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La isla que nunca fue

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

La isla que nunca fue

Hechas las elecciones, vaya uno a saber cómo, a la Provincia de Caracas, que en realidad abarcaba la mayor parte del territorio, le correspondieron veinticuatro diputados, nueve a la de Barinas, cuatro a la de Cumaná, tres a la de Barcelona, dos a la de Mérida, uno a la de Trujillo y otro a la de Margarita. De un total de cuarenta y cuatro, un 54,54% era de Caracas, el 20,45% de Barinas, el 9,09% de Cumaná, el 6,81% de Barcelona, el 4,54% de Mérida, el 2,72% de Trujillo y el 2,72% de Margarita. Ni Coro ni Maracaibo ni Guayana estaban representados debido a que estaban en poder de los realistas. En aquel tiempo nadie tenía la más leve idea de lo que era la representación proporcional, pero para estar hecho el reparto un poco a pepa de ojo, no está nada mal.
Casi todos los elegidos eran mantuanos o tenían alguna relación directa o de dependencia con los mantuanos. Unos pocos eran curas. Habían sido elegidos y convocados, cuenta Gil Fortoul, Isidoro López Méndez, Fernando del Toro, Nicolás de Castro, Lino Clemente, Luis de Rivas, José María de Ramírez, Juan José Maya, Juan Toro, Domingo Alvarado, Manuel Plácido Maneyro, Mariano de la Cova, Juan Bermúdez, José Gabriel de Alcalá, Francisco Xavier de Mayz, Francisco de Miranda, Antonio Nicolás Briceño, Francisco Xavier Yánez, Manuel Palacio, José de Sata y Bussy, José Ignacio Briceño, Bartolomé Blandín, por renuncia de Luis Rivas, Francisco Policarpo Ortiz, Martín Tovar, José Luis Cabrera, Francisco Hernández, Felipe Fermín Paúl, Francisco del Toro, José Ángel de Álamo, Gabriel Pérez de Pagola, Francisco Xavier de Ustáriz, Juan Germán Roscio, Fernando Peñalver, Gabriel de Ponte (que murió), Juan Nepomuceno Quintana, Manuel Vicente Maya, Luis Casorla (que también murió), Salvador Delgado, José Vicente Unda, Luis Ignacio Mendoza, Juan Antonio Díaz Argote, Ignacio Briceño, José Fernández de la Peña, José Ignacio Méndez, Pedro Arrieche (que igualmente murió), Juan Antonio Rodríguez Domínguez. Aunque eran 44 aparecen en realidad 45 diputados porque se menciona a Luis de Rivas, que renunció y Bartolomé Blandín, que lo sustituyó. Y como hubo tres muertos, en realidad se reunieron finalmente cuarenta y un diputados.
Dadas las dificultades que entonces había para viajar, el 2 de marzo de 1811, cuando debía instalarse en Congreso en la casa del Conde, sólo estaban en Caracas dos tercios de los diputados, pero se consideró suficiente para iniciar el trabajo de los congresantes, que se reunieron en el salón de la Junta Suprema con Francisco Isnardi (nativo de Cádiz, médico), y con él atravesaron la Plaza hasta la Catedral, en donde tuvo lugar una misa solemne oficiada por el Arzobispo. Y allí juraron todos conservar y defender los derechos de la patria “y los del señor Don Fernando VII, sin la menor relación o influjo de la Francia, independientes de toda forma de gobierno de la península de España, y sin otra representación que la que reside en el Congreso general de Venezuela; oponeros a toda otra dominación que pretendiera ejercer soberanía en estos países, o impedir su absoluta y legítima Independencia cuando la Confederación de sus Provincias la juzgue conveniente; mantener pura, ilesa e inviolable nuestra sagrada religión y defender el misterio de la Concepción Inmaculada de la Virgen María, nuestra Señora; promover directa e indirectamente los intereses generales de la Confederación de que sois parte, y los particulares del distrito que os ha constituido; respetar y obedecer las leyes y disposiciones que este Congreso sancione para su interior gobierno, y cumplir bien y exactamente los deberes de la diputación” (Gil Fortoul). En ese juramento ya están planteadas la Independencia y la Federación, y en él se nota la mano hábil del abogado Roscio: para los curas están la defensa del catolicismo y de la Inmaculada Concepción, y para todos el hecho de que el vínculo de los americanos no es con el gobierno de España, sino con el rey de España, pero sólo con Fernando VII como legítimo descendiente, aunque haya habido en un momento dado uno que otro bache, de los Reyes Católicos de España, y si Fernando VII ha sido defenestrado y se ha cortado la sucesión, ya no existe tal vínculo, y la Confederación tiene pleno derecho a declararse absolutamente independiente, tan independiente como se declararon el siglo anterior las colonias inglesas del Norte de América, aunque en este caso con razones legales claramente definidas. La soberanía, pues, reside en el pueblo, que es el que ha constituido el Congreso, y de esa manera hay un nuevo Soberano en Venezuela, que es el pueblo, que a su vez es el Congreso. La mentalidad jurídica salta a la vista.
Y ese Soberano empezó desde ese mismo día a gobernar en propiedad, al establecer el Poder Ejecutivo integrado por Mendoza, Escalona y Padrón, con sus suplentes. Como Consultores del Poder Ejecutivo fueron nombrados Juan Vicente de Echeverría, José Joaquín Pineda y José Ignacio Briceño, con voto deliberativo. Se nombró al antiguo curador ad litem de Simón Bolívar, Miguel José Sanz, secretario del despacho general de Estado, guerra y Marina, a Carlos Machado canciller mayor y a José Tomás Santana como secretario de decretos. Y también se constituyó ese mismo día el Poder Judicial de la Confederación, formado por una Alta Corte de Justicia que cumplía las funciones de la antigua Real Audiencia y era presidida por el abogado Francisco Espejo.
Sin duda que aquel grupo de hombres ilustres y prudentes, Mendoza, Padrón, Escalona, Sanz, Espejo, habría sido un gobierno de lujo para cualquier país del mundo en condiciones normales, pero para la Venezuela amenazada, rodeada de enemigos, hostigada desde afuera y desde adentro, era demasiado lujo, demasiado optimismo. Algo demasiado parecido al gobierno de cierta isla inventada por el santo Tomás Moro, inventor también de la palabra Utopía.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue

 

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de Eduardo Casanova

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