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| « Eugenio Montejo | El Río » |
Me propuse leer el “Ulises” de James Joyce, poco después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez (enero de 1958), como si fuese una tarea de la que dependía mi porvenir. Me fue extrañamente fácil. No encontré ninguna de las dificultades que me habían anunciado, ni me pareció una lectura difícil. Inmediatamente después leí “Dubliners” y “Finnegans wake”, que me parecieron aún más accesibles que la novela monumental a la que le había entrado con tantos temores. Muchos años después, cuando viví en Maracay entre 1980 y 1984, releí el “Ulises” y confirmé mi primera impresión. Es una novela hiper-realista, en la que el cuidado de los detalles llega a ser obsesivo. En la década de 1970, cuando trabajaba en el servicio interno del Ministerio de Relaciones Exteriores, discutí con Oswaldo Trejo acerca de los neologismos del “Ulises”, que Oswaldo consideraba la encrucijada en donde nació la actual literatura. Sostuve que no era tan cierto lo de los neologismos como recurso literario (algo que Oswaldo usó abusivamente en sus textos experimentales, y que yo utilicé también, pero con moderación). Dije que debía tratarse más bien de erratas de la editorial. Oswaldo se horrorizó ante mi tesis. Tesis que se convirtió en verdad, cuando a fines del siglo XX un grupo de expertos analizó los manuscritos y llegó a esa misma conclusión: los linotipistas que los trascribieron para Shakesperare and Company, en París, no hablaban inglés, y muchísimos de esos juegos con el lenguaje son afortunados errores de transcripción. En cambio el “monólogo interior”, sí fue un gran hallazgo, muy deliberado, de Joyce, que nació en Dublin, Irlanda, en febrero de 1882 y murió en enero de 1941, en Suiza. El mayor una familia católica y muy larga, mostró inclinación por la literatura desde su infancia (cuando sólo nueve años se conoció un poema suyo, llamado “Et tu, Healy”). A los dieciséis años entró a estudiar idiomas en el University College de su ciudad natal y empezó a destacarse en el estudio de literatura. Dos años después publicó un importante ensayo sobre la obra de Ibsen. Pronto decidió usar sólo el inglés, y dejar de lado el gaélico. En 1902 fue a París a estudiar medicina, pero a causa de la bancarrota de su familia no pudo hacerlo. Se empleó como periodista y profesor particular. De regreso a Dublin, vio morir a su madre y se entregó a una vida complicada en los bajos fondos de la ciudad, combinada con trabajos de toda índole y con intentos de establecerse como escritor. En 1907 publicó su primer libro de poemas y se enfermó de los ojos. En 1912, luego de haber pasado un buen tiempo fuera de Irlanda, regresó a publicar “Dubliners”, que apareció dos años después. Con su compañera, Nora Barnacle, se mudó a Trieste, donde nacieron sus dos hijos. Luego se radicaron en Zurich y en Locarno, huyendo de la Primera Guerra Mundial. Poco a poco se había ido reconociendo su obra literaria. En 1916 se conoció “Retrato de un artista adolescente”, que cimentó su fama. Fama que se disparó en 1922 con el “Ulises”, obra en la que los símbolos tienen una fuerza abrumadora, y que se basa en la “Odisea” homérica. En 1931 se casó formalmente con su compañera, y en 1939, enfermo y cansado, publicó “Finnegans Wake”, que ratifica y amplia muchos de los recursos del “Ulises” y no fue muy bien acogida por la crítica. En ella utilizó, ahora sí conscientemente, muchas de las técnicas que se le habían atribuido. Dos años después murió a causa de una peritonitis, en Zurich, Suiza, a donde se había mudado cuando los nazis invadieron París.
yo la lei en el bachillerato y me parecio alucinante, y en compañia de un amigo nos dedicamos a buscar los paralelismos con la obra de homero. des pues lei el Finnegans wake, una obra que se debe de leer en ingles ya que es mas que todo sonidos. Llegue a ellas por la obra de Faulkner, ya que en una critica decia que el habia sido muy influido por joyce.
hay una frase de Joyce que a ahora me revolotea casi a diario
Luis:
Eduardo
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