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Fernando Gaitan: ¡Betty la fea yo soy tu padre!

Versión de la entrevista de Primicia 1999

La suerte de la fea, la bonita la desea reza el dicho popular, y más cuando esa desangelada fémina Beatriz Pinzón con enormes lentes de pasta, frenillos en la boca y risa tonta, por cuya historia no apostaba la Cadena Caracol llegó a convertirse en un hito en la historia de la telenovela en en mundo. Emitida en más de 100 países; doblada en 15 idiomas y con unas 22 adaptaciones alrededor del mundo, la historia de una mujer fea en el mundo de la moda, o la metáfora de cómo un patito feo se transforma en cisne sin bisturí, entró al libro de los Guinnes World Records en este año. Sirva esta entrevista a su creador Fernando Gaitán como un homenaje a un momento de oro del culebrón, y una despedida a la fea más famosa del mundo que emulando glorias pasadas, regresa a la pantalla vernácula por Televen.


La versión americana Ugly Betty llegó
al final tras su cuarta temporada en ABC

Detrás del impacto televisivo “Yo soy Betty la fea”, aguarda un nombre en el que se combinan periodismo y ficción en un delicado equilibrio. Fernando Gaitán, cuyas novelas han tenido un impacto cultural, que se traduce en rating y pautas publicitarias jugosísimas, considera a la telenovela como el ágora para contar una Colombia herida. Para él la caja boba puede ser un espacio para la utopía y asume el compromiso de inventar 169 horas de seducción inteligente.

Fernando Gaitán es un periodista seducido por el desenfado del nuevo periodismo. Ejecutante de la crónica, investigador empedernido, escribe como un enajenado los últimos capítulos del que ha sido el mayor impacto en la historia de la televisión colombiana, y apunta a convertirse en el fenómeno mediático más importante de Latinoamérica: “Yo soy Betty La Fea” de la Radio Cadena Caracol. Desafiando el mito de que la protagonista tiene como requisito fundamental el 90-60-90, Gaitán se corrió el albur de colocar a una heroína que mira pasar de lejos a un ideal inalcanzable, que está consciente de su fealdad y pese a ello tiene una capacidad irónica sobre su condición. Asistido por una fémina y un equipo de asesores, escribe solo, “porque ya se me hizo un vicio”. Para él 240 medias horas de seducción se traducen en cientos de cajas de cigarrillos, que se lo fuman mientras cuenta a un país que rechaza la violencia y el secuestro. Gaitán es el padre de la criatura que en si misma es la historia del patito feo: una novela hecha con un bajísimo presupuesto, protagonistas desconocidos, sin figuras internacionales y en un canal que venía de enfrentar un estrepitoso fracaso con su considerable pérdida económica, y que historia mediante, unida a unas extraordinarias actuaciones, se ha convertido en el cisne de un país desangrado por la guerra, un patito feo que puso al imaginario colombiano a circular en positivo por todo el continente.

¿Betty la Fea fue un intento de romper con el patrón clásico de la telenovela?
Betty no fue hecha con una enorme ambición, fue hecha con bajo perfil, una producción económica, hecha en un 85% en estudio, no trajimos a nadie del extranjero, no fue hecha con grandes estrellas, de hecho me dieron a los protagonistas mas baratos. Era una historia muy experimental, yo estaba muy asustado, pero tenía la fe de que si uno habla del ego femenino eso debía ser un éxito. Aunque yo le tengo miedo a esa palabra, pero hablar de la vanidad femenina es un tema universal, en todas partes del mundo hay más mujeres feas que bellas, pero en la telenovela ocurre un fenómeno: las mujeres que son feas, quieren una protagonista bella que se enamora del galán, la gente sufre con ella, pero no es una mujer de carne y hueso como esas que están detrás del televisor. Así que quise contar la historia de esa que ve pasar a un ideal de mujer inalcanzable.

¿Sus novelas Café con aroma de mujer, Guajira, Betty La fea son realistas o pertenecen al melodrama típico¿ cómo las definiría?
Sigue siendo telenovela: yo me guío por las reglas de la telenovela, no puedo variar. Busco, el melodrama, la historia de amor, la cotidianeidad, el ascenso social, lo que hago es robarme elementos del teatro, del cine, la literatura para insertarlos dentro del esquema clásico. Modernizar a la protagonista y quitarle el estigma de la mujer pobre que se redime a través del amor, busco la mujer batalladora, que lucha profesionalmente que sabe que el amor está allí pero no es él único objetivo. Voy más a fondo en las relaciones interpersonales actuales en el trabajo, la relación con los padres, el matrimonio, la unión libre, el divorcio, de alguna manera lo que estamos haciendo es tocar los temas más modernos sin abandonar el esquema de la telenovela porque perdería su carácter popular.

