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Marc Augé, antropólogo de la modernidad y sus hecatombes, creó una familia para nombrar esos sitios que de tanto andarlos se nos fueron haciendo propios aunque no haya ni un rastro de nuestra memoria arquitectónica en ellos: aeropuertos, centros comerciales, estaciones de tren, el metro, cajeros automáticos, supermercados, las paradas del transporte público, definidos en el espacio y el tiempo de las ciudades: los no lugares de la urgencia, el sentido provisional de áreas creadas para resolver asuntos inmediatos. No lugares para agrupar esas islas de encuentros fortuitos, de paso, donde resulta imposible construir historias de acuerdos, de vocación colectiva permanente.
Caracas, se ha ido poblando de no lugares, ya no esos puntos neurálgicos para el intercambio de información orientados hacia el sentido- práctico- de una forma de vida; cada vez más puertas adentro, de la oficina, del carro y de la casa. Otros hábitats se van desdibujando hasta quedar extintos: parques, templos, plazas, estructuras y monumentos que un día dieron cuenta de una ruta, de un mapa de relatos espaciales, han ido estrechándose ante la arremetida brutal de la violencia, del olvido, del descuido y de una abrumadora regresión de la ciudadanía a estadios pre-modernos.
Lentamente la ciudad se calla, hace silencio y tiene menos memoria espacial que ofrecer. Un día se hace imposible recordar el nombre del parque de los domingos infantiles.
Aquella arqueología que alguna vez fue amable, se ha ido vaciando de significado, extinguiéndose hasta desaparecer del entusiasmo que un día le dio vida. Poblada de territorios fantasmas, a cada silencio, cada sitio más nunca relatado, contado, vivido, un no pasar por una calle, no patear un parque, no colmar una plaza, un teatro, cada renuncia ciudadana, diluye los terrenos de acuerdo, de encuentro, de tiempos rituales, en los que un día se pensó posible perseverar una identidad urbana, construir un mapa de relaciones, de evocaciones grupales que finalmente auxilien a la hora de contar la historia de esta capital y del nosotros de sus habitantes, no ya sus penitentes, fugitivos de la violencia enclaustrados tras las rejas multilocks, los vidrios ahumados y la implacable sentencia del reloj que anuncia la llegada de la noche, que ahora como un manto de miedo cae sobre nuestra cabeza, y nos empuja a apurar el paso, a devorar el tiempo a escapar de la boca de lobo en la que ha devenido el azul irreverente de Caracas con el racionamiento de la luz eléctrica.
En medio de esas parcelas ubicuas se va armando una ciudadanía del exilio que pacta identidades provisorias y anónimas: fluctúa, rueda, atraviesa, y hace nichos temporales que duran un embotellamiento, una cola para cualquier apremio bancario. Se convierte uno en paisano de las autopistas; se despoja de su ruta, y la ciudad se va convirtiendo en una bruma, apenas un acto de fe, un testimonio íntimo que no tiene en pie ni una cabilla para asir su recuerdo.
Persistencia del espacio

A contramano de una polis que como decía José Ignacio Cabrujas, tiene por lema el escombro, otros rincones se niegan a sucumbir. Islas en medio del desamparo, pulsan por emerger del silencio, del abandono de los habitantes e incluso de las autoridades, quienes en excepcionales decisiones, procuran devolver aquellos nichos donde la mayoría coincida en la celebración, en la vocación de festejo y expansión. ¿Entusiasmo cultural? ¿Orgullo urbano? Concha, cobijo, cubierta, caparazón y abrigo, el monumento a una ciudad que se llegó a ilusionar con la idea de la modernidad, con una inspiración, una suerte de promesa de ser algo, de ir hacia algo: ciudad gastronómica, ciudad turística… Una parcela para la reunión, la reconstrucción de una memoria del futuro, en medio del Municipio Baruta, en el corazón del cerro, late la vida de la primera ruina moderna que emergió en la era del concreto armado. El 19 de Marzo de 1953 asomó su magna presencia al pie de la montaña en la que culmina la avenida Chaure, la Concha Acústica de Bello Monte, que acaba de cumplir 57 años.
