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Escribió, en los años treinta del siglo XX, el maestro Santiago Key Ayala (1874-1959): ”A la sombra propicia de esas deficiencias, asuntos esclarecidos ayer vuelven a ser temas de discusión, renacen y prosperan leyendas que se hubiera creído bien muertas y se malgasta trabajo y tiempo en volver a dilucidar lo que estaba dilucidado” (Series hemero-bibliográficas, ed. 1933, p.VIII). Esto viene a cuento por el hecho de haber propalado este 17 de diciembre de 2007, desde el Panteón Nacional, el presidente Hugo Chávez la idea, que anda por allí dando vueltas hace días, según la cual el Libertador fue asesinado en San Pedro Alejandrino. Respondemos el punto aquí, basados en nuestra historia. Esto ya lo había expresado Chávez antes porque así lo pudo recoger la periodista Vanessa Davies (Simón Bolívar: ¿asesinado?, El Nacional, Caracas: diciembre 16,2007).
Sin embargo, no podemos comenzar sin negar que esta es una nueva tentativa realizada por el actual gobierno de supresión de la historia que dijo Manuel Caballero en insigne página (Contra la abolición de la historia, ed.2005,p.32,40-44), de borrarla, de alterarla, de cambiarla por otra que sirva a sus intereses ideológicos. Por ello Germán Carrera Damas ha expresado en el prólogo a la segunda edición (2006) de su obra Venezuela: proyecto nacional y poder social que nunca ha estado tan amenazada como hoy la investigación histórica entre nosotros. A ello añadiríamos que también peligra ahora la interpretación serena y documentada de esa misma memoria colectiva.
Para llegar a nuestro asunto: la enfermedad de la cual murió Simón Bolívar (1783-1830) debemos primero que nada decir que sus huellas durante todo aquel año 1830 han sido estudiadas paso a paso, hay incluso todo un libro del doctor Diego Carbonell (1884-1945) dedicado a ese año y cuyo título es precisamente: 1830. (París: Le Livre Libre,1931. XXIX,239 p.). Pero hoy recomendamos consultar pausadamente las tres últimas tres biografías de Bolívar: la de Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar (1994), la de José Luis Silva Luongo: Bolívar, herencia de todos (2003) y la de John Lynch: Simón Bolívar (2006) para observar a través de estos tres muy rectos y claros investigadores el proceso de todo el año de 1830 en Bolívar, su viaje a través del río a la costa Atlántica y el proceso final de su existencia iniciado con su llegada a Santa Marta el 1 de diciembre de 1830. Estaba aquella tarde en tan mal estado de salud que debió ser bajado de la embarcación que lo trajo desde Barranquilla en silla de manos. Junto a ello está toda la correspondencia del Libertador durante aquel año que se encuentran, al menos de su salida de Bogotá el 8 de mayo, que son los papeles suyos que más interesan para la exploración que aquí practicamos, en sus Cartas y Proclamas. Hay que consultar también los relatos, en misivas o memorias, de los testigos. Entre es la epístolas es muy significativa la enviada por Perú de Lacroix a Manuelita Saenz el 16 de diciembre o el recuento del entierro en las Memorias de O’Leary. Además hay que señalar, refiriéndonos a los planteado por el comandante Chávez, que el asesinato o envenenamiento del Libertador es imposible concebirlo porque siempre Bolívar estuvo rodeado desde su salida de Bogotá y a lo largo de todo aquel llamado “trágico viaje a San Pedro Alejandrino” que dijo el cardenal José Humberto Quintero (Discursos, ed. 1972,p.177-207), por gente de su afecto, oficiales fieles que mucho lo querían y de gente que siempre había sido leal a él.
La documentación sobre Bolívar en 1830 es tan amplia que ella le permitió a Gabriel García Márquez concebir su bella novela histórica El general en su laberinto (1989) la cual se puede leer también para entender todo el asunto que tratamos. Existe también sobre este tópico el relato de Alvaro Mutis: “El último rostro” (verlo en La muerte del estratega, ed. 1988, p.89-103).