¿Cómo es su proceso creativo?
Ante todo busco una historia que me obsesione y me fascine, que está que se sale, que está que se cuenta sola, tengo que tener un impulso vital que me está pidiendo el cuerpo, el alma pues. Una vez que sigo ese instinto, la racionalizo: dónde se desarrolla esa historia, qué contexto, qué época, quiénes son los personajes. Posteriormente comienzo a escribirla y hago una sinopsis a manera de crónica que tiene alrededor de 80, 100, o120 páginas, porque me gusta escribir toda la línea central a modo de ejercicio y exorcismo para saber si mi historia es contundente, tiene ilación para que cuando esté al aire que es la locura total, puedo tener una ruta que seguir para no perderme. Luego la muestro ante un grupo que trabajamos aquí en el departamento de libretos en el canal porque aquí sufrimos de solidaridad y amiguismo. Exponemos la historia antes de presentarla a los directivos del canal y una vez aceptada, empieza el proceso de búsqueda de director, los actores, armar las locaciones y un proceso de preproducción que es muy importante dejar montado en los primeros capítulos.

¿Qué del periodista hay en el escritor?
-Nunca he dejado ser periodista, de hecho todo el trabajo que hago tiene técnicas de periodismo. Me refiero a que mis novelas son resultado de un proceso de investigación en el que utilizo la técnica del reportaje como una forma de nutrir los argumentos, porque siempre hay un contexto en todas la historias que trabajo. Lo que hice fue tomar elementos del periodismo y pasarlos a la televisión. Siempre me pareció muy interesante la fusión que hicieron Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer, entre literatura y periodismo y mantuve la idea que eso podía hacerse en televisión y particularmente en la telenovela.

¿Cómo fue su entrada a la televisión?
En el colegió estudié teatro, sin embargo no pensé que terminaría haciendo televisión, aun cuando, siendo periodista hubo dos cosas que la gente me señalaba: me consideraban buen narrador, por mi afición a la crónica y los géneros supeditados a la narración y decían que tenía muy buen sentido de la anécdota, observación y escucha, dos factores importantes del periodismo. Entonces una amiga me dijo “usted tiene que intentar ser libretista porque es este país no hay libretistas pero si muchos periodistas”. No conocía la técnica, así que me consiguieron una cantidad de libretos y empecé a estudiar la telenovela. Cuando entré a la tv, fui asistente de dirección, editor, script, asistente de dirección, relacionista, en fin todo para que me dejaran escribir.

¿Es cierto eso que dicen que en Colombia el periodismo no está contando al país, y por eso la telenovela copa ese espacio…?
Es una discusión que se ha venido dando últimamente porque el dramatizado ha tenido más impacto que el mismo noticiero. En el noticiero vemos la realidad numérica: muertos, secuestrados, detenidos. En la telenovela lo hacemos de manera cualitativa ¿cierto? Nos acercamos a la realidad, en la dimensión que merece, Cada muerto duele, cualquier cosa adquiere una significación importante. Ese es el contacto que ha tenido la telenovela con la realidad para cuestionarla, volverla comedia en fin. Se han suscitado muchas criticas porque a Betty la consideran un impacto social.
¿Por el capítulo donde le ofrecen una “mordida” de cien millones de pesos y dos diarios editorializaron pidiéndole que no se corrompiera?
Yo no sabía que la telenovela iba a tener ese impacto. Es una tragicomedia., una novela con tintes de humor , situaciones cotidianas, problemas. laborales, pero en el caso de la corrupción de Betty, a quien le ofrecieron una comisión muy bajita en relación a lo que se roban en Colombia, donde a diario se sustraen grandes tajadas en medio de la mayor impunidad. Nunca pensé que un personaje de telenovela fuera a generar tal desconcierto en la gente, y semejante reacción de indignación cuando la gente creyó que el personaje se iba a corromper. Un sencillo juego dramático adquirió unas dimensiones que no estaban contabilizadas en ninguna parte.

