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Carlos Armando Figueredo
Con frecuencia estamos oyendo y leyendo a toda clase de personas –abogados, economistas, banqueros, funcionarios del gobierno de todo nivel— hablar de “notas estructuradas”. Pocas veces presencia uno tamaño disparate. Hablan de “notas estructuradas” traduciendo literalmente lo que en términos financieros se conoce, en inglés como “structured notes” y ese término, lo que quiere decir es “bonos estructurados” o, a lo sumo “títulos estructurados”. Ignoran que la palabra inglesa “note” si bien en algunos casos quiere decir “nota” –como por ejemplo cuando se dice “I wrote you a note” que quiere decir “te escribí una nota”— en el mundo comercial y financiero significa “bono” o “título”; se trata de un instrumento representativo de una deuda. Es así como “promissory note” significa “pagaré” y no como lo traducen horrorosamente “nota promisoria”.
Y es que a uno le produce tristeza como en Venezuela, y en muchos países de habla hispana, no se defiende el idioma castellano y se recurre constantemente a anglicismos e incluso a galicismos cuando hay palabras de nuestro idioma que definen mucho mejor lo que se quiere decir. Desde luego, hay casos en los que es lícito admitir el anglicismo, el galicismo o el neologismo, sobre todo en terminología técnica. Resulta curioso, por no decir increíble, ver a supuestos revolucionarios, férreos opositores del “Imperio” y enemigos de los “pitiyanquis”, hablar de “notas estructuradas”.
En los últimos cincuenta años, y sobre todo durante el decenio chavista, hemos visto cómo han caído los niveles educativos y culturales de los venezolanos. Una muestra clara la tenemos en el programa de Radio Caracas Televisión Internacional “Quiero ser millonario”. Allí vemos a ingenieros, abogados, economistas, médicos, gente con título universitario incapaces de contestar preguntas de cultura general. A veces recurren al comodín de llamar a un amigo, quien no les da la respuesta que buscan o les da una equivocada. En un programa reciente se pudo observar cómo a una señora, muy elegante, se le preguntó el nombre del río más importante de Italia y se dieron cuatro posibilidades de respuesta: “Pe”, “Pa”, “Pi” y “Po”. La señora contestó: “Pe”. Otra pregunta, cuya respuesta le hace a uno erizar los pelos, fue la siguiente: Nombre del primer presidente que ocupó el Palacio de Miraflores, sugiriendo las respuestas: “Cipriano Castro”, “Marcos Pérez Jiménez”, “Eleazar López Contreras” o “Rómulo Betancourt”; la persona contestó: “Marcos Pérez Jiménez”.
Hay otros casos que lo entristecen más a uno. Podemos referir a una estudiante de quinto año de bachillerato que no sabe lo que fue el Holocausto, quién fue Atila o Lutero. ¿Contribuirá a tanta ignorancia la voluntad del Socialismo del Siglo Veintiuno de cambiar la historia, tratando de borrar el pasado?
Amigos lectores:
Apreciado Carlos Armando:
Compatriota Carlos A. Figueredo, me parece muy bien que usted comparta sus conocimientos, lo felicito, pero eso no le da autoridad para denigrar de los demas en todo caso supongo que los asistentes a ese programa deben ser personas mayores de por lo menos 18 años, es decir, que han debido recibir clases de historia antes de esta decada por lo que no se debe atribuir precisamente a este gobierno esas deficencias hay que averiguar quien fue el que elimino la historia en los programas de primaria
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