Pero si faltara algo para rebatir tan infeliz especie bastaría consultar, y no sería la primera vez que se lo hace, el Diario que su médico de cabecera Alejandro Próspero Reverend (1796-1881) llevó desde que ambos se encontraron en Santa Marta al atardecer del 1 de diciembre de 1830. Allí están sus anotaciones día a día. El libro de Reverend es La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar Libertador de Colombia y del Perú por su médico de cabecera… (París: Imprenta Hispano Americana de Cosson y Compañía, 1866. 88 p.) no sólo ha sido editado numerosas veces después de su edición príncipe (Bogota, 1930 y 1983; Maracaibo 1921; Caracas 1980 y otras tres ediciones en 1983 en la misma ciudad) y es muy bien conocido, sino que él mismo Reverend le hizo la autopsia al Libertador y de su Protocolo se dilucida claramente que la causa del fallecimiento del Héroe fue por tuberculosis, una enfermedad de vieja data en su familia, la cual incluso, añadimos nosotros, le pudo ser también contagiada por su novia y amante Josefina Machado muerta de ella en Achaguas en 1820. La Autopsia hecha por Reverend fue analizada modernamente por el anatomopatólogo e historiador Blas Bruni Celli quien llega a conclusiones satisfactorias sobre el trabajo cumplido por Reverend al hacerla Estudios históricos, ed.1964,p.265-269). Allí está la verdad y el Diario de Reverend es el mejor mentís a la peregrina idea proclamada ahora que los estudiosos del Libertador debemos combatir.
Pero si faltaran argumentos contemporáneos bastaría estudiar las interesantes actas del Coloquio Médico histórico sobre la enfermedad y muerte del Libertador. (2ª.ed.Caracas: Oficina Central de Información, 1976. 301 p.), llevado a cabo en Caracas (diciembre 17,1962 y junio 25-26, 1963) en el cual nuestros mejores médicos historiadores, estudiosos del pasado, bibliógrafos y escritores discutieron todos estos asuntos y llegaron a las conclusiones que exponemos: el Libertador tuvo buena atención médica en su última enfermedad, Reverend le aplicó a sus padecimientos los conocimientos propios de la medicina de su época, su muerte fue por tuberculosis. Pero de esa ocasión surgió también el volumen El Libertador enfermo (1963), una de las ponencias presentadas, en donde el académico y galeno Oscar Beaujon estudió a Bolívar como enfermo a todo lo largo de su vida. También el psiquiatra Moisés Feldman presentó allí los aspectos psicológicos de los padeceres del Libertador en 1830 que se pueden leer hoy en su libro, lleno de sabias enseñanzas, Las crisis psicológicas de Simón Bolívar, especialmente en el capítulo “Influencias psíquicas y morales en la evolución de la última enfermedad del Libertador” (ed.1992,p.81-96). En la discusión médica e histórica de los años sesenta, decisiva para el conocimiento de este asunto, fueron ponentes grandes autoridades médicas venezolanas, sus solos nombres bastan para formar una galería de lo mejor del espíritu venezolano en el siglo XX: como los doctores Ricardo Archila, quien fue quien ideó el encuentro, Alejandro Príncipe, Beaujon, Feldamn, José Ignacio Baldó, Marcel Granier Doyeaux, Bruni Celli, Foción Febres Cordero, José María Llopis, Gabriel Trompiz, Miguel Zúñiga Cisneros, Franz Conde Jahn, quien coordinó la reunión, y Alberto Silva Alvarez. Los historiadores Mario Briceño Perozo, Manuel Pérez Vila, Angel Franciso Brice, Pedro Pablo Barnola, J.A.Cova, Lino Iribarren Celis y hasta un poeta: Mercedes Bermúdez de Belloso. En ese libro están los más grandes argumentos, sólidos y angulares, para contradecir las fantásticas invenciones de estos días sobre un hecho que está ampliamente documentado, como lo declaró el académico Elías Pino Iturrieta a Vanesa Davies, tanto por sus particulares testigos como los estudiosos de ese hombre solar que fue el Libertador.
Diciembre 19, 2007
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
Antes de conformarnos con lo que el amigo expone en este post, les recomiendo indagar un poco mas sobre este asunto. Visiten esta direccion y saquen sus propias conclusiones.
Lo encantador de las ciencias siempre será su capacidad de ser verificados sus asertos; de momento, y mientras no hayan pruebas contundentes de lo contrario, Bolívar falleció de Tuberculosis.
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