que recibió desde la extrema derecha y desde la extrema izquierda, y a pesar de algunos elementos de corrupción y otros de abuso de poder de varios de sus subalternos, hizo un buen gobierno, en el que hubo un cierto progreso material, especialmente en el interior del país. Algo mejor fue el de Raúl Leoni, que no tuvo que soportar los mismos ataques de la extrema derecha y de la extrema izquierda, pero sí los abusos de poder y la corrupción de varios de sus subalternos. Cuando Copei se convirtió en gobierno, en 1969, la corrupción aumentó y la eficiencia disminuyó, lo que generó el regreso de AD al poder y aquello que llamaron “La Gran Venezuela”, que tuvo mucho de locura y de nuevorriquismo, y sobre todo de no saber administrar los inmensos recursos que le entraron al país por el disparo de los precios petroleros. La locura tuvo como efecto que Copei regresara al poder, y los vicios se multiplicaron, por lo que, como en una aplicación absurda de lo que se llamó “la ley del péndulo”, AD volvió en 1984 e hizo el peor gobierno de los años de la democracia, pero ya Copei daba muestras de degeneración, lo que ayudó a que AD continuara en el gobierno en 1988, a costa de su destrucción. Fue entonces cuando AD, ya convertida en un cuerpo corrupto, soportó dos intentos de golpe militar y un golpe civil que sacó a Carlos Andrés Pérez del poder. En 1993 ganó las elecciones el fundador de Copei, pero sin el partido. Y fue entonces cuando, en uno de los casos más insensatos que haya conocido país alguno, el militarcito fascistoide y aventurero que dirigió los golpes militares fracasados, capitalizó el odio y la antipatía que se habían ganado AD y Copei y se convirtió en ídolo de las mayorías, con lo que la descomposición de los partidos AD y Copei se convirtió en la descomposición de la democracia venezolana y, peor aún, de Venezuela. Y eso es lo que William Dávila en Mérida, Alberto Galíndez en Cojedes y Eduardo Morales Gil en Sucre no entendieron: que la mayoría de los venezolanos no quiere que AD y Copei vuelvan al poder. Desde luego que hay mucha gente que piensa que cualquier cosa es mejor que el teniente coronel Chávez Frías, sus militares y sus hordas. Y tienen razón. Pero es algo que hay que manejar con mucha atención y mucho cuidado. Sin apasionamientos, teniendo muy en cuenta lo que dijo Gustavo Adolfo Bécquer cuando trató este mismo tema:

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!

 
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1 comentario

Comentario De: esclavo [Visitante]
esclavoPor que se perdio en Mérida. Sencillo:Por la chavaqueneria de los seudos-politicos.
03.10.09 @ 16:04
de Eduardo Casanova

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