En un principio se llamó Anfiteatro José Ángel Lamas, como homenaje al reconocido compositor venezolano. Inocente Palacios, propietario de los 18.000 mts 2 sobre los que se levantó, tuvo la idea de edificar un coso que recordara los anfiteatros griegos para convertirlo en sede artística de la Asociación Civil Orquesta Sinfónica de Venezuela. El diseño del proyecto corrió por cuenta del arquitecto Julio César Volante. Dotada de una acústica privilegiada, que un día dejó escuchar las notas de las partituras de los compositores coloniales Lamas y Caro de Boessi de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Sede del Primer Festival Latinoamericano de Música, un concurso para elegir las tres mejores composiciones musicales: 56 piezas sinfónicas, 42 de ellas de primera audición en Venezuela y tres estrenos mundiales. En 1971 y tras numerosos avatares-incluidas hipotecas del terreno ejecutadas a favor del desaparecido Banco Nacional de Descuento- en los que estuvo a punto de ser derribada, la Asociación de Vecinos de Bello Monte y la Federación de Asociación de Comunidades Urbanas (FACUR) gana la batalla . En 1979, despierta de un largo sueño de diez años y se hace eco de la Nueva Trova Cubana con Silvio Rodriguez, Pablo Milanés y el Sexteto Seis del Solar con Rubén Blades incluido, y la Orquesta Típica Nacional. 1989- el grupo Bofill-Gouverneur & Asociados, intenta cambiarle el rostro-elaborando un proyecto para áreas de servicio que no estaban en el proyecto original.1993, los vecinos del ya creado Municipio Baruta (1990) junto a instituciones públicas y privadas expresan y hacen valer su derecho a rescatar, restaurar, conservar este privilegiado espacio. Así el Concejo Municipal del Municipio Baruta, mediante acuerdo No. 045, firmado el 26 de agosto 1993 y publicado en Gaceta Municipal Nº Extraordinario (84-09/93) del 6 de septiembre del mismo año, autoriza al entonces Alcalde del Municipio Baruta, Angel Enrique Zambrano, a crear la Fundación Concha Acústica de Bello Monte.
2010. El grito de una comunidad que aun no cesa, reclama su pedacito de verde, sus diez metros por derecho. La idea de un jardín ecológico en la falda de la montaña en busca del paraíso perdido para recuperar la identidad de cada una de las especies que allí habita se bate a duelo con los proyectos de una ciudad que nunca terminar de erigirse. Las ganas de provocar entusiasmos anteriores cuando la Concha fue anfiteatro lleno de vida y la ciudad novia de la calle re vienta la necesidad de vivencia verde del municipio; es mucha la nostalgia por los grandes festivales de teatro a puertas abiertas y sin miedo. El Apolo de la agrupación alemana del Teatro La Schoubounne, espeta un texto desgarrador; Agamenón desciende de la montaña en un truco de prestidigitación. Ifigenia es sacrificada ante la pira; El Aplauso va por dentro, convoca 5000 personas, La Orquesta de Billo le recuerda la vocación por el gozo. No es suficiente la estridencia de los grupos de rock ni los talleres infantiles, tampoco que ahora sea espacio para caminantes en busca de mejores indicadores de salud, ni sede de la policía municipal de Baruta.
La Concha necesita estallar para que emerjan los espíritus. Quiere ofrecerse como un espacio menos que guardar en el olvido.
Yoyiana Ahumada Licea. Escritora, autora teatral, periodista y productora de contenido, Magister Litera, investigadora, docente, guionista y actriz. Locutora. Colaboradora en varios diarios y revistas nacionales. Promotora cultural. Autora y compiladora de varios textos sobre José Ignacio Cabrujas y otros temas y personajes. Tiene su propio blog yoyiana.wordpress.com. Directora Ejecutiva de Cuarta Pared Producciones.
Simplemente espectacular tu articulo, como lo es que intenten revivir a nuestra concha acustica, Todavía recuerdo con emosión cuando logramos ver en ella nada mas ni nada menos que "la Orestiada" en aquellos viejos buenos tiempos de la cuarta, cuando Caracas se convertia cada cierto triempo en el escenario del mejor teatro del mundo. Cada espacio que rescatemos del olvido es una nueva promesa del verdadero cambio que tenemos que construir.
Querida Yoyiana,
Muchísimas gracias, Hannia, por tu comentario. Tu presencia nos honra. Por cierto, estuve en la inauguración de la Concha acústica y asistí a todos los conciertos de los Festivales. Es un sitio que debería restaurarse y cuidarse como uno de los más importantes espacios urbanos de Caracas. Agradezco a Yoyiana su excelente texto.
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