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“Vecino nuevo”, pensó el vecino viejo cuando salió como todas las mañanas a trotar. Pero la intención de trotar le duró escasamente unos segundos, hasta que vio que el enorme perro del vecino nuevo se le echaba encima con muy malas intenciones. Apenas, a duras penas, pudo
evitar que los colmillos del perro se clavaran en sus pantorrillas saltando la barda y aterrizando casi de cabeza en la grama de su pequeño jardín delantero. Alterado, pero empeñado en mantener la calma, le gritó al vecino nuevo y le pidió que amarrara el perro. El vecino nuevo ni siquiera le contestó. Y el segundo día se repitió la escena, sólo que el vecino viejo oyó claramente cuando el vecino nuevo gritaba “¡Ataca, Sultán!”. El vecino viejo dejó pasar casi una hora para que la adrenalina y la noradrenalina dejaran de regar sus células y pudiera el cuerpo entero serenarse. Y debió esperar otra hora hasta que el vecino nuevo salió a su jardín. De nuevo le pidió el vecino viejo al vecino nuevo que amarrara su perro, y de nuevo el vecino nuevo lo miró como con furia y no pronunció palabra alguna. El tercer día se repitió lo de “¡Ataca, Sultán!”, pero esta vez el vecino viejo traía un grueso bastón y sin dudarlo ni un instante golpeó a Sultán en la parte alta del cuello. Sultán cayó y boqueó unos instantes antes de quedarse muy tieso, con las patas estiradas. El vecino nuevo empezó a gritar y a gesticular y a acusar al vecino viejo de asesino, de criminal, de canalla y malhechor, pero pronto se encerró de nuevo en su silencio, al ver que el vecino viejo, con el garrote en la mano, lo miraba fijamente y se acercaba poco a poco. Poco a poco. Poco a poco.
Muy bueno. Todo está dicho.
Me he quedado de piedra.
Has logrado un triunfo literario extraordinario. Tuve un profesor que explicaba el significado de la palabra "economia" en términos del menor número de palabras para expresar la totalidad de la creación del autor: a eso me refiero con "!ATACA, SULTAN!" Felicitaciones, Gonzalo Palacios Galindo
Felicitaciones, Eduardo. En "Ataca, Sultán", la ironía del símil fue completamente lograda por ti. Hasta el más tonto en Babia sabe a qué es lo que te estás refiriendo; o, como dice el refrán: "no le dijiste perro pero le mostrastre el tramojo".
Realmente es un escrito muy bien pensado, digno de ser comparado a las mejores parábolas y quizá pensarlo como la fabula del animal humano. "Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe" dice el refrán popular. Así es, lamentablemente, como se manejan los agresores para después hacerse las víctimas. Como expresaría Andres Eloy Blanco: “Si no te hice ningún bien, ¿Porque tu mano me hiere?”
lo subliminal està flotando amigo Humberto
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