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¿POR QUÉ ESCRIBO?


Eduardo Casanova Sucre

Hoy, a mis setenta años, cuando ya nadie duda de mi condición (y mi vida) de escritor, sigo preguntándome: ¿por qué escribo, para quién escribo? Y todavía no he podido dar con la respuesta apropiada, o las respuestas apropiadas. Empecé a hacerlo muy joven, a los seis o siete años, que es una edad en la que no se tienen intenciones. Entonces escribí lo que podría ser una novela, llamada “Vida de gatos”, y como mi letra era pésima, acepté la oferta de mi hermana Carlota Emilia, que se convirtió en mi amanuense. El resultado terminó en una pequeña caja fuerte que le quitamos a nuestra tía Santos Emilia Sucre y junto con una afeitadora eléctrica de mi padre (ninguno de los dos quedó muy satisfecho con su respectiva pérdida, pero no había a quién culpar, como no fuera a algún ratero nocturno) y mi colección de metras (canicas), terminó enterrado en el pequeño jardín trasero de nuestra casa en la Avenida Arismendi de El Paraíso, en donde hoy está una de las patas de “La Araña”, en gran distribuidor de tráfico del Oeste de Caracas, construido en tiempos de uno de los mejores gobiernos que ha conocido Venezuela: el de Raúl Leoni. Después de eso escribí numerosos cuentos, poemas y obras de teatro que hoy pueden estar en manos de la Biblioteca Nacional, si no se los llevó por delante el afán destructor del peor gobierno que ha conocido el país, el que todo lo ha arruinado desde 1999. A los quince años escribí una novela fantástica, llamada “Nilo, el homocán” cuyo fin se basaba en el terrible accidente que ocurrió en Le Mans el 11 de junio de 1855, cuando el corredor Pierre Levegh, por evitar un encontronazo con Fangio hizo una maniobra extraña, perdió el control y estrelló su máquina contra el público, con un resultado de 82 espectadores y el propio Levegh muertos. Ese original también debería estar en la Biblioteca Nacional. Y a los veintiuno escribí otra novela mucho más razonable, llamada “Los cinco moldes del diablo”, que narraba el retorno a su pueblo natal de un personaje que fue importante, pero regresaba convertido en un alcohólico, viudo y con cinco hijas muy feas, pero dueño de una gran fortuna porque nunca había vendido las tierras que heredó de su padre. El jefe civil del pueblo, un tarambana, se enteró de esto último y decidió seducir a las cinco jóvenes, pero el abogado del personaje lo traicionó y lo arruinó, razón por la cual las cinco terminaron de putas en el burdel que el jefe civil montó en la casa familiar de ellas, mientras el padre se quedó varado en la bodega (taberna) del pueblo. Una trama parecida, aunque con una variación mayor: las cinco se convirtieron en tres y en vez de ser feas eran muy bellas, fue la que usé, ocho años después, en Copenhague y luego de haber vivido cuatro años en Buenos Aires, para reescribir la novela que creía perdida (apareció tiempo después entre los papeles de mi madre, que murió en 1983 y la había conservado con ese afecto que sólo una madre puede dar). Y esa fue la primera novela que publiqué, “Los Caballos de la cólera” (Monte Ávila editores, Caracas, Venezuela, 1972). Con ella, según la crítica venezolana, irrumpí en el escenario de la literatura venezolana. Fue muy bien aceptada, no sólo en Venezuela sino en casi toda América Latina, en Estados Unidos y, tiempo después, en España. Después llegaron otras doce, y la decimocuarta acaba de ser la finalista de un gran premio y promete darme grandes satisfacciones. Y en todo ese tiempo, no menos de sesenta y cuatro años, he seguido preguntándome el por qué de que, tan joven, haya decidido que mi destino fuese el de ser escritor. Hoy tiendo a creer que no es otra cosa que la necesidad de expresarme. Para mí escribir es como hablar. Y eso explicaría también la necesidad de publicar. Porque al hablar me comunico, comparto, y al publicar lo que escribo también me comunico, también comparto. Escribir, para mí, es una forma amplísima de conversar, de no quedarme con lo que digo, sino entregarlo al diálogo enriquecedor. No importa que no conozca, que no vea, a mis contertulios. O que no reciba las opiniones de la inmensa mayoría de ellos. Están allí y es lo que importa. Escribo, pues, por necesidad vital. O, quizá habría que decir, como alguna vez dijo ese maravilloso y burlón genio llamado Jorge Luis Borges, con quien un par de veces conversé en Buenos Aires sin dejar registro: porque no pudo evitarse.