¿Cree en el compromiso del escritor con la realidad?
Indiscutiblemente si, porque este país es el más violento del mundo. Es un país que esta herido y ve muchísima televisión, que por cuestiones económicas ha tenido una baja de lectura, de información y que aprende de una telenovela. En un país así uno tiene que asumir una responsabilidad social con los contenidos y las emociones. La diferencia con el escritor comprometido de los años 60, es que había un compromiso romántico. Aquí el factor político está completamente desfigurado: la izquierda no existe, la guerrilla se volvió bandolerismo, los partidos políticos son corruptos, entonces uno adquiere un compromiso social con el común de la gente sin ningún tinte político. Estamos comprometidos con el habitante medio colombiano, el empleado, el campesino que somos víctimas del político, del guerrillero del narcotraficante, del secuestrador. Es un país civil que se está defendiendo contra todo eso, no hay ningún factor político allí.

Entre los años 70 y 80 en Venezuela se vivió una fusión entre la industria televisiva y un grupo de intelectuales que dio origen a la llamada televisión cultural ¿Cómo ha sido ese fenómeno en Colombia?
La televisión se ha nutrido de dos grandes crisis: la primera fue la del teatro que es muy rico intelectualmente pero pobre económicamente, y posteriormente la crisis del cine, una industria que nunca arrancó, que es un muerto insepulto, donde mucha gente se fue a estudiar al extranjero porque nunca hubo el capital para hacer una industria cinematográfica. Por otra parte en los 80 hubo una reglamentación interesante, aunque un poco coercitiva, donde se nos obligaba a hacer tv dramática basada en grandes obras. La televisión colombiana recreó grandes obras, especialmente las de autores latinoamericanos como Julio Cortázar, Miguel Otero Silva, Juan Goitisolo, entre otros. Además escritores como Alvaro Mutis, Pedro Gómez Valderrama y Gabriel García Márquez cedieron sus obras, participaron en los guiones y eso nos dio un panorama muy interesante. Digamos que el sector intelectual no se ha desprendido de la dramaturgia audiovisual, hay cierto respeto y más ahora que tenemos un compromiso social y de alguna manera político, porque no tenemos cine, el impacto del teatro es reducido, así que se mira con muchísima atención lo que hacemos, porque no existe un divorcio entre la gente que hace cultura y la televisión.

¿Se va a convertir en cisne el patito feo Betty?
El televidente raso de telenovela quiere que se vuelva la cenicienta vestida de princesa, pero por otro lado como la novela ha tenido “un calado” muy real entre las mujeres de aquí que la consideran una heroína, si la transformo para volverla una mujer exitosa, las estaría traicionando, la decisión es delicada.

El impacto de la telenovela “Yo soy Betty la fea” que paraliza el país a la 1 de la tarde, le ha dado un nuevo aire a un género que parecía estar entrampado en su fórmula de protagonistas cada vez más siliconadas, sufridas y naifmente engañadas; galanes sin muchas posibilidades de ser héroes, malas de astracán, en fin, “cajitas felices” de vieja data que tienen escasa repercusión en una audiencia que colmó su horizonte de expectativas. Pese a la idea de los ejecutivos de nuestra televisión de que al espectador le gusta lo que le den, Betty ha demostrado que no hace falta una heroína artificialmente bella, que los costos de producción no son sinónimos de calidad y que bien vale la pena un riesgo hasta en un género masivo como la telenovela.

DATOS:

  • La pauta de Betty La fea logro alcanzar los 25 millones de pesos colombianos, superando el promedio de 11 y 12 millones de pesos de las otras pautas publicitarias de RCN.
  • Cambió el hábito horario de ver televisión alargando el encendido de las 9 pm a las 9:40 pm (la media hora que duraba la transmisión de cada capitulo).
  • Betty la fea logro reunir cada noche a tres millones y medio de espectadores, al final su promedio fue de 17,4 puntos de rating personas y un share del 56,3%, siendo así, hasta el 2004, el programa más visto en la historia de la televisión colombiana.

Yoyiana Ahumada Licea. Escritora, autora teatral, periodista y productora de contenido, Magister Litera, investigadora, docente, guionista y actriz. Locutora. Colaboradora en varios diarios y revistas nacionales. Promotora cultural. Autora y compiladora de varios textos sobre José Ignacio Cabrujas y otros temas y personajes. Tiene su propio blog yoyiana.wordpress.com. Directora Ejecutiva de Cuarta Pared Producciones.

 
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1 comentario

Comentario De: Valery [Visitante]
ValeryMuy buena entrevista, Fernando Gaitan es uno de mis libretistas favoritos, sobre todo por su obra maestra "Yo soy Betty, la Fea". Sin duda hay mucho que me falta aprender, pero realmente espero poder ser tan talentosa como él, mi héroe.
18.11.11 @ 14:00
de Eduardo Casanova

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