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Isaac J. Pardo, médico, humanista, político de especial importancia entre los de la Generación del 28, amigo cercano de Miguel Otero Silva y de muchos otros grandes venezolanos, ha sido una de las mentes más poderosas que ha producido esta parte del mundo. Su trabajo sobre la Utopía (“Fuegos bajo el agua”, Casa de Bello, 1983) es una de las obras más importantes sobre cualquier tema escritas en idioma castellano. Un hecho extraño en nuestro medio es que le haya valido el Premio Nacional de Literatura de 1984, gracias en buena parte al interés que en ello puso Oswaldo Trejo, alentado entre otros por Oscar Sambrano Urdaneta, Manuel Alfredo Rodríguez, Gustavo Díaz Solís, Domingo Miliani, Pedro Francisco Lizardo, Alejo Urdaneta y yo, que acababa de asumir la dirección del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Aunque lo había conocido en mi adolescencia, fue en el Celarg en donde pude tratarlo de cerca y apreciar del todo su caballerosidad, su cultura y su maravillosos sentido del humor, que le daba varias veces la vuelta al mundo. Lo había ejercido con toda propiedad en “El Morrocoy Azul”, y hasta en varias de sus obras más importantes, pero oírlo en persona era, además de todo, enriquecedor. En una de las reuniones de la directiva cometí un “lapsus” y en vez de decir “pecado venial” dije “pecado bienal”; el doctor Pardo saltó al instante para decir “¡Esos son los míos!”. O cuando muy académicamente discutíamos acerca del tiempo que debía tener el comodato del edificio del Celarg (La Casa de Rómulo Gallegos) y unos opinaban que debía ser de cien años y otros que de cincuenta, don Isaac, que ya tenía ochenta y uno, declaró “A mí con diez me basta”. Y, por cierto, no le habría bastado en realidad, porque cuando por fin se apagó su inmenso faro, en el 2000, había llegado a los noventa y cinco. Y por lo menos pudo ver que a la biblioteca del Celarg se le pusiera su nombre, aunque se merecía y se merece mucho más.
06/03/2007.
Tag Blogalaxia: Venezuela
Muchísimas gracias, Milagro, por su amable comentario. Recordar a los que han engrandecido el país es otra forma de recuperar lo mucho que hemos perdido cuando el país se ha empequeñecido. Haber estado cerca del doctor Pardo fue para mí una forma de crecer, de crecer mucho. Ojalá que pronto haya pasado la pesadilla y en vez de glorificar a quienes no lo merecen ni aportan nada, se haga justicia con quienes, como el doctor Pardo, lo merecen de verdad.
Gracias, Diego, por tu opinión. Buena parte de lo que está pasando en Venezuela proviene de la incapacidad de discernir a quiénes hay que recordar. Buenos ajemplos abundan, pero los que se han equivocado de rumbo los ignoran.
Exlin:
gracias, me ayudaron con mi expo de castellano...
Buena página... oportuna, refrescante y completa me ayuda a orientar a mis estudiantes con respecto a los autores y sus obras... gracias por los aportes
buenas tardes..quisiera saber donde puedo comprar el libro de gastronomía
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