 

7 comentarios

Comentario De: alejo Urdaneta [Visitante]
alejo  UrdanetaY seguirá escribiendo nuestro narrador, poeta, ensayista y otras muchas cosas.
Su obra es sólida y ha mantenido la calidad expresiva aun con la facilidad con que escribe.
Los premios no cuentan; sólo vale ser auténtico y dejar una obra, y Eduardo lo ha hecho.
Alejo Urdaneta
10.03.10 @ 09:43
El Gaucho SantillànSeguirà escribiendo, sin dudas.

El arte, es la reacciòn humana, ante la certeza de la propia muerte.

Que làstima que no hay registro de sus encuentros con Borges!!

(Se hubiera hecho millonario!!)

Saludos
10.03.10 @ 10:34
Comentario De: Cristina Policastro [Visitante]
Cristina PolicastroTambién se escribe, como dijo García Márquez, para que lo quieran a uno. Y se nota que Eduardo Casanova, además de perseverante buen escritor es alguien querendón, ¿me equivoco?
10.03.10 @ 12:49
Comentario De: José Alberto Medina Molero [Visitante]
José Alberto Medina MoleroSí nos circunscribimos a la producción escrita por Eduardo Casanova en este portal,sin duda alguna la motivación principal de su pluma es la de orientar, aclarar a sus lectores (connacionales, sobre todo) las circunstancias que han dado origen a esto que somos. No es poca esa tarea en una tierra cundida de entuertos, de desaguisados, de deformaciónes histórica que han dado al traste con propósitos nobles y esperanzadores. Pienso que esa es su gran motivación para escribir, al menos en este sitio que se abre a todos los caminos, como el famoso cuento de Borges de los caminos que se bifurcan.
10.03.10 @ 13:45
Comentario De: Lillian Kerdel [Visitante]
Lillian KerdelEscribes para ti y para nosotr@s que disfrutamos de tus escritos.
Te copio abajo algo que escribió Paulo Coelho en marzo de 2001:
PLASMAR EL ALMA:
"Escribo siempre y creo que es muy importante escribir. Si pudiera dar un consejo, le diría a todo el mundo: escriba. Ya sea una carta, o en un diario, o alguna que otra nota mientras habla por teléfono, pero escriba
ESCRIBIR NOS ACERCA A DIOS
Si usted quiere entender mejor su papel en el mundo, escriba. Trate de poner su alma por escrito, aunque nadie lo lea, o, lo que es peor, aunque alguien termine leyendo lo que usted no quería.
El simple hecho de escribir nos ayuda a organizar el pensamiento y ver con claridad lo que nos rodea
UN PAPEL Y UN LÁPIZ (hoy la PC), operan milagros, curan dolores, consolidan sueños, llevan a recuperar la esperanza perdida.
La palabra tiene poder. La palabra escrita tiene mas poder todavía"
Un besoooooooote
Lillian
10.03.10 @ 16:06
Comentario De: Luis Betancourt Oteyza [Visitante]
Luis Betancourt OteyzaY menos mal que tú y tantos otros lo han hecho y seguirán haciendo.
10.03.10 @ 17:09
Comentario De: Helena Alvarez [Visitante]
Helena Alvarez¿Acaso uno necesita una razón para hacer lo que ama? Dicen que el que trabaja en lo que ama no ha trabajado ni un solo día. Seguirás escribiendo sencillamente porque no puedes dejar de hacerlo, por lo cual tus lectores estamos agradecidos.
10.03.10 @ 18:01
de Eduardo Casanova

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